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Calendario astronómico 2019: los eventos celestes más importantes del año

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/06/2019

Conoce los eventos astronómicos más destacados de este 2019, sus fechas y los lugares desde donde serán visibles

Con el inicio de un nuevo año, llega también cierta inclinación justificada de comenzar a planear. Nuevos hábitos, nuevos proyectos, nuevas intenciones: en casi todo, requiere de cierta previsión que podamos llevar a buen término cada una de estas resoluciones.

En ese espíritu y pensando en nuestros lectores que, junto con nosotros, disfrutan de la contemplación del firmamento nocturno, compartimos ahora un breve calendario con los eventos astronómicos más importantes de 2019. 

Por lo demás, en casi todos los casos procuraremos contar con alguna forma de transmisión en vivo, para así poder observarlos aun cuando no sean visibles en los lugares donde cada uno de nosotros habita.

Sin más, aquí los fenómenos y sus fechas.

 

ENERO

05-06: Eclipse parcial de sol

Ya en la primera semana del año el firmamento nos tiene reservada esta sorpresa, en la víspera de la Epifanía: un eclipse parcial de sol que recorrerá las zonas boreales de Asia y del Pacífico.

 

20: Eclipse total de luna

El día 20 de enero ocurrirá un eclipse total de luna, que será visible en casi todo el mundo y que tendrá una duración de 1 hora.

 

22: Conjunción de Venus y Júpiter

Entre la astronomía y el simbolismo que ésta posee aún, los últimos días de enero ofrecerán un espectáculo profundamente hermoso, cuando Venus y Júpiter aparezcan claramente visibles y cercanos en el cielo de la mañana. Venus pasará a tan sólo 2.4º por encima de Júpiter, el planeta más voluminoso de nuestro sistema solar, como si con ello el cosmos nos quisiera decir que el amor triunfa sobre el poder. Ambos serán visibles como puntos luminosos y especialmente brillantes a la derecha de Antares, la estrella más notoria de la constelación de Escorpio. Por si esto fuera poco, a esta danza se sumará la Luna, cerca del día 31, en su fase creciente.

 

FEBRERO

18: Conjunción de Venus y Saturno

El tránsito de Venus continuará a mediados de febrero sobre la órbita de Saturno, el planeta de los anillos consagrado también al dios del tiempo. Ambos cuerpos serán visibles igualmente en el firmamento matutino.

 

19: Superluna

El fenómeno de la "superluna", que en años recientes ha ganado una tremenda popularidad, tendrá este 19 de febrero su edición 2019, pues será en este día cuando nuestro satélite natural alcance su punto más cercano con respecto a la Tierra en todo este año (conocido técnicamente como perigeo, una distancia de 356,761 km).

 

JULIO

02: Eclipse total de sol

Este es el segundo eclipse solar de 2019. En este caso, se trata de uno total, que no ocurría desde 2017. La zona de visibilidad es relativamente limitada para la población humana, pues únicamente aquellos habitantes de la región del Pacífico Sur podrán atestiguarlo: Nueva Zelanda en primer lugar y, en el caso de América, Chile, Argentina y Uruguay son algunos países donde será visible. En otras zonas de América del Sur y Central se observará parcialmente. 

 

AGOSTO

12-13: Lluvia de estrellas de las perseidas

La lluvia de las perseidas, uno de los espectáculos celestes más esperados del año (conocido también como las "lágrimas de San Lorenzo"), enfrentará en 2019 cierta adversidad, pues coincide con la luna llena de agosto. Con todo, en la madrugada del día 13, cerca de 1 hora antes del amanecer, será posible contar con la oscuridad necesaria para disfrutarla.

 

NOVIEMBRE

11: Tránsito de Mercurio

Este año el tránsito de Mercurio frente al Sol será visible en su totalidad al este de América del Norte y en los países de Centro y Sudamérica. En otras zonas del orbe, se observará parcialmente. Cabe mencionar que para América del Norte será el último fenómeno de este tipo que se pueda apreciar en la zona hasta el año 2049.

 

24: Conjunción de Venus y Júpiter

A poco de cerrar el año, Venus y Júpiter vuelven a encontrarse, esta vez con aún más cercanía. En esta ocasión, Venus se observará a tan sólo 1.4º por encima de Júpiter.

 

28: Conjunción de Venus, Júpiter y Saturno

Rememorando el inicio del calendario astronómico, en noviembre Venus tendrá a su lado a dos de los planetas más imponentes del Sistema Solar: Júpiter, el planeta del poder, y Saturno, el planeta del tiempo. Por lo demás, Venus estará coronado por la Luna apenas creciente que se asomará por esos días.

 

DICIEMBRE

26: Eclipse anular de sol

El último eclipse solar de 2019 ocurrirá 1 día después de Navidad y también cerca del final de año. En esta ocasión, el también llamado "anillo de fuego" será visible únicamente en el hemisferio oriental de la Tierra, que va de los países del Medio Oriente a aquellos situados en el oeste del océano Pacífico. Pulau Gin Besar, una de las islas de Indonesia, será el punto ideal para observar este espectáculo, pues será ahí donde se presentará el tiempo máximo de exposición: 3 minutos y 39 segundos.

 

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Así es como el lugar que ocupas entre tus hermanos determina tu personalidad

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/06/2019

Un elemento crucial (pero enigmático) para el desarrollo de la personalidad

Una de las grandes contradicciones de la naturaleza humana es la división inherente en la que vivimos, a lo largo de toda nuestra vida, entre nuestro origen animal y la evolución de nuestra inteligencia. Ambos elementos nos constituyen como seres vivos, pero el desarrollo de la inteligencia nos llevó a formar conceptos elevados sobre nosotros mismos, de tal modo que nos habituamos a perder de vista aquello elemental que también determina lo que somos.

En este sentido, la crianza es posiblemente el período de la vida más crucial de todos por los que pasa el ser humano. Todo aquello que está implícito en el nacimiento de un nuevo individuo de la especie humana hace de este un hecho asombroso, improbable: la inmadurez con la que nacemos, la vulnerabilidad, la necesidad de terminar nuestro desarrollo fuera del vientre materno, la dependencia que establecemos con respecto a otros individuos de nuestra especie (padre, familia, comunidad, etc.). En cierta forma la cría de la especie humana lo tiene todo en contra, y sin embargo, evolucionamos para sobrevivir.

No es para nada casual, entonces, que la infancia y las condiciones en las que ésta se desarrolla marquen la pauta del tipo de existencia que tendrá una persona. Sigmund Freud fue sin duda uno de los pensadores que con mayor lucidez estudiaron este fenómeno amplio, pero ciertamente no ha sido el único. De hecho, no podría ser el único, pues entre la multitud de factores presentes en la crianza de un ser humano, ¿cómo esperar que un solo observador sea capaz de ponderar el efecto que cada uno tiene en la formación de una personalidad?

En ese sentido, uno de los elementos que más han llamado la atención a lo largo de la historia de la ciencia y la cultura ha sido el lugar que ocupa un individuo en el orden de nacimiento de los hijos de una familia. La civilización humana ha dado una importancia capital al primogénito, por ejemplo, o al hijo varón. También, desde un punto de vista muy elemental, podemos suponer que un hijo no será criado de la misma manera cuando es único que cuando es el último entre seis o siete hermanos. Si las condiciones cambian, los resultados también, necesariamente.

Justamente un contemporáneo de Freud, Alfred Adler (conocido sobre todo por su idea del “complejo de inferioridad”), estudió las consecuencias en la personalidad que se derivan de dicho orden de nacimiento. Según sus observaciones, el hijo mayor es proclive a la neurosis y el autoritarismo, sobre todo en familias donde haya varios hermanos, pues el nacimiento de cada uno de éstos significó para el primogénito un desplazamiento de su posición prioritaria, acompañado de una entrega de responsabilidades por parte de los padres. En contraste, para Adler el hijo menor (o “benjamín”, como también puede decirse en español, en alusión al último hijo del patriarca bíblico Jacob, fundador de las “12 tribus”) se caracteriza por su carencia de empatía, mientras que los hijos intermedios suelen tener un carácter más equilibrado y una personalidad exitosa, rebelde e independiente. Cabe decir que Adler mismo fue el segundo de siete hijos.

En tiempos más recientes, Catherine Salmon, investigadora en la Universidad de Redlands, en Estados Unidos, llegó a la conclusión, luego de diversos estudios, de que el lugar en que una persona nace dentro de una familia incide en al menos un aspecto: la prioridad con que establece sus relaciones. Según ella, el hijo primogénito y el benjamín suelen tener relaciones más estrechas con sus padres o con su familia en general, mientras que los hijos intermedios presentan una mayor facilidad e interés para establecer vínculos fuera del círculo familiar.

Que los hijos mayores sean más cautelosos quizá se explique por la primera experiencia de paternidad y maternidad que su nacimiento supone para sus progenitores. No hay una forma correcta de criar a un hijo, menos aún en el caso del ser humano, y es del todo comprensible que los padres cometan mil y un errores en la educación de sus hijos. En ese sentido, ¿cómo no esperar un exceso de celo y precaución en la primera experiencia de crianza? ¿Cómo no entender a dos individuos primerizos que tienen frente a sí una criatura a todas luces frágil y dependiente?

Es posible que ese cuidado vertido en el primogénito también los haga más altos y más proclives a la obesidad. Sobre la estatura existen numerosas investigaciones que respaldan la relación entre la condición de hijo mayor (o único); por ejemplo, la que realizó Wayne Cutfield, de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, en la cual encontró una diferencia promedio de 2.5cm en la estatura en comparación con sus hermanos.

Sobre la relación con la obesidad, Darren Dahly, epidemiólgo de la Universidad de Leeds, ha sugerido un efecto del estado prematuro del útero en el caso del primogénito en la calidad de nutrición que éste recibe durante el tiempo de gestación, menor en comparación a gestaciones posteriores. En este contexto, el bebé que al nacer experimenta la sensación de estar satisfecho, queda prendido de ésta, al grado de que se inscribe profundamente en su inconsciente, convirtiéndose después en una tendencia a la obesidad.

Curiosamente, aunque más cuidados, los hijos primogénitos o únicos también son más proclives a las alergias y enfermedades respiratorias como el asma, esto según un estudio dirigido por Matthew Perzanowski, de la Universidad de Columbia en Nueva York.

En el caso de las familias con varios hijos, el menor de todos suele desarrollar una personalidad inclinada a la aventura, el riesgo y la exploración. Al menos a eso apunta un estudio hecho por dos investigadores de la Universidad de California en Berkeley, Frank Sulloway y Richard Zweigenhaft, quienes encontraron que existe una probabilidad elevada de encontrar a hijos menores entre los practicantes de deportes extremos y, por otro lado, que entre dos hermanos que participan en un partido de béisbol, el hermano menor intentará robar una base 10 veces más que el hermano mayor.

En un campo afín, pareciera que dicha tendencia al riesgo de los hermanos menores también puede convertirse en una forma muy peculiar de liderazgo. Un estudio realizado en la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, sobre los políticos del país, encontró una relación significativa entre el lugar que éstos ocupan en sus respectivas familias, siendo que el 36% de ellos eran hijos primogénitos contra 19% de benjamines. Curiosamente, cuando se trata de liderazgos revolucionarios, que buscan cambiar verdaderamente las cosas, los hijos menores toman la delantera: otro estudio del profesor Sulloway encontró que mientras que Charles Darwin fue el quinto hijo en su familia, la mayoría de los opositores en su época a la teoría de la evolución eran hijos primogénitos.

¿Será que el orden en el que nacemos nos hace más o menos inteligentes? De acuerdo con una investigación dirigida por Petter Kristensen, de la Universidad de Oslo, los hijos mayores superan en 2.3 puntos (en promedio) a sus hermanos en pruebas de coeficiente intelectual. 

Sin embargo, las conclusiones de esa investigación cambiaron cuando Kristensen analizó el caso de hombres de familias cuyo primogénito había muerto y, por consecuencia, ellos adquirían de facto el estatus de “hermano mayor”; en ese caso, las pruebas de inteligencia arrojaban resultados similares, por lo cual el investigador concluyó que más que el orden en que se nace, lo que importa es el lugar cultural que se ocupa en el marco de una familia, una comunidad o una sociedad.

En ese sentido, es claro que todas estas son perspectivas que pueden ponerse a debate. En el caso del ser humano, la influencia del factor cultural nunca puede subestimarse, pues su peso es tanto y ha demorado tantos siglos en formarse, que el medio cultural en el cual nacemos se convierte en una segunda naturaleza para nosotros, y acaso cabría decir que es nuestra naturaleza definitiva, la más auténtica, aun si en el fondo todo surgió como una impostura.

 

Con información de New Scientist

 

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