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Cómo benefician nuestra vida las nuevas regulaciones contra Televisa y Telmex

Por: Ana Paula de la Torre - 03/14/2014

Se imponen nuevas reglas para los actores monopólicos de las telecomunicaciones en México (Televisa o Telmex); pero ¿cómo repercutirían en tu vida diaria?

 

Las resoluciones son muy avanzadas, son decisiones históricas,

estamos al comienzo de una nueva etapa de regulación estatal sobre los medios y las comunicaciones.

Raúl Trejo Delabre 

images (2)La nueva Ley de Telecomunicaciones que controlaría a los actores monopólicos para promover la competencia fue recibida con gusto, pero también con justificado escepticismo. En este país Telmex y Telcel ostentan 80% de los servicios de línea telefónica fija y 70% en los de celular, según la OCDE. Por su parte, Televisa acapara 70% de la televisión abierta e históricamente no ha pagado por las concesiones que recibe, a pesar de que el espacio radioeléctrico por el cual emite sus señales es propiedad nacional.

El nuevo organismo que vigilará a las empresas de telecomunicaciones, el IFETEL, se supone que asegurará una real competencia en el sector. Como parte de sus primeras disposiciones algunos aspectos cambiarán para bien, según indica el experto en este sector Raúl Trejo Delabre, aunque especifica que “estas resoluciones apenas son parte de un proceso largo que se derivan de la reforma constitucional”. Es decir, aparentemente, apenas comienza lo bueno.

Si te enteraste sobre las primeras resoluciones del IFETEL, la preponderancia es la palabra clave: el organismo declaró "preponderantes" a Televisa y a Grupo Carso (Telmex y Telcel) en sus respectivos servicios de telefonía y TV. Esa declaración conlleva responsabilidades que ambas empresas deberán aplicar, como compartir su infraestructura o, en el caso de Televisa, perderá el derecho exclusivo a transmitir eventos masivos como partidos de futbol.

Trejo Delabre, el prestigiado experto en el tema de las telecomunicaciones, analiza los 6 aspectos que podrían repercutir en tu vida diaria (para bien) a partir de estas resoluciones:

  1.  Habrá nuevos canales de  televisión, por lo tanto más contenidos. Hasta hoy tenemos dos, vamos a tener cinco, contando dos canales de carácter comercial y uno público, que funcionarán en los próximos años.
  2. Una mejor calidad en los contenidos de la TV, aunque no es garantía por parte de los canales comerciales, seguramente el canal público podrá ampliar la cultura de los mexicanos.
  3. No habrá exclusividad en la transmisión de eventos de interés público. Es decir, ni en tele abierta ni en cable, las empresas podrán transmitir exclusivamente un  evento magno como las olimpiadas o el  futbol.
  4. Te costará menos llamar a otros lugares del país, pues  el roaming será cancelado, al menos en el caso de Telcel.
  5. Telmex tendrá que compartir su red con otras empresas, lo que diversificará el número de competidores y esto incidirá positivamente en los precios que pagas.
  6. La entrada de nuevos actores a la venta de paquetes de televisión, internet y telefonía permitirá bajar los precios.

Hasta hoy, los grandes empresarios de las telecomunicaciones habían gozado de casi plena libertad. Esto incidía en los contenidos que la mayoría de los mexicanos (70% de la población) consumen en televisión, y en los precios que pagamos por servicios de telefonía. Según la OCDE, en México los servicios de telefonía móvil cuestan 4.5 más que los precios más accesibles de los países que integran esa organización.

Las nuevas disposiciones serán benéficas cuando los mexicanos percibamos realmente el cambio en nuestros bolsillos y en la calidad de los servicios. Por lo pronto, al menos como arranque, el panorama pinta alentador en comparación con las últimas décadas, caracterizadas por malos servicios, altas tarifas y poca diversidad de contenidos. Además de estos beneficios, parece evidente que debilitar el desmesurado poder que estas dos empresas han adquirido, tendría que ser ventajoso en muchos otros aspectos de la vida política y cultural del país. 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

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Advierten que los estados de ánimo se sincronizan mediante las redes sociales

Por: Pedro Luizao - 03/14/2014

Investigadores determinan que a través de las redes sociales los sentimientos y estados anímicos se tornan virales.

facebook estados de animo

Conscientemente o no la mayoría de nosotros sabemos que nuestro estado de ánimo es propenso a influenciarse por diversos estímulos del ambiente. Una prueba muy clara es la música, hay ciertos estados que pueden potenciarse o, en cambio, contrarrestarse recurriendo a determinadas canciones. Y parece útil hacer consciente este diálogo anímico permanente entre nosotros y el entorno para poderlo modelar, el alguna medida, a voluntad –aunque en el fondo intuimos que el factor determinante siempre se encuentra mirando hacia adentro y no delineando los agentes externos, pero ésa es otra historia.

Con la explosiva consagración de la Red, y en particular de las redes sociales, el menú de estímulos se desbordó. Sin saber en realidad cómo llegamos aquí, ahora estamos expuestos a una desbordante cantidad de mensajes (textuales, visuales, sonoros, o mixtos) que, nos guste o no, inciden en nuestro estado de ánimo. Y si históricamente teníamos que considerar un buen porcentaje de agentes inesperados, incontrolables, en nuestro intento de seleccionar algunos estímulos por sobre otros –por ejemplo el clima, acontecimientos políticos, o situaciones inesperadas al interior de nuestro círculo social–, ahora esta selectividad resulta en una tarea completamente inviable.

Un grupo de investigadores de la Universidad de California, de Yale y de Facebook determinó, mediante un estudio, que las redes sociales son vehículos con alta efectividad a la hora de viralizar estados de ánimo. 

Lo que las personas sienten y dicen en un lugar puede rápidamente esparcirse a muchos otros lugares del orbe en ese mismo día [...] Las redes sociales pueden magnificar la intensidad de la sincronía global emocional.

Para llegar a esta conclusión, el equipo utilizó como referente un día lluvioso. Tras analizar millones de actualizaciones alusivas a estados anímicos, notaron que entre las personas que radicaban en una ciudad súbitamente afectada por un clima 'malo', las actualizaciones negativas aumentaban en 1.16, mientras que las positivas disminuían en un 1.19. Luego, y aún más interesante, notaban que esta estado de ánimo se esparcía entre los amigos de las personas, incidiendo incluso entre aquellos que vivían en ciudades donde se estaba registrando un 'buen' clima. En esos casos las actualizaciones negativas aumentaban en 1.29, en comparación con el estándar, influenciadas por las del primer grupo de personas afectadas por las condiciones climatológicas. Por cierto, en esta misma línea, notaron que el fenómeno se intensificaba cuando se trataba de emociones positivas, las cuales aparentemente son aún más contagiosas, y un posicionamiento de este tipo resonaba en 1.75 más actualizaciones acordes.  

Los resultados sugieren que las emociones se desdoblan a través de las redes sociales para generar sincronías a gran escala y detonar así cúmulos de personas contentas o tristes [...]. En consecuencia podríamos detectar mayores picos en las emociones a nivel mundial, que aumentarían la volatilidad que actúa en todo, desde sistemas políticos hasta mercados financieros.

Hoy, como nunca antes en la historia, estamos expuestos a una cantidad incontrolable de estímulos potencialmente influyentes en nuestro momento anímico. Pero entonces ¿cómo debemos de relacionarnos con ellos? Evidentemente el aislamiento ocasional debería ser un recurso interesante, o más que el aislamiento, el evitar estar permanentemente expuesto a los flujos de comunicación digital. Pero creo que a fin de cuentas el contexto lleva nuestra atención hacia nuestro adentro. Si es matemáticamente imposible controlar los agentes externos, y poco viable aislarnos por completo, entonces todo indica que la respuesta está en la manera en la que filtramos (percibimos-interpretamos) estos estímulos. Y tal vez el problema no es que seamos seres influenciables, sino que esto nos ocurra de forma inconsciente, sin darnos cuenta del efecto puntual que estímulos específicos detonan en nosotros –si los detectamos todo será menos confuso–.

Otro punto importante en el cual quiero enfatizar es que sería apropiado dejar de catalogar nuestros estados de ánimo como negativos o positivos. Es claro que cierto tipo de ansiedad o manifestaciones neuróticas no son la mejor compañía o el mejor consejero, pero me refiero más a la tristeza o la melancolía, estados a los que culturalmente se nos incita a rehuirles, por ejemplo, transformándolos en una sonrisa artificial, cuando en realidad son, por lo menos tan hermosos como los otros.

Si somos capaces de reconstruir las rutas que nos llevan a las distintas posiciones anímicas que experimentamos, entonces creo que esos estados no sólo serán más "entendibles" (no desde un entendimiento racional sino de una aceptación armónica), y en todo caso serán más genuinos, más nuestros, y menos de Facebook, del vecino, o de la realidad política. Tal vez.