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A 20 años del Tratado de Libre Comercio (México-EU-Canadá), pero ¿y la propsperidad, apá?

Por: Ana Paula de la Torre - 05/16/2013

Luis de la Calle, negociador y diseñador del TLCAN, señala para este medio que el acuerdo no debió ser considerado como sinónimo de desarrollo.

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Según cifras del periodista Carlos Rivero y extraídas del Banco de Información Económica del INEGI, de 1993 a 2012, las exportaciones se incrementaron un 494%, y las importaciones aumentaron en 371% en este mismo periodo en México, a raíz del inicio del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN).

Como ya se advertía en un artículo reciente sobre este tema, el problema más arraigado de México persiste si consideramos que al menos la mitad de la población vive en pobreza. En sus inicios este acuerdo era celebrado por el gobierno como una movida clave para alcanzar la prosperidad del país, misma que aún no llega.

Luis de la Calle en su momento fue Ministro para Asuntos Comerciales de la Embajada de México en Washington, desde donde protagonizó un papel fundamental en el diseño, promoción e implementación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte. Cuestionado sobre este, a veinte años de su arranque, contestó lo siguiente en entrevista para Pijama Surf:

Las generalidades…

- Yo creo que el TLCAN ha sido altamente benéfico. El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) –aunque ha sido relativamente modesto, ha sido impulsado mayoritariamente por las exportaciones de México. El TLC se ha convertido en el principal motor del crecimiento del país, y ha generado un sector exportador de una altísima competitividad en los principales mercados del mundo.

Los principales beneficios…

- La creación de empleos en el sector exportador y la disponibilidad de productos y servicios a precios mucho más económicos para la población. Ha habido un importante beneficio en términos de bienestar al consumidor, todos los mexicanos somos consumidores.

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¿Y los pobres?...

- También los pobres, hace veinte años había muy poco consumo de productos lácteos y carne. Hoy las familias incluidas las pobres, consumen carne con mucha mayor frecuencia que lo que consumían antes del TLCAN.

Sobre la prosperidad que no ha llegado…

- Lo que pasa es que, no hay que igualar o decir que el TLCAN es sinónimo del desarrollo de México, es solamente un elemento, pero uno importante. Hay que trabajar en todos los sectores para desarrollar al país.

Sobre la crítica relativa al abandono al campo…

Yo creo que esa es una percepción generalizada, pero no necesariamente cierta. Los productores pobres en el país digamos, que tienen milpas pequeñas en las sierra de Oaxaca, o en la sierra del estado de México, o de Chiapas, no se ven realmente impactados por el comercio internacional.

Los efectos negativos…

- El efecto negativo es que las empresas tienen qué competir. Tuviste más competencia en la venta de tus productos, pero también una gama más amplia para poder comprar los insumos que hacen más competitiva tu empresa-computadoras por ejemplo.

El futuro productivo de México…

- Lo que te da un tratado de libre comercio es que te permite descubrir para lo que eres bueno. México es una potencia industrial, y podemos todavía ser dos o tres veces más grandes como potencia industrial.

 ¿Como potencia industrial nos referimos a maquila?

- No, a manufactura de todo tipo.

Twitter del autor: @anapauladelatd

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Jaron Lanier sobre la forma en que el Internet destruyó a la clase media

Por: Javier Raya - 05/16/2013

Prolífico escritor e impulsor temprano del concepto de "realidad virtual", el nuevo libro de Jaron Lanier explora las consecuencias económicas de una sociedad que basa su futuro en las cambiantes mareas del mercado y la volubilidad del Internet.

Jaron Lanier es un viejo conocido de la era digital, la cual su trabajo como programador visionario ayudó a crear. A través del concepto de "realidad virtual" (desarrollado mientras trabajaba para la compañía de videojuegos Atari), Lanier probablemente fue de los primeros en vislumbrar la revolución digital de nuestros días. Científico informático, creador de software, músico increíblemente talentoso, coleccionista ávido de instrumentos musicales (especialmente asiáticos) y prolífico escritor, el último libro de Lanier se titula Who Owns the Future? ("¿Quién posee el futuro?"), donde el autor continúa la crítica comenzada en libros como You're Not a Gadget ("No eres un gadget") al modelo de sociedad que el capitalismo y el Internet han creado --con un poco de ayuda de todos.

"En la altura de su poder", escribe Lanier en el prefacio, "la compañía fotográfica Kodak empleó más de 140 mil personas y tenía un valor de $28 mil millones de dólares. Incluso inventaron la primera cámara digital. Pero hoy Kodak está en bancarrota y el nuevo rostro de la fotografía digital es Instagram. Cuando Instagram fue vendido a Facebook por mil millones de dólares en 2012, dieron empleo solamente a 13 personas. ¿Cómo desaparecieron todos esos empleos? ¿Y qué pasó con la riqueza que todos esos empleos de clase media crearon?"

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La coartada del Internet es que "todos" tienen oportunidad de volverse el próximo hit viral, de publicar sus libros en formato electrónico o su música. Pero ese "todos" en realidad no puede proveer lo suficiente para la mayoría de la gente, o de lo contrario nuestros 15 minutos de fama serían suficientes para vivir toda la vida, lo cual no suele ser el caso. Como dijera el guionista de comics Alan Moore, la cantidad de información producida en nuestros días está volviéndonos una sociedad de humo, cuyas creaciones se vaporizan para dar paso a lo aún-más-nuevo sin dejar ninguna huella (a menos que pensemos que Justin Bieber será tan influyente en la música, por ejemplo, como Wagner.)

En una palabra, para Lanier el Internet (con todas las ventajas que él mismo apunta y que aún seguimos descubriendo) ha destruido la capacidad de la clase media de conformar un verdadero contrapeso al 1% que controla el flujo de capitales. El potencial subversivo del Internet creó la imagen (aún viva en nuestra psique colectiva) de que todos seríamos nuestros propios jefes, que todos tendríamos asientos de primera fila en la "supercarretera de la información", y que la era digital vería nacer una nueva utopía basada en la creatividad. La misma ideología superacionista antes promovida por Hollywood o la industria musical se trasladó intacta hasta nuestras computadoras y smartphones.

La clase creativa que vive con sus padres hasta los 30

De ese sueño queda solamente lo que muchos han llamado "la clase creativa", una generación de fotógrafos, músicos, escritores, periodistas, diseñadores y prestadores de servicios que se disputan el próximo hit viral o la próxima lotería de las apps. Esto provocó que la clase media fuera reasimilada en las sociedades industriales en una zona gris, donde los beneficios de la economía formal que las luchas sociales del siglo XX produjeron se han desvanecido rápidamente en menos de 30 años.

Las causas de esta crisis de la clase media no provienen solamente del Internet, pero de la utopía freelance (que muchos vieron como un socialismo electrónico) despertamos después de una noche de sueños inquietos, en la economía informal, es decir, sin los beneficios sociales que podían tenerse antes con una profesión liberal. Hoy los freelanceros sueñan con bonos y prestaciones no electrónicas, pues por más apasionante que sea este modo de vida, es incompatible estructuralmente con las necesidades prácticas de la vida; o como dice Lanier, incompatible con las necesidades de personas reales, que no son sujetos ideales ni mucho menos simples avatars:

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"Los Estados Unidos se construyeron a base de trabajo esclavista. Esas personas no tenían empleos, eran sólo esclavos. La idea de un empleo es que puedes participar en una economía formal aunque no seas de la nobleza... [pero] hay algunas molestias con la economía formal, porque a veces el capitalismo puede ser muy molesto... Hicimos una especie de trato, de contrato social en el siglo XX de que, aunque los empleos fueran agradables [más agradables que el trabajo esclavista], a la gente se le pagaba por ellos. Porque de otro modo hubiéramos tenido un desempleo masivo. Así que para mí la pregunta correcta es, ¿por qué estamos abandonando ese trato que funcionaba tan bien?"

¿Avatar o Second Life?

Los beneficios de participar en la economía formal son grandes: "obtienes una distribución de la riqueza e influencia en una clase media, de modo que se concentre más en la masa de gente que en sólo unos pocos, y si no tienes eso no puedes tener realmente democracia. La democracia se ve desestabilizada si no existe una amplia distribución de la riqueza."

"Cuando hablo con liberales y socialistas", continúa Lanier, "todos parecen tener esta curiosa creencia de que todos somos como robots abstractos que nunca se enferman o tienen hijos o envejecen. Es como si todos fuéramos una especie de freelancer eterno que puede costear tiempo libre y autofinanciarse hasta que encuentren su momento mágico o algo así."

Dicho en dos palabras: la utopía freelance y la clase creativa se vende a sí misma un capital basado en el prestigio, pero a coste de beneficios económicos y sociales tangibles. Y todos lo promovemos cada vez que trabajamos por menos de lo que vale nuestro trabajo, o cada vez que aceptamos trabajar "para hacer experiencia", "para foguearnos" en el medio o "para que nuestro trabajo se conozca". Esta descompensación y abaratamiento de capital simbólico tendrá profundas consecuencias en nuestro futuro cercano, mismas que ya comenzamos a ver.

En su libro, Lanier desarrolla ampliamente por qué las nuevas tecnologías no generan empleos por sí solas, como ocurrió con el cambio de la pintura a la fotografía o de los caballos a los motores de combustión interna a principios del siglo pasado, así como eso que para él es la única solución a este problema: "podemos sobrevivir sólo si destruimos las clases medias de músicos, periodistas y fotógrafos", pues en última instancia "no nos damos cuenta que nuestra sociedad y nuestra democracia finalmente descansan en la estabilidad de los empleos de la clase media... Y eso es lo que estamos destruyendo y lo que yo estoy tratando de preservar. Así que podríamos ver a los músicos y artistas y periodistas como los canarios en la mina de carbón, ¿y es este el precedente que queremos que sigan nuestros médicos y abogados y enfermeras y todos los demás? Porque la tecnología llegará a todos, eventualmente."

Twitter del autor: @javier_raya

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