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¿Es la cannabis buena o mala para la salud mental? Esto es lo que dice la ciencia

Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 02/14/2019

No queda muy claro; sin embargo, existen indicios de que la cannabis puede ser usada terapéuticamente con importantes beneficios

Sin duda, una de las fuentes medicinales más importantes se encuentra en las plantas. Sin embargo, es posible distinguir dos grandes posturas frente este hecho. Por un lado, la industria farmacéutica y la medicina alópata evitan el contacto directo con la fuente, ya sea en forma de tés, infusiones, preparados e incluso a través de la alimentación, ya que se basan en el procesamiento industrial. Por otro lado, la herbolaria, la medicina alternativa y el conocimiento empírico, cuando no son difundidos adecuada o responsablemente, hacen creer a las personas que el consumo de plantas no representa ningún riesgo o efecto no deseado para la salud.

En el caso de la planta de cannabis, sus efectos terapéuticos en el corto y largo plazo no son del todo claros, especialmente en cuanto a salud mental se refiere. De acuerdo con Jonathan N. Stea, (PhD y psicólogo clínico del Centro de Adicciones de Alberta, Canadá), esta planta contiene más de 500 componentes químicos identificados. Cuando éstos se ingieren, interactúan con una red de comunicación que se encuentra tanto en el cuerpo como en el cerebro. Como resultado, las diferentes combinaciones de dosis afectan muchos procesos fisiológicos y psicológicos de diferentes maneras, incluyendo la función gastrointestinal, el apetito, el dolor, la memoria, el movimiento, la inmunidad, la inflamación y la salud mental.

Actualmente, la cannabis promete ser un medicamento potencial para muchas enfermedades. La mala noticia es que no se sabe con certeza hasta qué grado. Esta preocupación es particularmente cierta con respecto al tema de la salud mental, por el cual la cannabis se ha promocionado en los medios como un tratamiento eficaz para una variedad de afecciones psiquiátricas como depresión, ansiedad, estrés postraumático, psicosis y adicción. Si bien es real este potencial terapéutico, es fundamental tener en consideración la forma en que esta planta se cultiva y procesa en una época en la cual la agricultura industrial y la manipulación genética es la regla.

Stea sostiene que la cannabis no se puede encasillar como estrictamente útil o perjudicial. En cambio, una discusión significativa sobre sus beneficios y daños potenciales requiere una consideración cuidadosa de la literatura científica y de la evidencia empírica junto con una actitud lo menos prejuiciada posible.

Y es que los beneficios o daños del consumo de cannabis se relacionan con diversos factores, como la frecuencia de consumo y el tipo de cultivo. Por ejemplo, con respecto a la depresión, algunas personas sienten que la cannabis puede ayudar con sus síntomas. Pero hasta la fecha no se han realizado ensayos controlados sobre esto. Además, para otras personas, el consumo empeora sus síntomas depresivos. Por lo tanto, estos hallazgos no son satisfactorios pues algunos sugieren la posibilidad del desarrollo de medicamentos de cannabis para la depresión, mientras que otros advierten contra el uso de cannabis automedicado para la depresión. La misma contradicción se ha encontrado en casos de estrés postraumático.

Y la razón de esta contradicción quizás se relacione con la forma en que se ha modificado la proporción de las sustancias activas que se encuentran en esta planta: “en general, se ha demostrado que el THC produce ansiedad y características psicóticas, especialmente en dosis más altas, mientras que se ha demostrado que el CBD produce efectos ansiolíticos y antipsicóticos”. 

Es posible que al consumir variedades de mariguana más fuertes -como algunas cepas de diseño que se pueden encontrar en algunas ciudades-, apretemos botones en el tablero del cerebro sin saber a ciencia cierta qué efectos se producirán a largo plazo. Mientras tanto, la medicina convencional empieza a considerar al CBD como una sustancia terapéutica y “aceptable” por no tener efectos psicoactivos, pues sigue siendo un estigma social la posibilidad de alterar nuestro estado de conciencia en pos de algún tipo de descubrimiento significativo o recreativo.

Así que hay buenas probabilidades de que la paranoia, el apagón mental y la falta de memoria a corto plazo que en ocasiones puede percibirse con ciertas variedades de mariguana no sean necesariamente un efecto de la planta como tal sino, al menos en algunos casos, de los estigmas y la publicidad que rodean a la planta, tal y como ocurre con las crecientes alergias a los alimentos, al gluten y los alimentos altamente procesados. 

Evidentemente, un factor determinante en los efectos de la cannabis en la salud mental es la frecuencia de uso, pero podría haber otro factor igual de importante y aún más significativo: el propósito y la intención con las que se usa.

Stea menciona:

Desde una perspectiva psicológica, el motivo de una persona detrás del consumo de cannabis es importante. La investigación ha demostrado que cuando las personas usan la sustancia para escapar de emociones incómodas, pueden experimentar dificultades con la salud mental y la adicción. Las sustancias que alteran la mente de manera aguda, como los productos de cannabis con alto contenido de THC, en el lenguaje de la psicología del comportamiento, pueden implicar un refuerzo positivo, pero también negativo.

Y añade:

En un lenguaje más simple, esto significa que la cannabis puede recompensar al mejorar los sentimientos positivos y también puede ser un alivio en la medida en que puede eliminar casi inmediatamente la experiencia de emociones incómodas. Pero los tratamientos psicológicos basados ​​en la evidencia de muchas afecciones psiquiátricas implican el aprendizaje de habilidades para confrontar y aprender a aceptar emociones difíciles, no para evitarlas. Si la cannabis se usa para evitar emociones, pensamientos y recuerdos incómodos, puede llevar al empeoramiento de los síntomas.

Para Stea, la discusión sobre la cannabis a menudo se polariza por su carga emocional y política. Para la sabiduría ancestral, hay dos condiciones básicas para acceder a las plantas maestras: respeto y cuidado.

 

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Eran otros tiempos. Hoy, pese al boom de las microdosis de psicodélicos, algo así parece imposible. Al menos, por el escrutinio de los medios. En 1970 el lanzador de los Piratas de Pittsburgh, Dock Ellis, lanzó un juego sin hit en LSD. Lanzar un juego sin hit es algo sumamente raro, y constituye la gran proeza de un lanzador. Hacerlo bajo los efectos del LSD resulta algo trascendental, aunque quizá no necesariamente más difícil para un buen psiconauta. La historia, que es relatada en esta fabulosa animación, es la siguiente:

Los Piratas estaban enfrentando una serie contra los Padres de San Diego; Ellis pidió el día libre para ir a casa, ya que no lanzaba. Era 1970 y, evidentemente, se trataba de la época de la psicodélica en todo su esplendor. Calculando que no tenía que lanzar, Dock tomó una dosis triple de LSD "Purple Haze" en el aeropuerto. Al día siguiente se despertó y la novia de su amigo le dijo que qué hacía ahí si tenía que lanzar "hoy". Ellis le respondió que lanzaba "mañana" y no le creyó, pues había tomado otra dosis de ácido lisérgico esa mañana, pero ella le mostró el diario donde decía que Ellis era el pitcher para el juego de ese día. Al parecer, Ellis había padecido el clásico caso de tiempo faltante. Subió al aeropuerto y se dirigió a San Diego. Ya en el estadio, Ellis sumó a su trip un poco de anfetaminas "greenies", la droga que todos usaban en ese entonces (antes de la fiebre de los esteroides), aceptada tácitamente. (Se decía que los jugadores de béisbol pasan buena parte del juego en el dugout -o drugout-, así que para lograr concentrarse durante los pocos minutos que entran en acción, optan por un estimulante que los mantenga en una cresta constante de atención).

Estando presumiblemente en la "zona", Ellis lanzó todo el juego en la zona de strike y logró hacer un juego sin hit, uno de los 299 de la historia de las Ligas Mayores hasta hoy en día (en promedio, unos dos al año). El juego fue acompañado por una bruma mística y Ellis de alguna forma consiguió enfocar la zona de strike en medio de alucinaciones espaciales, paranoia y delirios fantásticos (cuando hizo un out en primera base, pensó que había anotado un touchdown). Pese a su extraño comportamiento, Ellis fue apoyado por un buen fildeo de sus compañeros y consiguió realizar una extraordinaria proeza ("el más grande logro atlético jamás realizado por un hombre en una odisea psicodélica"). Si muchos de los éxitos de algunos beisbolistas que tomaron esteroides han sido enlistados con un asterisco, el no hitter de Ellis debería tener más bien una exclamación, celebrando su capacidad psiconaútica de templar los demonios iridiscentes del ácido y utilizarlos a su favor.

 

47 aniversario del no hitter de Dock Ellis (Sports Illustrated)