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Prótesis ópticas, lentes inteligentes y el futuro (no tan lejano) de los sistemas de vigilancia

Por: pijamasurf - 04/27/2013

Toda tecnología implica un cambio en la sociedad que la produce. ¿Cómo será una sociedad donde cada usuario vigile los movimientos de los demás con un dispositivo que será tan común como los smartphones actuales?


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Todos han oído de la futura computadora "portable" (en el sentido de wearable), Google Eye, una especie de lente con tecnología de realidad aumentada que llevará los smartphones a un nuevo grado de acoplamiento ergonómico con el cuerpo. Pero desde 1978 había alguien más que trabajaba en tecnología de este tipo, y que mientras todos estaban ocupados "procesando texto" con la primera Macintosh, él estaba tratando de llevar la computadora en su propio cuerpo, como un ciborg. Se trata del inventor Steve Mann, quien recientemente hizo algunas predicciones sobre las implicaciones de utilizar prótesis ópticas con realidad aumentada en el curso del mundo actual.

Al igual que tenemos teléfonos "inteligentes", casas, ciudades e incluso autos "inteligentes", Mann cree que este tipo de tecnología podría representar un salto de evolución social como pocas veces hemos visto en la historia: el humano visto como hardware o como base para la mediación tecnológica de la realidad (¿hasta qué punto vivimos ya en ese mundo?)

En principio, Mann considera la tecnología óptica como una amenaza para el sistema de vigilancia actual. En una ocasión Mann fue agredido físicamente por el personal de un Mc'Donalds, debido a que llevaba consigo un prototipo del Digital Eye Glass, la cual, pensaba la gente del restaurante, podía servir para tomar fotografías del menú. Esto, dice Mann, será sólo una vuelta de tuerca en el Estado de vigilancia virtual en el cual vivimos.

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Más que orientarnos con Google Maps o Street View sin tener que sacar un smartphone, lo que la tecnología óptica implica es un nuevo paradigma para pensar la privacidad. Todas las tiendas y supermercados cuentan con sistemas de circuito cerrado de vigilancia; entrar en un banco a realizar un movimiento en caja implica atravesar un perimetro de observación. Las grandes avenidas están siendo monitoreadas 24 horas por las autoridades en busca de conductores imprudentes o accidentes de tránsito, y las cámaras en las calles han superado por mucho las fantasías distópicas de 1984 de Orwell. Tenemos imágenes a nivel de piso así como satelitales de virtualmente cualquier ciudad de la Tierra, y en los próximos años se espera que miles de drones (vehículos de vigilancia no tripulados) pasen sobre nuestras cabezas, registrando, si no todos nuestros movimientos, al menos con la posibilidad de hacerlo.

Si las agencias de seguridad y los gobiernos tienen acceso a lo que es visible en la superficie de la Tierra, ¿por qué la gente no podría? Es lo que pasó con el Internet a fin de cuentas: una red privada del gobierno de EU se vuelve un espacio público virtual. Con la democratización de la tecnología que hemos vivido desde el siglo pasado, la tecnología óptica no debería ser una excepción.

Mann predice que cuando las prótesis ópticas sean tan comunes como los anteojos, la gente comenzará a considerar su entorno en términos de vigilancia, así como a cuestionar la cantidad de cámaras de seguridad que están observando silenciosamente todos nuestros movimientos. Decirle a alguien que no recuerde algo (la escena de un crimen, por ejemplo), según Mann, será el equivalente a la actual destrucción de evidencias.

Los carteles de "no fotografiar" en museos, bancos y oficinas de gobierno será irrelevante, a menos que el establishment adopte nuevas medidas coercitivas expresadas en regulaciones simples, como prohibir el uso de tales aparatos. Sin embargo, ¿qué pasaría si la nanotecnología permitiera una computadora que pudiera colocarse directamente en la retina, como los actuales lentes de contacto? ¿Cómo podrían identificar a los usuarios si no hay un "hardware", sino que el hardware está completamente integrado al cuerpo?

Big Brother efectivamente te estará observando: ¿qué pasaría si el gobierno tuviera acceso incluso a tus sitios más íntimos gracias a tus propios ojos? El videojuego WATCH_DOGS retrata un mundo distópico no demasiado lejano donde un programa central del gobierno puede utilizar la información cruzada de nuestros dispositivos electrónicos para mapear lugares y trayectos, para identificar personas, para espiar y sobre todo para "vigilar" en aras de nuestra propia seguridad. Los héroes del juego son hackers que entran en esta red para anticiparse a una mafia o algo así. Sea cual sea el desarrollo de la historia, WATCH_DOGS muestra cómo sería un mundo donde el hecho de poseer un dispositivo portátil te pusiera en el mapa de los sistemas de vigilancia (y nos deja preguntándonos hasta qué punto esta es una realidad ya en nuestros días.)

[Techland]

 

Actualmente en México hay menos montajes operísticos que en la década de los ochentas; sin embargo, parece que el futuro de esta disciplina podría ser alentador.

Ramon-Vargas foto de guardian.co.uk

En México las funciones de ópera comenzaron en la época colonial, después de que en siglo XVII esta se consolidara como un género teatral. Concluida la independencia, la ópera italiana dominaba la escena nacional. Fue hasta mediados del siglo XIX que nacieron tenores mexicanos como Luis Baca. A partir de este fenómeno el gusto por la ópera comenzó a consolidarse entre el público nacional.

Después de la Revolución Mexicana fue creada la empresa Opera S.A. Posteriormente, en 1943, se fundó la asociación civil Ópera Nacional. En 1948 apareció la Compañía Ópera de Bellas Artes, la cual continúa encabezando la operación de este arte en el país.

Desde los años ochenta en México la cantidad de montajes ha decaído por lo menos una cuarta parte. A inicios del 2013 el periodista y crítico musical José Noé Mercado publicó el libro, Luneta 2, como parte de la Colección Cuadernos de El Financiero, un texto de carácter revelador sobre la situación de la ópera en el país. En palabras de Mercado “este ejemplar representa (…) la documentación de las fortalezas líricas del país, sin eludir las debilidades, los vicios y las insuficiencias del sistema que lo produce y que en los últimos años han terminado por hacer de la ópera oficial en México un cadáver que camina y que, vía impuestos, todos financiamos.”

José Noé Mercado evidencia entre otras cosas la falta de una estructura operativa y de producción de ópera en México. Un problema de carácter organizativo más que económico o técnico. Existe además una falta de planeación en los estados.

Ante este escenario la Ópera de Bellas Artes anunció este 23 de abril la creación de una Dirección Artística a cargo del prestigiado tenor mexicano Ramón Vargas. Entre las iniciativas están la creación del Estudio de Ópera de Bellas Artes para el desarrollo de nuevos talentos y el emprendimiento de una estrecha relación con los proyectos de ópera de los estados. El equipo estratégico estará integrado también por personajes relevantes en el ámbito como el tenor Octavio Arévalo, Jaime Ruiz Lobera quien es el actual coordinador Nacional de Música y Ópera del INBA, y Octavio Sosa que ha más de 25 años en la Ópera de Bellas Artes.

Probablemente gracias al involucramiento de artistas de la ópera, esta disciplina fortalezca su organización, y con ello su calidad, elevando así el nivel de producciones en nuestro país. La coordinación con los estados será crucial. Actualmente México cuenta con cantantes de ópera reconocidos mundialmente como: Ramón Vargas, Rolando Villazón, Javier Camarena, David Lomelí y María Alejandres.

Twitter del autor: @anapauladelatd