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Esta herramienta certifica a empresas que no sólo se dedican a ganar dinero sino que generan bienestar

Buena Vida

Por: pijamasurf - 09/25/2018

Sistema B es una iniciativa para certificar a empresas de triple impacto; recientemente las empresas Mustela, Davines, Carla Fernández, Someone Somewhere, Rayito de Luna, Natura y Buna fueron certificadas

En su libro Throwing Rocks at the Google Bus, el analista Douglas Rushkoff muestra cómo el paradigma de crecimiento económico a toda costa no se traduce en prosperidad real. Por el contrario, suele producir una enorme crisis social, ambiental y eventualmente también económica, a mediano y a largo plazo. Pensar solamente en incrementar las ganancias cada trimestre es irresponsable, a la larga es un mal negocio y es hasta estúpido, pues vivimos en un mundo interdependiente y lo que hace felices a las personas no son las cantidades sino la calidad de la experiencia, el sentido de propósito y pertenencia  y el legado que se puede dejar.

Lo anterior es algo que cada vez resulta más obvio, pese a cierta acendrada reticencia, y algunas iniciativas han empezado a promover un modelo empresarial mucho más sostenible. Una iniciativa que merece mencionarse es Sistema B, una comunidad sin fines lucro que agrupa a más de 2 mil 500 empresas certificadas en todo el mundo, con presencia en México y Latinoamérica desde hace unos años. Este sistema otorga una certificación a las compañías tras evaluar su desempeño social y ambiental, y provee herramientas de evaluación para que las empresas se perfilen hacia un futuro sostenible a largo plazo. La idea es crear empresas que no sean las mejores del mundo, sino las mejores para el mundo. La diferencia es importante y hasta urgente. 

Según Tania Rodríguez, copresidente de Sistema B en México, existe una tendencia global entre los consumidores que se interesan por los valores detrás de las marcas; y de acuerdo con varios estudios, hoy en día la mayoría de los millennials buscan trabajar en empresas que generen valor y beneficien a sus comunidades. 

Actualmente, unas 250 empresas mexicanas han sido certificadas como B-Corps, empresas que que han aprobado una rigurosa evaluación y que se considera que son de "triple impacto" positivo: ambiental, social y financiero. El pasado 20 de septiembre se realizó un evento para dar a conocer la adición de siete nuevas empresas de triple impacto a la familia de Sistema B, en este caso pertenecientes al ámbito de la moda, la higiene, la belleza y el estilo de vida. 

Las empresas certificadas fueron: Mustela, un laboratorio dermocosmético que ofrece fórmulas naturales de alta tolerancia y productos 100% ecológicos; Davines, una empresa italiana que ofrece productos capilares también fabricados de manera sostenible; Carla Fernández, una marca de moda que está inspirada en los colores y formas de los textiles tradicionales mexicanos, comprometida con preservar la herencia de las culturas indígenas; Rayito de Luna, una marca de productos de higiene y cuidado personal, naturales y ecosustentables, que se caracteriza por trabajar con pequeños productores; Someone Somewhere, una marca de moda y lifestyle mexicana que trabaja con artesanos indígenas e igualmente, practica el comercio justo; Natura, una marca brasileña, líder en cosméticos y Buna, café tostado de alta calidad, elaborado con insumos 100% mexicanos y que colabora con agricultores para repartir prosperidad.

 

Lee también: 4 formas de reprogramar una empresa y hacerla más sana y responsable 

 

Foto: Diseños de Carla Fernández

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Estas son las 4 claves para reemplazar malos hábitos y cambiar tu mente

Buena Vida

Por: pijamasurf - 09/25/2018

Una estrategia muy básica para reprogramar tu cerebro

Somos animales de hábitos. El hábito es una segunda naturaleza, una segunda naturaleza que puede ser odiosa y parecer casi un destino inescapable. Sólo que en realidad no lo es. Por más arraigados que estén los hábitos, pueden cambiarse, especialmente a través de otros hábitos, observando nuestras reacciones atentamente y reprogramando nuevos patrones poco a poco.

Según han notado diversos investigadores, el cerebro tiende a formar hábitos como una forma de ahorrar esfuerzo; por ejemplo, si cada vez que fuéramos a manejar tuviéramos que estar conscientes de todo lo que estamos haciendo, sería desgastante. El piloto automático hace sentido para gran parte de la existencia, aunque no para todo. 

Cuando el cerebro identifica que ciertos comportamientos producen una recompensa, entonces se crea un hábito. Pero el cerebro no nota realmente la diferencia entre una buena recompensa y una mala -o lo que a nosotros, como el yo que supuestamente controla el organismo, nos parece mala-. Hacer ejercicio o meditar, al igual que ver videos de YouTube durante horas y comer donas, produce ciertas recompensas y genera hábitos.

Según el trabajo del terapeuta Ben Atkinson, existe una estrategia que funciona muy bien y está basada en tres principios básicos para reemplazar malos hábitos con hábitos positivos. A ello, hemos añadido un cuarto principio.

 

1. Motivación

Lo primero es encontrar una motivación adecuada, es decir, algo que realmente nos mueve: ya sea la zanahoria que hará correr al conejo, o el látigo que nos amenaza -pues nos hemos dado cuenta de que, si seguimos así, las cosas realmente se pondrán insoportables-. Algunas personas funcionan mejor "por las buenas", otras "por las malas", pero de cualquier manera es necesario poner una meta y determinar lo que queremos. ¿Estar sanos y vivir más años, mejorar el desempeñó en el trabajo, ser más atractivos...?

 

2. Práctica

El cerebro es plástico, esto es, moldeable y dúctil, pero se necesita aplicar una fuerza constante durante cierto tiempo para que no regrese a su forma anterior. La práctica hace al maestro, o al profesional. Una vez encontrada la motivación correcta, es cuestión de ejecutar un plan de manera organizada y poner a prueba nuestro propio deseo -aquello que "mueve montañas"-. 

Parte de la práctica consiste en no sólo enfrentar la situación que estamos buscando cambiar, sino en ensayarla previamente, prepararnos para tener más herramientas cuando suceda. Por ejemplo, si una persona tiene miedo a hablar en público -aunque, obviamente, la forma más efectiva de superar el miedo es enfrentando la situación-, es apropiado practicar antes en casa, posiblemente con una pareja o alguien de confianza o incluso, aprendiendo a meditar y demás técnicas que pueden ser útiles.

 

3. Aplicación

El momento de trascendencia en el cual se forma un nuevo hábito que reemplaza al viejo es cuando se consigue realizar la conducta deseada, aquello que practicaste antes. Este es el momento de la prueba de alta competencia, cuando estás en la cancha y logras hacer lo que visualizaste. Cuando dejas de pensar tanto en lo que practicaste como en las otras veces que fallaste; es decir, cuando surge el estado de flujo y espontaneidad. Y para que esto ocurra, no hay de otra sino seguirte enfrentando al momento crucial, lanzarte incluso si tienes miedo. 

 

4. Ritmo

O ritmización. Es una práctica común de la educación facilitar el aprendizaje a través del ritmo: música, canciones, rima. Esto puede extrapolarse a todo ámbito. De hecho, el hábito es también una forma de ritmo, aunque a veces caótico y discordante. La manera en la que uno puede invocar el ritmo es, además de con la música, siguiendo series y repeticiones para cualquier proceso. Si se está aprendiendo algo, hay que buscar transformar aquello que se aprende en algo que se pueda cantar o que se pueda bailar. Según el psicólogo Carl Jung, la libido o el deseo se transmite hacia un "nuevo modo de actuación" a través de la ritmización. Aquí uno puede ser creativo, pero lo esencial es encontrar un ritmo -sentirse en ritmo- cuando se lleva a cabo algo que uno quiere convertir en un hábito.