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La conciencia ha existido desde siempre y conecta a nuestro cerebro con el universo, sugieren físicos

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 02/10/2014

Dos de los físicos más renombrados buscan entender la conciencia desde un nuevo paradigma: un substrato seminal que es parte de la naturaleza misma del universo y que toma coherencia en nuestro cerebro.

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El hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma.
Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma
percibida por los cinco sentidos

-William Blake

 

El trabajo de algunos físicos sugiere que la conciencia es parte fundamental de la naturaleza, lo cual confirmaría la intuición de antiguas religiones como el hinduismo. Stuart Hameroff y Sir Roger Penrose, dos importantes físicos (especialmente Penrose, considerado uno de los más brillantes de nuestros tiempos), han publicado un paper en el que ahondan sobre una teoría ya esbozada hace unos años y que parece tener una posible comprobación, ya que recientemente se descubrió que existen “vibraciones cuánticas al interior de las neuronas”.

La teoría de Hameroff-Penrose se distingue de lo que comúnmente se cree entre científicos: que la conciencia es un epifenómeno de la evolución de la materia. A diferencia de una visión dualista o espiritualista, H. y P. consideran que la conciencia no está separada de la materia, es intrínsecamente un fenómeno cuántico, lo cuántico es conciencia entrópica que se organiza:

La conciencia resulta de discretos eventos físicos; tales eventos han existido desde siempre en el universo como no-cognitivos, eventos protoconscientes, estos actuando como partes de leyes físicas precisas, no del todo entendidas. La biología evolucionó como un mecanismo para orquestar dichos eventos y aliarlos a una actividad neuronal, resultando en momentos cognitivos conscientes con un significado y por lo tanto un control causal del comportamiento.

En su teoría de Orch-OR (objective reduction), Penrose y Hameroff se proponen describir estos eventos discretos que son la semillas ubicuas, completamente distribuidas por el espacio, de la conciencia coherente que conocemos a través de nuestros cerebros (el caos es un cauce de olas de conciencia aún no decodificadas). Esta teoría, vale la pena recalcar, nos dice que el cerebro está conectado al universo a un nivel cuántico —cerebro y universo son un mismo proceso en el mar cuántico (la teoría tiene su contraparte en la filosofía de Alfred North Whitehead).

Evidencia que podría sostener esto proviene de la investigación de Anirban Bandyopadhyay, quien ha hallado vibraciones cuánticos en los microtúbulos al interior de las neuronas. Estos microtúbulos son microcomponentes estructurales del andamiaje celular. Hameroff y Penrose teorizan que “la conciencia se deriva de vibraciones cuánticas en microtúbulos, polímeros de proteínas en las neuronas, que gobiernan la función neural y sináptica, y conectan los procesos de auto-organización del cerebro a una escala fina, ‘estructuras cuánticas protoconscientes de realidad’.

Nuestro cerebro está formado por estructuras cuánticas protoconscientes de realidad, micromembranas que funcionan como transistores de un proceso universal que es la conciencia, que se transmite como una “realidad”, como un un mundo fenomenológico. Sin duda, un acercamiento interesante a uno de los grandes misterios de la ciencia moderna que es a su vez uno de los grandes principios de la religión o del misticismo. Si la conciencia está embebida en el espacio y ésta se extiende a través del hardware neuronal —parece cumplirse la noción brahmánica de que somos una forma para que el universo se conozca o se experimente a sí mismo.

Hameroff por otro lado ha especulado que

Cuando una persona tiene una experiencia cercana a la muerte, cuando el corazón deja de latir, la sangre ya no fluye al cerebro y los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información en ellos no se destruye: es distribuida en el universo. Si el paciente revive, la información puede regresar a los microtúbulos.

Al morir completamente, la conciencia regresaría al universo, fundiéndose o quizás tomando un nuevo estado de coherencia, aún desconocido.

La teoría aquí expuesta es especialmente atractiva ya que escapa el materialismo y el dualismo inherente a muchas de las teorías científicas —tiende un puente entre materia e información o materia y mente, y sugiere que la conciencia (al menos como potencia) es tan vieja como el mundo, es parte del caldo cuántico de las condiciones del espacio: espejo abierto entre cerebro y universo.

Twitter del autor: @alepholo

[PsyBlog]

 

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La educación no consiste en llenar una cubeta, sino en encender un fuego.

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Aprender del ‘mejor’ ha sido, históricamente, una sencilla pero efectiva herramienta evolutiva. Analizar el ejemplo de los más destacados nos ofrece la posibilidad de aprender de sus virtudes, y con un poco de voluntad y suerte, adaptarlas a nuestras condiciones particulares –e incluso llevarlas un paso más allá, afinarlas.

En lo que se refiere a educación, hace tiempo tuvimos la oportunidad de desmenuzar las principales bondades del sistema finlandés, considerado como el más eficiente del mundo (de acuerdo con el informe PISA de la OCDE). Gracias a ese ejercicio hoy sabemos que confianza, transparencia, respeto y el incentivo a pensar por sobre solo memorizar, son los pilares que sostienen la educación en Finlandia, y cada uno de ellos representa una máxima a seguir, o al menos a considerar, por el resto de los países.   

Luego de treinta años de fungir como preparatoria y vocacional, el Instituto Tecnológico de California (Caltech), se estableció en 1921 como universidad. Abocada a las artes técnicas y las ciencias aplicadas, y notablemente pequeña en comparación a las grandes universidades, los alumnos y maestros de Caltech han obtenido en 33 ocasiones un Premio Nóbel, y en 57 la Medalla Nacional de Ciencia (máxima distinción otorgada por el gobierno estadounidense). Pero más allá de sus miembros laureados, la excelencia educativa que caracteriza a esta institución le ha valido repetir consecutivamente, durante tres años, la distinción como la mejor universidad del mundo (según el prestigiado ranking elaborado por la revista británica Times Higher Education)

Con apenas trescientos profesores en su facultad, y ubicada a escasos quince kilómetros de Hollywood, este instituto es definitivamente un caso particular, e indudablemente a lo largo de sus más de cien años de vida, logró encontrar un envidiable modelo educativo. Pero ¿cuáles son las mayores virtudes de Caltech?

En un largo artículo de la revista THE, el cual incluye entrevistas con diversos miembros de la facultad, se pueden detectar algunas de las claves fundamentales para explicar y, por qué no, imitar, la excelencia de esta universidad. Entre los participantes se incluye Ares Rosakis, quien encabeza la División de Ingeniería y Ciencia Aplicada del instituto.

A continuación intentaré resumir los puntos clave, para que cada quien extraigamos las lecciones que nos correspondan.

El tamaño

Sin duda el tamaño de Caltech es una de sus principales distinciones. Por ejemplo, mientras su facultad la integran 300 profesores, en el caso de Harvard son 2,100. O mientras que su equipo docente en ingeniería y ciencia aplicada lo integran 77 maestros, en el caso del MIT es de 490. Sobre este punto Rosakis explica:

Siempre me refiero a nuestra pequeñez como algo similar al efecto tamaño que está presente en todos los materiales –hay propiedades especiales que solo existen cuando eres extremadamente pequeño. 

Interdisciplinariedad

Más allá de originalmente haber procurado esta cualidad operativa, precisamente debido a su pequeña escala los profesores en Caltech se ven obligados a involucrarse e interactuar en diferentes áreas. Lo anterior se traduce en una cierta cohesión y unidad que a su vez proyecta una especie de subcultura propia, se refuerza significativamente la identidad de la comunidad, y además facilita los proyectos que involucran distintas disciplinas.

Necesitamos que los ingenieros interactúen con el resto de las ciencias, y viceversa –es cuestión de supervivencia. No tenemos la estatura para hacer las cosas en grande a menos que interactúen entre ellos.

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Selectividad

Curiosamente esta virtud está también asociada a la característica primaria de Caltech, su tamaño. El reducido número de profesores que integran la facultad, obliga a los directivos a ser extremadamente selectivos al momento de contratar.

Nuestra prioridad definitiva está en las contrataciones (de los mejores docentes). […] Simplemente no puedo cometer errores al momento de contratar. En realidad no puedo. Mientras que nosotros tenemos 16 profesores en Ciencia de la Información y Tecnología, mientras que por ejemplo Carnegie Mellon (una universidad en Pittsburgh) tiene 200. Así que si una o dos contrataciones son equivocadas, eso implicará un costo monumental. 

Arriesga y confía en los jóvenes

El tomar riesgos es una práctica cotidiana en Caltech. Si bien se rige por un alto estándar de excelencia en, por ejemplo, la contratación de profesores, en cambio también mantiene una filosofía de invertir en desarrollar proyectos creados por jóvenes alumnos que no necesariamente tienen decenas de publicaciones especializadas en su haber. Al respecto, Fiona Harrison, profesora de física y astronomía, afirma:

Todos hemos escuchado el mantra de “publica o perece” (en referencia a la presión académica de publicar investigaciones por sobre experimentar), pero Caltech invierte en la gente joven. A mi me dicen: ‘OK, puedes tomar el riesgo’”.

Voto de confianza

En Caltech la confianza que deposita la institución en sus alumnos es notable. Por ejemplo, generalmente los exámenes son resueltos por cada alumno en su respectivo hogar, y muy rara vez hay alguien que supervise este rubro. El Código de Honor de la universidad es simple y conciso “Ningún miembro de la comunidad Caltech podrá tomar una ventaja de manera injusta sobre ningún otro miembro de la comunidad Caltech”. Y la postura es igual de sencilla: “El Código de Honor confiere el poder de elegir libremente acciones responsables. Los alumnos valoran mucho esta libertad y la cuidan fervientemente, y es por eso que nuestro sistema verdaderamente funciona.

La fórmula

Sin demeritar otros factores, como el financiamiento (Caltech dispone de un fondo de 1,800 millones de dólares), lo cierto es que el verdadero secreto de esta universidad recae en valores puntuales que permean toda su filosofía y práctica educativas. Mantener un tamaño relativamente reducido, ejercer el máximo rigor al momento de elegir a sus profesores, favorecer un ambiente de interacción interdisciplinaria, apostar por el talento de sus alumnos, respaldándolo con firmeza, y depositar un voto de confianza en ellos, parecen ser ingredientes fundamentales en la fórmula ‘caltechiana’.

Si bien no existen recetas absolutas, ni infaliblemente replicables, lo cierto es que estas cualidades debieran ser consideradas no solo por todo aquel ligado a la educación, también, creo, que podrían aplicarse con muy bueno resultados en prácticamente cualquier organización.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis