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La inevitable decadencia de las princesas Disney: metáfora fotográfica del mundo contemporáneo

Por: pijamasurf - 08/18/2013

Disney puede considerarse una de las máquinas ideológicas más efectivas de la era moderna. Desde sus inicios, a mediados del siglo XX, sus productos de entretenimiento han estado íntimamente aparejados con un modo de vida y aun de producción en los que la adecuación mental a determinados patrones de pensamiento, es indispensable.

En el caso de las llamadas “princesas”, tomadas además en varios casos de historias reconocidamente folclóricas, estas han servido para difundir y asentar ideas determinadas de lo que supuestamente significa ser mujer, una feminidad sumamente estrecha, sumisa, limitada a las necesidades de un modelo patriarcal de pensamiento. La mujer debe ser bella, delicada, cortés, servicial y tener otras cualidades afines para, encima, merecer eventualmente la condescendencia de un príncipe azul sin el cual su vida carece de sentido.

En un ejercicio fotográfico que retoma estas y otras críticas tanto a las “princesas Disney” como al estilo de vida contemporáneo que evidentemente entra en contradicción con dichas ilusiones, Dina Goldstein ha presentado su serie Fallen Princesses, Princesas caídas, en la cual toma la característica más señalada de cada uno de estos personaje y, no sin cierta perversidad intelectual, lo convierte en la razón misma de su caída, su renovación conflictiva (porque no puede ser de otro modo) en las circunstancias del mundo contemporáneo.

Así, la falsa demanda de la belleza que da sentido a la cirugía plástica, el ciclo de producción, consumo y desecho que alcanza incluso las relaciones personales, la práctica de no ser capaces de admirar algo hermoso en el mundo si no está encerrado en una galería o un zoológico, son algunas de estas situaciones que la fotógrafa combina con dichos iconos culturales inmediatamente reconocibles.

Fallen Princesses es, en suma, una buena oportunidad para reflexionar sobre aquellas ideas y hábitos que, sin ser del todo nuestros, sin beneficiarnos ni hacernos crecer, aun así, casi siempre inconsciente e involuntariamente, terminamos por hacerlos propios, por reproducirlos y contribuir así en su persistencia en el mundo.

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Imágenes vía The Daily Beast

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Tres increíbles hoaxes periodísticos que los lectores creyeron

Por: pijamasurf - 08/18/2013

En los siglos XIX y XX la mayoría de la gente creía las cosas que leía, sobretodo si estas eran divulgadas por medio de un periódico o la radio. Escritores de ciencia ficción y bromistas en general se aprovecharon de esto para lanzar algunas de las estafas intelectuales más divertidas de la historia.
[caption id="attachment_63156" align="aligncenter" width="679"] Litografía del "Gran hoax de la luna"[/caption]

La historia de los hoxes es tan antigua como el periodismo, la ciencia o la ciencia ficción. Ha habido decenas de robots falsos, descubrimientos científicos fabricados, taxidermias criptozoológicas y producciones de cine de ciencia ficción que fueron una estafa. Todo eso antes del increíble episodio en que Orson Welles leyó la Guerra de los mundos en la radio, y antes de que Facebook sacara al menos un par de hoaxes cada día. Las siguientes son tres de las más divertidas estafas impresas:

 

El gran hoax de la luna de 1835: este fue uno de los engaños más famosos de la ciencia ficción. Viene de una serie de seis artículos publicados en el New York Sun durante la última semana de agosto de 1835. El primer título leía: “Grandes descubrimientos astronómicos realizados por John Herscell, L.L.D. F.R.S. &c. En el Cape of Good Hope” acompañado de una declaración que decía que artículo venía del Edinburgh Journal of Science. Los artículos aseguraban que, por medio de un poderoso telescopio, astrónomos habían descubierto vida en la luna. Y no sólo vida, sino increíble vida. Bisontes lunares, cabras azules y humanoides alados con su propia civilización.

Los artículos generaron un estruendo en la circulación del Sun y otros periódicos de Nueva York reimprimieron la noticia hasta que fundador del Heraldo de Nueva York publicó que el Edinburgh Journal of Science había dejado de existir en 1833, por lo tanto era un engaño.

 

“El caso de Summerfield” de W.H.Rhodes: en mayo de 1871 apareció una nota en el Sacramento Daily Union titulada “El caso de Summerfield”. Iniciaba con lo siguiente:

Estamos en deuda con el corresponsal de San Francisco por los particulares del caso más interesante que jamás haya llegado a nuestras manos como periodistas públicos: el caso de Gregory Summerfield, o, cómo era llamado en ese momento, “El hombre con un secreto”.

Lo que siguió fue un cuento bizarro, reforzado por una referencia a un artículo falso del Auburn Messenger que afirmaba que un hombre llamado Leonidas Parker había asesinado a un tal Gregory Summerfield al tirarlo a las vías del tren, sólo para que un juez descartara su caso. El reporte continuaba explicando por qué el juez descartó el caso: Summerfield, declaraba el reporte, había inventado una substancia que podía incendiar el agua. Había chantajeado  la los líderes de San Francisco con la amenaza de prenderle fuego al Océano Pacífico y así destruir el mundo si no recibía sus demandas financieras.

Algunas semanas después varios diarios de California recogieron la historia y los lectores se preguntaban qué tanto de ello era cierto. Pero no pasó mucho tiempo antes de que los periodistas del Sacramento Reporter identificaran al autor de la pieza por sus iniciales W.H.R., mejor conocido como William Henry Rhodes. Pero incluso después de que lo cacharon, Rhodes continúo su hoax. Algunas semanas después el Sacramento publicó otro artículo en el cual se decía que un bandido conocido como Black Bart estaba en posesión de la substancia letal de Summerfield. Muchas personas pensaron que la historia era demasiado plausible para ser solamente ficción y fue detonadora de mucho nerviosismo en el público.

 

El árbol de Madagascar que comía humanos: el artículo de Edmund Spencer sobre el Crinoida Dajeeana, el árbol que comía hombres, apareció en 1874 en el New York World. Afirmaba contener una carta de Karl Leche, un botánico que viajaba por Madagascar. Leche decía que había presenciado un sacrificio hecho a un árbol carnívoro que de pronto cobraba vida y envolvía a su presa humana en tentáculos poderosos, apretándolo hasta su muerte.

Al momento de su publicación, la historia atrajo mucho interés y siguió apareciendo en revistas años después de su publicación en el New York World. La historia fue tan famosa que se extendió hasta el siglo XX y e1950, el divulgador dela ciencia Willy Ley se sumergió en el misterio y al fin probó que Leche nunca existió y que ese artículo era sólo un hoax que se salió de las manos. 

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