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Estas son las 5 características de la auténtica riqueza, según el filósofo Boecio

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/28/2019

La verdadera riqueza debe crear belleza, no falsas necesidades

El filósofo cristiano neoplatónico y senador romano Boecio es uno de los grandes pensadores de la época medieval, enormemente influyente entre pensadores cristianos como Tomás de Aquino y el Maestro Eckhart. Boecio es famoso sobre todo por su Consolación de la filosofía, uno de los grandes clásicos de la filosofía religiosa, escrito en el siglo VI, cuando había sido encarcelado y poco antes de ser ejecutado por cargos de conspiración. Boecio fue traductor de Aristóteles y Platón y su obra fue uno de los vínculos entre la Antigüedad y la Edad Media. El texto discurre en una conversación entre Boecio y la Dama Filosofía que lo consuela, notando el aspecto transitorio de la fama y la riqueza, revelando que el único y último bien es la divinidad, y argumentando además que la felicidad no depende de factores externos o contingentes, sino que es algo interno que participa en lo eterno.

El mismo Boecio perdió sus riquezas, acusado de conspirar contra el rey ostrogodo, y murió en prisión. Fue aquí que reflexionó sobre la verdadera riqueza. El divulgador de filosofía clásica Mark Vernon resume el concepto de riqueza de Boecio en cinco puntos:

1. La riqueza es lo que uno posee (no como una posesión material, sino como experiencia, como alma o individuo). No es una convención social o un regalo de la fortuna. 

2. La riqueza nunca dice "sólo hay esto para compartir" (es siempre generosa y desapegada).

3. Satisface necesidades y no genera más necesidades. 

4. Te hace más fuerte y no te hacer servirla a ella.

5. Produce belleza.

Así que la riqueza es un buen sirviente, pero un pésimo amo. Boecio criticaba ya en su época a aquellos que hacían de los bienes materiales fines y no instrumentos -algo que es muy patente actualmente-. Asimismo, es de notarse la forma en la que la riqueza y los bienes materiales que adquirimos o consumimos, en vez de satisfacer nuestras necesidades y liberarnos para crear belleza, suelen atarnos y crear más necesidades (necesidades que no son congénitas).

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Por qué dijo Heidegger que la ciencia no piensa y no puede pensar

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/28/2019

Heidegger sobre qué es el auténtico pensamiento y por qué la ciencia carece de él

Martin Heidegger dijo polémicamente, en una serie de conferencias en Friburgo en 1951 (que serían agrupadas en el libro ¿Qué significa pensar?), que "la ciencia en sí misma no piensa, y no puede pensar". Heidegger hablaba ante un grupo de científicos y él mismo señaló que no intentaba atacar a la ciencia pero sí, evidentemente, marcar una diferencia entre la ciencia y la filosofía y la poesía, diferencia que sólo puede entenderse una vez que se explora lo que Heidegger quería decir con pensamiento, pues su entendimiento de esta palabra es mucho más profundo del que generalmente se tiene.

En 1969, Heidegger habló sobre esto en una entrevista con Richard Wisser:

Esa frase, "la ciencia no piensa", que causó gran sensación cuando la dije en una lección en Friburgo, significa: la ciencia no se mueve en la dimensión de la filosofía, pero está, sin que ella lo sepa, referida a esa dimensión. Por ejemplo, la física se mueve en espacio, tiempo y movimiento; lo que sea movimiento, lo que sea espacio, lo que sea tiempo, no lo puede decidir la ciencia en cuanto ciencia; entonces, la ciencia no piensa; no puede en este sentido pensar con sus métodos. Yo no puedo, por ejemplo, con métodos físicos decir lo que sea la física. Lo que sea la física yo sólo lo puedo pensar a la manera del preguntar filosófico. La frase "la ciencia no piensa" no es ninguna objeción, sino solamente una constatación de la estructura interna de la ciencia; a su esencia pertenece que ella esté referida, por una parte, a lo que piensa la filosofía y, por otra parte, ella misma, sin embargo, olvida esto que hay que pensar y no lo considera.

En otro lugar, Heidegger equiparó a los filósofos con los pensadores. De aquí entonces que distinga a la ciencia -incluyendo todas las ciencias sociales y demás- del pensamiento, que es un quehacer eminentemente filosófico. La ciencia no puede pensar su propia esencia, se ocupa de las cosas, de lo óntico, no del ser en sí. Recordemos que Aristóteles había considerado a la filosofía la más alta disciplina, la madre de las ciencias, justamente porque lo suyo era el pensar las causas primeras, y sobre todo, la esencia o el ser. En otra parte, Heidegger dice: "Si las ciencias por sí mismas pudieran encontrar en sí lo inabarcable citado, tendrían ante todo que estar en condiciones de concebir su propia esencia. Pero ellas no están nunca en condición de hacerlo". En la primera conferencia de 1951 en Friburgo, Heidegger había notado que "las ciencias nacieron de la filosofía", pero se separaron, y "ya no pueden, por su propio poder como ciencias, hacer el salto de regreso a la fuente de la cual brotaron". Lo cual significa que la ciencia, pensando científicamente -y no en el sentido de pensamiento que Heidegger considera el auténtico pensamiento, el cual es filosófico-, no puede regresar a su origen y no puede descubrir su esencia, ni mucho menos el Ser en sí. La ciencia moderna, de hecho, dice Heidegger, pertenece a la dimensión de la esencia de la tecnología moderna. Una tecnología que concibe al mundo de manera instrumental o utilitaria, y no esencial, como una serie de objetos que están a disposición de nosotros. Este es un ejemplo que da en su libro sobre la tecnología: el hombre del bosque ya no se encuentra con un árbol poéticamente, como algo en lo que el Ser pueda brillar o desocultarse, lo ve como un medio para algo más, ya sea como posible leña o papel (y dinero) o como algo que le rinda un beneficio (hoy diríamos, como un objeto de wellness, que mejore su salud). Esto evita el encuentro desnudo con el Ser.

¿Pero qué es, entonces, el pensamiento para Heidegger? Heidegger acerca el pensamiento al Ser mismo y de la misma manera que lo que caracteriza a nuestra época es el olvido del Ser en sí -diferenciado de los entes- también la caracteriza el olvido del pensamiento, el no pensar realmente. Y en esto Heidegger incluye a la forma en la que hemos hecho filosofía después de Sócrates. Para pensar, dice Heidegger, hay que desaprender lo que hemos aprendido, eso es el pensamiento. Hay que hacer una vía negativa (y Heidegger, como notó el filósofo Christos Yannaras, está muy cerca en algunos aspectos del pensamiento apofático de Dionisio Aeropagita). El pensamiento no es la opinión, el cálculo, el raciocinio ni el concepto. Como dice el traductor de Heidegger al inglés, J. Glenn Gray:

Para Heidegger pensar es una respuesta de nuestra parte a un llamado que surge de la naturaleza de las cosas, del Ser en sí mismo... Pensar no es tanto un acto como una forma de vivir o morar... Es un recordar quiénes somos como seres humanos y a qué lugar pertenecemos. Es un reunir y enfocar todo nuestro ser en lo que yace ante nosotros y llevar a nuestra mente y corazón esas cosas particulares que aparecen ante nosotros para así poder descubrir en ellas su naturaleza y verdad esencial.

Tenemos aquí una especie de método contemplativo en el que la persona no es pasiva, sino que participa en la revelación del Ser, de la verdad esencial que se hace tangible en lo particular. El término clave sería "desencubrimiento" o "desocultamiento", pues el Ser se ha retirado, pero aun así nos llama y su evento es posible si se tiene una actitud de apertura. Este es el significado de la palabra griega para "verdad": "aletheia", literalmente un "des-cubrimiento" o un "desolvido". Y este evento de la verdad Heidegger lo iguala con la belleza, que es la luminosidad del ser:

Esta verdad es llamada belleza. La belleza es un ominoso regalo de la esencia de la verdad, y aquí verdad significa desocultamiento de lo que estaba cubierto. La belleza no es lo que place, sino lo que queda dentro del regalo ominoso de la verdad que llega a ser cuando aquello que es eternamente no aparente y por lo tanto invisible adquiere su más radiante apariencia aparente. 

Es por esto que la ciencia, por su método, que Goethe comparó con una especie de violación de la naturaleza, no puede pensar, no puede abrirse a esta contemplación del Ser que requiere más que de una acción o de un ir hacia la cosa para forzarla a mostrarse, de un vaciamiento y de una espera. Una espera que sin embargo no es del todo pasiva sino un estado de atención que Heidegger incluso, haciendo un juego de palabras, llamó gratitud. Pues, siguiendo el sentido que se encuentra en el pietismo cristiano, denken ist danken, pensar es agradecer. Agradecer la gracia del Ser, el regalo del Ser que se revela en este instante -si tuviéramos ojos para ver, oídos para escuchar y, en el sentido del último Heidegger, la palabra de la tierra para residir-.