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¿Por qué es ilegal la marihuana? (Historia de la criminalización de una planta)

Por: Javier Barros Del Villar - 03/27/2011

A través de este ensayo histórico tal vez entenderás por qué la marihuana es ilegal, cuáles fueron los intereses detrás de esta medida, y por qué en la escuela intentaron inculcarte (sin éxito) la idea de que consumir cannabis es malo.

Probablemente tú eres una de las miles de personas que seguimos preguntándonos el por qué de la prohibición de la marihuana. Más allá de lo ridículo que resulta, si se mira objetivamente, que los sistemas gubernamentales se hayan autoasignado el poder de prohibir nuestra interacción con una planta, lo cierto es que si nos remitimos a los efectos de la cannabis en la salud física y social, la interrogante se vuelve aún más notable.

¿Por qué es ilegal consumir marihuana si múltiples estudios han confirmado que sus efectos son menos dañinos que los del consumo de tabaco para el organismo humano y que sus consecuencias sociales son notablemente menos negativas que las del consumo de alcohol? ¿Por qué se prohíbe el cultivo de esta planta si está comprobado que puede aportar múltiples beneficios desde un plano medicinal, hasta la manufactura de productos imprescindibles como el papel, la ropa, o incluso proveer de elementos necesarios para la construcción y la gastronomía?


A continuación repasemos algunos datos históricos que ponen en evidencia el valor que otorgaban las sociedades a esta planta previamente a su prohibición. La mayoría de estos datos, que corresponden a Estados Unidos ya que este país fue el principal promotor de su prohibición a nivel mundial, pueden verificarse a través de fuentes de conocimiento tradicionalmente legitimadas como la Enciclopedia Británica, la cual por cierto durante 150 años fue impresa en papel de cáñamo:

-Todos los libros de texto escolares, en Estados Unidos, estaban impresos en papel de cáñamo hasta 1830.

-Los primeros mapas, biblias e incluso la constitución estadounidense fueron impresas con papel de cáñamo.

-En algunos estados el país era obligatorio el cultivo de cannabis en los siglos XVI y XVII, debido a los enormes beneficios que esta planta implicaba como materia prima.

-El cáñamo fue fundamental para la navegación durante siglos ya que 90% de las cuerdas que se utilizaban en esta práctica eran elaboradas con este material.

-Previamente a la introducción del algodón en 1820, 80% de la ropa y telas en general eran elaboradas a partir de esta planta.

-Los primeros registros de cultivo de cáñamo datan de hace por lo menos cinco mil años en la antigua China.

-La mayoría de las obras de Rembrandt, Van Gogh, Monet, y muchos otros, se pintaron sobre canvas hechos a base de cáñamo.

En 1916 el Departamento de Agricultura de EE.UU. predijo que para 1940 todos los libros serían impresos en cáñamo, lo cual implicaría que no se tendrían que talar más árboles.

Está confirmado que una hectárea cultivada con cáñamo produce 4 veces más papel que la misma área plantada con árboles, y que el proceso de extracción requiere de entre 4 y 7 veces menor esfuerzo en maquinaria, lo cual se traduce a su vez en menor contaminación.

Algunas de las pinturas y barnices de mayor calidad eran elaboradas a partir de la semilla de la cannabis hasta 1930.

Henry Ford, fundador de la armadora de coches del mismo nombre, construyó su primer modelo de automóvil utilizando cáñamo como principal materia prima y estaba diseñado para operar con combustible también generado a partir de esta planta.

Criminalización

La criminalización de la marihuana en Estados Unidos tuvo sus primeros antecedentes en 1906, en el Distrito de Columbia, con la primer regulación en torno al cultivo de esta planta. Posteriormente siguieron Massachusetts (1911), Nueva York (1914) y Maine (1914). Mientras que en 1913 California pasó la primera ley de prohibición de marihuana y Wyoming (1915), Texas (1919), Iowa (1923), Nevada (1923), Oregon (1923), Washington (1923), Arkansas (1923), y Nebraska (1927) le siguieron. Ya en 1932 se creó el Uniform State Narcotic Act para invitar a los gobiernos estatales a que se unieran, sin excepción, a esta campaña nacional por criminalizar o al menos regular el uso de marihuana.

Cuatro años después, en 1936, durante la Convention for the Suppression of the Illicit Traffic in Dangerous Drugs llevada a cabo en Ginebra, Estados Unidos promovió ante el resto del mundo, a través de su Federal Bureau of Narcotics, un tratado de criminalización de cualquier actividad relacionada a la marihuana, la coca, y el opio (incluidas su cultivo, producción, manufacturación, y distribución) con excepción de contextos médicos y científicos. El Artículo 2 de esta convención invitaba a todos los firmantes a castigar severamente, en particular con penas que implicaran la privación de la libertad, a toda aquella persona que se involucrara con estas actividades neoilícitas. Sin embargo, muchos países presentes se negaron a suscribir ciertos apartados del tratado y Estados Unidos, principal promotor de la convención, se negó a firmar alegando la flaqueza del resto de las naciones, sobre todo en asuntos relacionados a la extradición y la confiscación de bienes ligados al tráfico de drogas.

Al analizar la historia se puede percibir como un gesto bastante raro, incluso esquizofrénico, la transformación de la posición estadounidense frente a la marihuana. Súbitamente Estados Unidos pasó de vivir un romance idílico con la cannabis a promover enérgicamente su prohibición, castigo, y cuasisatanización. Sin duda existe un eslabón perdido que no aparece en la historia oficial y que tiene que ver con la presión de las corporaciones (esas abstractas y todopoderosas entidades que hoy controlan buena parte del planeta y que ya a principios del siglo XX comenzaban a consolidarse como una fuerza aún más influyente que el propio gobierno).

Corporaciones vs. Cannabis

Como podemos ver, la cannabis es una planta flexible, multifacética y con diversas cualidades. A partir de ella se pueden generar desde combustibles y aceites comestibles, hasta ropa y todo tipo de telas, pasando por cuerdas y, por supuesto, papel. Sin embargo, precisamente estas bondades de la planta eran las que más incomodaban a las corporaciones que estaban monetizando frenéticamente mercados como el del abastecimiento de papel industrial, el algodón, y los hidrocarburos. Al parecer, en un principio fueron principalmente dos corporaciones las que se volcaron por completo para promover la prohibición de esta planta: DuPont y la Hearst Company (propiedad de William Randolph Hearst, personaje en quien se inspiró el film de Citizen Kane).

El banquero Andrew Mellon, quien se convirtió en el tesorero del gobierno del presidente Hoover, era uno de los principales inversionistas de DuPont, actualmente una de las mayores corporaciones del mundo y que en la época de 1920 a 1940 estaba consolidándose en el negocio de los petroquímicos y de los polímeros. Para ambas ramas de mercado, el cannabis resultaba una seria amenaza, pues de esta planta podían derivarse tanto fibras naturales que redujeran el consumo de nylon, uno de los productos clave de DuPont en esos años, como de combustible vegetal que amenazaba su apuesta por los hidrocarburos. En este sentido DuPont tenía claro que una de las premisas de su estrategia de mercado tenía que anular la presencia del cáñamo. Siendo Secretario del Tesoro, Mellon influyó para que su sobrino Harry J. Anslinger fuese nombrado en 1930 como el primer comisionado Federal Bureau of Narcotics. Y a pesar de que el cabildeo en contra de la cannabis ya llevaba poco más de dos décadas, lo cierto es que no fue hasta que Anslinger llegó al FBN cuando la verdadera guerra comenzó.

Por otro lado, la otra industria que se sentía gravemente amenazada por la presencia del cáñamo era la papelera. La Hearst Company controlaba buena parte de la producción de papel e incluso era el principal proveedor del área de productos de papel de la hoy multinacional Kimberly Clark. Hearst, un despiadado hombre de negocios, no tardó en darse cuenta, al igual que DuPont, de la necesidad de eliminar al cáñamo del mercado y, junto con otros empresarios, presionó al gobierno, a través del FBN para que se criminalizara por completo el cultivo de esta planta. Incluso Hearst, el legendario magnate de los medios impresos, puso a disposición su ejército de diarios para promover una campaña cultural en contra de la cannabis y como parte de esta iniciativa se adoptó por primera vez el nombre de marihuana, una palabra con fonética recordable, breve, y precisa para designar a esta ahora diabólica planta (por cierto un término que hasta entonces era solamente utilizado en el argot popular de México).

Otro actor que desempeñó un papel fundamental en este proceso fue la ya entonces consolidada industria del tabaco. En esa época la cultura americana ya había adoptado integralmente el consumo cotidiano de cigarrillos. Sin embargo, las grandes tabacaleras habían comprobado que el consumo de tabaco entre la población que fumaba cannabis era menor que en aquellos que sólo consumían su producto. Por otro lado, los fumadores de esta planta jamás de someterían a un mercado industrial ya que era relativamente fácil cultivarla caseramente y autoabastecer su consumo personal sin recurrir a una marca industrial. Por el contrario, la siembra de tabaco era mucho más compleja y requería de una extensión de tierra suficiente para cultivarse y no sólo de un par de macetas. Tomando en cuenta esto, y ante el poco futuro comercial que se percibía en el rubro del cannabis, las grandes tabacaleras no dudaron en apoyar la cruzada en contra de la marihuana.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar a la siempre oscura industria farmacéutica, conocida como el Big Pharma, y que consciente de las propiedades medicinales que la marihuana ofrecía a la población también la percibió como una amenaza contra sus intereses comerciales. Se tienen confirmados múltiples beneficios médicos que contiene la cannabis, entre ellos el combate al glaucoma, ayudar a la prevención de Alzheimer y reducir el dolor del síndrome premenstrual entre las mujeres, por mencionar sólo algunos. Contra todos estos males, el Big Pharma ha desarrollado medicamentos sintéticos que en muchos casos han probado ser menos efectivos, o al menos mucho más costosos que tratarlos con marihuana. De hecho esta misma postura de las farmacéuticas alude a un fenómeno actual con la campaña que busca volver ilegal el uso de plantas medicinales en Europa como sustituto de medicamentos.

Aunque no ha sido comprobado, se dice que Anslinger se reunió con algunos de los más poderosos empresarios del momento, entre ellos obviamente representantes de las tabacaleras, DuPont y el propio W.R. Hearst, para pactar una guerra frontal contra la marihuana y diseñar una campaña mediática que imprimiera en el imaginario colectivo una nueva idea: la marihuana es una planta nociva para la salud y para la sociedad, y su consumo, cultivo y distribución debe ser tenazmente descalificado, denunciado y perseguido.

A continuación se instauró una de las mayores cruzadas de manipulación mediática en la historia. Decenas de diarios se empeñaron en desatacar los “horrores” de la marihuana y la población aprendió que esta planta era responsable directo de todo tipo de sucesos negativos, desde asesinatos y accidentes automovilísticos, hasta la pérdida de moral. El cine mainstream también se unió a la campaña con Films como 'Reefer Madness' (1936), 'Marihuana: Assassin of Youth' (1935) and 'Marihuana: The Devil's Weed' (1936), todas ellas promoviendo la satanización de la marihuana y, aunque lo hacían de una manera que hoy nos parece cómica o altamente caricaturesca, lo cierto es que fue una movida bastante eficiente para generar una percepción profundamente negativa entre la población. Básicamente el discurso giraba en torno a conceptos bastante rudimentarios pero que para la sociedad de ese momento fueron más que suficientes: “un narcótico violento”, “efectos multi-destructivos”, “un enemigo público”, etc.

Nuestros días

Poco tiempo tomó que la movilización mediática en Estados Unidos en contra de la cannabis comenzara a impactar a la población de otros países. Y esto, sumado a la dominante influencia política de EE.UU. en el escenario internacional, derivó en que eventualmente la gran mayoría de los países fueron adoptando medidas y discursos similares. Con el tiempo la legislación anti-marihuana fue sofisticándose y endureciéndose, hasta nuestros días. Actualmente, si bien es ya prácticamente imposible convencer a una persona con los primitivos argumentos sobre los que originalmente se fundó la campaña de desprestigio contra la ganja, lo cierto es que el marco legal ha sido afinado para obstaculizar la posibilidad de legalizarla y también la propaganda ha sido "refinada" pero en ningún momento ha cesado (basta recordar las pasadas votaciones en California donde incluso en contra de todos los pronósticos no se logró legalizar).

Propaganda para desprestigiar la Propuesta 19, que estuvo cerca de legalizar la marihuana en California (Noviembre 2010).

Pero también con el tiempo se sumó un nuevo personaje a las lúgubres agendas detrás de la criminalización de la marihuana: la enorme cantidad de dinero generada a través del narcotráfico. Y sin ir tan lejos como considerar algunas teorías que afirman que detrás de este mercado a fin de cuentas se encuentra una monumental red de lavado de dinero orquestada a partir de instituciones como la CIA o el Vaticano, lo cierto es que en un sistema completamente volcado al mercado, en donde la conveniente o nociva naturaleza de un fenómeno social o medioambiental se mide exclusivamente a partir de un criterio financiero, resulta objetivamente obvio que el gran mercado de drogas alrededor del mundo a fin de cuentas no debe molestar a los principales promotores de este sistema: gobiernos, corporaciones, e instituciones religiosas.

Las radiografías históricas en torno a la criminalización de la marihuana, como la que acabas de leer, tal vez no contribuirán significativamente a que se rediseñe la posición legal frente a esta planta, pero al menos sí favorecen el equilibrio en la percepción cultural que hemos forjado a través de lo que nos enseñan en la escuela, en las cínicas campañas antidrogas, y en las películas mainstream. Y en todo caso, la próxima vez que te cuestiones cómo es posible que la marihuana sea ilegal, tu pregunta ya no quedará sin respuesta.

Twitter del autor: @paradoxeparadis  

*Más información:

Legal history of Cannabis in the US

The Marijuana Conspiracy - The Real Reason Hemp is Illegal

Marihuana presidencial: 1 de 4 presidentes de EU han usado cannabis

 

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Mad Men: el glamour de la manipulación del deseo

Por: pijamasurf - 03/27/2011

La serie Mad Men reconstruye con notable fidelidad los principios de los sesentas, la época en la que se consagró el consumo y la transición hacia una nueva sociedad menos conservadora

Probablemente ninguna disciplina ha alterado el mundo moderno como la publicidad, la continuación del antiguo arte de la persuasión que mezcla ahora la propaganda masiva y la transmisión de un modelo de vida que influye, a veces con sutileza, a veces burdamente, en la vida de miles de millones de personas en el mundo.

La publicidad más que transmitir información sobre un producto, es una narrativa que nos sugiere cómo ser (y qué comprar) si es que queremos llegar a la felicidad, al éxito, y a los demás ideales construidos por la sociedad de consumo. Investigar este mundo -como lo hace la serie de la cadena HBO, Mad Men- ver su glamoroso -fascinante y a la vez deplorable- interior es sumamente interesante para cualquiera que no quiera ser un autómata incrustado pasivamente en esta red de significados.

Reconstruyendo la época previa al boom de la consciencia

Una de las indudables virtudes de Mad Men, es la manera casi preciosista con la que retrata el principio de los sesentas, la época de transición entre los valores consevadores –y la elegancia fabulosa- de los cincuentas y la liberación de los sesentas –las drogas, el sexo, el rock, la mente abierta. La serie también muestra de manera notable el momento y los atavismos previos a la transición hacia una mayor apertura en temas tabú: como el feminismo, el adulterio, la homofobia, el antismetismo, el racismo o la forma en la que el tabaquismo y el alcoholismo eran socialmente aceptados ( también, donde el coqueteo en la oficina todavía no era acoso sexual). En este sentido el valor documental histórico es de destacar ya que es una especie de espejo en movimiento de los procesos ideológicos que redefinen nuestras relaciones psicosociales, de la misma forma que la publicidad ha redefinido, por ejemplo, si el tabaquismo es cool, aceptable y deseable (y luego ya no).

Es de destacar como los mismos miembros de la agencia Spencer Cooper son víctimas de su propia mercadotecnia del tabaco, herencia del pacto entre las tabacaleras y Hollywood, y entre las mismas tabacaleras y las agencias de publicidad. Esto es parte de la estética de la serie, el incansabe humo, las bocanadas lánguidas  y los hielos chocando en los vasos de whiskey, en una especie de lentitud vintage que ofrece Mad Men, a diferencia de las series estilo MTV, vertiginosas e irreflexivas. Curiosamente, fue el oscuro padre de la propaganda publicitaria, Ed Bernays, sobrino de Freud, quien vinculó a el tabaco con la liberación, particularmente con la de las mujeres, a quienes convenció de fumar en público como señal de rebelión (¿fálica?) ante el dominio masculino.

Cuestionar lo que vemos vs someternos al placer

La atracción de Mad Men yace en dos planos, y para dos tipos de público. Para quienes buscan deleitarse en la reconstrucción de una epoca y en esa tensión sexual permanente (con su aliciente vintage), o para quienes buscan analizar la construcción de los mecanismos del deseo y su erección del dios de nuestra era: el consumo. Los primeros apreciarán la fidelidad multipremiada con la que se reconstruye la época; detallista al mínimo en el vestuario, lo sets, el maquillaje, los modismos y el slang, la música y la parafernalia alrededor de 1960 a 1963.

El New York Times apunta que: “Ningun programa en la historia de la television americana ha hecho tanto esfuerzo para mantener las formas históricamente apropiadas de hablar –y ningún programa ha atraído tanto escutrinio por sus esfuerzos”.

Los segundos podrán con una perspectiva crítica identificar los vicios de la publicidad, en el pantano de glam, en los que se regodea la serie… Este mundo de la publicidad, que demostrando poca conciencia juega con el inconsciente de miles de millones de personas, es humanizado en la figura de  Don Draper, el director creativo de la agencia Sterling Cooper (luego también Draper Pryce). Draper encarna una version compleja y realista del american dream. Un hombre guapo, inteligente, seductor, con un pasado oscuro y que ha logrado superarse pero que parece ser en el fondo un hombre bueno que busca redimirse (aunque no puede sino participar en la plétora de infidelidades amorosas que alimentan el lado de intriga sexual que apela a cierto público y en los goces del boom de su profesión).

En cierta forma la serie Mad Men puede ser cuestionada por humanizar a la publicidad  -compuesta por hombres falibles, buenos y malos, que cometen errores-, haciéndola un mal menor dentro de un sistema que se pierde en las abstracciones de las grandes corporaciones, sin culpables detectables (simplemente un resultado del devenir del capitalismo). Cuando la publicidad es una ocupación que se ha erigido sobre las bases de la manipulación y la completa desatención de principios morales. Algo que sólo se atisba en profundidad por momentos, como es el caso del piloto, en el que ejecutivos de Lucky Strike buscan lanzar una campaña con la agencia para ocultar que el tabaco genera cáncer pulmonar, como recientemente había publicado Reader’s Digest.

Asimismo la serie le otorga glamour al mundo de la publicidad, la inteligencia de sus personajes, lo sexy del retro, el permanente consumo de tabaco y cócteles en habitaciones vagamente sepia perfectamente iluminadas, entre apuestos hombres y hermosas mujeres con peinados hiperestilizados; esta especie de aura del Gran Gatsby revisitada, remediatizada del mundo del cine al mundo de la publicidad, es un acto de autolisonja del mundo de la publicidad por el fraternal mundo del show business (los grandes socios en el mercado de las ilusiones).

A fin de cuentas nos quedamos con el brillante oxímoron que sirve de slogan a la serie “Where the truth lies” (intraducible: combina donde la verdad yace y donde la verdad miente). Una sagaz ambivalencia del mundo de la publicidad, que hace casi una ciencia de decir mentiras, que si son repetidas muchas veces, como dijera Goebbels, se vuelven verdades. Es justamente nuestra repetición de los valores que transmite la publicidad lo que hoy en día los ha hecho reales.

Más información sobre la serie, sorteos, y otras promociones en la página de Mad Men en Facebook