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Sobre la marcha en contra de la violencia del narco en México

Política

Por: pijamasurf - 05/09/2011

La marcha contra la violencia del narco y el incompetente gobierno de Felipe Calderón, representa el primer paso signifcativo de la socidad civil, y se revela como un interesante proyecto al ser encabezado por un poeta, Javier Sicilia

Este domingo decenas de miles de personas se reunieron en  el centro de la Ciudad de México  para manifestarse en contra de la fatua guerra contra el narcotráfico que ha esgrimido la administración del presidente Felipe Calderón. La Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad fue liderada pr el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado, víctima de la narcoviolencia, y según algunos calculos congregó a alrededor de 90 mil personas en la plancha del zócalo capitalino.

Los manifestantes llamaron a la renuncia de Felipe Calderón gritando “¡Fuera Calderón!” e incluso “¡Muera Calderón!”, “¡muera!”, a lo que el poeta respondió: “que no muera, que lo despidan".

El otro grito de batalla fue el que exigió la renuncia del gangstéril secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, a quien Julio Hernández, llama “el cineasta gore” de esta sangrienta película nacional, que comparte con el cine un guión de ficción hiperreal. Lo que se hizo reflejar en las pancartas que señalaban que la guerra contra el narco es sobre todo un negocio (una mega producción secretamente hollywoodesca).

Esta marcha es probablemente el primer paso significativo que da la sociedad civil para intentar resolver un problema que consume el espíritu del país, un problema que evidentemente los gobernantes no pueden y no quieren resolver y que solo sera resuelto, si acaso, con la deposición del presidente Felipe Calderón (un presidente que tomó el cargo después de un fraude electoral) o con un  castigo electoral en el 2012 a los tres partidos principales. Esto es quizás el terreno de la utopia, pero considerando que la guerra contra el narco es una operación de intereses creados en los que están involucrados los más altos poderes politicos (incluyendo Estados Unidos), solamente un gobierno totalmente fuera del sistema podría hacer un cambio significativo.

El movimiento que tuvo su primera manifestación significativa ayer es el primero que cuenta con una verdadera legitmidad, al ser encabezado por un poeta, Javier Sicilia, sin filiaciones políticas. Un movimiento que no ha sido cooptado por las agendas políticas y cuya fuerza es la ciudadanía y su incipiente conciencia. Hemos visto como los momvimientos de protesta en África han logrado deponer gobiernos o al menos sacudir íntegramente a la sociedad. Estos movimientos fueron apoyados por la CIA, en México el posible movimiento sería inevitablemente en contra de la CIA y las organizaciones que fomentan y se befefician del narcotráfico y su violencia en México. Esto hace, sin duda, peligroso y difícil este movimiento, aunque su estandarte es pacífico (ya que podría provocar violentas represiones o fácilmente podría ser infiltrado). Porque finalmente solamente una movilización civil masiva –a los niveles que ocurrió en Egipto- podría generar un cambio que enarbolara verdaderamente los intereses del grueso de la población, y propiciara un reacomodo sustancial de la estructura política y la mafia partidista que ocupa los puestos de poder. Por supuesto en México el control es ejercido con cierta solvencia por las televisoras y los llamados poderes fácticos -y entre la pobreza y el control mental de los medios es difícil ver un despertar masivo- por lo cual una movilización ciudadana radical y masiva se ve muy lejana, pero de cualquier manera es la única veta real para un cambio sustantivo en este país, donde se saquean los recursos naturales y se violenta la vida de los muchos para beneficio de los pocos.

Ahora queda ver cómo este movimieento puede crecer. El poeta Javier Sicilia llamó a recuperar la voz, esa voz debe explorar su posibilidad de ejercerse. Sicilia evoco a Octavio Paz dicendo que las palabras deben de ser actos. En ese acto potencial de la palabra está el futuro de este movimiento, que más allá de romanticisimos revolucionarios, es de lo poco interesante actualmente que puede cabalgarse hacia una necesaria acción social (esto y el internet como medio de organización para hacer correr al caballo negro colectivo). Habría que ver hasta que punto Sicilia está dispuesto a involucrarse pero ciertamente se necesita de personas como él para encabezar el movimiento y mantenerse incorruptible.

Los movimientos de disidencia a lo largo del orbe revelan una condición enfermiza, insostenible en el cuerpo social del planeta, es la protesta ¿la sugerencia de amputación?

¿Qué estará pasando en el mundo que aquí y allá, aunque solo por momentos, como si se tratase de interrupciones de un circuito dañado, súbitas pero no azarosas, inesperadas pero en cierto sentido previsibles, surgen expresiones de inconformidad, de hartazgo, de franca oposición hacia los encargados, al menos políticamente, de dirigir un país, de administrar los bienes y las instituciones públicas, de gobernar a sus ciudadanos?

Pareciera que un fantasma recorre no Europa, sino el mundo, y que no es el fantasma del comunismo, sino el del agotamiento o el de la obsolescencia. Algo tienen los gobiernos y la así llamada “clase política” que, a la luz de la tecnología y las revoluciones digitales y las nuevas formas de relaciones personales que éstas crean y reproducen cotidianamente, lucen viejos, cascados, remotos. Como si el mundo de la política no participara de este mundo contemporáneo de vértigo y novedad. Como si aquellos se hubieran demorado voluntariamente. Como si, timoratos o pérfidos, quisieran retrasarse para quedarse a solas, para cerrar sus negocios, para creer que al vigilar el paso de las multitudes controlan a las multitudes.

¿Qué estará pasando en el mundo?

Quizá la respuesta sea sencilla. Quizá, desnudando este asunto de contingencias y circunstancias, quede expuesto un único cuerpo: el del fracaso. Ahí donde la gente se levanta y toma las calles, se encuentra o se esconde un gobierno fracasado. ¿En qué aspecto? El más elemental, el de brindar seguridad y protección a todos sus gobernados, en el sentido más amplio de ambos términos —pero también en el más libre. No me engaño: en ninguna época, mucho menos en la modernidad, el gobierno ha cumplido a cabalidad dicha consigna. Sin embargo, los niveles actuales de miseria contrastan, grosera e indignamente, con esa lujosa división cuasi empresarial en que se ha convertido la política.

Tal vez ese sea el problema de fondo: que los profesionales de la política han traicionado su razón de ser, han pervertido su esencia, su función en esta maquinaria que llamamos sociedad: la de actuar siempre teniendo en cuenta el interés de la mayoría, el utópico, fugaz, inasible “bien común”. Digamos, haciendo eco de la vieja filosofía contractualista, que han roto uno de los puntos más importantes del pacto en el que se cimenta la vida social, que han incumplido su parte. Y recordemos que el rompimiento de un contrato conlleva penalidades o, también, la reescritura misma del contrato si dichas penalidades se revelan insuficientes.

Si bien estos movimientos de disidencia que se han sucedido en los últimos meses —en Egipto, en Libia, en España y, por qué no, en México— tienen todos sus causas propias y de algún modo incomparables, acaso imposibles de reducir a un factor común, podemos pensar, como mera suposición, como ejercicio mental que nos permita entender un poco más el fenómeno, que son secreciones de un cuerpo moribundo, enfermo, corrupto. No su cura, pero tampoco su extremaunción. Suponer que son como la sugerencia de amputación que hace un médico novel recién admitido en el quirófano.

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