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"Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército... sino de un único hombrecillo, las más veces el más cobarde...", palabras escritas por un adolescente, Etienne de La Boétie, hace casi 500 años, que pueden aplicarse a la actualidad.

Traigo la cabeza revuelta, enmarañada. Un poco por la manifestación pública del fin de semana pasado. Otro tanto por un librito que leí un par de días antes y que releí ayer para mejor escribir este texto. De la primera no estoy muy seguro si ya podría decirse algo responsablemente: en cierta forma los efectos de este movimiento todavía son tan inciertos, tan irracionalmente esperanzadores, que más vale aguardar su consolidación para verificar si de veras es posible, como pienso y he escrito anteriormente, permitirnos dudar siquiera por un instante del aparente poder avasallador de la gente en el poder y poner en su lugar, a cambio, la posibilidad del esfuerzo colectivo y solidario. ¿Cómo saber, ahora, si esto puede suceder?

Del segundo elemento, por el contrario, sí es posible hablar y no sin provecho. El libro o, mejor dicho, el ensayo que he estado leyendo y releyendo durante estos días se llama Discurso de la servidumbre voluntaria y fue escrito por Étienne de La Boétie en algún momento entre sus 16 y sus 22 años de edad, es decir, en algún momento entre 1548 y 1552.

Por la precoz genialidad de ambos, autor y texto, Pierre Clastres, uno de sus comentaristas, se pregunta si quizá La Boétie no sería en el pensamiento político lo que Rimbaud en la poesía. La comparación puede sonar desmesurada o extravagante, pero ello no impide reconocer la doble lucidez de ese muchacho, una personal por haber escrito un alegato sólido y erudito y preciso en el inicio de su juventud, y otra de orden histórico por saber ver en la dominación, a mediados del siglo XVI, uno de los problemas fundamentales de las relaciones humanas.

Aunque la historia del texto y sus vaivenes políticos también es fascinante, prefiero no abrumarte, lector, con más datos que lucen mejor en un catálogo de curiosidades filológicas. Por el momento baste decir que por su estilo y su erudición Montaigne quiso conocer inmediatamente a su autor, cuya amistad y cercanía sentía ya seguras con solo leer el Discurso. Se dice incluso que los célebres Ensayos, o al menos su primera sección, estaban destinados a homenajear la sabiduría y el talento de La Boétie.

Pero he dicho tanto sin decir nada de lo de verdaderamente importante. ¿De qué trata el libro? Bueno, pues trata de la tiranía, de los gobernantes y el pueblo, de engaños y traiciones, de costumbre y educación, de la libertad y la dominación, de la servidumbre, la esclavitud. Sin embargo, como señalan y coinciden los comentaristas, el Discurso es, en esencia, una demorada pregunta: ¿por qué existe la servidumbre voluntaria? ¿En qué momento y por qué razón renunciamos primero a la libertad y después al deseo de conseguirla?

Hace poco, pensando en las revueltas populares en el mundo árabe que tanto emocionaron al mundo, me preguntaba si la consecución de ciertas libertades tan caras en el imaginario liberal-occidental (la libertad de asociación, culto, prensa, pensamiento, etc.) no ha atrofiado en países como el nuestro la búsqueda de una libertad auténtica, verdadera, de alcances mayores. La libertad de ver el Canal de las Estrellas, de gastar nuestro salario en un centro comercial, de ir al estreno de la más reciente superproducción hollywoodense, de embriagarnos los fines de semana hasta perder el sentido, ¿es la libertad que de veras quisiéramos?

En fin, transcribo a continuación unos pocos fragmentos del Discurso de la servidumbre voluntaria para mostrar el calibre del texto y también como invitación a su lectura. Los he tomado de esta versión disponible en línea (o esta otra, por si surge alguna dificultad) que es casi la misma que publicó Tusquets en 1980 (una de las pocas diferencias, además de un par de erratas corregidas, es que las notas al pie de la edición de Tusquets son llevadas al final de cada apartado). Hace poco, en 2005, la editorial mexicana Sexto Piso también publicó el Discurso de La Boétie acompañándolo de algunos textos de David Hume; con toda seguridad esta edición, más reciente, todavía puede encontrarse en las librerías o adquirirse a través de Internet.

El Discurso en sí no es extenso y puede leerse en un par de horas o menos. Es mejor leerlo antes que su historia y sus interpretaciones y los otros textos que acompañan la edición. También vale la pena o el esfuerzo releerlo uno o dos días después de la primera lectura.

Alguna vez fantaseé con repartir fragmentos de El mito de Sísifo entre los pasajeros del metro. Años después imagino la posibilidad de una lectura masiva, febril, del Discurso de La Boétie. Ahora, como entonces, pienso, quién sabe si tontamente, que la lectura es uno de los actos subversivos de mayor efectividad, sobre todo porque leer es, a un tiempo, un acto solitario y de comunión, una actividad que cambia al lector y, paulatinamente y como sin notarse, a una comunidad entera de lectores.

Del Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie:

¿Acaso no es una desgracia extrema la de estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno porque dispone del poder de ser malo cuando quiere?

Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros contra la que cada uno podría defender su vida a costa de su sangre, sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón, sino de un único hombrecillo, las más de las veces el más cobarde y afeminado de la nación, que no ha siquiera husmeado una sola vez la pólvora de los campos de batalla, sino apenas la arena de los torneos, y que es incapaz no sólo de mandar a los hombres, ¡sino también de satisfacer a la más miserable mujerzuela!

Los hombres sólo desdeñan, al parecer, la libertad, porque, de lo contrario, si la desearan realmente, la tendrían. Actúan como si se negaran a conquistar tan precioso bien únicamente porque se trata de una empresa demasiado fácil.

Decidíos, pues, a dejar de servir, y seréis hombres libres. No pretendo que os enfrentéis a él, o que lo tambaleéis, sino simplemente que dejéis de sostenerlo.

Queda, pues, por decir, que la libertad es natural y que, en mi opinión, no sólo nacemos con nuestra libertad, sino también con la voluntad de defenderla.

Si, por ventura, nacieran hoy personas totalmente nuevas, que no estuvieran acostumbradas a la sumisión ni atraídas por la libertad, y que no supieran siquiera qué es ni la una ni la otra, si se les diera a elegir entre ser siervos o vivir en libertad, ¿qué preferirían?

Pero el tiempo jamás otorga el derecho de hacer el mal, aumenta por el contrario la ofensa.

Los teatros, los juegos, las farsas, los espectáculos, los gladiadores, los animales exóticos, las medallas, las grandes exhibiciones y otras drogas eran para los pueblos antiguos los cebos de la servidumbre, el precio de su libertad, los instrumentos de la tiranía.

Los [tiranos] de hoy no lo hacen mucho mejor, pues, antes de cometer algún crimen, aun el más indignante, lo hacen preceder de algunas hermosas palabras sobre el bien público y el bienestar de todos.

El que creyera que son las alabardas y la vigilancia armada las que sostienen a los tiranos, se equivocaría bastante. Las utilizan, creo, más por una cuestión formal y para asustar que porque confíen en ellas.

La creación de nuevas funciones, la institución de cargos, no, por supuesto, para hacer el bien y reformar la justicia, sino para crear nuevos soportes de la tiranía.

Twitter del auto: @saturnesco

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Ex líderes globales: un fracaso la guerra contra las drogas, éstas deben legalizarse

Política

Por: pijamasurf - 05/12/2011

Los ex presidentes Zedillo, Cardoso, Gaviria, el ex secretario de la ONU Kofi Annan y otras personalidades de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas concluyen que es necesario un cambio radical en la política que predomina actualmente en el combate a las drogas.

La Comisión Global de Políticas sobre Drogas ha concluido lo evidente: que la guerra contra las drogas es un fracaso y que la prohibición de ciertas sustancias no funciona. Aunque esta comisión está integrada por un destacado grupo de políticos que en algún momento tuvieron los más importantes puestos públicos, su recomendación de legislar algunas drogas es insignificante en la práctica. Esta revelación sintomática descubre cómo funciona el andamiaje político de la prohibición de las drogas: sólo los ex presidentes, los ex ministros y ex secretarios recomiendan lo que a cualquiera con un poco de sentido común (y algo de incorruptibilidad) le es obvio, probablemente porque fuera del poder (y su compromiso con los intereses creados) les es más fácil expresar sincera y sensatamente su opinión personal y de igual forma sólo fuera de la ejecución política dejan de estar supeditados y maniatados por el supragobierno que controla el negocio de las drogas.

La Comisión Global de Políticas sobre Drogas está integrada por los ex presidentes Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y  Ruth Dreifuss, así como por personalidades como el ex secretario de Estado George Shultz, el ex jefe de la Reserva Federal Paul Volcker, el ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas Kofi Annan, el empresario playboy Richard Branson y los intelectuales Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros.

La ONU estima que el consumo de opio se ha incrementado en un 35% entre 1998 y 2008, el de la cocaína en un 27% y el del cannabis en un 8.5%; al mismo tiempo, la violencia alrededor de las drogas ilegales se ha disparado.

"Ya no podemos ignorar que el grado al que han llegado la violencia, el crimen y la corrupción ligados a la droga en América Latina es resultado de políticas fracasadas de la guerra contra la droga. Ahora es momento de romper el tabú sobre la discusión de todas las opciones de política de drogas, incluyendo alternativas a la prohibición”, afirmó el ex presidente de Colombia César Gaviria en un comunicado de prensa de la Comisión.

“La guerra contra las drogas ha fracasado en reducir el uso de estupefacientes, pero ha llenado nuestras cárceles, ha costado millones en dólares de los contribuyentes, nutrido al crimen organizado y causado miles de muertes. Necesitamos un nuevo camino, uno que retire el poder de las manos del crimen organizado y trate a gente con problemas de adicción como pacientes, no como criminales”, declaró el empresario Richard Branson.

La Comisión dijo en un informe que las políticas de criminalización contra los consumidores impiden impulsar iniciativas de salud pública para abordar las consecuencias del consumo de droga e implican enormes gastos en encarcelación y otras medidas. Sin embargo, sin importar que, hasta la fecha, este sea uno de los organismos de mayor relevancia en hacer semejante recomendación, prontamente los gobiernos de Estados Unidos y México han respondido desestimando y rechazando el dictamen.

El zar antidrogas de Estados Unidos, Gil Kerlikowske,  rechazó la recomendación del panel al asegurar que legalizar las drogas sólo contribuiría a esparcir más "la enfermedad" de la adicción y lastimaría a la sociedad. De igual manera (¿como en un eco de marioneta?), el secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, dijo que el gobierno mexicano "rechaza categóricamente la apreciación de que en nuestro país un mayor esfuerzo en la aplicación de la ley por parte de la autoridad tendrá como resultado un incremento en la violencia de los narcotraficantes", en franca oposición a las sugerencias Comisión. Llama la atención, dicho sea de paso, que el gobierno se autoasuma como un organismo con categoría, pero dicen que México es un  país surrealista. Aunque sería todavía más increíble, totalmente fuera de la lógica más ordinaria, que Felipe Calderón declarara, después de dejar la presidencia en 2012, que las drogas deberían de legalizarse, tal y como lo hicieron Fox y Zedillo en iguales condiciones.

Independientemente de estos vaivenes políticos, lo cierto es que las drogas no se legalizan porque representan un enorme negocio para los que pueden tienen el poder de repartir y servirse cuantas tajadas quieran.  No es casualidad que el dinero del narcotráfico haya rescatado a los bancos de la crisis económica del 2008, según el zar de las drogas de la ONU, Antonio María Costa. La realidad es que la gente que muere por la violencia relacionada con la guerra contra las drogas es víctima de la mafia de cuello blanco que se regodea en lo más alto de la pirámide financiera global.

[BBC]