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Director de 'El Exorcista' filma exorcismo real conducido por Gabriele Amorth, el exorcista del Vaticano (VIDEO)

Magia y Metafísica

Por: pijamasurf - 07/30/2018

William Friedkin nunca había visto un exorcismo real cuando realizó su famosa película; ahora se ha dado a la tarea de documentarlo

William Friedkin, director de la película de culto El exorcista, acaba de estrenar su nueva película, el documental The Devil and Father Amorth, en el cual muestra el primer exorcismo oficial grabado en video. Obviamente hay muchos casos de exorcismos que han sido videograbados, pero no exorcismos realizados por el gran maestro exorcista Gabriele Amorth, quien es el encargado del Vaticano en la materia.

Amorth tiene 91 años y en una de las escenas se le observa operando sobre una mujer llamada Cristina, la cual dice estar poseída por el Diablo y habla haciendo voces extrañas. El padre, que la ha exorcizado ya ocho veces, le pregunta "¿Cuántos son?" y ella contesta "Somos Legión". En la película Friedkin, además de grabar los exorcismos de Amorth, investiga la imposibilidad de la medicina de explicar los síntomas que se presentan en los posesos y, por supuesto, los pormenores y beneficios de los rituales católicos para expulsar a los demonios.

En otra secuencia, Friedkin entrevista a una mujer italiana llamada Nadia, que fue tratada por Amorth y su hermano Paolo. "Me dijeron que reptaba por el suelo y decía palabras incomprensibles", dice Nadia. "Su cuerpo empezó a transformarse en algo que no era humano", añade Paolo; "Había que sujetarla entre cuatro".

Se calcula que en Italia unas 500 mil personas acuden cada año a un exorcista, lo cual obviamente sugiere que las creencias de los italianos los hacen más susceptibles a buscar este tipo de procedimientos. En México, quizás se buscaría hacerse una limpia. En Suiza, terapia.

El documental ya puede verse en Netflix.

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Hay un sentimiento que llena y parece corresponder únicamente a la sensación de lo trascendental

Uno abre Confesiones de San Agustín y se halla con un pensador, uno inquietísimo, pero sobre todo, un inspirado envidiable. Hay algo en sus palabras que nos transmite un espíritu lleno, que desborda una alegría trascendental, le llamo yo. Tan está ahí que San Agustín consigue hacérnosla sentir, y en este libro se guarda una verdad que todos buscamos: ese sentimiento, que llena.

Hallamos en Confesiones una Roma (354-430 d. C.) que aún no está dibujada del todo por el cristianismo, que venera a sus dioses antiguos y está inmersa en sus costumbres arraigadas, como la lucha entre gladiadores. Hallamos también a un San Agustín ávido de sentido: "Confesiones no es más que un relato autobiográfico de la búsqueda de éste".

El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

Sobre la eternidad

Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD