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Ateos son más inteligentes que las personas religiosas, concluye estudio

Por: pijamasurf - 08/17/2013

Un análisis de distintos estudios psicológicos a lo largo del siglo XX busca mostrar una correlación negativa entre la inteligencia y la religión, afirmando que las personas inteligentes no se involucran en actividades religiosas.

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Un estudio ha buscado establecer la relación negativa entre inteligencia y religiosidad. A pesar de que ambas categorías se presentan como problemáticas muy pronto, el profesor Miron Zuckerman, psicólogo de la universidad de Rochester, hizo un análisis donde compara distintos tipos de estudios para llegar a una conclusión: la gente religiosa suele ser menos inteligente.

Zuckerman y sus colaboradores utilizaron como fuente 63 estudios psicológicos (por lo que su análisis es un metaestudio) que se llevaron a cabo entre 1928 y el 2012; 53 de ellos mostraron una correlación negativa entre inteligencia y religiosidad, mientras 10 mostraron una correlación positiva.

Los autores tomaron cada estudio por separado tomando en cuenta variables como la calidad de la información, tamaño de la muestra y el método utilizado en tales estudios. Tal vez lo más problemático sería definir qué entendemos tanto por inteligencia como por religiosidad. Para los fines de Zuckerman, la inteligencia es "la habilidad para razonar, planear, resolver problemas, pensar abstractamente, comprender ideas complejas, aprender rápido y aprender de la experiencia."

La religiosidad, por su parte, fue definida simplemente como el involucramento de una persona en cualquier faceta de la religión.

Según el estudio, el nivel académico o el género de los sujetos no hace ninguna diferencia. Sin embargo, se encontró que la gente suele volverse más religiosa (esto es, que se involucra activamente en prácticas religiosas de algún tipo) mientras más edad tiene.

Sin embargo, la conclusión del estudio resulta sumamente problemática, pues afirma la premisa de que "las creencias religiosas son irracionales, sin anclaje científico, no probables y, por tanto, poco atractivas para personas inteligentes que 'no se lo creen'".

La conclusión, como es sencillo observar, se hace cargo de una sola definición de inteligencia (la analítica) sin considerar aspectos como emocionalidad y creatividad --aspectos en los cuales las personas también deben lidiar con "ideas complejas", y aprenden de la experiencia. Debemos de recordar que Einstein, un ícono para la noción popular de inteligencia, decía que la imaginación es más importante que el conocimiento. Tal vez el estudio pueda demostrar que la gente con un IQ superior a 135 no se involucran en prácticas religiosas, pero eso no parece ser suficiente para afirmar, por ejemplo, que las personas religiosas no son inteligentes bajo criterios tan ceñidos.

[Independent]

La inevitable decadencia de las princesas Disney: metáfora fotográfica del mundo contemporáneo

Por: pijamasurf - 08/17/2013

Disney puede considerarse una de las máquinas ideológicas más efectivas de la era moderna. Desde sus inicios, a mediados del siglo XX, sus productos de entretenimiento han estado íntimamente aparejados con un modo de vida y aun de producción en los que la adecuación mental a determinados patrones de pensamiento, es indispensable.

En el caso de las llamadas “princesas”, tomadas además en varios casos de historias reconocidamente folclóricas, estas han servido para difundir y asentar ideas determinadas de lo que supuestamente significa ser mujer, una feminidad sumamente estrecha, sumisa, limitada a las necesidades de un modelo patriarcal de pensamiento. La mujer debe ser bella, delicada, cortés, servicial y tener otras cualidades afines para, encima, merecer eventualmente la condescendencia de un príncipe azul sin el cual su vida carece de sentido.

En un ejercicio fotográfico que retoma estas y otras críticas tanto a las “princesas Disney” como al estilo de vida contemporáneo que evidentemente entra en contradicción con dichas ilusiones, Dina Goldstein ha presentado su serie Fallen Princesses, Princesas caídas, en la cual toma la característica más señalada de cada uno de estos personaje y, no sin cierta perversidad intelectual, lo convierte en la razón misma de su caída, su renovación conflictiva (porque no puede ser de otro modo) en las circunstancias del mundo contemporáneo.

Así, la falsa demanda de la belleza que da sentido a la cirugía plástica, el ciclo de producción, consumo y desecho que alcanza incluso las relaciones personales, la práctica de no ser capaces de admirar algo hermoso en el mundo si no está encerrado en una galería o un zoológico, son algunas de estas situaciones que la fotógrafa combina con dichos iconos culturales inmediatamente reconocibles.

Fallen Princesses es, en suma, una buena oportunidad para reflexionar sobre aquellas ideas y hábitos que, sin ser del todo nuestros, sin beneficiarnos ni hacernos crecer, aun así, casi siempre inconsciente e involuntariamente, terminamos por hacerlos propios, por reproducirlos y contribuir así en su persistencia en el mundo.

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Imágenes vía The Daily Beast