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La religión es buena para la salud del cerebro, según estudio

Por: pijamasurf - 03/16/2014

Personas religiosas tendrían menos propensión a la depresión y ciertas aptitudes cognitivas, revela nuevo estudio. ¿Es la religión un opio necesario?

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De manera polémica para algunos, estudios han encontrado un vínculo entre personas identificadas como religiosas, una menor tendencia a la depresión y hasta un mejor desempeño cognitivo. El resultado de este estudio publicado en el jornal de psiquiatría JAMA y realizado por el profesor Harold G. Koening de la Universidad de Duke, constrasta con este otro estudio realizado por un psicólogo de la Universidad de Rochester, cuya conclusión fue que las personas ateas suelen ser más inteligentes que las religiosas.

En el estudio reciente realizado por Koening, se halló que las personas religiosas tenían un neurocórtex más grueso que las personas no religiosas (se piensa que la depresión está asociada a un adelgazamiento del córtex).

Analizando el estudio, el Dr. Majid Fotuhi profesor invitado de la Universidad de Harvard, apunta a que "el estrés es uno de los grandes asesinos de neuronas. Causa altos niveles de cortisol, y el cortisol es tóxico para el hipocampo. Una de las formas para reducir el estrés es la oración. Cuando se está rezando concentradamente la mente está tranquila". 

Otro elemento que se ha ligado a la salud del cerebro es el elemento comunitario de las congregaciones religiosas, algo que parece paliar los efectos que tiene la soledad en la salud. La socialización "detona endorfinas al cerebro. Es difícil saber si ocurre por los amigos o por la religión, pero mejora la salud cerebral a la larga. También se ha visto que las personas introvertidas que no participan tienen más probabilidades de tener alzheimer".

Por último, Koening también cita el beneficio cognitivo de estudiar la Biblia y ensayar procesos cognitivos complejos al manejar conceptos abstractos como suele haber en la metafísica y en la teología.

Existe, sin embargo, también la posibilidad de que ciertos cerebros con estas características tengan una tendencia a la religión —y no sea la religión la que produzca mejor la salud cerebral, sino que sea ya una predisposición genética. 

En estudios de neurociencia que se entrelazan con ciencias sociales hay que tener cierta reserva  ante las conclusiones que se generan —en muchos sentidos la hipótesis llega a influir en los resultados y los grupos en los que se hace el estudio difícilmente suponen un universo que aplica para diferentes países o regiones. Al mismo tiempo es difícil poder aseverar que la religión está asociada con la inteligencia y la salud mental, cuando históricamente se ha visto que, al menos entre fanáticos, suele generar actos de violencia, de discriminación y de poco criterio racional. Dicho esto, es evidente que el acto de rezar puede rendir ciertos beneficios neurofisiológicos. Para esto no es necesario ser religioso, se puede practicar meditación, repetir mantras o hacer ejercicios de visualización sin profesar ninguna fe religiosa.

[Discovery]

 

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50 mil niños han sido reclutados por el narcotráfico en México

Por: PijamaSurf Mexico - 03/16/2014

La pobreza y vulnerabilidad de los niños que crecen en entornos de narcotráfico los vuelven susceptibles a los intereses de éste: son espías, sicarios pero, sobre todo, víctimas.

descargaLa guerra normalmente se gesta entre grupos antagónicos y el poder, por conflictos entre dos naciones, o bien involucra a organizaciones rivales. La guerra contra el narcotráfico, declarada por el gobierno mexicano en el 2006, no ha sido estudiada como un conflicto armado (que generalmente tiene una raíz sociopolítica), sino más bien como una lucha entre delincuentes y autoridades.

Sin embargo, las condiciones apuntan a que se trata de una guerra en su definición plena. La asociación The Uppsala Conflict Data Program (UCDP) reconocida por la ONU, clasifica las guerras cuando un conflicto rebasa las mil muertes violentas. En México, según cifras oficiales, la lucha contra el narcotráfico ha cobrado la vida de más de cien mil personas, hay más de 26 mil desaparecidos, las estadísticas sobre los desplazados son desconocidas y sobre la afectación de las víctimas más vulnerables, los migrantes y los niños, aún no existen cifras oficiales.

Pero, además de las muertes, existe otro fenómeno inaceptable: la infiltración de niños a las filas de la violencia. En México, los infantes han sido un blanco fácil para los cárteles, quienes los usan como halcones –ellos vigilan e informan a los grupos delictivos sobre la presencia de otros criminales o de las fuerzas armadas. Pero también son sicarios, fenómeno que algunos periodistas como Laura Toribio, Claudia Solera, Leticia Robles y el escritor Sergio González han documentado.

El caso más conocido es el de "Punchis", que a sus doce años se jacta de asesinar brutalmente a sus víctimas y de matar inocentes cuando no encuentra a sus objetivos. El investigador Norberto Emmerich documenta en su libro Cruce de fuego: niños, niñas  adolescentes en el narcotráfico mexicano cómo los niños han sufrido esta guerra. Hasta hoy, sólo los reportajes y algunas organizaciones civiles han aportado las cifras aproximadas de los niños enrolados en este conflicto.

La Red por los Derechos de la Infancia calcula que entre treinta y cincuenta mil niños han sido incorporados a la delincuencia organizada. Emmerich en su investigación revela cómo la Mara Salvatrucha ha operado con los Zetas, involucrando a unos 35 mil niños y jóvenes, o bien, la M18, también coordinada con el Cártel de Sinaloa,  ha implicado unos 8 mil infantes en sus maniobras.

Según las cifras del gobierno en turno, los homicidios han disminuido en un 30% en el primer año de gobierno y han capturado 75 de los 122 criminales del narcotráfico más buscados. Lo cierto es que las víctimas de la violencia no han sido dimensionadas: entre los migrantes agredidos y desaparecidos, los desplazados, los homicidios registrados, y la victimización de niños vulnerables, el escenario aún es desolador. La guerra antidrogas está perdida desde hace mucho, pues la prohibición no ha inhibido los niveles de consumo. Por los resultados, el escepticismo social hacia esta estrategia fallida que lleva ya casi un siglo, es cada vez más compartido.