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El encuentro entre genios no produjo muchas chispas, pero sí dejó una reflexión emblemática

El encuentro de mentes geniales genera enorme interés y fascinación. Mucho se ha escrito sobre el trabajo de instrucción de Aristóteles a Alejandro Magno: la mente más brillante de su época, sirviendo de tutor de quien sería el más grande conquistador. Y sólo podemos imaginar, por ejemplo, lo que debieron de haber sido las discusiones entre Hegel, Schelling y Hölderlin, tres de las más brillantes mentes del idealismo y el romanticismo alemán, quienes fueron roommates en la universidad. En ocasiones, sin embargo, el encuentro de grandes mentes y figuras legendarias no produce demasiadas chispas. Pero esta misma falta de fuego y de química puede ser en sí misma reveladora. 

François Cusset narra en el libro French Theory: How Foucault, Derrida, Deleuze, & Co. Transformed the Intellectual Life of the United States el encuentro entre los famosos filósofos franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari y Bob Dylan y Joan Baez. El encuentro fue organizado por el artista y activista Jean-Jacques Lebel, responsable de introducir la poesía beat en Francia, y sucedió en el backstage después de un concierto en Massachusetts, en 1975. Al parecer Deleuze era fan de la música de Dylan, lo cual, si tomamos en cuenta que también gustaba del surf, lo convierte en uno de los filósofos más cool de la historia. Según Cusset:

Poco impresionados por los dos filósofos franceses, los cantantes folk no se molestaron en leer el Anti-Edipo, y por su parte los dos teóricos desafortunadamente no estaban interesados en fumar marihuana: una inadvertida mala alineación de intereses sociales, creó un encuentro incómodo para las partes involucradas. La anécdota de una mal concebida compatibilidad es epítome del espíritu de comprensión de los objetivos de la teoría francesa e incita una pregunta inevitable: ¿acaso nosotros, del lado estadounidense del Atlántico, hemos podido comprender a los franceses, sus tradiciones intelectuales y su legado filosófico?  

Cusset se pregunta si el encuentro fallido entre Deleuze y Dylan no habla de un encuentro fallido en general, al menos en lo que se refiere a la intelectualidad francesa en Estados Unidos. Esto tanto en un sentido cultural general (la sofisticación francesa quizá no galvaniza la mente estadounidense) como, sobre todo, en un sentido particular (mucha de la filosofía francesa moderna y especialmente la posmoderna, parece perderse en la traducción -siendo Deleuze, Derrida y otros de sus exponentes famosamente difíciles de traducir y en general de comprender-).