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Ser políticamente correcto podría estar encubriendo los verdaderos problemas sociales

Política

Por: Pijamasurf - 03/25/2019

Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, explica en una de sus posturas más controvertidas que el sistema de lo políticamente correcto es tan sólo un encubrimiento de los verdaderos problemas de la sociedad

Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural esloveno, ha sido llamado el “Elvis de la filosofía” y es una auténtica estrella académica. Una de sus posturas más controversiales es la que considera que el sistema de lo políticamente correcto es un encubrimiento de los verdaderos problemas. Y la opción de introducir una suerte de racismo consciente en la conversación, una gran opción.

Žižek no considera que las personas que tratan de ser políticamente correctas tengan una intención oculta o malvada, pero sí que ese sistema de corrección les impide llevar el verdadero problema a la superficie. A un lugar en donde el racismo, el sexismo y un largo etcétera pueden ser resueltos, en lugar de ser guardados bajo peligrosas capas de tolerancia. Al filósofo, el tema mismo de la tolerancia le parece engañoso.

La verdadera aceptación del “otro” queda truncada ante la falsa noción de la tolerancia. Una que para el esloveno traduce la dominación que permite el racismo en términos aceptados socialmente. Ser tolerante es absolutamente ambiguo y en realidad no lleva implícita la aceptación o el respeto que viene del conocimiento, más bien es un acto de “tolerar” que el otro exista, mientras esté a una distancia prudente. La tolerancia implica una aceptación a medias para cumplir con lo que la sociedad espera de nosotros. De nuevo, la corrección política.

Al conocer a alguien, en especial si la persona en cuestión es diferente, todo el peso de lo políticamente correcto cae invisible pero implacable sobre la conversación. Nadie quiere ofender a nadie y la tensión flota en la superficie de las cosas no dichas. Para Žižek, ninguna verdadera relación de intimidad surge sin abordar esos temas escabrosos, razón por la que defiende las bromas racistas como un gran método para romper el hielo.

Con las bromas racistas, el filósofo habla de un racismo ligero que permite reír de los prejuicios –propios y ajenos– en una conversación, pues hay más honestidad en abordarlos abiertamente que en negar que existen. Resolver la tensión del racismo implica, en gran medida, ponerlo sobre la mesa, llevarlo a la conversación. Sólo así podremos resolver los problemas reales en lugar de ocultarlos. Y nos evitaremos los discursos elegantes y educados que parecen no ofender a nadie, pero guardan más rechazo que una broma abierta.

Žižek plantea el sistema que nos obliga a ser políticamente correctos como una medida desesperada al saber que el problema real no puede ser resuelto. Una que vuelve socialmente inaceptable hablar del problema, y lo condena al ostracismo. El verdadero movimiento que venza al racismo sería uno que permitiera hacer exactamente las mismas bromas sin ser considerado racista.

Desde las conversaciones en grupos pequeños hasta los discursos políticos que tratan de ajustarse a los estándares de corrección, hay siempre un fuerte dejo de condescendencia. Žižek pone el ejemplo de una persona blanca que critica la sociedad de consumo actual y alaba a los indios nativos por su maravillosa visión holística y espiritual. En una lectura superficial, la persona en cuestión cumple con todos los parámetros sociales aceptables que traen consigo la idealización de una raza oprimida. Y en esa idealización condescendiente está el verdadero problema.

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Política

Por: pijamasurf - 03/25/2019

La crisis en Venezuela llega a su punto de ebullición, al tiempo que Trump apoya como nuevo presidente a Juan Guaidó y pide organizar un frente democrático en torno a este joven líder

Este miércoles estalló una crisis de protestas e intrincadas maniobras de políticas en Venezuela. Minutos después de que el líder de la oposición, Juan Guaidó, se autoproclamara presidente legítimo de Venezuela en un mitin dentro de una masiva ola de protestas, Donald Trump emitió un comunicado reconociendo a este relativamente desconocido político como presidente. Guaidó tiene apenas 35 años y es egresado de la Universidad George Washington, que tiene su sede en la capital de Estados Unidos.

Una serie de países como Brasil, Colombia, Perú, Argentina, Chile, Ecuador y otros siguieron a Trump poco después. Defensores del gobierno de Maduro y el mismo presidente hablaron de un virtual coup d'État organizado por Trump y pidieron al pueblo que rechace ser gobernado por "un títere de Washington". Uruguay y México emitieron un comunicado afirmando una política de no intervención, sin reconocer a Guaidó.

La situación de México es especialmente delicada, ya que por una parte está la presión de Trump y por otra la presión interna que cuelga sobre el presidente López Obrador, quien ha sido acusado por sus detractores de un populismo al estilo de Maduro y atacado por los posibles efectos negativos que esto puede tener para la economía. La BBC señala que México, Bolivia y Cuba han expresado "apoyo" a Maduro, sin especificar qué significa ese apoyo. El comunicado conjunto de México y Uruguay no hace expreso su apoyo a Maduro y defiende una no intervención, pero acaso la omisión es interpretada como tácita afirmación. A la par de la crisis, que llega a su punto de ebullición, empieza a haber una polarización mediática y un tenso juego diplomático.

Por su parte, Rusia, aliada de Venezuela, crítico la acción estadounidense y acusó a Estados Unidos de querer organizar la nueva "revolución de color", como antes en Ucrania y Georgia.

Estados Unidos ha mencionado posibles sanciones comerciales contra Venezuela, ha reiterado que sus diplomáticos permanecerán en el país -ya que no reconocen la expulsión de Maduro- y ha amenazado con que si éstos sufrieran cualquier daño, responderá enérgicamente.

Aunque Guaidó llamó a las fuerzas militares a desobedecer el mandato de Maduro, los militares han mantenido públicamente su apoyo a Maduro. Algunos periodistas extranjeros acusan a Maduro de sobornar a la milicia y especulan que si bien los altos mandos apoyan a Maduro, los generales de más bajo rango podrían empezar a rebelarse.