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Harold Bloom sobre la importancia de leer ciertas obras para cultivar el espíritu

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/19/2019

Uno de los grandes críticos notó que la lectura de grandes textos puede provocar una cierta cualidad de la conciencia

Recientemente murió Harold Bloom, quizá el crítico literario más influyente de los últimos tiempos, quien pretendió definir todo un canon de la literatura occidental. Bloom ha sido criticado en nuestra era de lo políticamente correcto por algunas omisiones, pero más allá de algunos excesos analógicos -siempre fue a fin de cuentas un gnóstico y un cabalista- y del pecado menor de escribir demasiado, Bloom fue un hombre generalmente consistente y de buen gusto, y uno de las más grandes lectores de literatura del último siglo. Lo cual no es lo mismo que decir que su canon deba de ser el canon. 

Bloom fue profesor por casi 50 años en Yale y autor de libros esenciales sobre autores como Shakespeare, Yeats, los poetas románticos, Emerson y otros más. Además se interesó por la religión, particularmente por el gnosticismo, el sufismo y la cábala. Acaso su injusticia o rencor más notable fue en contra de Eliot, bajo cuya sombra crítica creció.

Pero más allá del dato biográfico, lo que nos interesa aquí es la transpiración de su amor por la lectura y el poder de ciertos autores y ciertos textos para transformar el corazón del individuo y hacerlo consciente de una tradición intelectual, es decir de una herencia lúcida de la conciencia. Bloom escribió:

Cultivar la interioridad depende de leer las obres maestras de la literatura y de las escrituras religiosas del mundo.

Esta riqueza interior de la vida, de vivir con ciertos poemas, con ciertas mirada del mundo, con cierta sabiduría pero también cierta melancolía y cierta ansiedad sólo se encuentra en la lectura, en ciertas lecturas que constituyen una educación del espíritu y que no pueden soslayarse. Esa es la realidad y no puede dejarse de lado por más que se quiera ser inclusivo. Quien conoce a Shakespeare, a Virgilio, a Schopenhauer, es más rico que quien sólo ha leído a los autores de moda en su época. Por supuesto, esta riqueza no puede cuantificarse y en muchos casos es una especie de peso, pero de cualquier manera amantes y conocedores de la literatura como Bloom o Borges o Calasso nos enseñan que la literatura es lo espiritual, lo sagrado en un mundo secular que ya no accede a lo sagrado más que a través de las palabras.