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El escritor que dejó el Adderall y el Xanax a partir de un viaje de psilocibina

Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 02/15/2019

Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica

Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica. Estadounidense de ascendencia china taiwanesa, combina los referentes de la cultura pop y los anhelos profundos que remiten a la filosofía oriental. Entre sus libros más famosos se encuentran Trip (Viaje) y Tai Pei (Taipéi), en donde comparte, desde sus álter egos, su experiencia en horas de vuelo:

En la primavera de 2010, cuando tenía 26 años, comencé a usar Adderall, Xanax, oxicodona y otras drogas farmacéuticas. Durante 2 años traté constantemente de usar menos drogas mientras usaba cada vez más. Sentía cada vez más desesperación, preocupación y desesperanza. Para el año 2012, las situaciones sociales requerían por lo menos de cafeína, un estimulante farmacéutico o una benzodiazepina. Sabía que al día siguiente me sentiría terrible, suicida. Parecía que ya no podía disfrutar de nada a menos que tomara dos o más medicamentos fuertes, si me encontraba solo.

Durante esos años oscuros, utilicé LSD y psilocibina unas 20 veces. Sus efectos me sorprendieron y alentaron. Ellos me sacaron de mis hábitos temporalmente (como revolcarme en la depresión y usar píldoras para sentirme menos mal), me hicieron sentir más sano. Pero mi problema con las drogas y mi sombría visión del mundo (me había suscrito vagamente al existencialismo, que me dijo que debía crear mi propio significado en un universo indiferente) superó mis experiencias psicodélicas y todavía me sentía atrapado en una confusión indefensa. Me sentía incapaz de dejar de usar píldoras o encontrar un significado convincente en la vida.

En septiembre de 2012, me encontré con el difunto promotor de psicodélicos Terence McKenna en YouTube. McKenna promovió específicamente los psicodélicos de las plantas, que han sido probados por siglos: cannabis, psilocibina, DMT, ayahuasca, salvia divinorum. Alentó a las personas a usar psicodélicos en soledad, en la oscuridad silenciosa, después de mucha planificación y lectura, lo opuesto a lo que yo había hecho pues los probaba en público, con amigos, después de poca o ninguna investigación.

11 meses más tarde, en agosto de 2013, solo en mi estudio en Manhattan, a las 12:50am, con más intención y conocimiento que en mis viajes anteriores, tomé mi primera dosis pesada de psilocibina: 2.5 gramos de una especie desconocida y seca. La tomé sabiendo que, al menos, cambiaría severamente mi perspectiva durante unas horas, me haría sentir menos deprimido, compulsivo y neurótico durante días y me interesaría en la vida durante 1 semana o más. También sabía que podría motivarme a hacer las cosas que quería hacer, y que, por algún motivo, incluida la falta de inspiración, todavía no había hecho.

A la 1:44am, me sentí saliendo de la Tierra de una manera inquietante, como si estuviera en un barco que partía de un lugar que asumí como el único lugar. Me senté con las piernas cruzadas en el suelo y bajé los párpados. Me sorprendió gradualmente, durante unos 20 segundos, encontrarme en una extensión desconocida, reluciente y celestial. Queriendo explorar, traté de mover mi perspectiva como si tuviera un cursor, pero parecía que no podía moverme. Reconocí que probablemente podría explorar mejor este lugar con una dosis mayor, en un viaje futuro, con una mente y un cuerpo más sanos.

Alrededor de las 2:40am, me moví a mi cama, donde me senté con las piernas cruzadas y sollozando, dándome cuenta de que finalmente iba a terminar años de un abuso de drogas cada vez menos placentero. Me había dado cuenta de esto antes, pero nunca con confianza. Lloré pensando en cómo me iba a distanciar de todo, excepto de los libros y quizás de las películas para vivir solo en un área rural. Me sorprendió poder decidir qué hacer en términos de años y décadas, en lugar de horas y días, como si las decisiones fueran literarias.

A las 3:46am, tuiteé: “Estoy dejando atrás toda esta mierda de juego. Estoy riendo. No sé qué es lo que estoy dejando atrás en términos específicos, pero lo estoy eliminando”. Mi tercera novela, Taipéi, había sido publicada 2 meses antes. Pensé en la fiesta de lanzamiento, donde recibí regalos de botellas de medicamentos a medio llenar que quería dejar de usar. Al principio, mi recuperación se centraría en la eliminación de estos medicamentos farmacéuticos, pero se propagaría gradualmente a otros elementos ambientales que no me sirvieron de nada: radiación electromagnética, alimentos nocivos, pesticidas y otras toxinas, anuncios.

Alrededor de las 5:40am, casi 5 horas después de comer hongos, regresé del viaje y me sentí un poco frenético porque quería apresurarme mientras aún me sentía motivado para “abandonar la sociedad”, ése fue el mensaje principal de mi viaje. Eliminé Tumblr y Facebook de mi empresa editorial, luego mi cuenta personal de Twitter y Facebook. Una parte de mí se sentía sorprendida y la otra no. A menudo había querido hacerlo, pero nunca logré eliminar mis cuentas en esos sitios web.

A las 6:01am, eliminé mi blog y el sitio web principal, taolin.info, reemplazándolo con cuatro párrafos en letras mayúsculas. El primer párrafo fue el más largo:

“BORRÉ LA PÁGINA PRINCIPAL DE MI CUENTA DE GMAIL... TODOS LOS CORREOS ELECTRÓNICOS. OFICIALMENTE NO TENGO MEMORIA... AMO A MI FAMILIA, MIRARÉ HACIA ADELANTE AL PASAR EL TIEMPO CON ELLOS Y UNOS POCOS AMIGOS. TODOS LOS DEMÁS: JAJAJA ADIÓS, JESÚS... NO EN UN MAL SENTIDO... OK. JESÚS…”.

Consideré eliminar mi cuenta de Gmail por completo. Sentí que necesitaba apresurarme para cumplir mi plan o, de lo contrario, no sucedería. Como mi determinación y mi visión se irían, probablemente racionalizaría que era mejor no hacerlo. Entonces, puse mi MacBook en una bolsa de basura y puse la bolsa en un contenedor público de basura a dos cuadras de distancia.

Más tarde ese día, después de una siesta, comencé a sentirme melodramático y falso. ¿Por qué me sentía avergonzado por intentar dejar una vida que cada vez más temía y odiaba? La eliminación de mi computadora, la eliminación de partes de mi presencia en Internet y la publicación de un mensaje similar a la jubilación en mi sitio web eran comportamientos preciosos y raros que no quería disminuir, menospreciar o ignorar. Quería premiarlos y no olvidar cómo me hacían sentir.

En los siguientes días y dado mi deseo de dejar inmediatamente a la sociedad, dudé de la sabiduría de mi plan. Parecía más sabio, más efectivo, serio y considerado, menos frenético, beligerante y enloquecido, que esto se fuera dando de forma lenta, paciente y cuidadosa. Comencé a ver que mi deseo no se debilitaba, sino que se transformaba de un arrebato aislado a un tema importante y de toda la vida.

Dejaría la sociedad (sus drogas, lenguaje, ideas, hábitos, opiniones y sitios web) en un proceso gradual de evolución. Usaría psicodélicos, libros, mi historia, mi mente y mi cuerpo para seguir aprendiendo. Llenaría mi inconsciente con más de mis experiencias de la naturaleza y menos de la cultura y sus jerarquías para no hundirme. Como en arenas movedizas, pero sin una lucha direccional, volví a la vida que una vez quise dejar.

1 mes después, en septiembre de 2013, comencé a consumir cannabis a diario. Comencé a usar menos Adderall y Xanax, más psilocibina y LSD. En 2014 comencé a escribir mi cuarta novela, Leave Society (Dejar la sociedad). En 2016, cuando ya había dejado de consumir drogas farmacéuticas y me había vuelto adicto a aprender de libros de no ficción, cambié mi dieta y mi consumo cultural y otros hábitos y continué alimentando mi interés cada vez mayor en la naturaleza y los psicodélicos. Puse la novela en espera y escribí Trip, donde examiné mi viaje de psilocibina en detalle, dándole más poder para seguir influyendo en mi vida.

Los psicodélicos catalizan el cambio, pero no indefinidamente y no sin estrategias. Para mí, eso significa tomar apuntes, escribir autobiográficamente, amigos, nutrición, desintoxicación, ejercicio, dormir, leer y volver a examinar ideas que inconscientemente había absorbido de la sociedad. Pero sin ese viaje de psilocibina que me ubicó tan lejos en un solo día y que me llevó a un lugar donde pude decidir qué hacer con los siguientes 5 o más años de mi vida, habría tardado en llegar a mi camino otros 10 o 20 años, o quizás no habría llegado nunca.

Lee artículo en inglés en Medium

Imágenes de Tao Lin: https://highexistence.com/tao-lin-interview-trip/

 

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Eran otros tiempos. Hoy, pese al boom de las microdosis de psicodélicos, algo así parece imposible. Al menos, por el escrutinio de los medios. En 1970 el lanzador de los Piratas de Pittsburgh, Dock Ellis, lanzó un juego sin hit en LSD. Lanzar un juego sin hit es algo sumamente raro, y constituye la gran proeza de un lanzador. Hacerlo bajo los efectos del LSD resulta algo trascendental, aunque quizá no necesariamente más difícil para un buen psiconauta. La historia, que es relatada en esta fabulosa animación, es la siguiente:

Los Piratas estaban enfrentando una serie contra los Padres de San Diego; Ellis pidió el día libre para ir a casa, ya que no lanzaba. Era 1970 y, evidentemente, se trataba de la época de la psicodélica en todo su esplendor. Calculando que no tenía que lanzar, Dock tomó una dosis triple de LSD "Purple Haze" en el aeropuerto. Al día siguiente se despertó y la novia de su amigo le dijo que qué hacía ahí si tenía que lanzar "hoy". Ellis le respondió que lanzaba "mañana" y no le creyó, pues había tomado otra dosis de ácido lisérgico esa mañana, pero ella le mostró el diario donde decía que Ellis era el pitcher para el juego de ese día. Al parecer, Ellis había padecido el clásico caso de tiempo faltante. Subió al aeropuerto y se dirigió a San Diego. Ya en el estadio, Ellis sumó a su trip un poco de anfetaminas "greenies", la droga que todos usaban en ese entonces (antes de la fiebre de los esteroides), aceptada tácitamente. (Se decía que los jugadores de béisbol pasan buena parte del juego en el dugout -o drugout-, así que para lograr concentrarse durante los pocos minutos que entran en acción, optan por un estimulante que los mantenga en una cresta constante de atención).

Estando presumiblemente en la "zona", Ellis lanzó todo el juego en la zona de strike y logró hacer un juego sin hit, uno de los 299 de la historia de las Ligas Mayores hasta hoy en día (en promedio, unos dos al año). El juego fue acompañado por una bruma mística y Ellis de alguna forma consiguió enfocar la zona de strike en medio de alucinaciones espaciales, paranoia y delirios fantásticos (cuando hizo un out en primera base, pensó que había anotado un touchdown). Pese a su extraño comportamiento, Ellis fue apoyado por un buen fildeo de sus compañeros y consiguió realizar una extraordinaria proeza ("el más grande logro atlético jamás realizado por un hombre en una odisea psicodélica"). Si muchos de los éxitos de algunos beisbolistas que tomaron esteroides han sido enlistados con un asterisco, el no hitter de Ellis debería tener más bien una exclamación, celebrando su capacidad psiconaútica de templar los demonios iridiscentes del ácido y utilizarlos a su favor.

 

47 aniversario del no hitter de Dock Ellis (Sports Illustrated)