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Mujeres brasileñas van a una fiesta usando vestido con sensores que mide cuántas veces las tocan (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/28/2018

Un vestido inteligente registra los manoseos que suelen sufrir las mujeres cuando salen a una fiesta

El problema del acoso que padecen las mujeres es un problema mundial, particularmente manifiesto en países latinoamericanos, donde existe una cultura muy táctil, por decirlo de alguna manera, y muchas mujeres son tocadas sin su consentimiento. Claro que esto es un tema complicado, pues muchas veces ese tacto es parte de una costumbre cultural que no tiene que ver con el acoso sexual sino con una interacción social tradicional; sin embargo, hay otras veces que sí, y en todo caso existen mujeres que sienten que son acosadas, especialmente cuando salen a lugares nocturnos. 

Para investigar este tema y generar conciencia, la agencia de publicidad Ogilvy generó un vestido con sensores que permiten registrar el número de veces que las mujeres son tocadas y el nivel de intensidad del tacto. Para probar la hipótesis, tres mujeres usaron este vestido y salieron a una fiesta. En un lugar cercano un equipo registraba en tiempo real las veces que eran tocadas, el lugar y la intensidad de la acción.

El proyecto "The Dress for Respect" arrojó que, en menos de 4 horas, las tres mujeres fueron tocadas 157 veces, la mayoría de las veces en los brazos, en la espalda baja y en la espalda alta. Esta cifra llama la atención. Suponemos que las mujeres no iniciaron ellas mismas ningún contacto. De cualquier manera, sería interesante saber cuál era el método que siguieron para el experimento, en el sentido de qué actitudes o modos de comportamiento establecieron, y si acaso hubo alguna indicación preliminar para que el experimento tuviera consistencia.

Más allá de esto último es evidente que el espíritu del proyecto, más que científico, es generar conciencia en torno al problema del manoseo indeseado que sufren las mujeres y, sin duda, fue una manera muy creativa de lograrlo.

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Una paradoja en la era de la información

Cuando Internet comenzó a mostrar los efectos radicales que provocaría en la transmisión, producción y almacenamiento de la información, varios teóricos de distintas latitudes comenzaron a señalar las características de una nueva sociedad o, mejor dicho, de prácticas sociales que tendrían la información como un elemento fundamental. En comparación con épocas precedentes, nunca como ahora el ser humano había tenido acceso a tantos datos, de todo tipo, prácticamente en cualquier momento y a su alcance inmediato, y eso, supusieron muchos, contribuiría a transformar la cultura humana.

Con el tiempo, esos pronósticos se han relativizado. Para nadie es un secreto que poco a poco la web fue capturada por los poderes de siempre y pasó a ocupar el mismo lugar que en otro tiempo tuvieron los circos y las peleas de gladiadores, esto es, el entretenimiento más elemental, capaz de mantener a la mayoría ocupada o francamente distraída mientras lo importante ocurre justamente frente a sus ojos. No por nada Aldous Huxley predijo que, en el futuro, no haría falta un régimen totalitario y opresivo para mantener sometidas a las sociedades: bastaría con proveerle un menú infinito de estímulos y distracciones.

Un buen ejemplo de este tipo podría encontrarse en el peculiar fenómeno que protagonizaron la consultora Cambridge Analytica, Facebook (indirectamente) y los votantes estadounidenses en las elecciones presidenciales de 2016. Ese fue el primer gran proceso político en el que un flujo considerable de información falsa inclinó la opinión mayoritaria hacia uno de los contendientes: Donald Trump. 

Por lo demás, el “experimento” ocurrido en dicho proceso electoral ha sentado las bases para ser repetido en otros puntos del planeta. Unos meses antes, tal parece que una estrategia similar fue probada en el Reino Unido, en ocasión del referéndum por el que se votó la permanencia o la salida del país de la Unión Europea y, recientemente, la comunicación a través de redes sociales también tuvo un peso importante de convencimiento en las elecciones presidenciales de Brasil que resultaron en el triunfo del candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro.

Los estudiosos de la historia podrán argüir que la manipulación ha ocurrido siempre, que sólo el medio es el que cambia, pero la especificidad de nuestra época podría encontrarse en que todo esto ocurrió justamente en el seno de la llamada “sociedad de la información”. ¿No se supone que Internet iba a servir para tener personas mejor informadas? ¿No se supone que el acceso a la información contribuye a formar el juicio? ¿Cómo puede ser que, aun con herramientas tan sofisticadas como Internet, el ser humano siga prendido a reacciones tan primitivas como el miedo?

Estas y otras preguntas surgen no sólo a la luz de los acontecimientos señalados, sino también a partir de estudios que dan cuenta de la manera en que la información se transmite y se consume actualmente.

Uno de ellos fue dado a conocer recientemente por Pew Research Center de Estados Unidos, especializado en investigaciones demográficas. Mediante el análisis realizado se buscó conocer la facilidad con que una persona distingue un hecho de una opinión personal, dos categorías cuyas diferencias pueden parecer obvias, sutiles o francamente inexistentes, de acuerdo al nivel que se tenga de comprensión e interpretación de una información recibida.

El estudio consistió en hacer leer a los participantes afirmaciones como “La democracia es la mejor forma de gobierno”, “Los inmigrantes que están ilegalmente en Estados Unidos son actualmente un gran problema”, “El costo por persona del seguro médico en Estados Unidos es el más elevado del mundo” o “El Estado Islámico perdió una porción considerable de su territorio en Irak y Siria en 2017”, entre otras (10 en total), para que cada individuo dijera si la declaración era un hecho o una opinión.

Entre los resultados observados, se encontró que las personas de más de 50 años tienen más dificultad que los jóvenes de entre 18 y 29 años para distinguir un hecho fáctico de una opinión personal. El 46% de los jóvenes lograron diferenciar completamente las cinco afirmaciones que transmitían un hecho y las cinco que conllevaban una opinión, mientras que sólo el 22% de los adultos pudieron hacerlo.

Al comentar la investigación, Alexis C. Madrigal, colaborador de The Atlantic, señala que estos resultados llevan a repensar la idea de que los individuos más expuestos a los medios digitales son también los más vulnerables a la manipulación y la información falsa; más bien, parece ser que la exposición a los noticieros televisivos (al menos en el caso de Estados Unidos) está asociada a un empobrecimiento del juicio y del sentido crítico.

Sea como fuere, es posible que no todo esté perdido y la tecnología de la información sirva para formar mejores ciudadanos o, simplemente, mejores personas, capaces de entender que la realidad está compuesta tanto de hechos como de opiniones, pero que el tratamiento que se brinda a ambos es muy distinto.

 

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