*

X
Los marineros filipinos incrustan "bolitas" de metal en sus penes para congraciarse con las mujeres de los puertos; acaso sin saber cumplen un antiguo rito que se remonta a la alquimia sexual de los dioses.

Golden-Sea

Para algunos el destino del pueblo filipino ha sido aciago, sufriendo el yugo de un múltiple colonialismo, dictaduras y explotación (o saqueo) de recursos. Y, sin embargo, ese estado precario, pronto a abandonarse, y su geografía isleña, les ha permitido una venturosa compensación, difícil de medir bajo indicadores financieros, otra riqueza:  partir al mar y conocer el mundo para mezclarse con la sal de la tierra. Aunque bajo la servidumbre del navío y sus lores, ningún otro pueblo en la actualidad recorre --y, en ese aspecto reversible de la dialéctica, domina-- los océanos del orbe como el pueblo filipino …un furtivo imperio a la deriva. Actualmente se calcula que la quinta parte de los marineros del mundo son de origen filipino. Una cifra que ha crecido luego de que leyes internacionales permitieran la contratación de marineros a salarios mínimos y de que Filipina viviera una pronunciada crisis petrolera en los 70.

El destino de un marinero hace que pase alrededor de 10 meses en alta mar, sólo acallando en la tierra brevemente. Estas visitas a ciudades marítimas, lejos de casa (casa que de por sí ya se ha difuminado en la borrasca del mar), son el escenario de las más variadas y afamadas correrías sexuales: la prostitución, las farras orgiásticas y, en el caso de los filipinos, la oportunidad de hacer gala de sus implantes peniles con las mujeres del puerto.

Aunque existen numerosos relatos históricos que documentan esta práctica, extendida entre hombres del Pacífico asiático, una nueva investigación realizada por el antropólogo noruego Gunnar Lamvik ha creado recientemente cierta sensación. Según Lamvik, muchos marineros filipinos hacen pequeñas incisiones en sus penes con pedazos de plástico, piedras o metales (del tamaño de M&M’s) debajo de la piel con el fin de aumentar el placer de las prostitutas y otras mujeres con las que se encuentran en ciudades portuarias, especialmente en Río de Janeiro. “Esta arma secreta de los filipinos, como fue fraseada por un contramaestre, tiene que ver obviamente con el hecho de los que filipinos ‘son tan pequeños, y las mujeres brasileñas son tan grandes”’, señala Lamvik.

Un sondeo realizado en 1999 mostró que el 57% de los marineros filipinos utiliza estas incisiones, conocidas como “bolitas”. Steve McKay, de la Universidad de California Sana Cruz, viajó en containers con marineros filipinos y, al igual que Lamvik, documentó el proceso de inserción de los implantes. Las bolitas son conocidas como “fang muk”, “bulletus”,  “bolas de chagan”, “bolas de tancho” y “canicas de pene”. La diversidad de objetos y materiales que se utiliza para hacer los implantes es tan ocurrente como potencialmente infecciosa: se usan cucharas derretidas, cepillos de diente, palillos chinos, cuentas de collares (incluyendo rosarios), municiones y metales y minerales (como el  hierro, el jade, el marfil, la porcelana, la fibra de vidrio y, los más afluentes, el oro). McKay notó que muchos marineros filipinos hierven las “bolitas” y es una práctica común insertar cuatro de ellas en diferentes partes del pene formando el signo de la cruz (una clara herencia del catolicismo español que, sin embargo, muestra una articulación que esa religión podría considerar profana justamente al inmiscuir en el sexo lo sagrado).

Esta práctica, también conocida como “perlado” fue observada por el hisoriador precolonial William Henry Scott y por Antonio Pigafetta, quien viajó en la mítica expedición de Magallanes por el estrecho que ahora lleva su nombre. “Tanto hombres jóvenes como viejos perforan sus penes con una varilla de oro o de metal del tamaño de una pluma de ganso, sus puntas con la forma de la cabeza de un clavo”, escribió Pigafetta en 1521.

filipinoseamenbannereditedLa interpretación antropológica de Lamvik es que los filipinos se reafirman a sí mismos utilizando las “bolitas”. Esto no sólo por el aparentemente tamaño desfavorable de sus penes, también por su posición generalmente inferior en la jerarquía de los navíos. Los filipinos son percibidos dentro del rubro como “afeminados” (según Lamvik), como incapaces de tomar decisiones y como fácilmente reemplazables. Esto les genera una “inseguridad”, misma que buscan paliar con las incisiones en el pene que de alguna manera apuntalan su masculinidad. Por otro lado, (quizás un poco como los mexicanos son "gaffers" en las películas) se dice que los filipinos “pueden arreglar todo”, mientras que los otros marineros se esperan a llegar al puerto “los filipinos hacen una nueva parte o la arreglan”. La misma pericia también parece reflejarse en su ars amatoria, donde su habilidad técnica, un poco a la manera de Vulcano, el dios de la fragua, les permite conseguir la privanza femenina sin ser ortodoxamente deseables. Los filipinos se jactan de que las mujeres de los puertos las prefieren a ellos porque las tratan bien: “les sonreímos, incluso las cortejamos. Eso es lo que hace especiales a los filipinos. Somos románticos”, dijo un marnero filipino a Lamvik.

Aunque estas perforaciones  puedan reflejar cierto complejo de inferioridad, también resaltan la concepción romántica del filipino, en ciertos aspectos más sofisticada y evolucionada que la de otros pueblos en los que el paternalismo ha hecho mella. El filipino, sea por su necesidad de sobresalir o por su afeminamiento, y aunque sea con una prostituta,  se regala en función del placer femenino. Y si bien, en la era de Cosmpolitan y New Scientist, puede resultar más o menos evidente la importancia de buscar la gratificación sexual de la mujer, hace unos siglos, en la cultura patriarcal, esto no era del todo así (era en todo caso un secreto iniciático). La filipina es una cultura maternal, como el mar ("I will go back to thee, great sweet mother,/mother and lover of men, the sea", dice un poema de Swinburne que entre muchos otros revela la inextricable relación del mar, el hombre y el arquetipo femenino), y como tal parece rendirse a la Virgen, que por momentos se transforma en la Gran Puta (que cumple una función igualmente sagrada y de la cual quizás María Magdalena, la esposa de Jesús en los textos gnósticos, sea el mejor ejemplo).

De lo anterior podemos derivar una ecuación en la que el marinero filipino logra transferir su amor al mar a las mujeres del puerto –que son una misma manifestación de la materia que abraza y engolfa—a través del artilugio y el ingenio, burlando sus limitaciones físicas un poco como hiciera Ulises, el gran náufrago de la historia, y quien sin contar con el prodigio atlético de Aquiles logró regresar a casa, al seno de Penélope.

 *   *    *

 "Allí unidos, rozando aquel centro, como una madeja de nervios, hasta la punta del ala del águila, hasta el más remoto de los días. Esto significa: el altar del fuego". Ka

Roberto Calasso en su versión de la mitología de la India, sugiere que los actos de los dioses, los mitos fundadores, se repiten permanentemente, con sutiles variaciones, hasta el punto de que conscientes o no nosotros seguimos representando esos actos (que son sacrificios). El origen del mundo que habitamos (aquel que distingue lo múltiple de lo uno), según la tradición védica, se dio a través de la cópula de Prajapati con su hija Usas, la aurora. El acto que repetimos siempre, en perpetuación del mundo –de ese orden velado—, es  la cópula (aquello que nos vincula). "Esta es la escena que está detrás de todas las escenas, la escena que cada escena varía, repite, deforma, destroza, recompone, porque de esta escena en la aurora desciende el mundo”. Es posible, entonces, encontrar en el equipamiento y en la conducta sexual de los marineros filipinos una prolongación representativa de los arquetipos trazados por los dioses en su instauración del mundo.

Tanto Pigafetta como un notable poema escrito por Nick Carbo (que puede leerse al final del texto), donde dice "varillas de oro incrementarían/su placer y las lanzarían/más allá de las copas de las palmas,/más allá de los centelleantes/ojos de anillo de los dioses/en el cielo nocturno", hacen énfasis en el oro como el material elegido para incrustarse en el pene. Esto, aunque de manera rebuscada, pero con el lujoso placer que es refocilarse en la mitología --la telaraña invisible que sigue tejiendo, por debajo, al mundo-- me recuerda la historia de Osiris, quien resucitó luego de que Isis le fraguara un pene de oro con su voz. Osiris fue engañado y despedazado por su hermano Set;  Isis logró reunir 13 partes de se cuerpo y uncirlas, pero faltaba su pene. Entonces, en la orilla del mar, cantando con la voz del ibis –el ave cuyo vuelo Thoth observó para  inventar la escritura—, Isis cinceló el pene áureo de Osiris en una especie de sintestesia creativa que oculta una profunda simbología alquímica, probablemente la conjunción de los opuestos, el fuego y el agua, y la cópula divina (en el tálamo del mar que se funde con el cielo) o hierosgamos. Osiris entonces se alzó como dios del Sol y de la vida después de la muerte.

Si creemos que nosotros somos la descendencia de los dioses –o al menos de los hombre que los imaginaron—podemos ver en las incrustaciones de oro de los filipinos una correspondencia (y las correspondencias, las sampad, fueron lo primero que hicieron los dioses para hilar el mundo). De alguna manera remota y misteriosa colocar una punta de oro en el pene y llenarlo de resplandores es una oblación a la Diosa Madre. Al hacerlo los marineros filipinos hacen lo que hizo Isis (quien también es Stella Maris, la estrella del mar) y aunque sea sólo con una realidad espectral se convierten por un instante (atemporal) en Osiris. El principal tributo de los hombres a los dioses es hacer lo que ellos hicieron –aunque no sepan que lo están haciendo o por qué lo están haciendo.

 Juegos de Alquimia

 

caduceusTiendo a hacer una digresión: puede resultar un exceso ver en las incisiones peniles de los filipinos, y en su arrojo por complacer a las mujeres de los puertos –destacándose de hombres aparentemente mejor dotados—un impulso de elevarse "al cielo nocturno" atravesando los anillos de los dioses --o al menos la generosidad de hacerlo para el género femenino. Pero, ¿qué otra forma más contundente, que no requiera de una etérea metafísica, tiene el hombre para inscribirse en el firmamento? (El poeta indio Bhartrihari considera que existen dos vías: "la juventud de una mujer de pechos generosos, inflamada por el vino del ardiente deseo, o la selva del anacoreta", lo demás es "hueca palabrería"). En la sexualidad, en su transfiguración erótica, yace no sólo el instinto de la reproducción, de la perpetuación de la sangre y la información genética, también el deseo de trascendencia. De alguna manera los hombres y las mujeres intuyen –en la gnosis del cuerpo— que su participación en lo sagrado está dada en el erotismo. La decadencia del rito, la perversión del éxtasis, no dejan de simbolizar y volver a escenificar el acto de creación de los dioses… no importa que sean marineros y prostitutas ahora los que se tienden en el atanor. Amor, el más viejo de los dioses, es el primer y último sacrificio.

En las perforaciones peniles de los filipinos podemos atisbar también el tiempo cíclico. Primero son pepitas de oro las que refulgen en el sol (podemos adivinar que esta práctica es mucho más antigua de lo que documenta Pigafetta), al final son latas, chatarras, alumino, fierros en el glande -- atravesamos las edades que describe Hesíodo (la decandencia del oro hacia el hierro). Los dioses vivían en la superabundancia --la materia, el maia, era fácilmente manipulable--; el destino del hombre es otro, pero el deseo es el mismo. Sin los mismos recursos, y sin haber alcanzado la perfección de la cual el oro es un metáfora, los marineros filipinos buscan una satisfacción transpersonal, complacer a las prostitutas brasileñas, un ciero doro --esa dádiva incomparable que es la alegría erótica femenina--, reestablecer el orden. Por lo mismo, Osiris logró alzarse redivivo como Señor del Inframundo y constelarse en el firmamento: propulsado por Isis (a su vez constelada como Sirio). De alguna manera en la profundidad de la mente que compartimos, los marineros con sus perforaciones están añorando la antigua alquimia de la pareja divina. El metal, que brilla como el sol y se alía por la acción ígnea, introduce el elemento de fuego, doblemente necesario al penetrar en un ambiente húmedo; así el marinero filipino inconscientemente cristaliza el principio alquímico de “conjunctio oppositorum”: la llama se agita en el agua. El acto es el mismo: un solo eros recorre el mar con su rayo de oro (sólo los actores cambian de rostro).

*   *   *

 CAPTIVA

Tanto hombres jóvenes como viejos perforan sus penes con una varilla de oro o de metal del tamaño de una pluma de ganso, sus puntas con la forma de la cabeza de un clavo… Cuando un hombre y una mujer desean tener relaciones, ella no toma su pene de la manera normal, sino que suavemente introduce primero la espuela de arriba y luego la de abajo dentro de su vagina. Una vez dentro, el pene se vuelve erecto y no puede ser sacado hasta que esté flácido.

Antonio Pigafetta sobre la prácticas sexuales de los nativos filipinos, 1521

 

Las mujeres de Mactaan sabían que no podían confiar

en esos penes. Aprendieron de sus hermanas,

madres y abuelas que incluso los más grandes

 

mentirían, buscarían excusas para no tener que merodear

dentro de esas tibias, resbalosas paredes.

Los hombres siempre tenían otra cosa que hacer:

 

Terminar de vaciar la banca para que los hombres pudieran ir

a pescar en un nuevo bote, recoger más cocos

para hacer suficiente arak (un vino de palma que hacían los hombres

 

para embriagarse juntos). Atar a los hombres a los muebles

tomaba demasiado tiempo, morderlos

mientras se estaban saliendo era considerado violento,

 

Amenazarlos con cortárselos con un cuchillo de bambú

nunca funcionó. Entonces, las mujeres de Mactaan escucharon

de una secreta práctica sexual de un chamán

 

que visitaba de una isla hacia el sur.

Introdujeron la varilla de oro

en sus hijos pubertos como un ritual

 

para alcanzar virilidad. Tomó veinte días

para que sus penes sanaran, tres años

antes de que estos niños empezaran a complacer a las mujeres.

 

Los hombre más viejos, quienes se reían

de estas generaciones más jóvenes

(llamándolos ulo ng aspili, cabezas de clavo)

 

fueron vistos gradualmente como poco atractivos

por sus esposas y mujeres más jóvenes.

Los hombres sin adornos fueron acusados

 

de eyacular muy rápido, de no mantener

sus penes hinchados por mucho tiempo,

de tener mal aliento, de perder pelo prematuramente, de verrugas.

 

Ninguna mujer tocaría a los no perforados.

Un día, los ancianos de la aldea y el resto

de los nerviosos adultos se formaron

 

frente a la cabaña de la anciana que desempeñaba

el servicio. En veinte días,

todos los hombres de Mactaan tenían penes que brillaban

 

cuando expuestos al sol.

Caminaban con los pechos henchidos,

disfrutando el fresco arak,

 

mientras las mujeres se preguntaban si dos,

o quizá tres

varillas de oro incrementarían

 

su placer y las lanzarían

más allá de las copas de las palmas,

más allá de los centelleantes

 

ojos de anillo de los dioses

en el cielo nocturno.

 

Nick Carbo, 1995

 

Twitter del autor: @alepholo

Con información de The Atlantic

También en Pijama Surf: El falo perdido de Osiris, una historia de alquimia detectivesca 

 

Te podría interesar:
Un breve recorrido a través de la fascinante idea del Punto Omega o sobre la posible influencia del futuro, magnetismo del fin del universo que nos llama hacia nosotros mismos.

pic13-omega

Observar la influencia del pasado nos resulta sencillo: el río parece fluir sólo hacia un lado y la red de causa y efecto conecta en un sólo sentido. Lo que sucedió antes en gran medida determina lo que sucede actualmente y sucederá después. Así la religión considera que al crear el mundo Dios sentó las bases de todo lo que será. La ciencia por otro lado, en algunas de sus teorías, como es el principio antrópico, considera que en el Big Bang se establecieron las condiciones iniciales --leyes de la física y constantes universales-- que posibilitan la existencia de la vida inteligente en estos momentos, como si hubiera un substrato matemático pre-ordenado para que surgieran las estrellas, las plantas y los hombres, etc. Podemos ver entonces el mundo, y toda su historia solamente como la encarnación o representación de ese único y sublime instante o génesis.

Observar la influencia del futuro resulta un poco más complejo, si la hay. Teóricamente el tiempo --esa "persistente ilusión" en palabras de Einstein-- fluye en ambos sentidos, es sólo nuestra percepción --casi como un válvula reductora que nos permite no enloquecer ante la invasión de la eternidad-- la que limita el sentido temporal del pasado hacia el presente (la retrocausalidad, un fenómeno que antecede a su causa, es una posibilidad seriamente considerada en la física cuántica). Si entretenemos la posibilidad de que el futuro puede influir en el pasado, entonces podemos imaginar, de manera similar  a como hemos históricamente pensado que en el origen se estableció en mayor o menor grado lo que estamos viviendo, que en el final se estableció lo que estamos viviendo y que el futuro es una especie de puerta magnética que  nos imanta hacia un destino por desvelarse.

De la fusión entre la idea de la evolución y el rapto cristiano, el sacerdote jesuíta y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin acuñó la idea del Punto Omega. Según la teología, Jesucristo es el "Alfa y el Omega", principio del mundo en el espíritu de Dios y fin del mundo en su fusión o retorno a Dios. Lo novedoso en la teoría de Teilhard de Chardin es que entiende a través del proceso de complejificación de la materia, que según su visión evoluciona hacia la conciencia pura, una evolución espiritual del universo que es atraída desde el futuro, desde un punto en el que ya ha sucedido; en su lírica católica, desde el Corazón de Cristo en el cielo que opera como una gran máquina magnética llamando a todas las formas vivientes a su seno iluminado. El punto Omega es está tendencia inmanente hacia la unidad, si bien el nacimiento es una caída y una seperación, cada elemento del universo es sensible, como si tuviera una especie de identificador de radiofrecuencia, a la fuerza cósmica de recolección y reunión: 

Por su estructura Omega, en su principio último, sólo puede ser un centro distinto irradiando en el núcleo de un sistema de centros; una agrupación en la que la personalizaicón del Todo y las personalizaciones de los elementos alcanzan su máximo, simultáneamente y sin fusionarse, bajo la influencia de un supremo y autónomo foco de unión.

En todos los elementos y en todos los fenómenos del mundo, Teilhard de Chardin veía el sello y la influencia de un principio de convergencia divina. El surgimiento de la inteligencia en el planeta y su tendencia hacia convertirse en una esfera pensante o en una noósfera, era la más clara seña hacia esa reunión de la conciencia unitaria: "la Tierra ya no sólo cubierta de una miriáda de granos de pensamiento, sino finalmente cubierta de una sola capa pensante, una sola reflexión unánime". El Omega nos parece evocar la imagen alquímica del Ouroboros, esa serpiente que devora el tiempo en su conjunción de los opuestos, en el punto donde se muerde la cola y el Alfa se vuelve indistinto del Omega.

omegapoint-being

Filósofos transhumanistas como Terence Mckenna y recientemente Jason Silva se han apropiado de las ideas de Telihard de Chardin para incrustar el Punto Omega dentro de la narrativa de la tecnología (la magia secular). Mckenna introdujo la idea de un "extraño atractor" u "objeto hiperdimensional" (algo parecido al monólito de 2001: Odisea en el Espacio). "Un conjunto irreductible e invariante que atrae las trayectorias de todos los puntos cercanos.".

Alfred North Whitehead propuso que la historia crece hacia lo que llamó "un nexo de completitud". Y estos nexos de completitud a su vez crecen juntos hacia lo que llamo "concrescencia". La concrescencia ejerce un tipo de atracción, que puede ser pensada como el equivalente temporal a la gravedad, excepto que todos los objetos del universo son llevados hacia ella no a través del espacio, sino del tiempo. Al acercarnos al labio de esta cascada hacia la concrescencia, la novedad, la completitud, el tiempo aparentan acelerarse y las fronteras se empiezan a disolver. Entre más fronteras se disuelven, más nos acercamos hacia la concresencia que somos. Cuando finalmente llegamos a ella, no existen barreras, sólo eternidad al hacernos tiempo y espacio, muertos y vivos, aquí y allá, antes y después. Porque esta singularidad puede existir simultáneamente en estados contradictorios, es algo que trasciende la aprehensión racional. Pero le da significado al universo, porque todos los procesos pueden verse como buscando y moviéndose en su esfuerzo por aproximar, conectar y anexarse al objeto trascendental al final del tiempo.

En su máxima exultación psicodélica, Mckenna hablaba de este objeto como "la puerta violeta del hiperespacio"  o la "máquina autotransformante" que en cierta manera nos modelaba a semejanza de su imagen. Una imagen que se proyectaba desde la frontera del universo, tal vez ese horizonte de eventos en la boca de un agujero negro ("el labio de la cascada") donde teóricamente la realidad que experimentamos es emitida desde un proyector holográfico supradimensional (esto es parte de la teoría del principio holográfico del físico Leonard Susskind). El universo como una imagen que nos llama, que se llama a sí misma.

Jason Silva, quien vive del remix de ideas, intenta en su video The Omega Point insertar las ideas de la evolución cósmica de Teilhard de Chardin y de Mckenna  dentro del transhumanismo y su predicción de la singularidad tecnológica, el punto en que el incremento de la información total del sistema detonará un "runaway positive feedback loop", una especie de iluminación cibernética en la que la inteligencia artificial y su interacción con el cuerpo humano permitirá un tipo de inmortalidad similar a la conciencia pura, conciencia habitando en entornos digitales teorícamente imperecederos. Esta visión recae en una teleología de la tecnología, evolución dirigida donde el progreso cruza un punto de aceleración infiita, similar al del astronauta Bowman, al entrar a "Júpiter  y Más Allá del Infinito".

El físico de la Universidad de Tulane, Frank Tipler, también ha incorporado las ideas de Teilhard de Chardin a un modelo similar de  cosmología. Según el modelo de Tipler las leyes físicas actuales requieren, para ser consistentes, el surgimiento de la vida inteligente y el posterior colapso de la materia. Este colapso estaría precipitado por el incremento de la capacidad computacional del universo, divergiendo hacia el infinito, hasta haber emulado todos los ambientes posibles. Ese punto en el que todos los universos posibles han sucedido y toda la información ha sido generada (infinitos bits de conocimiento), es el punto Omega, un punto  La teoría de Tipler raya en la ciencia ficción más elegante, en la poesía y en lo que se conoce en inglés como una "crackpot theory", o un disparate.

Todas las curvas de luz y tiempo convergen en el Punto Omega. Particularmente todos los rayos de luz de las todas las personas que han muerto, de todas las personas que viven ahora y de todas las personas que vivirán miles de años después, intersectan ahí. Los rayos de luz de personas que murieron hace miles de años no se pierden, en realidad, estos rayos serán interceptados por el Punto Omega. En otras palabras, estos rayos serán interceptados una y otra vez por los seres vivos que han envuelto al universo físico cerca del Punto Omega. Toda la información que puede ser extraída de estos rayos será extraída en el instante del Punto Omega, que en adelante experimentará la totalidad del tiempo simultáneamente de la misma manera que nosotros experimentamos a la galaxia Andromeda y a una persona que nos acompaña en esta habitación.

Information in formation  

 

En The Omega Poing as Escathon, Tipler sugiere que el Punto Omega permite una especie de juego de resurrección, en el que la memoria de un ser podría "ser simulada en cualquier ambiente de fondo que el Punto Omega quisiera", incluso en un mundo que nunca existió, posiblemente "uno lo suficientemente cercano a la fantasía del mundo ideal de la persona resucitada" y se podrían combinar con otras personas muertas  para interactuar en infinitas simulaciones. Básicamente Tipler nos habla del paraíso --una simulación que nos regala la divinidad o Punto Omega-- y de una teoría informática de la reencarnación. Asimismo imagina un universo perfectamente amoral donde el único fin y motivo de la existencia es la experiencia, la información que se experimenta a sí misma de todas las formas concebibles.

De la teoría de Tipler se desprende el concepto de los "ángeles de plasma": las superinteligencias que surgen del colapso de la materia en el Punto Omega a temperaturas extremas. Estos ángeles de plasma existen como sistemas computacionales codificados en la interacción de las partículas--son el medio y el mensaje. Son expresiones del almacenamiento infinito de la información. Al igual que los ángeles de la teología, constituyen la última e íntima frontera entre el universo y la divinidad. 

¿Puedes sentir la atracción sub rosa del Punto Omega? ¿Escuchar el coro angelical del plasma debajo de los velos de la materia? ¿Avanzas hacia algo, las estrellas siguen halando entre las células? ¿Hay algo que podamos hacer en realidad para cambiar la trayectoria de la evolución? ¿Acaso lo mejor que podemos hacer es simplemente acomodarnos y disfrutar del paseo? ¿En realidad importa tu vida bajo este telón cósmico? Sinceramente no lo sé, sólo me gusta jugar con las ideas.

Estas fascinantes ideas, especulación metafísica, ciencia y ficción, tienen una clara acepción poética paralela: a fin de cuentas somos nosotros mismos --la información encarnada-- los que, en una trama de olvido y recuerdo ("en los planetas olvidamos; en las estrellas recordamos") nos llamamos desde el futuro, seduciéndonos hacia una suprema conclusión. Nosotros mismos también somos los que pusimos originalmente en marcha la trama ("un baile de máscaras en una casa de espejos fragmentados" o un juego de rol de ceros y unos en el infinito); nosotros mismos los que nos esperamos al final del túnel de las galaxias.

Twitter del autor: @alepholo

Con información de Fusion Anomaly