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La divina inteligencia es la causa del universo

El universo siempre existió dentro del tiempo. Pero para que su existencia perpetua se sustente, para que se posibilite, para que exista «cosmos», es necesaria una inteligencia divina que le subyazga. La divina inteligencia es la causa del universo, pero una causa ontológica intemporal, no temporal. La Divinidad es causa de sí misma, autosuficiente e imperecedera, principio de todo lo que no es autosuficiente y por ende perecedero, de todo lo que necesita de otra causa para ser (lo que no se sustenta en sí mismo, perece). La Divinidad es increada, no se puede «crear» porque es intemporal, es decir, está fuera del tiempo, en la eternidad inmóvil, y para «ser creado», para que algo empiece a ser, se necesita un antes de ser y un después de no ser. Pero el tiempo no tiene potestad sobre la Divinidad, sólo sobre las criaturas, que nacen y mueren, que devienen.

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La teoría del Big Bang fue formulada por el sacerdote Lemaitre en base a apreciaciones metafísicas, además de las consideraciones físicas.

No es factible un «antes del Big Bang» porque en ese «punto» «estaba» (está, pues no se le aplica el tiempo a lo que es su causa) contenido todo, incluyendo el tiempo y el espacio. El no-tiempo es la causa ontológica de la temporalidad, pero ésta no tiene generación, dado que no es factible la existencia de un «antes» previo a ella. La teoría del Big Bang refuerza la idea de una Divinidad eterna en la que todo está contenido y que yace fuera del tiempo y es causa ontológica de éste. En ese «punto» todo se «encontraba» contenido en una Unidad indivisible que, por no tener patrón de comparación al no haber «otro», puede asimilarse a la Nada. Por eso Hipatia, metafísica neoplatónica, afirma que el Todo es la Nada, asimilando esta realidad al punto cumbre de la Divinidad, y por eso existen apreciaciones de lo Divino desde lo que concebimos (hinduismo, platonismo, zoroastrismo, etc.) y desde lo que no concebimos (budismo, y también podemos incluir en esta categoría la llamada «teología negativa» en general).

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La Divinidad no necesita de ninguna condición previa para ser, puesto que de lo contrario sería dependiente de otras causas y no podría ser considerada tal. La Divinidad es causa autosuficiente de sí misma y causa de todas las condiciones «posteriores». La Divinidad es causa del tiempo, del espacio, de la materia, de la energía, etc., pero está libre y más allá de ellas, más allá de todo lo que somos capaces de concebir: es precisamente ese «punto», esa «Nada» plena que contiene todo y de donde surge todo. La Divinidad no tiene atributos, pero es causa de todos los atributos.

 

Facebook: Sofía Tudela Gastañeta

 

Imagen: nebulosa conocida como “el ojo de Dios”