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Entrelazamiento cuántico y conciencia holográfica sugieren vida después de la muerte

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/02/2011

Si la conciencia es un fenómeno cuántico, como la evidencia sugiere, entonces es probable que la información (memoria) que comprende nuestra conciencia (o alma) persista más allá de la muerte, integrándose a la conciencia del universo.

El canal estadounidense Science Channel tiene una interesante serie, Through the Wormhole, narrada por la sempiterna voz de Morgan Freeman, sobre los grandes misterios de la ciencia y de la mente humana. En un reciente capítulo se discute el fenómeno de la vida después de la muerte.

Uno de los científicos de frontera que más ha profundizado en este "agujero de gusano" es el físico y anestesiólogo Stuart Hameroff. El Dr Hameroff, junto con el eminente físico Roger Penrose, ha formulado una notable teoría que considera que la conciencia es un fenómeno cuántico y como tal es una propiedad fundamental de todo el universo.

"Nuestras almas están construidas de algo mucho más fundamental que las neuronas, están construidas por la misma tela del universo. Creo que la conciencia (o su precursor, llamémoslo protoconciencia) ha existido en el universo desde siempre, quizás desde el Big Bang".

Esta hipótesis recuerda la creencia budista e hinduista de que la conciencia está intrincada con el universo como un hilo en una tela — y tal vez es lo único que existe.

La ominosa voz de Morgan Freeman nos dice que "la conciencia cuántica podría explicar las experiencias cercanas a la muerte", a lo que Hameroff responde:

"Digamos que el corazón se detiene, la sangre deja de fluir, los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información cuántica que existe en los mircotúbulos no es destruida, no puede ser destruida, solo se distribuye  en el universo entero; si el paciente es resucitado, esta información cuántica puede regresar a los microtúbulos y el paciente puede creer que vio una luz blanca, un túnel o flotó fuera de su cuerpo. Ahora bien, si no revive y el paciente muere, tal vez esta información cuántica pueda existir fuera del cuerpo, indefinidadmente, como su alma".

En una entrevista anterior con el sitio Daily Grail, Hameroff apuntó:

"Bajo condiciones normales la conciencia ocurre en el nivel fundamental de la geometría del espacio-tiempo confinado al cerebro. Pero cuando el metabolismo que conduce la coherencia cuántica (en microtúbulos) se pierde, la información cuántica se filtra hacia la geometría del espacio-tiempo en el universo como totalidad. Siendo holográfica y entrelazada, no se disipa. De ahí que la conciencia (o la subconciencia, como la de un sueño) pueda persistir".

Hameroff hace referencia a la propiedad de las partículas subatómicas de formar estados de entrelazamiento cuántico entre sí, estos estados son tales que un grupo de partículas forma sistemas holísticos de intercambio de información instantánea, sin importar que las partículas estén a millones de kilómetros de distancia. El alma y nuestra memoria podrían ser sistema cuánticos, holográficos en el sentido de que en cada partícula de este sistema podría contener la totalidad de la información del mismo, como si en un fotón existiera toda la información de todas las estrellas. Tal vez el alma o la conciencia cuántica que habita un cuerpo al morir regresa a este estado de entrelazamiento cuántico con todas las partículas del universo, en lo que Phillip K. Dick entiende por anamnesis: un aspecto de la gnosis en el que el sistema recolecta la información (o la memoria) de un individuo como un todo, alimentándose de esta memoria para construir un nuevo circuito en el funcionamiento del programa o universo. Literalmente, el universo se alimenta de nuestra información, absorbe nuestra alma (pero más que perdernos ganamos ser todo el universo.)

Vivimos entonces en "piel holográfica", aquel inolvidable verso de Borges: "ser para siempre; pero no haber sido".

Compañero invisible: la Tierra tiene un asteroide que sigue su misma órbita

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/02/2011

Encuentran la presencia crepuscular del primer asteroide troyano de la Tierra, un pequeño compañero que sigue la misma órbita elíptica de nuestro planeta y podría estar ahí desde los inicios del sistema solar.

Un asteroide de unos 300 metros de diámetro ha asediado a la Tierra por años desde el anonimato, oculto en la zona crepuscular de la luz.

Este asteroide es el primer troyano confirmado que tiene nuestro planeta, el cual puede orbitar en torno al Sol en dos distintos pozos gravitacionales en la misma trayectoria que nuestro planeta. Desde el punto de vista del Sol, estos pozos yacen 60 grados atrás o adelante de la Tierra, en puntos Lagrange donde las fuerzas gravitacionales del Sol y de la Tierra se neutralizan.

Estos cuerpos troyanos son bastante comunes en el sistema solar —Júpiter por sí sólo tiene aproximadamente 5 mil—, pero encontrar el de la Tierra ha sido difícil ya que los astrónomos deben de buscar estos objetos justo antes de la salida del Sol o después del ocaso, y hasta ahora la luz solar había opacado la tenue luz reflejada por alguna de estas piedras que podría estar ocultándose.

El científico Martin Connors usó datos del telescopio infrarrojo WISE para identificar este troyano bautizado 2010 TK7. Este asteroide está liderando el  sendero de la Tierra y se mantendrá en una órbita elíptica estable por al menos los siguientes 10 años, como un heraldo de piedra en el camino cósmico de nuestro planeta, oscilando entre 20 y 300 millones de kilómetros de aquí.

Su composición y cómo llegó a esta posición son un misterio. Podría ser una "piedra del Génesis", una reliquia del origen del sistema solar de 4.5 mil millones de años de antigüedad. Si esto es así, podría ser idéntica a las piedras que dieron forma a la Tierra, lo cual podría significar que estudiarla revelaría detalles de la química inicial de nuestro planeta. O podría ser simplemente un asteroide errante. O para los aficionados a las teorías de conspiración, podría ser el famoso (mini)planeta X, un centinela de Nibiru.

[New Scientist]