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Memento mori no significa lo que crees (esto es lo que realmente significa)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/07/2018

La traducción de la frase memento mori tiene una sutileza que merece tomarse en cuenta

Todos hemos escuchado la frase memento mori, y generalmente se cree que significa "recuerda que morirás", como lo encontramos en Wikipedia, pero no es así. Como bien explica el Dr. David Bentley Hart, la frase latina significa literalmente "recuerda morir", aunque la diferencia es sutil, es significativa.

 

Memento mori le susurraba su sirviente al oído a un general victorioso en su procesión triunfal en Roma. Pero luego también fue utilizado como meditación por los monjes benedictinos en sus celdas -algo que también hacen los budistas, obviamente sin usar la misma frase-.

En primera instancia se podría pensar que le frase es más apropiada si se entiende como recordar la muerte (recordar que uno va a morir), pues recuerda morir no parece ser necesario, ya que todos seguramente probaremos ser igualmente capaces de cumplir con la muerte cuando se presente la situación. Y, sin embargo, ya que la muerte no se concibe como el final absoluto, sino como un evento de máxima significación, la frase tiene sentido: recuerda morir, es decir, aprende a morir.

Por una parte la sola idea de recordar la muerte ya es fecunda para llevar una vida más significativa. Memento mori estaba relacionada a la idea de que todo bajo el sol es vanidad (vanitas), la idea que se expresa en el Eclesiastés. Vanitas memento mori se complementan, recuerda que esta vida es vana, que es pasajera e impermanente, medita en la muerte que llama como una posibilidad luminosa, que si se vive sin vanidad puede probar ser la libertad.

Pero esto se completa aún más cuando recordamos morir cada día. Desapegarnos del placer o el dolor, desanudar nuestros hábitos -cambiar de piel como la serpiente- dejar atrás nuestros temores y ambiciones mundanas para estar ligeros cuando nos encuentre la muerte. Los egipcios creían que al morir el corazón era pesado en una balanza en la que de un lado se colocaba una pluma de la diosa de la justicia (Maat). Si el corazón era más ligero o al menos igual de ligero que la pluma de Maat esto permitía que el alma disfrutará de la vida después de la muerte.  

Y, como es harto conocido, para Platón la filosofía era fundamentalmente la preparación para la muerte, una educación para morir y elevar al alma en la muerte. Recordar morir en vida -separar el alma de la pesadez mundana- era un primer paso para recordar en la muerte la eternidad de las formas divinas que el alma había contemplado originalmente. Recordar morir todos los días es lo que permite que cuando llegue la muerte seamos capaces de desprendernos.

Esto cobra un significado a un más profundo en el cristianismo, donde la muerte, el sacrificio de Dios, permite, según el dogma, la  divinización del hombre. La muerte es regeneración. Escribe Simone Weil: "La muerte es lo más precioso que se le ha dado el hombre. Por esa razón hacer un mal uso de la misma constituye una impiedad suprema...Tras la muerte, el amor."

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Charles Bukowski previó en este poema la soledad que Internet traería al ser humano

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/07/2018

Con desgarradora lucidez, Bukowski anticipó el efecto que la tecnología contemporánea de comunicación tendría en las relaciones humanas

Desde que Internet comenzó a revolucionar las comunicaciones contemporáneas, junto con el entusiasmo que esto provocó, desde otras perspectivas más críticas (o cuando menos escépticas) se señaló un peculiar fenómeno de esa fiebre que se cernía sobre el mundo. 

Si bien parecía muy seductor transmitir un mensaje de un punto a otro del planeta en cuestión de segundos, saber de inmediato qué pasaba en lugares que se creía remotos, enviar y recibir datos de todo género y especie (imágenes, audio, videos, etc.), por otro lado, un poco a la sombra y todavía sin mucha atención, despuntaba ya un fenómeno paradójico: con tantos medios de comunicación al alcance, el ser humano se mostraba un poco más aislado cada vez.

En años recientes, ese efecto no es la quimera catastrofista de algunos cuantos agoreros celosos del avance tecnológico. Nada de eso. Las consecuencias del uso de redes sociales en el estado de ánimo han sido ya ampliamente documentadas; también desde otras disciplinas como la sociología o la filosofía, se ha argumentado esa circunstancia contradictoria del ser humano contemporáneo, que puede hablar con personas de todo el mundo, pero es incapaz de cambiar algunas palabras con aquellos con quienes se cruza a diario; o que tiene acceso a miles de fuentes de información, pero parece optar por permanecer en la “dulce” ignorancia.

Entre esas personas que supieron descreer de las mieles de la tecnología moderna estaba Charles Bukowski, acaso uno de los personajes más impresentables de la literatura estadounidense pero, como buen poeta, clarividente también, sensible a las necesidades auténticas del ser humano y a las formas casi siempre equivocadas con que históricamente hemos intentado satisfacerlas.

Bukowski murió en 1994, así que atestiguó apenas el despunte de la era de la información que en los siguientes años alcanzaría su cénit. Con todo, alcanzó a escribir el poema que transcribimos a continuación, primero el original en inglés y después la traducción de Silvia Barbero.

now it’s computers and more computers
and soon everybody will have one,
3-year-olds will have computers
and everybody will know everything
about everybody else
long before they meet them.
nobody will want to meet anybody
else ever again
and everybody will be
a recluse
like I am now
.

hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse
y por eso nadie querrá conocerse.
Nadie querrá conocer a nadie
nunca jamás
y todos serán
unos solitarios
como lo soy yo hoy.

El poema puede encontrarse en el libro The Continual Condition, una colección de textos publicada póstumamente en el 2009. En español ha sido traducido, como dijimos, por Silvia Barbero, y la publicación corrió a cargo de la editorial especializada en poesía Visor.

 

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