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Poemas para estar en Pijama: Buscar trabajo en tiempo de pandemia

Arte

Por: Tufillo de poeta - 10/18/2020

Buscar trabajo siempre es una labor tediosa. En condiciones normales encontrar un trabajo digno es complicado. En tiempos de pandemia, se convierte en una tarea más agobiante

Te imaginaste escuchando los típicos discursos de las autoridades universitarias sobre el éxito después de la caída del telón, mientras que el sol del verano, ese que se viene anunciando hace pocas semanas en el hemisferio norte, se traduce en unas gotas de sudor resbalando desde la piel cubierta por el birrete. 

En cambio, es mayo, estás todavía en pijama y acabás de graduarte por Zoom. Celebrás con una cerveza helada y una orden de pollo frito en tu escritorio. Por la tarde tenés una nueva reunión con una coach del centro de orientación laboral de la universidad, uno de los últimos beneficios que te quedan con tu número de identificación de estudiante. Vas a trabajar en una tercera y última versión de tu currículum y carta de presentación, ese documento en el que tenés que convencer de que has nacido para el trabajo al que estás aplicando.

Tenés una lista de universidades y editoriales con empleos vacantes. Comprás una membresía premium de LinkedIn a precio reducido, con la certeza de que, en menos de un mes, algo sale. Un mes después, ya has mandado al menos una decena de CVs y cartas de presentación y la membresía no ha servido para nada. Algunas de las universidades a las que has aplicado para enseñar dicen que han cerrado sus cursos de español, mientras que otras están despidiendo gente. Las editoriales han pospuesto sus contrataciones hasta tener más certezas.

Cambio de planes: tenés que explorar otros rubros. La curva del virus se está aplanando en la ciudad, así que nada, a esperar la nueva normalidad y con eso, la oportunidad del empleo. Un mes después, te acostumbrás a dedicar tus mañanas y algunas tardes a buscar anuncios en las páginas de contrataciones. Navegás de una web a otra y sonreís cuando una de ellas no te pide llenar formularios larguísimos con tus objetivos y habilidades. En las cartas, copiás y pegás encabezados, modificás el orden de tus trabajos anteriores. Borrás el nombre del cargo y lo sustituís por el nuevo. Donde decía “asistente de marketing”, ahora dice “traductora”, donde decía “coordinadora académica”, ahora dice “tutora de español” “asistente administrativa” o “vendedora”. Disponibilidad de trabajo inmediato: sí. Disponibilidad de viaje: sí. Disponibilidad en fines de semana: ni modo. Al menos la curva de contagio en la ciudad sigue bajando, como también baja tu salario esperado. Actualizás sin parar la bandeja de entrada.

Un mes después, comenzás a recibir como cuentagotas los correos de rechazo. Recibís spams que dicen que ganarás un sueldo millones si mandás tus datos bancarios. Ya si no sale nada, ni modo, te tratás de convencer, aunque en realidad sabés que tenés que conseguir un empleo cuanto antes. Te decís que esta es LA semana, como cada lunes. Suspirás, y te lo repetís de nuevo el siguiente. Te conectás a una entrevista de trabajo, seleccionás una camisa, el pelo recogido, el pantalón de buzo que no se enfoca en la pantalla. Hora de la puesta en escena, asumís el papel que te toca. Recordás ese poema de Bukowski sobre la escritura y pensás que precisamente eso es lo que espera el empleador de vos:

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas
no lo hagas.

¿Realmente querés el trabajo? ¿Parte de dentro tuyo ese impulso espontáneo? Claro que no. Necesitás un empleo y ya. Esa necesidad te lleva a otra entrevista y luego a otra y otra. Misma camisa, mismo escenario. Te hallás pronunciando lo que estás convencida de que el entrevistador quiere escuchar, cuando en realidad, muy dentro tuyo, quisieras recitarle aquel poema de Luis Miguel Rivas:

Seguid haciendo planes,
plantead estrategias,
proponed mecanismos,
definid objetivos.

Señores hacedores de proyectos,
espero no neguéis
el favor que os pido
con tono respetuoso
y a manera de súplica:
¡no me tengáis en cuenta!

Otro mes después, has mandado ochenta y seis aplicaciones, has tenido seis entrevistas y doce rechazos, cuando te llega el correo electrónico. Un respiro hondo, de esos que ensanchan los pulmones y hacen que todos los órganos del cuerpo vuelvan a alinearse en su sitio. ¿Y ahora qué? ¿Será esta la oportunidad de tu vida o una puerta hacia aquellos momentos de la rutina que describe el poema “Mujer sentada frente a la máquina”, pensando en Karen Brodine?:

cada mañana:
 
termo fresco de café en mano, para el bajón, cambio
de marcha, destapar el termo naranja, verter un olor
a hogar, papel mañanero, luz temprana.
un placer tangible
contra las palabras sin vida.

 


Si quieres escuchar más sobre buscar trabajo en tiempos de pandemia, no te pierdas "Poemas para buscar trabajo", el capítulo más reciente del podcast de Tufillo de Poeta

 

Encuentra aquí la columna anterior de Tufillo de poeta en Pijama Surf: Poemas para estar en Pijama: Un detox más que necesario

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Imagen de portada: Marten Bjork / Unsplash