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La vida nos parecerá breve si no hacemos lo que realmente deseamos (sobre un fragmento de Séneca)

Por: pijamasurf - 10/06/2014

¿La vida es breve o somos nosotros quienes la hacemos así? El estoicismo de Séneca, leído a la luz de la importancia que el deseo auténtico tiene en nuestra vida, nos ofrece una respuesta al respecto

seneca_Desde que el ser humano fue capaz de pensar en sí mismo, la existencia ha estado acompañada por la angustia. Puede ser, como entre los hindúes, la angustia de saber que este mundo es sólo una ilusión (maia); la angustia del deseo, como en el pensamiento budista; o esa angustia un poco más familiar para nosotros los occidentales que Heidegger describió tan bien y la cual surge de la oposición entre el Ser y la Nada, la existencia y la finitud.

Somos, pero pronto dejaremos de ser. Teognis de Megara, poeta elegíaco griego, llegó a escribir que “sería mejor no haber nacido o, una vez nacidos, cruzar lo más pronto posible las puertas del Hades”, una respuesta pesimista que también está en el Edipo en Colono de Sófocles (1224-5) y en el encuentro entre el sátiro Sileno y el Rey Midas según lo cuenta Nietzsche; en todos los casos se trata de una reacción a esa angustia que, para algunos, hubiera sido preferible evitar.

Sin embargo, esta no es la única salida. Esa misma angustia, tomada de otro modo, puede ser una inesperada fuente de élan vital. La vida como una carrera contra la muerte y nuestras obras como el dique que construimos con premura ante la ola imparable de la fatalidad.

En esta última línea se inscribe el pensamiento de Séneca, probablemente el más conocido de los filósofos estoicos. Como todo hombre, Séneca se enfrentó también al problema de la finitud de la vida —de su propia vida— pero en vez de quedar sólo paralizado o aterrorizado, se decantó hacia la resolución, tanto en sentido discursivo como pragmático, esto es: resolvió al tiempo que determinó.

No es que tengamos poco tiempo de vida, sino que malgastamos mucho de este. La vida es lo suficientemente extensa: se nos otorgó una cantidad suficientemente generosa para conseguir los logros más elevados si fuera todo lo que buscáramos. Pero cuando la desperdiciamos en lujos indolentes y ninguna buena actividad, la frontera final de la muerte nos obliga a darnos cuenta de que la vida transcurrió antes de que nos diéramos cuenta de que estaba transcurriendo. Así es: no se nos dio una vida corta, sino que nosotros la hacemos corta, y no es que se nos otorgue pobremente suministrada, sino que nosotros la desperdiciamos. La vida es larga si sabes cómo usarla.

La posición de Séneca podría sonar cercana a la moral, a ese “debe ser” que por definición es inalcanzable. Sin embargo, no se trata de cambiar una opresión por otra y sustituir la angustia de la muerte por el yugo del deber. Esa, en todo caso, sería la combinación de moral protestante que tan buen suelo encontró en la ideología capitalista del burgués ascendente, la moral que adaptó el trabajo el propósito de la salvación.

Es posible que Séneca, en todo su estoicismo, se refiera a otra cosa. O al menos en su pensamiento hay lugar para otras interpretaciones. El desperdicio que denuncia, el “si sabes cómo usarla” que recomienda, puede entenderse fuera de la moralidad y quizá, más bien, cercano al deseo y la autenticidad. ¿Qué tanto esos lujos de los que se queja el estoico es todo eso superfluo que, en última instancia, no somos? Séneca se refiere a riquezas y bienes quizá, ¿pero no son estas cosas que muchas veces buscamos pero no por un deseo propio, sino por una imposición ajena? ¿Y cuánto de lo que somos no es así? Hay quienes creen que la vida respetable se consigue teniendo un auto y una casa, un empleo fijo; ¿pero respetable para quién? ¿No ese un “lujo” que al final de los días puede revelarse vano ante la pesarosa certeza de que no correspondía a la vida que realmente se deseaba?

Entonces puede ser que la sentencia de Séneca admita una paráfrasis:

La vida es larga si sabes cómo desearla. 

 

El texto De brevitate vitae puede consultarse digitalizado en formato PDF en este enlace o aquí en HTML.

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"The Jeffrey Dahmer Files": la vida del "caníbal de Milwaukee" convertida en documental

Por: Psicanzuelo - 10/06/2014

Chris James Thompson examina en esta cinta la vida criminal de Jeffrey Dahmer

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El fenómeno de los asesinos seriales ha sido común en la unión americana por varios años. Popular en el cine, ha ayudado a crear las más grandes interpretaciones por parte de detectives y asesinos. Pero sus raíces son muy reales en el país donde el capitalismo se ha consolidado con más fuerza.

Jeffrey Dahmer (1960-1994), mejor conocido con el sobrenombre de "el caníbal de Milwaukee", fue alcohólico y antropófago. Cometió crímenes como violación sexual, asesinato, desmembramiento y necrofilia contra 17 hombres y niños entre 1978 y 1991. Fue encontrado completamente sano en el juicio en el que se le condenó a cadena perpetua en el estado de Ohio.  

En la película se profundiza sobre los obscuros motivos de Jeffrey, propulsado por su enfermedad mental. Se proponía lograr construir el autómata perfecto, con el que se pudiera tener sexo continuamente, sin que este interactuara intelectualmente. Jeffrey alucinaba con robots sin opinión propia, pero desbocados en su libido, para mitigar sus grandes necesidades instintivas; un Frankenstein del deseo, previamente trepanado del cerebro.

En esta película, las recreaciones llaman especialmente la atención; podemos observar a un Jeffrey muy bien caracterizado, que no deja de comprar con su chequera alcohol y materiales de tlapalería. Al parecer su técnica fue muy sencilla para continuar con su proceder por tantos años sin ser atrapado. Se mudaba a un barrio negro y atacaba únicamente a minorías; en general los llevaba a su casa a platicar y después iba procediendo, al calor de las bebidas que daban pie a otras actividades luego de que estos se quedaban dormidos.jd

Por otro lado, lo que va articulando la narrativa son entrevistas reales sobre todo a dos personajes: el detective que lo encontró, que no deja de tener rasgos estereotípicos de cine Hollywoodense triunfante, y una vecina de color que reflexiona sobre los sándwiches que aceptó de un siempre amable Jeffrey. Cuando encontraron el departamento del sospechoso parecía más un laboratorio, con varias herramientas para proceder en cada crimen.

No cabe duda de que el tiempo libre no es bueno para todos, ni las substancias que alteran la conciencia. Pero sobre todo, el caso de Jeffrey Dahmer hace pensar que no existe una responsabilidad real del Estado sobre los individuos que tengan problemas psicológicos, y como un padre avergonzado, lo mejor es meterlos en cuartos alejados donde no los tenga que ver. De haber encontrado con programas de prevención la enfermedad de Jeffrey, que se presentó desde su adolescencia, estos crímenes podrían haber quedado plasmados en novelas de ficción o, mejor aún, en bonitos cuadros de paisajes.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo