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Un análisis de las 8 películas de Cuarón mediante el viso de 10 anotaciones temáticas

Somos un punto entre millones de puntos…

A cuestas el dolor, delante la esperanza.

Iván Uriel Atanacio Medellín, El Surco
 

Desde que Sólo con tu pareja irrumpió en el denominado “nuevo cine mexicano” a principios de los años 90, Alfonso Cuarón delineó un estilo propio que lo mismo aborda la historia íntima que la cuita universal, la realidad histórica de un suceso que la ficción posapocalíptica de una intención, la circunstancia a suerte del destino, que el adaptado contexto literario. Ganador de los premios Ariel, Globo de oro, BAFTA, Óscar, el premio del Sindicato de Actores PGA y el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia, entre otros reconocimientos, el también miembro del Colegio Nacional ha dirigido ocho cintas a lo largo de los 27 años que han transcurrido desde el estreno de su ópera prima en 1991.

El cine de Cuarón versa sobre temáticas contemplativas, precedidas de acciones que dan cauce a un proceso narrativo donde confluyen la supervivencia y el destino. Como guionista y editor ha mostrado el conocimiento puro de la estrecha relación que existe entre la historia y las imágenes que construyen la secuencia del filme, cada cuadro parece dibujarse con la tensión permanente entre el personaje y su acontecer. Si en Sólo con tu pareja Cuarón logra la hilarante descripción de una generación anidada en el temor, la culpa y el arrepentimiento vertido en la hilarante descripción de una sicosis personal derivada del entorno social, en Los niños del hombre presenta la supervivencia de la especie como única esperanza del mundo ante el caos, lo que brinda una constante sensación de buscar la vitalidad de los días.

Pero Cuarón no sólo explora la supervivencia en múltiples dimensiones creativas; también es capaz de reproducir con originalidad los visos de la fantasía. En La princesita, y más aún en Harry Potter y el prisionero de Azkaban, el guionista se permite adaptar los textos literarios con la precisa intencionalidad que comulga con la visión que ha construido en su imaginario, tras leer la historia y reinterpretarla para el espectador.

De alguna forma el cine de Cuarón ha transitado lo mismo entre la ficción y la realidad que entre la fantasía y la historia, con temáticas reflexivas, declaratorias y punzantes, sin explicar detenidamente los porqués de los sucesos ni de los personajes, dejando a la audiencia la resolución y la subjetividad de su criterio sobre los hechos. Roma, su más reciente filme, es la compleja realización de una historia que pareciera simple, y que profundiza por demás en la compleja historia de un país que parece avanzar la dualidad de sus décadas.

La presente edición de DECÁLOGO, dedicada a las ocho películas de Alfonso Cuarón mediante el viso de 10 anotaciones temáticas, la escribimos justo desde Lyon, Francia, lugar donde los hermanos Lumière inventaran el cinematógrafo en 1895 y donde se encuentra el Museo Lumière, que alberga el instituto de cine homónimo, que con motivo de la 10ª edición de su Festival de Cine, ha traído a estreno Roma y a su programa de Master Class al propio Cuarón.

En los recovecos de pasillos, conversaciones y reuniones de análisis, sin duda la más reciente película del director mexicano ocupa un lugar de reflexión al medio del estreno que Peter Bogdanovich encabezará de la última película del maestro Orson Welles, o la visita de extraordinarias figuras como Liv Ullman, Claude Lelouch y Jane Fonda.

Si en La princesita las pequeñas luces se miran desde donde resulta casi imposible hacerlo, en Gravedad el cosmos se nos figura cercano en la infinita posibilidad de serlo, podemos atrapar los objetos que flotan y tratamos de capturar el aire que a instantes se escapa. Si Los niños del hombre retrata la extraordinaria realidad de ser humanos, Y tu mamá también transita el inextricable misterio que aguardan el devenir, el aquí y el ahora.

A continuación, haremos un breve recorrido por las películas del primer integrante de los denominados “tres amigos” (Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Cuarón) en ganar el premio Óscar a Mejor Director, en 1993 por Gravedad, y quien se posiciona para ser quizá el primer director mexicano que se alza con la estatuilla de Mejor Película Extranjera, categoría que tras varias nominaciones desde 1960, aún no levanta el cine de México. Como siempre en nuestra columna, la ubicación de los filmes apela a la estructura misma del apego.
 

10. Fantasía y ficción

Aproximarnos al cine de Alfonso Cuarón desde el binomio fantasía y realidad, obliga a explorar la adaptación literaria y la escritura libre del guion cinematográfico desde su participación en series televisivas. Al igual que lo hiciera su colega Guillermo del Toro, Cuarón toma la libertad creativa que permite el texto literario concebido para la relación libro-lector, y presenta su propuesta narrativa para compartir la misma historia desde la relación guión-espectador, logrando por una parte conservar la esencia del autor y por la otra, brindar a la adaptación la identidad del director en franca armonía de su arte, una suerte de diálogo cinematográfico.

Y es justo la identidad el tema que aflora como búsqueda incesante en las cintas que el director mexicano ha realizado desde la perspectiva fantástica de La princesita y Harry Potter y el prisionero de Azkaban, así como desde la ciencia ficción ha logrado con Los niños del hombre y Gravedad. En este póker de historias, se conjugan las obras primigenias con una visión cruda, realista y oscura sin forzar su lúgubre perspectiva en las primeras, y la esperanza como inspiración, sujeto y objetivo de las segundas.

En ambas, los personajes atienden a una realidad alterna, y en ambas, los personajes son movidos por la situación alrededor que los implica, no los define, pero tampoco les es ajena, los incluye, de ahí que la razón, el porqué y el para qué de las preguntas perennes de la filosofía son manifiestos de forma tenue y gráfica sin ser respondidos más que por la audiencia.

 

9. Grandes esperanzas (Great Expectations) 1998

Grandes esperanzas, dirigida por David Lean en 1946, basada en el clásico de Charles Dickens, había dejado una línea muy alta para subsecuentes adaptaciones cinematográficas que, por la predisposición, medirían con puntillosa crítica cualquier nuevo atrevimiento.

Sea este prejuicio ante la adaptación de la obra maestra o la expectativa irónica de su título, la recepción a la iniciativa de Cuarón fue más bien fría, y no estuvo exenta de la observación a crítica por situar la trama en los anales finales del siglo XX. Lo cierto es que la cinta tuvo sus adeptos generacionales, que gustaron de secuencias seductoras, actuaciones sobrias y una ambientación propicia para retratar las emociones humanas, que fungían como un ramal de motivaciones, aspiraciones y ambiciones modernas y posmodernas del capital y los prejuicios.

La orfandad que había explorado en La princesita, la evasión de la realidad mediante coexistir la realidad misma desde la imaginación y el destino, la suerte que advierte el determinismo no como destino sino como una consecuencia de los andares, Grandes esperanzas muestra la compasión antecedente a la heredad inesperada, el desamor tras el enamoramiento, y la reclusión redentora de la promesa.

Temas sociales constantes de la filmografía del director, que aparecen como un corolario referencial donde el clasismo inherente a la tensión entre la aristocracia y la clase trabajadora coadyuva la aspiración como revulsivo, la ambición como un estado que puede asumirse o ignorarse, y la ventura al amparo del azar y de la suerte. El destino se muestra como presencia y la redención como el clímax de la esperanza, que vinculan la historia desde la emoción y el fluir de los sentimientos como si fluyese desde una fuente el agua.
 

8. La princesita (A Little Princess) 1995

Adaptación literaria de la novela escrita por Frances Hodgson, La princesita es una película que aborda la separación consecuente de la guerra, la huida como posibilidad ante la injusticia, la imaginación como una forma permanente de habitar la realidad y la búsqueda de la identidad ante el origen asumido, a través de la perspectiva de un cuento clásico que lo mismo explora la miseria que la ilusión.

Sara Crewe, interpretada por Liesel Matthews y su padre, el capitán Richard Crewe, en la sentida actuación de Liam Cunningham, entablan una relación filial en la India que, tras las circunstancias del hado bélico, los obliga a enfrentar las vicisitudes de una heredad anclada en los recuerdos a modo de significados.

Sara es enviada a un internado en Nueva York, tras el llamado que su padre recibe para enlistarse a las trincheras de la primera guerra mundial. Como una suerte de hado familiar, Sara sufre los vericuetos del abuso de autoridad y de la estricta vigía de la prefecta Michin, personificada por Eleanor Bron.

A partir de ahí se suceden los abusos de autoridad, los regaños como cuenta del destino y el acuse de la Sra. Michin sobre Sara, haciéndole notar que su vida anterior, la que supone ha constado de privilegios consentidos a sus caprichos, debe ahora ser acometida por la cruda consecuencia de la orfandad.

Cuarón presenta una cinta cargada de imágenes alusivas a dos entornos de un mismo imaginario, donde la privación de la libertad emancipa la reclusión en las imágenes de sus padres hacinadas en las imágenes del recuerdo. Los intentos por encontrarse a sí misma y por el escape como intento de autoafirmación en la pequeña, reflejan una sensible aproximación del director a la libertad desde la óptica de una amnesia que se confunde con la muerte, de la amistad que forja lazos indelebles en la imaginación compartida, y de una muerte que alcanza la vida en la cuita esperanzadora del reencuentro.
 

7. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Harry Potter and the Prisoner of Azkaban) 2004

Considerada para muchos como la mejor o una de las mejores películas de la saga Harry Potter, basada en el libro más vendido del siglo XXI, Harry Potter y el prisionero de Azkaban contó con la venia de su autora, J. K. Rowling, hacia una sombría aproximación a las luces que habían arrojado con éxito las primeras cintas del serial, el cual había mostrado desde la fantasía y la magia distintos componentes fundamentales de la imaginación y la aventura del célebre mago, sus enemigos, su colegio, sus amigos y su actos.

Cuarón no deja de lado estos elementos, pero a su vez introduce los cambios que la edad conlleva en su paso, la infancia transita hacia la pubertad, y los sueños también se volcán en deseos, al tiempo que la vara mágica, dispuesta a la de defensa, es posiblemente un arma de ataque a prevención.

El enamoramiento nacido del gusto y la convivencia, la prisión como un lugar de purga y condena, el prisionero como adalid del misterio, y el discernimiento ante la duda, son algunas de las nuevas ventanas que Cuarón abre al escenario mágico del mago y su magia.

En la propuesta de Cuarón, la identidad aparece nuevamente como centro narrativo, logrando que en esas preguntas perennes de la vida Harry alcance junto a sus amigos una suerte de madurez individual y colectiva, asumiendo el mal como una presencia permanente y el bien de su magia como una responsabilidad delegada por la venia familiar de una profecía.

Largas secuencias como acepción técnica y el uso de símbolos e insignias envueltas al crisol de la metamorfosis y el arte, funcionan como un marco ideal para envolver la trama que oscila entre la temporalidad del pasado, del presente y del futuro, entre los errores y aciertos de las decisiones asumidas. Los gobiernos y sus dictaduras son puestos de manifiesto desde la autoridad como un guiño social y político que el director diezma con el sutil humor de su adaptación, que irónicamente, explora desde la franqueza las apariencias en que podemos percibir las emociones, las verdades y los sentimientos.

 

6. Y tu mamá también 2001

“No hay nada más difícil que vivir sin ti…”, reza la estrofa principal de la canción compuesta por Marco Antonio Solís, y que forma parte de su álbum de 1999 Trozos de mi alma, lírica que se convirtió en el juglar coral de la película que definió en mucho el cine generacional de principios de siglo en México y América Latina.

Y tu mamá también fue recibida por la crítica como una cinta fundacional, y por la taquilla como un fenómeno social, que agitaron fibras sensibles y proyecciones expuestas con la película nominada al premio Óscar a Mejor Guión Original, y que consagrara a la pareja actoral del denominado movimiento “charolastra”, Gael García Bernal y Diego Luna, quienes al lado de la estupenda Maribel Verdú protagonizan esta cinta para unos irreverente, para otros íntima, para muchos universal.

Dos amigos emprenden un viaje que les descubre desde la alteridad que confronta y la individualidad que abandona en compañía, el anhelo curioso del ímpetu, el deseo, la liberación y la represión de los instintos, se muestran como un panegírico lazo de la fraternidad. Carlos y Tenoch, unidos por la amistad forjada en la camaradería de los cuates que comparten principios delineados por su propia actitud ante la vida.

Sucintan sus relaciones en medio de un clima de convulsas realidades políticas, la corrupción propia de la política, la clase media liberal inserta en el cambio de siglo, un proceso electoral que se aproxima, y el mar como fresco ideal para emprender su periplo hacia la “Boca del cielo”. Es ahí donde habitan, no en el lugar sino en el viaje, las distintas formas de abrazar los placeres, pero en su paso, atestiguan tensión social, la pobreza, la desventura de una realidad que les implica de súbito y que no forma solamente parte de su recorrido.

Las injusticias, los abusos de poder, los movimientos sociales, son parte de la cotidianidad del país que habitan, donde para muchos resulta imposible mirar, como imposible les resulta darse a la mirada a los amigos, una vez que los juegos del placer desembocan en lo inesperado. El dúo convertido en trío imprime en los amigos el deseo carnal de su nueva compañía, 10 años mayor, que se adentra más que la carne en sus vidas, como si estos fuesen los últimos días de una mortífera sentencia.

Pletórica de significados en los nombres, apellidos, lugares y manifiestos, Y tu mamá también se convirtió en una película definitiva del cine mexicano, una irónica y cruda visión de los derechos humanos desde una historia juvenil que advierte la adultez para después negarse en el remedio del silencio y de la muerte inesperada ante el asombro.

El viaje del desenfreno es más el viaje del descubrimiento, y el sentido de la evasión es más el viaje del conocimiento, el cambio de sistema que se avizora es un guiño histórico que no aclara el cobrizo horizonte de los protagonistas, sino que deja en ellos, tras avistar el encuentro con Lisa, la viva experiencia de la vida y sus confines.
 

5. Sólo con tu pareja 1991

Protagonizada por Daniel Giménez Cacho y Claudia Ramírez, la ópera prima de Cuarón irrumpió como un torbellino durante los primeros años de la década de los años 90, cuando la sinergia de los años recientes vislumbraba denominar la época como un renacer de la industria del cine en México.

El “nuevo cine mexicano” vio estrenarse cintas emblemáticas de su tiempo: Rojo amanecer de Jorge Fons, La tarea de Jaime Humberto Hermosillo, Pueblo de madera de Juan Antonio de la Riva, La mujer de Benjamín de Carlos Carrera, Cronos de Guillermo del Toro, Como agua para chocolate de Alfonso Arau y Morir en el golfo de Alejandro Pelayo, por citar algunas.

Películas que verían sumarse al joven Cuarón con su fresca, dinámica y creativa película sobre las relaciones humanas, la sicosis social y el amor como ilusión esperanzadora, que sería reafirmada en la aclamada Y tu mamá también que, junto a Amores perros, consagraría al cine mexicano de nueva cuenta en el panorama internacional de los más prestigiados festivales de cine.

Sólo con tu pareja fue recibida con júbilo en el Festival de Cine de Toronto y le supuso a Cuarón el Premio Ariel para una trama que cuenta la historia de un publicista y sus vericuetos amorosos, la concupiscencia pícara del deseo y la tragedia supuesta como consecuencia de la ingenua promiscuidad o la falta de un apego definitivo como imposibilidad del amor.

Tras aceptar como cierta la siniestra broma de una examante que cambia los resultados sanguíneos de VIH a positivo, Tomás enfrentará la vida como una desventura consecuente de sus actos, y buscará a toda costa acabar su vida, al tiempo que coincide su mirada en Clarisa, quien herida de amor pretende los mismos tintes suicidas como un acto ahora colectivo.

A partir de esa luz de buscar el amor y el término de la vida en su búsqueda, la película explora la enfermedad con todos los prejuicios que conlleva, con la desinformación y las etiquetas que produce, y lo hace desde una historia anclada en la fársica suposición.

El absurdo, la paradoja y el instinto juegan un papel fundamental en la redención de ambos personajes; los enredos, culpas y expiaciones son puestos de manifiesto con la audacia de un guión hilarante que, lejos de pretender moralejas, deja abierto el criterio del asombro, el amor y la suerte.
 

4. Gravedad (Gravity) 2013

Inmerso en el vacío que invita, seduce y evoca la desolación esperanzadora del eterno retorno, en Gravedad se percibe ausente la atracción que impulsa y confiere, al mismo instante, la capacidad de asombro. Los límites abanderados de un destino manifiesto, la reflexión incierta, la supervivencia y la desesperación que emerge desde una sensación perdurable tras deleitar los sentidos en la cinta ganadora del premio Óscar a Mejor Fotografía y Mejor Dirección.

Gravedad se presenta como un episodio de contemplación absoluta, de admiración hacia la estética visual de Emmanuel Lubezki. Cuarón crea y recrea la sensación de habitar el espacio y al tiempo de perdernos en él junto a los protagonistas, palmo a palmo, respiro a respiro, como si pudiéramos tocar la levedad que nos agobia, angustia, duele y alienta.

La contemplación sin más pausa que la acción misma, logra su cometido con imágenes que se guardan en la memoria y que ahí estarán para revisarse una y otra vez al estudiar el cine que ha logrado introducir al espectador y hacerlo cautivo, tenerlo al filo de la butaca y sumergirlo en ella; la película literalmente nos hace flotar y cargar un torrente de permanentes emociones, no sin antes voltear la mirada y preguntarnos, cavilar pensamientos y sensaciones.

Gravedad mantiene a la audiencia cautiva ante el vértigo de su soledad, que plantea dudas y certezas, timidez y arrojo, hacia el urgente viaje por los confines del arte que desafía la profunda teorización de la existencia. La película técnicamente envuelve la separación, la negación, el abandono y el anhelo de la esperanza desde su apreciación técnica en franca comunión de tecnología y narrativa, presenta una nueva óptica desde los efectos visuales, mitos y parábolas que la hacen próxima y compleja.
 

3. Los niños del hombre (Children of Men) 2006

Obra maestra de la ciencia ficción en la primera década del siglo XXI, Los niños del hombre es una impactante cinta que bien pudiera definir la trayectoria de Alfonso Cuarón, y su complicidad cinematográfica con Emmanuel Lubezki.

Una película extraordinaria, coherente y congruente de principio a fin, emotiva, provocadora y plena de reflexión, la aproximación más honda del director hacia el exterminio y hacia la preservación del ser humano desde su quid más valioso, la vida y el nacimiento de nuevas vidas.

Los niños del hombre es un logro cinematográfico a nivel narrativo y técnico, lírico y visual, un ejemplo de cómo enhebrar la herida que genera agonizar el mundo, con la esperanza de aguardar mejores mañanas desde la acción consciente del ser humano. La infertilidad de una sociedad extinta en los vínculos afectivos, el desplazamiento de los sectores vulnerables, la marginación, el desplazamiento y la búsqueda de un abrigo al refugio, son vicisitudes que enfrenta la humanidad ante leyes y normas al arbitrio de unos cuantos.

Una mujer ante el escape del desorden, el caos y la persecución a muerte es ayudada por el mercenario Theo, Clive Owen, en un reparto que completan, entre otros, Julianne Moore y Michael Caine. Virtudes cardinales y el instinto de supervivencia se enfrascan en el anhelo por la aún viva semilla de la fe, la esperanza y la caridad ante la epidemia que amenaza cubrir de neblina el llanto de la vida por el llanto de la muerte y la extinción.

El medioambiente que fenece a consecuencia del abuso, las razones que rebasan la lógica, pues el mismo director no busca explicar ni comprender los dejos de la posmodernidad sino retratar desde la ciencia ficción la distópica visión de un horizonte que nos alcanza y aproxima como el inoperante resultado del caos y el orden sin equilibrios, justicia ni igualdad. La redención en Theo será una especie de redención social que abraza esperanzado se haga la vida ante el claroscuro de la vacuidad, la ignominia y el desamparo, una película cargada de acción, efectos especiales desde el arte fotográfico de Emmanuel Lubezki, y la profunda mirada de un guión que angustia y respira.

 

2. Roma 2018

Roma aborda un tema muy especial para mí, no sólo por el cariño hacia la zona habitacional que referencia en la Ciudad de México, la etapa histórica que envuelve, la cual habitaron mis padres en esos inicios de los años 70, sino también por los tópicos que resguardan los andares de una familia de clase media.

Así describe los movimientos sociales derivados de la trágica gresca estudiantil de finales de los años 70, el México urbano y el México de guerrillas ocultas buscando ser eliminadas por el populismo de la época, así como la lucha por los derechos humanos y laborales de las mujeres trabajadoras del hogar.

La reacción de la audiencia ha sido por demás elocuente, la crítica se ha inclinado por catalogar la película entre lo más alto y granado del canon del director mexicano, apuntándole una exitosa travesía por el corredor de los más prestigiosos premios de la industria. No obstante, la misma trama se aleja de ese glamur para describir, desde la imagen, la escala de grises de una ciudad que se aleja de desarrollo estabilizador para adentrarse al decenio populista que derivará en el liberalismo, y después, en un péndulo que se encuentra en los albores de una prometida jornada de esperanza.

Y mientras el contexto nos depara ser testigos de una nueva etapa histórica en México, país natal del director, escritor, productor y guionista, y sin adelantar ningún resultado político al devenir, continuamos recorriendo las calles, parques, esquinas y edificios, que al estruendo de la tierra sufrieran el duelo en los septiembres negros de 1985 y 2017, y que siguen firmes habitando el tiempo que pasa tras el cristal de un automóvil, la relación desgastada de un matrimonio, o la jornada laboral de una mujer y su propia historia de abandono. Cuarón posa su película en el banco y negro evocador de la nostalgia y provocador de un entorno social que bien podría incluir los tintes rojos de su tiempo.

Fue en 2015 cuando tuve oportunidad de dirigir el documental Día de descanso, producido por Perla Atanacio, en edición de Andrés Palma Buratta y narrado por Marcelina Bautista, el cual aborda la lucha de mujeres trabajadoras del hogar por la defensa y procuración de sus derechos humanos y laborales. De ahí que la referencia desde el realismo social que aborda el director, me pareció por demás destacable al reflejo de quien habita un hogar a salario.

El testimonio de quien migra por el estipendio, y que al tiempo que pasan sus días en casa ajena, limpiando lo que no es ni será suyo más allá de sus propias emociones, vive el amor, el desamor y los sueños.

Los sucesos históricos desde lo individual de su vivencia y desde el colectivo que la implica. Una testigo que ambientada en la perspectiva de hace 4 décadas, hace puntilla en la actualidad de un país que parece haber cambiado sin incluir del todo a todas y a todos.

 

1. Realidad y contexto

Explorar la realidad desde su contexto ha sido una constante del cine de Alfonso Cuarón, y aunque sus cintas de fantasía y ciencia ficción han sido recibidas con algarabía, sus retratos de la realidad desde la mirada más íntima han posado más allá de la crítica una reacción sentida y empática con distintas generaciones que ven reflejado sus sentires, angustias y pensamientos.

La filmografía del director mexicano bien pudiera funcionar como una ganzúa que logra extraer los deseos que se pierden y expresan, los instintos que se reprimen y liberan desde la historia personal que no deja de lado el entorno que la envuelve y al coro configura.

Así, la mirada de Cleo en Roma representa la contemplación manifiesta de una invisibilidad que se hace visible desde el otro lado de una misma historia; de esta forma, las películas de Cuarón forman una palestra de prolongados viajes por distintos entornos sociales a través de la mirada, sentires y saberes de sus personajes. Sólo con tu pareja refleja el México liberal aprestado a la ilusión financiera que sucumbirá años más tarde, aunado a la desinformación de una resulta enfermedad que condena el sexo y lo cataloga, donde el suicido parece la única alternativa a la insatisfacción o a la desesperada imposibilidad de amar.

Y tu mamá también es un viaje interior desde el diálogo acompasado por relaciones humanas vinculadas por el placer, la música y su ritmo, por la entrega y la inmadurez que madura el instinto por el sentimiento sin ahuyentar la honestidad de lo sentido.

1 década después de Sólo con tu pareja, muchas cosas han cambiado tanto como permanecido en el contexto; así, Roma no vira hacia adelante sino hacia atrás en el tiempo, pero deja intacta la actualidad de la realidad que seguimos viviendo entre el clasismo, la negación y las apariencias.

Políticamente es un repaso que no esconde y expone dolorosos sucesos armados que entre movimientos estudiantiles y guerrillas alternas fueron apaciguados más no exterminados del consciente colectivo, los mismos vicios, la incertidumbre anclada en la mirada de una mujer y su oficio, de una familia y su conclusión, del amor con todo y su engaño, con todo y su ilusión, de una realidad, con todos sus desencuentros, con todas sus promesas.

 

* Escritor, politólogo y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Es autor de las novelas El Surco, El Ítamo y del poemario Navegar sin remos, que abordan la migración universal. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.

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¿Y si volviéramos a cantar para comunicarnos?

Arte

Por: Mateo Tierra - 10/16/2018

De cuando canto y habla eran inseparables. La dimensión emocional amplificada de "Hmmmmm", el protolenguaje paleolítico

¡Qué cantarín es este idioma! No es coincidencia que cada lengua y país (así como dialecto y región) conserve una melodía única junto a sus manifestaciones musicales y artísticas distintivas. Desde la sutil modulación de las lenguas tonales asiáticas hasta la sonoridad ondulante de las lenguas latinas, nuestros oídos perciben cómo cada forma de hablar tiene su música propia. Paralelamente, el musicólogo Alan Lomax evidenció cómo la música de una región cataliza las necesidades emocionales de tal colectivo:

Propongo la noción de sentido común de que la música de algún modo expresa emoción y que, en consecuencia, cuando un estilo musical distintivo y consistente vive en una cultura o atraviesa varias, se puede suponer la existencia de un conjunto característico de necesidades o impulsos emocionales que son de algún modo satisfechos o evocados por esta música.

(Estructura de la canción y estructura social, Alan Lomax, 1962)

Partiendo de las ideas de Lomax, podemos llevar su hipótesis al siguiente corolario: la melodía o musicalidad del habla, al igual que sucede con las manifestaciones musicales, también cristaliza estos mismos impulsos perennes de cada región, es decir, las estructuras psicológicas del Volksgeist. ¿Por qué? porque existió una época en que música (canto) y habla eran indistinguibles.



El West Side Story paleolítico. De cuando la vida era un musical salvaje

Retrotraigámonos entre 500 mil y 300 mil años. Aquí no hay lindy hop, música incidental ni versos rimados. Tan sólo imaginemos una cotidianidad donde toda comunicación hablada proviene del canturreo y los sonidos onomatopéyicos ¡Exacto!, tal y como sucede en el lenguaje-canto animal. Este es el humus originario del que proviene el protolenguaje del Homo heidelbergensis. También acuñado “Hmmmmm” por el profesor Steven Mithen en su libro The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind and Body (2005), esta curiosa onomatopeya es un acrónimo de las cualidades de esta habla tan cantarina: holístico, manipulador, multimodal, musical y mimético.

En base a estas cinco características, Mithen deduce que esta forma de comunicación primitiva indisoluble entre canto y habla tenía como fin manipular la realidad presente. Es decir, el Homo heidelbergensis no se andaba con abstracciones, trataba de comunicar e interceder en el momento presente: “¡Fuego!” o “¡León, corre!”. De tal forma, el canto, en su vertiente melódica y musical, le otorgaba aquella expresividad complementaria a su sencillo vocabulario (basado en vocablos elementales).

Dado que pensamos a través del lenguaje, con la creciente complejidad de nuestro pensamiento simbólico, nuestro lenguaje también acabó sofisticándose. Las florituras melódicas o la excesiva musicalidad podían llegar a entorpecer los enunciados a medida que aumentaba la cualidad abstracta del lenguaje. Parece que la solución práctica fue limitar el canto, adoptando un estilo de recitación que pudiera condensar la mayor cantidad de información en el menor tiempo, algo así como la cualidad narrativa del estilo recitativo en ópera (versus el paulatino despliegue melódico y emocional de las arias).

El canto, tal y como lo concebimos hoy, fue desterrado de la comunicación en tiempo real (la manipulación de los eventos presentes). A cambio, optó por convertirse en una sublimación del lenguaje, una autorrevelación emocional sin significado concreto ni contenido objetivo. Aunque no todo son malas noticias: a pesar de este divorcio entre canto y habla, nuestro lenguaje oral mantuvo reminiscencias de este pasado musical.

 

Ah-yu-yu-yu-yu-yú, ¡Prrrrrrrrrr!

Cuando tratamos de comunicarnos con bebés o infantes “exageramos” la cualidad musical de nuestra habla: Acentuamos el dibujo melódico que da coherencia a las frases, jugamos con el carácter rítmico o repetitivo de los enunciados, hacemos oscilar de forma más manifiesta el volumen (desde el susurro en pianísimo hasta una sorpresa en forte; tal y como en un instrumento musical), producimos juguetonas onomatopeyas, etc. Es decir, recalcamos el carácter musical que acompaña a la semántica de las palabras a fin de potenciar la dimensión emocional del mensaje.

Otro ejemplo es el dibujo melódico del habla, es decir, el salto entre notas distantes (conocidos como intervalos) tan presente en las lenguas latinas. Por ejemplo, una forma común de realizar preguntas reside en acabar la oración con un salto de quinta (p. ej.: un salto de do a sol; el mismo intervalo que da inicio a la archiconocida melodía de Star Wars): “¿Ho-la? ¿Hay alguien a-?”. Esta última sílaba nos otorga esa sensación de frase “abierta”, esperando respuesta.

De hecho, culturas antiguas fueron muy conscientes de estos residuos musicales del lenguaje. En la mousiké griega (el arte de las musas) era esencial esta unión primigenia donde contenido textual y canto, junto a otras expresiones como la mímica, la danza o la declamación poética, inspiraban este reencuentro velado de lo que fuimos.

 

5 pasos para hacer tu “Hmmmmm” casero

¿Recuperaríamos el canto en nuestro día a día como una forma de comunicación abiertamente emocional? Quién sabe qué sucedería si conociéramos la melodía que vibra dentro de nuestros semejantes: rabia, aplomo, envidia, vehemencia, regocijo... quizá fuera desfavorable llegar a saber tanto, ¿dónde quedaría espacio para el disimulo? O acaso todo lo contrario, ser tan cristalinos podría mermar los malentendidos comunicativos: aquellos casos donde las palabras contradicen la verdadera intención del individuo, ¿qué opina el lector?

En un intento de recuperar esa comunicación ancestral tenemos la posibilidad de hacer nuestro propio experimento casero con el “Hmmmmm”. Estos son los cinco pasos a seguir:

1. Encuentra a un interlocutor de tu especie (el Homo heidelbergensis ya está extinto).

2. Rescata un episodio anímico de tu pasado, sea fuente de aflicción o de dicha.

3. Puedes emplear palabras para narrar el suceso o sustituir todo el contenido semántico repitiendo unos mismos vocablos sencillos de significado neutro (p. ej. “pan integral”). Con esto último obtendrás mayor conciencia en la dimensión emocional y melódica del “Hmmmmm”.

4. Declama tu vivencia a tu compañero y que él responda recogiendo tu energía. Vuestras melodías se entrelazarán mutuamente creando caminos divergentes hacia nuevos territorios sensibles.

5. Disfrutad de vuestra emocionalidad Homo sapiens.

 

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