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Las reveladoras razones por las cuales los occidentales se deprimen más que los orientales

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/15/2018

¿Cuál es el secreto de los orientales? O, ¿qué es lo que está haciendo mal la cultura occidental?

Vivimos en una época depresiva, al menos estadísticamente (diversos estudios de la OMS muestran que la depresión ha aumentado un 18% en los últimos años). Existen diversas razones por las cuales la depresión está en aumento; una de ellas probablemente tiene que ver con que la tecnología digital, aunque promete conectarnos con los demás, en general nos aliena y nos distrae de lo que le da sentido a la vida. Otra razón seguramente tiene que ver, paradójicamente, con el deseo, casi obligatorio y constantemente reforzado por la sociedad, de ser feliz. Hay en nuestra sociedad un mercado que propaga ideas e imágenes de felicidad y bienestar masivamente, muchas de las cuales son irreales o irrealizables, acaso porque esto promueve el consumo. Al compararse con las imágenes que ve en Instagram, la persona nota que su vida es una pálida sombra de la vida de las personas que sigue y por lo tanto debe hacer algo al respecto, generalmente comprar cosas. La tercera razón que parece importante en este sentido, relacionada a la pasada, tiene que ver con que en Occidente no solemos aceptar que las emociones negativas también están bien. Es decir, que existe riqueza y valor en sentirse mal, en la melancolía, en la tristeza y demás -además de que es parte de la vida, que es, como dijo el Buda, sufrimiento-.

Según Brock Bastian, psicólogo de la Universidad de Melbourne, la depresión tiene un componente cultural. Una persona que vive en Occidente tiene 40% más posibilidades de experimentar depresión o ansiedad clínica que una persona que vive en Oriente. Bastian cree que esto se debe a que en China y Japón, por ejemplo, las emociones negativas (al igual que las positivas) son consideradas como parte esencial de la vida, y no se hace un juicio tajante que permita unas y reprima otras. No existe una constante presión de mostrarse alegre. Esto podría tener que ver también con el entrenamiento mental de ciertas culturas; por ejemplo, la psicología budista se entrena en reconocer las emociones y contemplarlas sin rechazarlas, simplemente observándolas. 

Bastian realizó un estudio bastante revelador en 2017. Tres grupos debían resolver un anagrama que en realidad no tenía solución. A uno se le dijo que era posible que fracasaran. A otro se le colocó en un "cuarto feliz" con todo tipo de afiches motivacionales y notas alegres. A un tercero se le colocó en un cuarto neutral. Después de la prueba, todos los participantes tomaron un examen que medía sus respuestas emocionales con respecto a haber fracasado en la prueba del anagrama. Los resultados mostraron que las personas en el "cuarto feliz" se preocuparon mucho más por su fracaso y se frustraron. De aquí que Bastian crea que cuando las personas se encuentran en un contexto donde se estima sobremanera la felicidad, esto ejerce una presión añadida en los individuos a sentirse de esa forma, lo cual los prepara para una depresión, pues difícilmente pueden sostener un estado de ánimo positivo todo el tiempo. 

En cambio, Bastian señala que los momentos dolorosos pueden, de hecho, hacernos más felices a la larga, creando bases emocionales más sólidas y contribuyendo a que desarrollemos nuestra resiliencia. La clave no consiste en buscar experiencias dolorosas sino en, cuando éstas se presentan, no evitarlas, no rechazarlas, no buscar un estado interminable de felicidad (lo cual es simplemente una fantasía o una oscura influencia psicosocial). Como ya hemos escrito aquí antes, la auténtica felicidad se parece más a la eudaimonía que al hedonismo.

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Profesor de Oxford argumenta que beber alcohol es clave para la supervivencia de la humanidad

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/15/2018

Robin Dunbar tiene algunos argumentos muy persuasivos sobre los beneficios del alcohol

Robin Dunbar es un reputado académico que ha escrito recientemente un interesante artículo sobre la relación entre el alcohol y la evolución de la sociedad humana, sus vínculos y su supervivencia. Una versión de este muy bien investigado artículo fue publicada en el Financial Times (bajo paywall) y otra versión en el Daily Mail. Dunbar basa su argumento fundamentalmente en dos cosas: por una parte, en el rol del alcohol en la producción de endorfinas, y por otra, en su rol como aglutinante social. Dunbar sostiene que, en una gran cantidad de culturas, la socialización humana está vinculada al alcohol y esta socialización es vital para la salud. Pero desglosemos su argumento. 

Dunbar explica que para todos los primates, y más aún en los seres humanos, los lazos de unión permiten mantener coherencia social y dan seguridad a la misma sociedad. Las relaciones nos protegen de amenazas externas, pero también de tensiones internas. La sociedad es un sistema de defensa frente a las inclemencias de la naturaleza y las posibles amenazas externas y a la vez la socialización, el sentido de pertenencia, la amistad y la intimidad ayudan a mantener nuestra salud. Como muchos estudios sugieren, las personas con buenas relaciones viven más y se enferman menos.

Pero este no es sólo un argumento sociológico, sino que tiene un aspecto científico (neuroquímico). Dunbar señala que los beneficios del alcohol tienen que ver con que detona la producción de endorfinas (morfinas endógenas) asociadas con la reducción del dolor, pero también con los mecanismos que estrechan los lazos. Esto hace sentido cuando uno reflexiona sobre cómo el alcohol suele protagonizar grandes festejos en los que se realizan diferentes tipos de uniones (o, literalmente, reuniones). Aparentemente, al reducir el dolor las endorfinas también promueven la confianza, un abrirse al otro, y de aquí también la frase "in vino veritas". Asimismo, parece que el sistema de endorfinas promueve actividades como la risa, el baile y el canto, asociadas también con el alcohol.

Dunbar comenta que en las clínicas de desintoxicación una forma de tratamiento es un medicamento que bloquea las endorfinas, lo que hace que las personas no sientan el efecto placentero o analgésico del alcohol, sólo una especie de mareo.

El profesor de Oxford cita un estudio realizado por Julianne Holt-Lunstad en el cual se estudió a 148 pacientes que sufrieron ataques al corazón, con el fin de determinar cuál era el mejor indicador para predecir la probabilidad de sobrevivir durante más de 1 año después de un primer ataque. El primer factor fue el número de amigos íntimos que se tienen. El consumo de alcohol no figuró como un riesgo. Esta investigación sugiere que puedes comer y beber con cierta licencia y ello no afectará tus posibilidades de vivir demasiado, siempre y cuando tengas buenos amigos.

Finalmente, Dunbar advierte que beber demasiado va en sentido contrario a los efectos positivos que puede tener el alcohol, y lo mismo es cierto respecto de consumir proteínas, azúcar, grasas y demás en exceso. Notablemente, otro estudio mostró que las personas que no consumieron nada de alcohol en las décadas de sus 40 y 50 años tenían más riesgo de demencial senil, al igual que los que bebían más de lo recomendado a la semana. Aquellos que bebían moderadamente, tenían un 50% menos de probabilidad de desarrollar dicha enfermedad que los que no bebían nada. Como siempre, la moderación es la clave, e incluso la moderación de la moderación, lo cual significa participar en las fiestas de la vida. Esto refuerza la tesis sobre los beneficios de ser un bebedor social, aunque es de notarse el riesgo que eso puede conllevar, si se pasa a ser un bebedor dependiente.