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El divino Platón: el filósofo que nació de una virgen y que fue nutrido por abejas de bebé

AlterCultura

Por: - 05/11/2019

Las mieles legendarias de Platón, el gran educador de la mente occidental

Platón no es sólo reconocido por ser el filósofo más importante de Occidente; los lectores que a lo largo de la historia han leído su griego han notado que su prosa se distingue por una cierta cualidad hipnótica, una musicalidad y un contundente poder expresivo. Mientras que es discutible si su alumno Aristóteles fue más importante como pensador, sobre todo por su lógica, es difícil disputar que como escritor ningún otro filósofo de la antigüedad se le compara.

La vida de Platón, como suele suceder con personas de tan sobresaliente genio, está envuelta en ciertas leyendas. Una de ellas lo liga con Apolo y sostiene que Platón es en realidad el hijo de Apolo, pues su madre Perictione fue impregnada en una visión o en un sueño por el dios. Algunos autores hablan sólo de un sueño ominoso en el que Apolo se le presentó, ya sea a su madre o a su padre Aristón. Encontramos en Jerónimo, el traductor de la Biblia del griego y el hebreo al latín (la Vulgata), esta afirmación: "el príncipe de la sabiduría nació de una mujer virgen". Curiosamente, se refiere a Platón y no a Jesús, siguiendo la vieja leyenda, aparentemente difundida por el propio sobrino de Platón, Espeusipo, de que fue Apolo quien impregnó a su madre Perictione con su "figuratio". También existe la leyenda de que Pitágoras era el hijo de Apolo y tenía un muslo de oro.  

Otra de las leyendas platónicas es contada por Claudio Eliano en su Varia Historia de esta manera:

Sabe que Perictione solía llevar a Platón en sus brazos. Cuando Aristón, su padre, estaba sacrificando a las musas o a las ninfas en el Himeto, el resto de la familia estaba presente para la adoración y Perictione colocó a Platón cerca de unos mirtos profusos. Cuando dormía, un enjambre de abejas colocó un poco de miel de Himeto en sus labios y zumbó su canción alrededor de él, así presagiando el poder de su palabra. 

El monte Himeto, al sur de Atenas, era famoso por ser el lugar donde se producía la más deliciosa miel y la más suave cera. Al sacrificar a las musas o a las ninfas, el padre de Platón estaba también dirigiéndose a Apolo, con quien están asociadas. La relación entre Platón y Apolo es un tema fascinante y es posible que el filósofo haya sido devoto principalmente de esta divinidad. Por su parte, Valerio Máximo sugiere que las abejas eran agentes de las musas. El zumbido de las abejas, un sonido que se repite rítmicamente y que puede llegar a incrementarse frenéticamente, fácilmente se correlaciona con ciertos estados de posesión o manía, como el que ocurría en los oráculos. Platón mismo habla de las cigarras como "espías de las musas" en el Fedro y pinta una escena en la que Sócrates es poseído por la manía divina en el calor de la mañana, cerca de una fuente de agua y mientras cantaban las cigarras.

Son frecuentes las historias de poetas que son nutridos por la miel de abejas en su infancia. Se dice también de Píndaro, y luego se dirá de Virgilio. Algunos autores creen que podría ser una apropiación literal de lo que dice Homero de Néstor, quien, según el poeta, tenía una voz meliflua.  Por otro lado, es posible que la historia tenga su origen en el conocido mito del nacimiento de Zeus en una cueva en Creta en la que fue nutrido por la miel de unas abejas, a las cuales luego recompensaría haciéndolas del color del oro. La relación entre las abejas y la divinidad o la realeza es un tema que aparece recurrentemente en numerosas culturas. 

Tradicionalmente, Platón ha sido llamado "el divino" y su persona ha sido reconocida por la tradición platónica -y en algunos casos también por la cristiana- como una irradiación del Logos, de la inteligencia divina. Más allá de estas leyendas, es indudable que en Platón tenemos uno de los puntos más altos a los que ha llegado el pensamiento humano. Platón es el gran educador de la mente occidental, el filósofo que sembró en la conciencia colectiva los tres valores trascendentales: el bien, la verdad y la belleza. Es sólo en los últimos 150 años que su pensamiento ha dejado de dominar y guiar a las personas. Quizá parte del "malestar de la cultura", de nuestra pérdida de sentido y demás, se debe a la desplatonización del mundo.

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¿Es 'Alphaville' la película que más se acerca a describir lo que le está pasando a la sociedad actualmente?

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Por: - 05/11/2019

El clásico de ciencia ficción negra de Godard es más relevante que nunca

Aunque Alphaville es considerada una de las mejores películas de Jean-Luc Godard, uno de los más grandes directores de la historia del cine, la cinta no es apreciada como se debería, especialmente por su carácter ominoso y su relevancia describiendo la distopía de la tecnocracia. De manera inquietante, actualmente nuestra sociedad se empieza a parecer cada vez más a la sociedad de Alphaville, esa ciudad interplanetaria dominada por la supercomputadora Alpha 60. Es cierto que en la película de Godard se trata de una dictadura que se mantiene en el poder reprimiendo toda disidencia, al estilo de lo imaginado por George Orwell. En cambio, nuestra sociedad se parece más a lo imaginado por Aldous Huxley: se utiliza la distracción en vez de la censura, la alienación del individuo como consumidor en vez de la disolución de la identidad en la masa. Pero Godard fue preclaro en entender que en una sociedad tecnocrática, regida por un algoritmo, el arte, la filosofía y la religión (la cultura) empezarían a desaparecer, a no ser incluidos en la ecuación

Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution (1965) es una distopía por momentos orwelliana y en otros kafkiana. Un clásico de ciencia ficción low-fi, noir, con el toque poético de Godard, lleno de pinceladas improvisadas al estilo de Cocteau. La historia sigue al detective intergaláctico Lemmy Caution, quien viaja a esta ciudad con el fin de desactivar el régimen de Alpha 60, una inteligencia artificial creada por el profesor Von Braun que rige la ciudad con poder absoluto. Lo que salta de esta sociedad es que los poetas y músicos son perseguidos y ejecutados. Se lleva a cabo un estricto control del lenguaje. Palabras como amor, poesía y conciencia han caído en desuso y los habitantes ya no recuerdan lo que significaban. Confucio notó que si se quería controlar a una sociedad, se debía controlar el lenguaje. Wittgenstein supo que los límites del lenguaje son los límites del mundo. Así, los habitantes de este lugar, al no conocer las palabras para el amor o la poesía, no logran sentir amor o vivir poéticamente. Todo se trata de la eficiencia y la pulcritud científica, y estas emociones estorban. Por ello, las computadoras las han eliminado de la red semántica. 

Las computadoras no entienden qué es la poesía y el amor, y el mundo se parece cada vez más a las computadoras. Las emociones humanas no entran en la ecuación. Lo que ocurre en Alphaville está ocurriendo en nuestra sociedad, según Douglas Rushkoff. Una mezcla de tecnocracia, dataísmo (la creencia en que el ser humano y el mundo es información y en que los datos son la solución para todo) y capitalismo corporativo hace que lo auténticamente humano no entre en la ecuación. Los algoritmos que son empleados en las plataformas digitales refuerzan los aspectos particulares del cerebro reptiliano, los instintos de huir o luchar y emociones como el miedo, el enojo, la inseguridad y el deseo lascivo, pues éstos permiten que las personas sean mejores consumidores. Los modos más altos de la mente humana, la creatividad, la compasión y el pensamiento contemplativo, no entran en la ecuación. Puesto que los algoritmos empiezan a ser poderosas herramientas de persuasión, es posible que progresivamente nos parezcamos más a este modelo, a este simulacro de nosotros mismos creado por el Big Data. A esto se suma que la sociedad humana, por su propia cuenta, le otorga cada vez menos valor intrínseco al arte, la filosofía y la religión y concibe al ser humano fundamentalmente como información, y no como un cuerpo-alma o siquiera como una conciencia encarnada. La conciencia y el espíritu son reemplazadas por la información. Lo cual abre la puerta para que el ser humano sea reemplazado por robots.

Rushkoff sugiere que la solución a nuestro problema ecológico, espiritual y moral, tan estrechamente ligado a este paradigma tecnocrático, no pasa por más tecnología, sino por la auténtica conexión humana. Una conspiración humana: respirar juntos y pensar y crear juntos un futuro humano. Lo mismo ocurre en Alphaville: es a través del amor, de la poetización de la existencia y de la conexión humana, que Lemmy Caution logra destruir Alphaville, ayudado por la hija del profesor Von Braun, Natasha, quien tiene una anamnesis de su humanidad. El detective le enseña lo que es el amor y ella luego lo salva. Esta ciertamente es una licencia romántica de la película, pero pese a su romanticismo, no deja de ser una buena lección. Para conectarnos con nosotros mismos y con los otros es necesario empezar a desconectarnos de la tecnología digital, al menos un poco. Lo suficiente como para tener momentos no mediados, de atención plena, en los que es posible que ocurran el rapport y la resonancia. Esto podría sonar un tanto hiperbólico y hasta apocalíptico, pero si el transhumanismo -la "filosofía" de vanguardia en gran parte de Silicon Valley- logra apuntalarse, no es exagerado decir que el ser humano tendrá que luchar por su humanidad, por su esencia, en contra de las máquinas y de una cierta élite que concibe al ser humano como meramente un paquete de información al cual puede hacérsele un "upgrade" y quizá, como ha sugerido Yuval Noah Harari, desechar a aquellos modelos deficientes o menos afortunados.