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¿Cuáles son los sitios más populares del mundo para suicidarse?

Por: pijamasurf - 06/13/2011

Los escenarios que más suicidios registran en el mundo —dos puentes, dos acantilados y un bosque— se encuentran repartidos entre Inglaterra, Australia, Japón y Estados Unidos.

El puente Golden Gate es el lugar con más suicidios del mundo.

Para todo hay lugares favoritos en la vida, incluso para llevar a cabo ese desahuciado y definitivo ritual que llamamos suicidio. Según la Organización Mundial de la Salud, en datos aproximados, anualmente un millón de personas se suicidan alrededor del mundo. Esto es, un suicidio cada cuarenta segundos De acuerdo con las estadísticas, esta práctica ha registrado un aumento de 60% en los últimos 25 años y se tiene proyectado un posible aumento del 100% en la próxima década.

Curiosamente, y a pesar de que el suicidio es una de las decisiones más tristes y más íntimas que una persona puede tomar, existen algunos puntos alrededor del mundo que se han consagrado como parajes predilectos de aquellos determinados a acabar con sus propias vidas. En algunos casos resulta evidente el criterio para elegir estos sitios (en especial la altura), sin embargo, aun tomando en cuenta esa característica, no deja de llamar la atención cuáles pudiesen ser las demás variables que influyen en su funesta popularidad. De hecho, cuatro de ellos ni siquiera se encuentran en los países incluidos entre las diez naciones con mayores tasas de suicido per cápita (solo Japón se encuentra en ese listado).

A continuación la lista de los cinco lugares más populares para suicidarse, dos de ellos son puentes, otros dos son tajantes acantilados junto al mar y, finalmente, un lúgubre bosque en Japón.

Puente Humber de Inglaterra es uno de los sitios favoritos para suicidios.

Puente Humber (Inglaterra)

Desde que este puente de más de dos kilómetros de longitud fue inaugurado cerca de Hull, en 1981, más de 200 personas han saltado con la intención de suicidarse (solo cinco de ellos no lograron su cometido). En respuesta a la penosa celebridad de este puente, las autoridades decidieron implementar en 2009 unas barreras "anti-suicidios" en ambos costados de la estructura.

 

The Gap (Australia)

A pesar de ser un escenario de admirable hermosura, este acantilado conocido como "La Brecha" (The Gap en inglés), ubicado al este de Sydney, en Nuevo Gales del Sur, es uno de los sitios que mayor número de suicidios registran en el mundo. Se calcula que aproximadamente cincuenta personas se quitan la vida saltando desde lo alto de esta muralla junto al mar. Y los números serían sin duda más alarmantes si no fuera por Don Ritchie, el heroico hombre que diariamente vigila el lugar para detectar potenciales suicidas a quienes disuade de tomar esta irreversible decisión. Ritchie, de 85 años, ha salvado al menos a 160 personas, aunque se rumora que el número podría rondar las 400.

 

Imagen del sitio beachy head en Inglaterra, otro lugar favorito de los suicidas.

Beachy Head (Inglaterra)

Este majestuoso acantilado con peñascos de roca blanca es, como en el caso de The Gap, un lugar que destaca por su belleza natural pero, paradójicamente, también lleva consigo un trágico historial. Al menos una veintena de personas acuden anualmente a suicidarse. Afortunadamente las autoridades han tomado distintas medidas para desestimular el ímpetu suicida (patrullaje diario de la zona para localizar a potenciales "saltadores", letreros con números telefónicos para dar asistencia a la gente al borde de terminar con sus vidas, etc.). Estas medidas han logrado reducir el número de suicidios.

 

Bosque Aokigahara (Japón)

Este fantasmagórico y poético bosque se ha hecho de una triste reputación como el segundo lugar más popular del planeta para suicidarse. Desde mediados del siglo XX, el Aokigahara ha promediado 30 suicidios anuales (aunque en años recientes esa cifra ha sido preocupantemente rebasada, por ejemplo en 2003, cuando esa se duplicó, o en 2002, cuando se registraron 78 muertes por propia mano). Curiosamente este bosque, también conocido como "el mar negro de árboles" y ubicado a los pies del Monte Fuji, está asociado con entidades demoníacas dentro de la mitología japonesa.

 

imagen del puente golden gate de san francisco, california

Golden Gate (Estados Unidos)

Sin duda el mayor ícono de la ciudad californiana de San Francisco, el puente Golden Gate ocupa el primer lugar en número de suicidios. Este puente, que mide más de 2,700 metros de longitud y conecta la parte norte de la bahía de San Francisco con el área de Marine County,ha registrado oficialmente 1,218 de suicidios desde que fue inaugurado en 1937 (uno cada 21 días). El número de suicidios es tal que incluso se han mapeado los principales hotspots suicidas a lo largo de sus casi tres kilómetros. "El lado favorito para los “rendidos” es por mucho el costado Este, como nos muestra la gráfica, con cerca de un 80% de mortales predilecciones; y el hotspot suicida sería sin duda la porción ubicada entre la San Francisco Tower y la Marin Tower."

Abriendo la caja de pandora cósmica: "The Box", la película sincromística de Richard Kelly

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 06/13/2011

Richard Kelly, el director de Donnie Darko, se consolida en The Box, como un maestro de estilo en una excelente exploración de la gran conspiración cósmica y la posible libertad del hombre

¿Quién tiene el control de nuestra realidad? ¿Quién teje la madeja de nuestro destino? Estas grandes preguntas filosóficas que atraviesan toda la historia del hombre hoy en día encuentran nuevos actores, agentes ocultos, responsables siniestros o luminosos, influenciados por la cultura OVNI y la teoría de la conspiración.  Y el cine tal vez es el mejor medio para tocar estos temas que muchas veces superan nuestro entendimiento: el cine que pasa su espejo sobre el misterio cósmico como una reflexión que más que ofrecer respuestas, abre puertas (y la cámara, como los ojos, son micro star gates).

Richard Kelly, el joven director estadounidense que marcó a una generación con su primera película, Donnie Darko, y fracasó enormemente con la crítica y con la taquilla en una incomprendida y megalómana farsa de ocasionales pinceladas de genio, Southland Tales, tiene en su tercera película, The Box, una madura revisitación a sus temas favoritos de ciencia ficción y especulación cosmológica.

Basada en el cuento Button, Button (llevado a la TV en la legendaria serie The Twilight Zone), Kelly actualiza y personaliza esta narración de Richard Matheson. Tejiendo un laberinto onírico de sincromisticismo y paranoia. Con ecos ineludibles de David Lynch, El Resplandor y 2001: Una Odisea en el Espacio, de Kubrick, Richard Kelly hace su versión de ocultismo pop de la gran conspiración cósmica que controla el destino de los hombres —pero que en sus grietas deja entrever la libertad humana.

The Box cuenta la historia de una joven pareja protagonizada por James Marsden y Cameron Diaz (Kelly ama trastornar y reformular a actores del mainstream en papeles que se burlan de su propia trayectoria en el starsystem). Marsden es un joven y brillante ingeniero de la NASA, aspirante a astronauta, que participó en el diseño óptico de la cámara del explorador Viking, el cual transmitió a la Tierra el famoso "rostro de Marte", en Cydonia. (Es posible que Kelly haya escogido a Mars-den justamente por su apellido como detalle sincromístico). Lo cierto es que el mismo padre de Kelly trabajó en esta misión que generó enorme controversia en su tiempo, ya que al aparecer las imágenes que capturó mostraban vida inteligente en la superficie del planeta rojo. Cameron Diaz es la esposa de Marsden, Norma, una maestra escolar con una deformación en su pie que le acarrea el escarnio de la sociedad.

La pareja (que tiene un hijo pre-adolescente) recibe una misteriosa caja en el correo con un extraño mecanismo de detonación. Intrigados por esta misiva, el día siguiente reciben la visita de un excelente Frank Langella, en el papel de Arlington Steward, una especie de "hombre de negro" que también trabajaba para la NASA y que misteriosamente renació después de ser impactado por un relámpago el día de la misión Viking. Langella les hace una oferta: si aprietan el botón de la caja recibirán un millón de dólares pero una persona en alguna parte del mundo morirá inmediatamente.

Para fines de exploración metafísica es necesario revelar que Norma aprieta el botón desencadenando una serie de consecuencias  que ahondan en el misterio de la humanidad y su papel en el planeta Tierra (o en esta realidad colectiva a veces similar a una alucinación). Arrepentidos por haber apretado el botón, la pareja intenta devolver el dinero y dar marcha atrás a los fenómenos que han provocado. Pero una vez que se abre el agujero del conejo ya no hay salida de emergencia —y todo está conectado pesadillescamente.

Mardsen y Norma se ven envueltos en una enorme conspiración que abarca todas las agencias del gobierno de Estados Unidos (la NSA, la NASA, la CIA) y que involucra el control mental de una gran cantidad de ciudadanos en quienes Langella, como representante de unos misteriosos "empleadores", descarga su conciencia haciendo de ellos una especie de ejército zombie o clones que trabajan para el sistema. No sabemos mucho de estos "empleadores", solo sabemos que algo tienen que ver con Marte y que son llamados los "Señores del Rayo". Langella sirve sus misteriosos planes poniendo a prueba a la humanidad con esta dinámica de la caja, en la que se les confronta con la posibilidad de sacrificarse por los demás (al no obtener el dinero) o, en un acto egoísta, anteponerse y recibir el millón de dólares para resolver sus problemas personales.

La clave de este predicamento es la idea de que la Tierra es un constructo en el que las personas son puestas a prueba, en su capacidad de servicio y sacrificio hacia los demás por una raza extraterrestre o entidades tecnológicamente más avanzadas (cuya "tecnología es indistinguible de la magia").  Si logran la conciencia de que su destino está ligado al de toda la humanidad (porque si nadie más escoge oprimir el botón todos serán salvados), entonces podrán acceder a la dimensión superior y dejar este purgatorio. Los controladores para los cuales trabaja Langella permiten a ciertas personas visiones del ultramundo a través de portales luminosos de agua plásmica (el mismo CGI vórtice líquido que vimos en Donnie Darko), plantando la semilla del gran superfugio hacia el reino de la luz, pero exigen el sacrificio personal; de otra forma amenazan con extinguir a la humanidad.

"De vez en cuando, surge un artista de la nada que canaliza los más inefables flujos del inconsciente de una época y crea artefactos de cultura pop. Muchas veces parece que estos artistas apenas son conscientes de lo que están canalizando. Richard Kelly es uno de ellos", escribe Christopher Knowles en el blog sincromístico Secret Sun.

Vivimos en una caja: tu auto es una caja, tu casa es una caja, la televisión que succiona tu alma es una caja, este mundo en sí es una caja, dice Langella en la película alegóricamente. Afuera yace una dimensión desconocida a la cual solo podremos acceder juntos, cuando descubramos la inexorable interconectividad que nos une. Esto es lo que enseña la filosofía sincromística y lo que plantea Richard Kelly. No hay diferencia entre tú y el planeta y el Gran Plan.

Twitter: @alepholo