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Estados Unidos condicionó en 1992 la firma del Tratado Libre de Comercio (TLCAN), al ingreso de sus cultivos, a costa de la quiebra de productores mexicanos.

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En 1992 México firmaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá, bajo la gran promesa de la prosperidad. El país, en opinión del gobierno de Carlos Salinas, ingresaría a una etapa de modernización sin precedentes. La gran apuesta era la industrialización mexicana. Ante la reciente visita de Obama a México, y con la competitividad económica de la región como uno de los temas centrales de la agenda, consideré pertinente hacer una revisión de los efectos del acercamiento comercial de ambos países. 

A veinte años del acuerdo de este tratado, me propuse hacer una investigación estadística sobre los resultados, pero también recurrí a la opinión de expertos en el tema. Por consiguiente, entrevisté a la Doctora Mónica Gambrill Ruppert, Investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM, y autora del libro Diez Años del TLCAN en México.  

Para Gambrill, especializada en sociología industrial, este tratado ha provocado que México exporte más a E.U., que a la inversa –superávit–. Esto podría parecer muy positivo, sin embargo nuestro país continúa con casi la mitad de la población viviendo en pobreza. Advierte que “se esperó que con el TLCAN no solamente iba a haber más comercio, sino también prosperidad para la población mexicana, y eso es la parte que falla”. 

Y agrega: “El crecer y exportar con superávit tiene sus ventajas, una es que ya no hay tanta devaluación, hay más estabilidad macroeconómica, y cierto orden en las finanzas. Hay algunas ventajas, pero no se ha traducido en la prosperidad, para nada.” 

De acuerdo con la especialista, la apertura comercial afectó a varios sectores “perdieron los bancos- recordemos que todos los bancos nacionales fueron comprados por extranjeros-, perdió la industria textil, perdió la agricultura, perdieron terrible”. 

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Los negociadores del TLCAN argumentan que el campo no se perdió pues hoy México exporta cantidades importantes de frutas y verduras: como jitomate, aguacate y berenjena. Sin embargo, para la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC); estos exportadores representan tan solo el 5% del total de los productores. Además, Gambrill explica lo que E.U hace con estos pocos exportadores “Una subcontratación de la producción en México: te dan la semilla, te dan la tecnología, te dan el contrato de cuánto quieren y cómo lo quieren (…) Entonces se pone la agricultura de cabeza porque todo lo que se hacía en México es castigado, con toda la gente que lo hacía”. 

La ANEC ha denunciado la pérdida de al menos dos millones de empleos agropecuarios, entre 1994 y 2008,  así como la caída del precio real de productos agrícolas entre 40 y 70%. Esto significa que es más caro producir que vender, por lo que estas personas tendrán que dedicarse a otra cosa ya que su negocio no es rentable. 

Según la investigadora, ”(E.U.) produce mucho más de lo que puede consumir y por lo tanto necesita exportar, pero no podía ponerse de acuerdo ni con Europa ni con Japón –pues son muy proteccionistas con su sector agrícola–, ni con nadie más para hacerlo, entonces de alguna manera México era más débil y además los gobiernos ideológicamente muy dispuestos a seguir sacrificando al campo”. 

El gobierno de Enrique Peña Nieto negocia en estos momentos el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica. Se dice que con la firma de este tratado el campo mexicano en su mayoría terminaría por perderse, por lo menos así lo señala la ANEC. Sin embargo, los precios de productos como la leche y la carne de cerdo son más accesibles en los supermercados, y los defensores de estos tratados argumentan que sin ellos muchas personas no podrían consumir este tipo de insumos.  

Lo que es un hecho es que la gran deuda del TLCAN continúa siendo aquella prosperidad que aún en su sitio oficial, presume haber traído a México. Si la competitividad, la productividad y el aumento del comercio no han logrado cambios significativos, necesitamos imaginar nuevas rutas hacia esa “prosperidad” que evidentemente aún no llega. 

Twitter del autor: @anapauladelatd

 

¿A dónde va la conciencia después de la muerte? La ciencia tiene nuevas hipótesis

Por: pijamasurf - 05/08/2013

Desde el punto de vista clínico, la muerte no es un instante completamente irreversible y la conciencia --así como sus múltiples tránsitos-- siguen siendo un enorme hoyo negro.

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por un minuto de vida breve

única de ojos abiertos

por un minuto ver

en el cerebro flores pequeñas

danzando como palabras en la boca de un mudo

Alejandra Pizarnik

La muerte no es un estado sino un proceso: desde el punto de vista médico, la muerte clínica no ocurre en un instante preciso, sino que se compone de una serie de condiciones que se dan paulatina y no simultáneamente. Durante un paro cardiaco, las células de tu cuerpo aún no se dañan por la falta de oxígeno; durante 50 años se creyó que la resucitación cardiopulmonar (RCP) sólo podía hacerse durante los primeros 10 minutos posteriores al evento --pero hoy se sabe que este periodo puede extenderse hasta 40 minutos o más sin daño para el cerebro. Por ello, desde un punto de vista médico, la muerte es reversible.

En ese lapso de tiempo que la gente pasa "en alguna parte" (es decir, entre la inconsciencia del infarto y la vuelta a la conciencia después de la resucitación) el debate sobre lo que ocurre es amplio y admite más preguntas que respuestas. Sam Parnia es médico y recientemente escribió el libro Erasing Death: The Science That Is Rewriting the Boundaries Between Life and Death ("Borrando la muerte: la ciencia que está reescribiendo las fronteras entre la vida y la muerte.) Recientemente concedió una entrevista para la revista Wired donde aborda algunos puntos que modifican nuestro entendimiento de la muerte y nos abren muchas más preguntas por resolver.

"La evidencia que tenemos hasta ahora es que la conciencia no se aniquila. Continúa por unas horas, aunque en un estado de hibernación que no podemos ver desde fuera." Parnia ha trabajado por años en salas de emergencia, además de ser investigador de la conciencia en el periodo después-de-la-muerte, como él la llama, que hasta ahora ha documentado eventos de este tipo en más de 25 hospitales de EU y Europa.

La evolución de lo que los médicos saben ha sido la clave para mejorar las técnicas de resucitación durante el último medio siglo. Hoy en día, por ejemplo, se sabe que bajar la temperatura del cuerpo mientras se le practica RCP ayuda a proteger el cerebro de daño cerebral debido a la falta de flujo sanguíneo, a la vez que da más tiempo al equipo de resucitación para trabajar. Mientras estos procedimientos siguen mejorando, mucha gente alrededor del mundo ha relatado experiencias sensoriales y de gran paz.

La gente tiene a interpretar lo que ven según su procedencia: un hindú describirá un dios hindú, un ateo no ve un dios hindú o al dios cristiano, sino algún ser. Diferentes culturas ven las mismas cosas, pero su interpretación depende en lo que crean.

Para Parnia, el hecho de que la conciencia continúe funcionando en un periodo de baja intensidad durante algún tiempo después de que el corazón se detiene no implica que toda la gente experimente y cuente las mismas vivencias sensoriales; pero a pesar de las diferencias, cree que el saber que estas experiencias existen en todos los casos debería ayudarnos a aceptar la muerte como algo mucho más amable y tranquilizante de lo que usualmente se le piensa.

Es tal vez el miedo al dolor y a la incertidumbre sobre las circunstancias lo que nos vuelve aprehensivos frente a la idea de morir; pero la ciencia está demostrando que al menos los primeros instantes después de que desaparecen las funciones cardiacas no es tan aterrador después de todo.

A través de la historia, tratamos de explicar las cosas de la mejor manera que podemos con las herramientas de la ciencia. Pero científicos más objetivos y de mente más abierta reconocen que tenemos nuestras limitaciones. Sólo porque algo es inexplicable para la ciencia actual no significa que sea supersticioso o equivocado. Cuando la gente descubrió el electromagnetismo, fuerzas que no podían ser vistas o medidas, muchos científicos se burlaron.

[Wired]