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Sobre rescatar a tu padre del vientre de una ballena (o la importancia del arquetipo del padre)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/04/2018

Esto le puede dar un verdadero fondo significativo al Día del Padre

Algunas interpretaciones de la psicología profunda han puesto al hijo en enfrentamiento con el padre. Tomando de mitos como el de Edipo o los mitos recogidos en La rama dorada de Frazer, el padre es visto como el adversario del hijo que quiere desarrollarse y zanjar su propio camino, convertirse en rey de su propio reino. Sin embargo, igualmente profundo en la psique y seguramente más entrañable y valioso es el arquetipo del viejo sabio, de la figura paternal que ayuda a crecer al hijo y le abre las puertas del mundo. El padre como una figura reverencial, símbolo de la tradición, o de aquello que da sentido y orden a la existencia.

El psicólogo Jordan Peterson, quien ha alcanzado inusitada popularidad en el último año, ha identificado este tema del arquetipo del buen padre y la tradición que representa como clave en el desarrollo de las nuevas generaciones. Este padre, a veces representado como el viejo rey, es sobre todo símbolo del Logos, en el sentido griego: razón, orden, inteligencia, mesura. Peterson, como antes hizo Jung, ha identificado una pérdida de identidad cultural en relación a una tradición filosófica, ética, artística y religiosa. La sociedad moderna parece vivir en el encandilamiento de lo nuevo, sin prestar atención a la estructura profunda que da soporte a nuestros valores y mantiene viva una tradición.

Para explicar esto, Peterson usa el ejemplo de Pinocho. Pinocho empieza como una marioneta que se enfrenta a numerosos vicios, como la deshonestidad. Peterson sugiere que el gran valor que ha transmitido la civilización occidental es que decir la verdad lleva al bien del individuo y la sociedad. El entendimiento y maduración de Pinocho llegan a su culmen cuando logra escapar de la Isla del Placer, que significa el hedonismo y la irresponsabilidad, para finalmente sacar a su padre, Geppetto, del vientre de una ballena. Aunque Pinocho muere al hacer esto, un hada lo restituye a la vida, esta vez como un niño auténtico, debido a su heroísmo. Este acto, dice Peterson, simboliza rescatar la cultura, la tradición de la que es parte, la cual está basada en esta moralidad que ha trascendido el paso del tiempo.

Peterson cree que entrar a la profundidad y al cuerpo de la ballena simboliza dos cosas sobre todo: conocer y familiarizarse con la tradición intelectual de la que somos parte. ¿Qué eran las cosas que daban sentido a la vida de nuestros padres? ¿Qué libros leyeron? ¿Cuáles eran las ideas que le daban solidez a su mundo? Esto no significa necesariamente adoptarlas, pero sí conocerlas para poder ejercer un pensamiento crítico. Aquel que no conoce la historia, y especialmente su propia historia -que fluye por la sangre-, está condenado a repetirla. La segunda parte de este descenso simbólico al inframundo y enfrentamiento con el monstruo de las profundidades tiene que ver con afrontar el miedo, lo cual posibilita el acto heroico (la maduración del egoísmo hacia la responsabilidad y el amor a los otros). Esto lo podemos dividir en dos aspectos. Por una parte es perder el miedo que se le tiene a veces al padre para que predomine, en la maduración del individuo, el amor. Y por otra parte significa continuar con la tradición que dejó el padre, es decir, resolver aquellos problemas atávicos que penden sobre una familia y una sociedad y reconocer que en el pasado, en la herencia cultural, hay cosas vitales que deben rescatarse. Este respeto, a la vez, significa la aceptación y la humildad de que no estamos solos y no nos podemos valer absolutamente por nosotros mismos, sino que dependemos de lazos familiares y culturales que nos dan sostén. 

Esto mismo lo podemos aplicar a nuestra relación paternal. Valorar a nuestro padre como representante de una tradición, de un pasado que necesitamos conocer y honrar para ser nosotros mismos. Peterson, un poco como Confucio, dice que faltarle el respeto al padre es faltarle el respeto al espíritu paternal, es decir, a toda la tradición de conocimiento, a todo el orden sociocultural del cual somos hijos.

 

Foto: Spencer M. de Gauthier

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Esta es la razón por la que el sexo se ha vuelto excesivamente importante para las personas, según Krishnamurti

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/04/2018

El sexo es demasiado importante para los individuos, sugiere Krishnamurti; su casi monopolio de nuestra atención oculta algo más profundo que estamos buscando

Jiddu Krishnamurti fue, sin duda, uno de los más importantes maestros espirituales del siglo XX. Krishnamurti se rebeló ante la espiritualidad tradicional -que consideraba supersticiosa y dogmática- y enseñó, de alguna manera, un sendero sin sendero, o al menos sin maestro, donde lo fundamental era el individuo y su propia búsqueda interna, libre de los sistemas políticos, religiosos o sociales. Aunque Krishnamurti tuvo una serie de experiencias místicas -que llamó "el proceso"- su enseñanza fue en extremo racional, dueña de una lúcida deconstrucción del pensamiento para llegar a la esencia silenciosa de la conciencia. Osho, de broma, lo llamó la "reencarnación de Aristóteles", por ser tan racional. Lo consideraba brillante, una de las personas más brillantes del siglo XX, pero, decía, le faltaba sentido del humor.  

En una de sus famosas sesiones de pregunta/respuesta, Krishnamurti respondió a la pregunta de "¿Por qué es tan importante el sexo?" en su manera característica, llevando de la mano a la audiencia en un recorrido hacia los elementos constitutivos de la cuestión, lo cual requiere hacer nuevas interrogaciones. 

Krishnamurti empieza diciendo que "el sexo es probablemente lo más placentero que puede vivir el ser humano, pero al exigir ese placer hay innumerables complicaciones". Y aunque se han escrito cuantiosos volúmenes en torno al sexo, no se ha hecho realmente esta pregunta de por qué es tan importante el sexo (obviamente, además de por su función reproductiva). 

La explicación, según Krishnamurti, tiene que ver con que "toda la vida es una lucha, un tumulto, sin nada creativo". O nada realmente creativo, porque el filósofo indio mantiene que no puede haber realmente creatividad mientras haya egoísmo. Sin embargo, aceptamos que cosas como pintar un cuadro o cocinar un platillo son creativas porque producen riqueza, fama, placer, etcétera.

En el estado en que vivimos, pareciere que "tal vez sólo en el sexo hay libertad". En el estado común el individuo vive deseando (en el futuro) o lamentándose y recordando (en el pasado), perseguido por sus pensamientos. El sexo parece darnos, al menos, un descanso de este estado y situarnos en el presente -aunque claro que hay personas que ni siquiera en el sexo están presentes, la mayoría, por la pura fuerza de las sensaciones, olvida por unos minutos sus pensamientos y sus problemas-. No obstante, la libertad del sexo, nos dice Krishnamurti, está circunscrita. No es una libertad completa.

"Estamos privados de la libertad externa e internamente. Por generaciones nos han dicho qué hacer, qué pensar. Pero ahora reaccionamos diciendo 'Haré lo que quiera', pero eso también está limitado, por tu deseo, tu placer, tu capacidad", dice Krishnamurti. El hombre moderno ha descubierto que poder "hacer lo que quiera", tal como el mundo moderno lo permite, no es realmente la libertad, sino algo más parecido al libertinaje. Y es que la libertad es algo que proviene del interior, de uno mismo, y no puede ser otorgada por alguien más:

Donde no hay libertad afuera o adentro, entonces el sexo parece ser la única fuente de libertad. ¿Por qué le damos [tanta] importancia? ¿Le damos igual de importancia al sexo que a estar libres de miedo? No. ¿Le damos igual de energía y vitalidad a acabar con la miseria? ¿Por qué no? ¿Por qué sólo eso? Porque eso es más fácil. Lo otro exige toda tu energía. Energía que sólo puede surgir cuando estás libre. Así que es natural que tantas personas le den una importancia tremenda al sexo. Cuando le das demasiada importancia te estás destruyendo. La vida es todo, no sólo una parte. Si le das importancia a todo, el sexo se vuelve algo no tan importante. Los monjes han negado el sexo y creen que han dirigido su energía a Dios. Pero siguen hirviendo, no puedes suprimir a la naturaleza... Cuando le das a una sola cosa toda la importancia, entonces eso te corrompe.

Evidentemente el individuo está confundido, sugiere Krishnamurti, pues lo que realmente quiere es dejar de tener miedo, dejar de sufrir, pero no logra dirigir su energía a lo realmente importante y se obsesiona con el sexo, pues es el alivio más fácil. Incluso los monjes que buscan suprimir el deseo, no logran librarse de esta obsesión; por el contrario, suelen exacerbarla. Así que, obviamente, la solución no es reprimir la sexualidad. 

Krishnamurti sostiene que existe "un estado de creatividad sin sombra alguna de egoísmo", que "no es autoexpresión, no es autorrealización, es creación". Esto es lo que las personas realmente quieren cuando están buscando la satisfacción a través del sexo. El sexo es un sucedáneo del estado de creatividad libre, no egoísta. Pero el sexo en realidad no es creativo -en el sentido que le da Krishnamurti a la creatividad- en tanto exista egoísmo, mientras se busque el placer personal. Nuestra obsesión como sociedad por el sexo oculta lo que realmente estamos buscando, que es esa creatividad silenciosa, espontánea, natural que ocurre cuando la mente se aquieta completamente  -así, el sexo es sólo una versión limitada de la dicha ilimitada del ser, que incluye e integra todas las cosas-. Krishnamurti habla de una "conciencia sin elección" (choiceless awareness). "La habilidad de observar sin evaluar es la forma más alta de inteligencia", dice.

El video puede verse con subtítulos en español, haciendo clic en Settings/Auto-translate.