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Vox Populi, Vox Dei: una declaración de intenciones

Arte

Por: Javier Chávez - 09/15/2020

Con este texto inauguramos una nueva columna en Pijama Surf, dedicada a la exploración de la música popular en tanto obra de arte

En Vox Populi, Vox Dei la intención es hablar siempre del arte popular, es decir, toda obra de arte que ha sido consagrada como buena por la misma gente, lo más popular de cada género, en la música, por ejemplo, hard rock, trap, pop, indie, new wave, IDM, hip-hop, etcétera. 

Mi intención no es presentarles la música desde lo personal-emocional. Bien podría presentarles la música como algo increíble y que da vueltas en el aire, pero la verdad es que, a fin de cuentas, lo importante es que ustedes lo escuchen. De alguna manera, la música es también una experiencia, completamente personal. Sin duda, la música –y el arte en general– es algo que se sabe como bueno, cuando se conoce en carne propia. Así que claro, haré mi mejor esfuerzo por animarlos a escuchar y, en parte también, a deshacerse de prejuicios, creados por el público y adoptados por él mismo –es decir, nosotros–. El prejuicio es lo que muchas veces nos aparta de poder contemplar de manera objetiva, fuera del exclusivo gusto personal, una obra que merece y puede ser contemplada en su totalidad. Ante esto, muchos podrán argumentar que “el arte es subjetivo”, pero aunque se ha creado este prejuicio respecto a que el arte es algo subjetivo, temo informarles que esta es una idea errada, e incluso dañina. Existe objetividad en la obra, la subjetividad sí existe, pero únicamente a través de cómo la percibimos. Como sea, a fin de cuentas, ustedes serán los jueces de esto, mi trabajo está en llevarlos, de alguna manera, a descubrirlo por ustedes mismos, y, poniéndolo en palabras más románticas: abrir sus corazones a la música. Por este motivo, abordaré el arte desde:

1. La intención del artista
2. El arte desde un sentido estético 

Ambos serán los parámetros bajo los cuales presentaré tanto a los artistas como a sus obras, por lo tanto los artículos girarán y se desarrollarán en torno a estos dos parámetros.

 

1. La intención del artista

Detrás de cualquier acción o creación que nace de la persona, artística o no, siempre descansa una intención. La intención es de donde parte la vida de lo creado, la intención determina qué rumbo tomará la creación y en parte hasta dónde llegará. Esto se hace presente, de manera más “tangible”, a través de las letras en la música (sobre todo) y de entrevistas al artista; básicamente, a través del discurso hablado. Pero no sólo eso. La intención, buena o mala, creativa o destructiva, pura o no, se alinea y concuerda con la música del proyecto artístico; la música es de alguna manera el discurso no hablado. Cuando el artista es la cabeza del proyecto, aunque cuente con más productores, claro que su intención será la que predomine, e influenciará la música directamente; cuando el artista sólo está ahí como la cara del proyecto, y la música y letras son buenas, generalmente la intención que prevalece viene de algún productor, o productores, pero a fin de cuentas se suman y se alinean con la intención del proyecto; en el caso de las bandas ocurre algo similar a lo mencionado. El punto es que siempre que haya buena música habrá una buena intención de fondo, esta es una regla que siempre se cumple; pero cuando la intención no está clara, cuando es inconsistente, el reflejo se verá manifestado tanto en la carrera del artista como en su música.

Y bien, esto es a lo que trataré de llegar, para posteriormente exponerlo ante ustedes. El análisis de intención, como mencioné, lo haré a través del discurso de los artistas/productores, pero también a través del discurso no hablado del artista, es decir, la música, apoyado por principios estéticos que yacen en la obra.

 

2. El arte desde un sentido estético

Abordar la música desde la estética se refiere únicamente a evaluar con base en lo que actualmente está ocurriendo en la música, con el propósito de librarnos de las subjetividades personales. Esto para “aterrizar” el arte sin desprestigiarlo o transformarlo en producto exclusivo de nuestra percepción.

El sentido de la estética es algo que todo ser humano posee, está latente en nuestra naturaleza, no es algo con lo que sólo ciertas personas hayan nacido, o algo exclusivo de los artistas. Sin embargo, como cualquier sentido presente en el ser humano, en algunas personas está más desarrollado que en otras, y esto a su vez significa que puede ser desarrollado por cualquiera que tenga interés en hacerlo.

Para mí, el principio más básico para el desarrollo estético está en el interés. De manera indirecta, cuando nos interesamos en la creación –artística, literaria, del cine, el teatro, la música, la pintura, etc.– y profundizamos al respecto, atendiendo nuestro gusto y nuestro sentir, desarrollamos nuestro sentido de la estética, o al menos, nos abrimos a conocerlo. El sentido de la estética es parte clave y determinante en el arte, ya que es gracias a él que la creación artística ocurre y, también, gracias a él logramos contemplar lo creado. Esto es lo que realmente nos conecta con la objetividad en la obra, con la belleza que habita en el arte.

 

Pero entonces, ¿qué es la objetividad en la obra de arte? 

Los principios estéticos, en general, no sólo en la música, están gobernados por dos agentes, presentes en la naturaleza: movimiento y forma; de esto trata, a grandes rasgos, la estética. La música en particular atiende más al movimiento, sólo por el hecho de que, a diferencia de la pintura, escultura, arquitectura, la música es un vehículo del arte que se desplaza a lo largo del tiempo. Indudablemente, el tiempo es de lo que nos servimos para medir el movimiento (basta con ver a los astros). Por esa razón el movimiento es el principio más importante en la música. 

El movimiento en la música tiene que ver con cómo cada elemento se desplaza de manera individual. Más aún, el movimiento musical debe tener gracia. ¿A qué me refiero con esto? Debe poder apreciarse cómo no sólo uno de los elementos sino todos coexisten, interactúan y se complementan entre sí. No son abrasivos, no se obstruyen entre sí. Es decir: tienen gracia. Esto es lo que ideal y objetivamente puede calificarse como buen arte y, en el caso de la música, como una buena construcción musical (un concepto que al que recurriré con frecuencia).

Para que el movimiento sea calificado como bueno, debe lograr apreciarse una interacción armoniosa entre los elementos, logrando formar una unidad autosostenible –lo que, en el territorio de lo ideal, debe ser la canción–. El movimiento, acompañado por la forma (que, en términos coloquiales, es cómo suena cada elemento), logra dar vida a una verdadera obra de arte, en toda la extensión de la palabra.

La intención es más bien, como mencioné, pero quisiera remarcarlo, hacer la más cordial de las invitaciones a vivir en carne propia lo maravilloso detrás de los misterios que oculta el arte, animarlos a que presten más atención a lo que escuchan y ven. Lo dejo abierto a ustedes porque vox populi, vox dei: ustedes, el público, son los mejores jueces.

 

Twitter del autor: @JavienLaNube

 

Imagen de portada: Paisaje heroico con arcoíris (1824; fragmento), Joseph Anton Koch