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Douglas Rushkoff sobre por qué Internet es cómo un malviaje de ácido

Douglas Rushkoff es una voz única en el análisis de medios, particularmente de Internet. Rushkoff fue uno de los primeros grandes teóricos y entusiastas de la web. En 1993 publicó su libro Cyberia: Life in the Trenches of Hyperspace, un texto que captura la excitación incluso psicodélica que envolvía los inicios de la web, con personajes como Tim Leary sugiriendo que las computadoras eran el nuevo LSD. Antes ya Steve Jobs había creado el concepto de que la Macintosh era la bicicleta de la mente. Todos creían que la tecnología nos haría más inteligentes y más libres.

Rushkoff escribe en un reciente artículo que en ese momento parecía que "las computadoras eran parte de un fenómeno cultural más amplio: el descubrimiento de que la realidad era una colaboración" y una cocreación. Después de las ideas de William Gibson, había confianza en que la realidad era "una alucinación consensual" y que podía ser diseñada, como "un sueño lúcido". Ya no se trataba de "despertar de la pesadilla de la historia", sino de rediseñarla y hacer el sueño lúcido, como un viaje psicodélico de paz, amor y conciencia expansiva.

Al principio, Silicon Valley estaba tan lleno de usuarios de psicodélicos que las compañías informaban a los trabajadores de los exámenes obligatorios de antidoping con tiempo de anticipación para que pudieran tomar precauciones. Tim Leary, el profesor de Harvard que se convirtió en el máximo impulsor de los psicodélicos como herramientas de aceleración de la conciencia, creó un modelo de la experiencia psiconáutica basado en el "set and setting", el lugar o atmósfera del viaje y la intención o configuración que se le da. Según Rushkoff, el set and setting inicial del viaje de Internet tenía que ver con una intención planetaria de transformación, "progresiva, idealista, y esperanzadora". Los mismos programadores de esta nueva realidad estaban motivados por ideas psicodélicas y místicas y sus propios viajes de LSD y demás (esto es documentado de manera genial por Erik Davis, en su libro Techgnosis).

Pero esta intención no era la de todos; de alguna manera fue hackeada o trastornada por los poderes económicos y demás fuerzas que empezaron a cooptar el paisaje digital. De ahí que Rushkoff llegue a una conclusión fascinante: estamos viviendo en un mundo psicodélico sin saberlo, y teniendo un malviaje. Tim Leary alguna vez jugó con la idea de dosificar el suministro de agua de una ciudad con LSD para que millones de personas tuvieran una experiencia psicodélica. En cierto sentido, si seguimos las ideas de Rushkoff, esto ya ha sucedido, sólo que el LSD es de baja calidad -¿como el de los Hells Angels?- y el hecho de estar en un ambiente virtual en cierta forma psicodélico produce, involuntariamente, un malviaje crónico.

El problema, dice Rushkoff, es que la realidad de diseño de múltiples facetas y perspectivas distintas era incompatible con el mercado:

A diferencia de los juegos de rol de la fantasía [como Dungeons and Dragons] o la hipótesis de Gaia, la tecnología promueve producción, consumo, eficiencia e inversión. Para el poder financiero, la tecnología digital era una forma de de salvar el flaqueante mercado bursátil, al crear nuevos espacios y superficies sobre viejos y limitados mercados. La alucinación del poder financiero era un mundo de infinito potencial de crecimiento.

Al parecer, la alucinación -el viaje impulsado por testosterona, café y cocaína- de los hombres de negocios ha sido más poderosa que la de los hippies que empezaban a jugar con microchips.

A partir del 9/11, Internet empezó a convertirse velozmente en un sistema de "capitalismo de vigilancia" y no en un lugar abierto de ideas y juego: "Todavía estamos intentando operar esta nueva sociedad paranoica con lo que es un sustrato psicodélico -con poca o ninguna conciencia sobre cómo el set and setting está determinando nuestros resultados-". La tecnología digital es una droga, y produce estos resultados: la programación -el set and setting- de la publicidad produce conductas adictivas de consumo; la de los inversionistas produce un algoritmo que favorece la idea del "ganador se lo lleva todo"; la de los militares lleva a la guerra remota con drones; la del político lleva a la propaganda dirigida a targets específicos y a un "fascismo digital", etcétera.

Rushkoff hace énfasis en que no nos damos cuenta de que el ambiente digital en el que vivimos tiene, por naturaleza, la capacidad de transformar la realidad; la idea de que la realidad es una alucinación consensual se ha ejecutado, es un proyecto en marcha, sólo que hemos olvidado que hemos sido nosotros los que hemos lanzado esta máquina de crear realidades a través de la tecnología digital, y ahora las tomamos como autónomas e inevitables: "Nunca antes hemos construido nuestro mundo tan completamente". Estamos construyendo esta realidad con la tecnología, pero, dice Rushkoff, no tenemos disciplina psíquica (¿acaso para soñar distinto?). El mundo digital refleja nuestros miedos, paranoias y codicias.

Rushkoff acaba con una nota positiva, sugiriendo que existen indicios de que el sustrato original de la web está volviendo a brotar a través de ciertos impulsos de creatividad humana, personas que están catalizando el poder social de la red para contrarrestar el poder enajenante de la lógica capitalista transhumanista que impera. Al final, los malviajes de ácido -una vez atravesado ese infierno que se llega a presentar- suelen acabar en estados de catarsis, paz y auténtica conexión. Esperemos que esto sea cierto y no nos quedemos en el malviaje, acaso alucinando que somos robots zombis y que el sentido de nuestra vida es tener más likes en Instagram.

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Un duro golpe para Facebook

Este ha sido un año difícil para Facebook. La red social más grande del mundo ha estado bajo intenso escrutinio a partir de que se reveló que Cambridge Analytica otuvo acceso a millones de perfiles para influir en las elecciones de Estados Unidos y, aparentemente, permitió la injerencia de Rusia. Zuckerberg tuvo que presentarse ante el Congreso y el Senado de Estados Unidos para responder numerosos cuestionamientos.

En respuesta a un clima enrarecido de serio cuestionamiento, Facebook ha hecho importantes cambios que al parecer podrían no ser muy rentables, aunque son indispensables para sanear su imagen pública. Entre ellos está una mayor transparencia, más privacidad y un giro más hacia lo social y menos hacia las noticias (la idea es ser, otra vez, más una red social y menos un medio).

Ante esta situación, los ingresos de Facebook se vieron afectados. Si bien la compañía reportó ganancias de 13.2 mil millones de dólares, esto fue mucho menos de lo que se esperaba en Wall Street, lo cual colocó en un estado de volatilidad sus acciones, que pasaron de 217 dólares por acción hasta 176 dólares en un solo día. La pérdida es realmente monumental -cerca de 120 mil millones de dólares-, no sólo porque alcanzó el 20% del total, sino por el valor total de la empresa, por lo cual podría ser la caída de valor más grande de la historia, comparada al producto interno bruto de varios países. 

Zuckerberg, quien perdió en la jornada unos 15 mil millones, pasó en 5 minutos de ser el cuarto hombre más rico del mundo a ser el sexto. Y eso no es todo. Según se ha empezado a especular, la junta directiva de Facebook podría estar ya buscando un reemplazo para Zuckerberg, en aras de cuidar el negocio. Algo que no sería del todo raro, ya que muchas de estas compañías que cotizan en la bolsa avanzan, con el tiempo, a tener un CEO que no es el fundador. Sin embargo, Zuckerberg ha sido especialmente reticente a soltar el control de la empresa que creó cuando era un estudiante universitario.