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Una dosis diaria de LSD y una obsesión con el mito del héroe: la clave para estas increíbles fotografías

Por: pijamasurf - 01/05/2016

Steven Arnold, amigo y protegido de Salvador Dalí, vivió una temporada en una pequeña isla de España, entre LSD y obsesiones creativas, y al final materializó esta obra fotográfica

La relación entre drogas y creatividad siempre ha sido un asunto polémico. Para muchos, la creatividad se presenta tal cual, como una cualidad o como un chispazo, quizá como algo sostenido que algunos pocos elegidos tienen desde el nacimiento o como un lucky strike que llega de pronto a coronar el trabajo realizado. “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, dijo alguna vez Picasso.

Sin embargo, también está el otro bando, el de aquellos que defienden la influencia positiva que el consumo de ciertas sustancias puede tener sobre las actividades artísticas y que, por decirlo de algún modo, requieren ir más allá de ciertos límites fijados por la convención. Del alcohol a otras drogas prohibidas, hay quienes consideran que ese impulso suplementario es indispensable para entrar a ciertas zonas del alma creativa a las que ordinariamente no tenemos acceso.

Que una u otra cosa sea verdad no es fácil decirlo. Las pruebas se podrían ofrecer en ambos bandos. Y en esta ocasión toca citar un ejemplo para el segundo caso, el de aquellos que concretaron una obra increíble gracias, en parte, a “la apertura de las puertas de la percepción” que usualmente se atribuye a los psicodélicos. Ese fue el caso de Steven Arnold, un fotógrafo ahora casi olvidado que en su tiempo fue protegido de Salvador Dalí y amigo de otros importantes artistas.

Arnold, de origen californiano, vivió una temporada en Formentera, una pequeña isla al sur de Ibiza, durante 3 meses de 1964. Ahí fue uno de los muchos entusiastas que experimentaron recreativamente con el LSD, sustancia que en aquella época aún no tenía las restricciones que conoció después y que, por sus efectos sobre la mente, gozó de enorme popularidad entre artistas de distintas disciplinas e incluso filósofos y otro tipo de pensadores. “Esta nueva droga era tan eufórica y visionaria, tan positiva y ensanchadora de la mente… Ascendía a otra dimensión, una tan bella y espiritual que nunca fui el mismo”, dijo alguna vez Arnold a propósito de la experiencia que tuvo consumiendo diariamente LSD.

En ese estado, el artista dio rienda suelta a una obsesión que por entonces tenía tomados sus intereses intelectuales: el mito del héroe tal y como lo estudiaron, entre otros, Carl G. Jung y más famosamente Joseph Campbell. Arnold combinó ese poderoso arquetipo con algunos de los elementos del surrealismo y, finalmente, la técnica artística del tableau vivant, que congrega a una multitud de personas para evocar escenas clásicas de los imaginarios mítico o religioso.

La obra de ese período es perturbadora y transgresora. Tiene también una poderos fuerza creativa que proviene de la originalidad con que combinó motivos nuevos y antiguos, temas que el arte ya había tratado con su propia forma de acercarse a ellos.

¿Lo hubiera conseguido sin su consumo cotidiano de LSD? No podemos saberlo. Después de todo, lo único cierto es que esa fue la forma en que llegó a su obra.

Viajar incentiva tu creatividad... viaja

Por: pijamasurf - 01/05/2016

Cuando viajamos encontramos mundos tan diversos que nuestros problemas se convierten en pequeñeces frente al universo de posibilidades que percibimos

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Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente. 

Mark Twain

Afortunadamente hoy la creatividad está de moda. Y aunque en muchos caso el coqueteo con esta preciosa herramienta de la que disponemos los seres humanos peca de frívolo, parece que a fin de cuentas es positivo que masivamente se estén incentivando los dotes creativos (lo cual combinado con un poco de ética y de originalidad podría dar frutos bastante interesantes). Pero, ¿cómo detonar en nosotros la creatividad?

Cuando viajamos la mente se enfoca en el presente, en los olores, colores, personas, paisajes, texturas y todo aquello que nuestros sentidos perciben distinto al hogar. Al no encontrarnos en la comodidad de la cotidianidad, ese territorio que se conoce y se domina, nuestro cerebro está más alerta, ya sea por curiosidad o simple autodefensa. Al estar “más presentes” absorbemos más información. Toda esa información es procesada por nuestro inconsciente para volverse parte de nuestro yo de percepción.

Screen Shot 2016-01-08 at 11.03.03 PMLa información que articulamos de manera más consciente es transformada en recuerdos, mismos que generalmente funcionan como motores de inspiración. Lo anterior sucede porque la mayoría de las memorias de los viajes son intensas. Esa intensidad nos pone a prueba para después fungir como motor de sensaciones.

Los recuerdos generalmente producen sensaciones, sean positivas o negativas; ellas nos hacen sentir más vivos. Cualquier persona dedicada a un trabajo que requiera creatividad sabrá que las sensaciones son generadoras de ideas, de impulsos y de sentimientos que requieren “salir” para ser canalizados en algún oficio, proyecto o trabajo creativo. 

Está comprobado que los viajes proveen de una inspiración constante pues nos ponen a prueba, nos ayudan a autoconocernos y a comprobar que nuestros potenciales problemas se tornan diminutos cuando nos exponemos a la inmensa variedad de realidades que confluyen mientras viajas.