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Vete a dormir escuchando sonidos de naves espaciales y viaja por el hiperespacio

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/17/2014

Hypersleep promete dulces sueños hiperespaciales al sonido de máquinas cósmicas

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Existen varias apps que modifican o aumentan nuestros sueños (una de ellas es Sigmund, otra es la Lucid Dreaming App), aunque de utilidad discutible, a ellas se suma Hypersleep, una aplicación que acompaña la duermevela con sonidos de motores de naves espaciales, máquinas cósmicas que, sin una atmósfera para albergar el sonido, son grandes dínamos de nuestra imaginación. El tan admirado sonido de un automóvil pasando por una carretera es algo que no se traslada a "una nave pasando por un planeta" y sin embargo todos pensamos en el sonido de bujías a la velocidad de la luz . Un astronauta dentro de una nave espacial podría escuchar el sonido de estas máquinas, pero no así un astronauta que se encuentra flotando a un lado, por ejemplo. 

La aplicación Hypersleep cuenta con sonidos espaciales básicos de manera gratuita —formas de ruido blanco y ronroneo en el espacio— y por 99 centavos de dólar permite utilizar legendarios sonidos de naves espaciales de la ciencia ficción como la Enterprise o alguna Battlestar. "Súbete en tu vehículo de preferencia y deja que el zumbido de motores a la deriva y el susurro de astronuatas te lleven a un profundo hipersueño", dicen los desarrolladores. No hay duda que esta app es sólo para geeks —geeks que quieren seguir siéndolo también en sus sueños.

 

 

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¿Cómo se ve tu cerebro justo antes de que tomes una decisión riesgosa?

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/17/2014

Las gráficas del cerebro cuando toma decisiones ariesgadas podrían ayudarnos a mejorar nuestra toma de decisiones a un nivel tanto laboral como personal.

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Tomar riesgos no sólo significa meter dinero a la bolsa, engañar a alguien, invertir en algún negocio. El riesgo existe a escalas mucho más pequeñas y cotidianas. De hecho, tomamos riesgos casi todos los días tanto en nuestro trabajo como en nuestra vida personal. Quizá mandamos un mail íntimo que no sabemos qué efecto tendrá, o tomamos una llamada de conferencia mientras estamos manejando, o decimos que sí a un proyecto que no tenemos tiempo de desarrollar. Por cada apuesta que funciona y quizá hasta genera una fortuna, cientos de ellas se escurren por la oficina.

En un esfuerzo por entender cómo funciona nuestra toma diaria de decisiones, un grupo de investigadores liderados por Sarah M. Helfinstein de la Universidad de Texas en Austin trató de identificar dónde emergen en el cerebro. Ese esfuerzo involucró el escaneo de 108 cerebros de participantes que jugaron un juego llamado Balloon Analog Risk Task [Globo análogo de tareas de riesgo]. Para el juego, los jugadores escogieron si darle un golpe más al globo y arriesgar que tronara, o si detenerse y cobrar puntos.

La afectividad del experimento residió en su simpleza. El globo fue un reflejo bastante confiable de los tipos de riesgos cotidianos que tomamos tanto en casa como en el trabajo. Los jugadores no saben cuándo tronará el globo (al igual que las personas no saben cuándo los cachará su jefe viendo porno en la oficina o qué resultará de tener sexo sin protección).

El equipo analizó la actividad cerebral que ocurría justo antes de que los jugadores tomaran una decisión riesgosa (tronar el globo), o una decisión segura (cobrar los puntos). Así, si un jugador tronaba el globo al cuarto golpe en un juego, y cobraba puntos en el cuarto golpe en otro juego, los investigadores observaron la tercera decisión de cada test. Este diseño permitió la comparación de situaciones donde la cantidad de riesgo era la misma pero la decisión subsecuente difirió.

A partir de todo esto desarrollaron un algoritmo para predecir qué elección harían los jugadores en el siguiente turno. Cuando pusieron a prueba la fórmula, ésta adivinó correctamente el comportamiento de cada jugador. Para ser precisos, los predictores principales del cerebro cuando una persona tomaba un riesgo fueron el cortex del cíngulo anterior, la corteza insular y el lóbulo parietal. Es decir, los jugadores no tomaron riesgos por la emoción (esto hubiera encendido las regiones de recompensa del cerebro), tomaron riesgos porque no pudieron controlarse para tomar decisiones seguras.

Esto no significa que tu jefe pueda comenzar a predecir tu comportamiento; lo relevante de este experimento es, más bien, que si los empleados saben que el autocontrol es el factor cognitivo clave en el comportamiento de riesgo, pueden encontrar maneras para moldear el ambiente de trabajo para fortalecerlo. Por ejemplo, programar una decisión importante para antes de la comida puede no ser una gran idea si el control prueba que es más débil cuando tienes hambre. “Podemos comenzar a ver los distintos elementos que son importantes para ayudar a tomar mejores decisiones”, apunta Helfinstein.

Evidentemente, si no existiera el riesgo todo sería bastante aburrido, bastante plano y tibio. Pero algunas de nuestras pequeñas apuestas cotidianas pueden hacer que la vida en la oficina sea más tolerable. Conocer nuestras debilidades es imprescindible para diseñar una vida sin tantas caídas. O, en otras palabras, conocer nuestras debilidades nos podría ayudar a elegir mejor nuestras batallas, nuestros riesgos cotidianos.