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El amor ideal no existe, pero el amor creativo sí: en cada relación se inventa de nuevo

Buena Vida

Por: Jimena O. - 02/14/2020

Aunque todas las relaciones humanas son complejas, las relaciones de pareja suelen tener un lugar privilegiado

Toda sociedad y toda época tiene sus propias maneras de entender al amor, ya sea el amor entre la familia, el amor entre amigos o el amor de pareja. Sin embargo, sería importante preguntarnos cómo entendemos al amor y sus prácticas, y qué tomamos de ellas para darle sentido a nuestras propias experiencias amorosas. 

En nuestra época, los discursos que están llenos de recetas para encontrar o mantener el amor son muy comunes. Estas fórmulas construyen etiquetas que normalizan las prácticas amorosas y que nos aseguran que todos queremos lo mismo y lo queremos de la misma manera. Por ejemplo: lo que se tiene que hacer para conseguir una pareja, lo que se tiene que hacer para gustarle a tu pareja, lo que se tiene que hacer para tener una relación sana, sin dolor, sin celos, trucos para "encender la llama", etcétera.

¿Pero qué implica esto? Las etiquetas prometen y encasillan. Nos prometen llegar a una meta que parece que tiene que ser igual para todos: conseguir una pareja, tener una relación sana y duradera, o alguna otra similar. Y si alguien no lo consigue es porque no está siguiendo la receta al pie de la letra, quien no lo logra es porque algo está mal consigo mismo, lo cual muchas personas llegan a experimentar como un fracaso en su existencia. "¿Qué está mal conmigo? ¿En qué me estoy equivocando?", se pregunta la persona que sin darse cuenta vuelve individual un problema colectivo, como si la incapacidad fuera exclusivamente propia. En ese punto, cuestionamos nuestra capacidad para amar, pero no cuestionamos ni ponemos en duda la receta en la que creímos y la meta que esta nos prometió.

Las fórmulas trazan un camino conocido, seguro y lleno de certezas, porque es así y no de otra manera como las cosas deben pasar. Ese es el amor verdadero, ese es el amor ideal y ese es el amor al que todos deberíamos aspirar. Porque ese amor nos promete felicidad, reciprocidad, seguridad, comodidad. Ese amor nos promete una relación que no sea tóxica, nos promete una relación con una persona igual a nosotros que aspira a lo mismo, nos promete una relación en donde no existen los celos ni las dudas ni los conflictos propios de cualquier tipo de relación. 

Sin embargo, lo cierto es que el amor no es así. Al final esas etiquetas conforman formas ideales de vivir el amor que, no importa cuánto nos esforcemos, jamás vamos a alcanzar y ver realizadas. Paradójicamente, aun cuando el ideal es por definición inaccesible, no alcanzarlo nos provoca angustia.

Las etiquetas preestablecidas no nos permiten relacionarnos con un otro, con alguien diferente a nosotros. Nos impiden resolver todo lo que significa el (des)encuentro con el otro, se nos vuelve difícil comunicarnos con lo que es distinto. Nos impiden construir espacios de diálogo, y sin diálogos no hay acuerdos, no hay caminos para conocer a la otra persona. En pocas palabras, no hay espacio para la creatividad.

¿Qué puede tener de atractivo un camino ya trazado? En la literalidad de las certezas no hay espacio para explorarse a uno mismo, ni para descubrir al otro. En cambio, cuando dejamos de actuar en función de las promesas del amor ideal, llegamos a un lugar que nos incomoda, que nos lleva a preguntarnos por nosotros y por lo que verdaderamente queremos. Ese amor fuera de toda promesa y etiqueta nos mueve al lugar de encuentro con el otro y con la experiencia de descubrir(nos).

Las fórmulas y las etiquetas, más allá de servir como una guía, nos quitan la posibilidad de ser creativos en las relaciones que construimos, sean estas de amistad, de pareja, familiares o cualquier otra donde el amor esté implicado: nos quitan la posibilidad de buscar lo que sí queremos. 

No actuar en función de las expectativas de otros es asumir la responsabilidad de que para acercarnos al amor es necesario movernos, aceptar que no es posible obtener todo lo que quisiéramos y aprender a vivir sabiendo que la construcción de un lazo amoroso viene acompañada de angustia (pues nos encamina a nuestro deseo).

Y es ahí, en el espacio que se abre entre el ideal imposible y la realidad de lo posible, donde se pone en juego nuestra creatividad para construir relaciones. 

 

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Imagen de portada: The Ideal Man, Lorraine Sorlet