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Las diferencias entre los 3 tipos de budismo: theravada, mahayana y vajrayana

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/10/2018

Estas son las características más sobresalientes de los 3 grandes vehículos budistas

El budismo es una de las grandes religiones mundiales y una de las que mayor aceptación tienen en la sociedad moderna intelectual, acaso porque tiene varios puntos en común con el pensamiento científico y crítico. Sin embargo, está lejos de poder reducirse a lo psicológico y a lo secular, como han querido algunos académicos occidentales. Uno de los aspectos más notables de esta religión, originada con el despertar del Buda alrededor del año 500 a. C. (lee aquí la historia de cómo logró el despertar), es que ha evolucionado y se ha transformado enormemente en su contacto con los diferentes lugares a los que ha viajado. Así, el zen japonés o el vajrayana tibetano son radicalmente distintos al budismo temprano o theravada, si bien comparten importantes principios fundacionales (algunos académicos incluso quisieron llamar al budismo tibetano "lamaísmo", algo que ha sido mayormente abandonado en la academia más seria). En este artículo brevemente repasaremos las distinciones entre los tres principales vehículos o escuelas budistas que se practican hoy en día: el theravada (o hinayana, término a veces considerado despectivo), el mahayana y el vajrayana (también conocido como mantrayana y tantrayana). Hay que mencionar que esta clasificación no es exhaustiva, ya que dentro de estas clases existen otras subdivisiones importantes que tienen particularidades descollantes (por ejemplo, el zen dentro del mahayana o el budismo de Tierra Pura) y hay por supuesto otras escuelas que han existido a lo largo de la historia, que merecerían mencionarse en un estudio más extenso. Nos serviremos de las explicaciones de Edward Conze y Robert Thurman, dos importantes profesores que además han sido practicantes del budismo: theravada y mahayana en el caso de Conze y vajrayana en el caso de Thurman, quien es el padre de la actriz Uma Thurman y el director de la Casa Tíbet de Estados Unidos.

Conze escribe:

El primero [el budismo temprano o theravada] se ocupa de cómo los individuos pueden alcanzar el control de sus propias mentes, y este autocontrol se obtiene por el método del análisis psicológico; el segundo [mahayana] se vuelve hacia la naturaleza (svabha) de la realidad verdadera y la toma de conciencia interna de que esa naturaleza verdadera de las cosas ha de ser decisiva para la salvación; el tercero ve la clave de la iluminación en el ajuste y armonía con el cosmos, y utiliza antiquísimo métodos mágicos y ocultos para conseguirla. Soteriológicamente, difieren en la concepción del tipo de hombre que intentan producir. Durante el primer período el ideal de la santidad es el arhat, una persona sin ataduras, en la cual todo anhelo ha perecido y que jamás nacerá de nuevo en este mundo. En el segundo es el bodhisattva, una persona que desea salvar a todos los seres humanos y que espera al final llegar a ser un buda omnisciente. En el tercero es el siddha, un hombre en tal armonía con el cosmos que está libre de cualquier clase de limitación y que como agente libre es capaz de manejar las fuerzas cósmicas tanto internas como externas a sí.

(Edward Conze, Breve historia del budismo)

Thurman busca ordenar estas tres fases en el tiempo y situarlas en términos similares al entendimiento religioso occidental influido por el judeocristianismo. Así tendríamos una primera fase de más o menos 500 años, en la que predomina el budismo theravada o budismo monástico; surge entonces el budismo mahayana, al cual llama mesiánico y traduce como "el vehículo universal" (a diferencia del theravada, éste tiene un énfasis social y no individualista); y 500 años después surge el budismo tántrico, esotérico u apocalíptico (vajrayana). Esta, sin embargo no es en realidad una historia lineal en la que uno reemplaza al otro, sino que se funden, interpenetran y bifurcan. Por ejemplo, el budismo vajrayana afirma estar embebido de los primeros dos vehículos y el practicante del vajrayana necesariamente debe integrar las enseñanzas del theravada y el mahayana -de otra forma sería meramente un hechicero, un chamán o un charlatán-. Así tenemos que una persona como el Dalái Lama, quien es una especie de embajador universal del budismo, si bien es un practicante del budismo vajrayana, puede decir que su religión es la bondad o la compasión. Aunque la compasión es aquello que suele identificarse con el budismo mahayana y el ideal del bodhisattva, la compasión está implícita en todos los budismos y es el sine qua non de la práctica del vajrayana. 

Thurman apunta que el mahayana se distingue del theravada por su énfasis social y crea un modelo para practicantes laicos. Al mismo tiempo empieza a surgir una veta devocional, el bhakti de la India, que generaría las grandes religiones hindúes, como el vasinavismo y el shaivismo. Aunque de una manera no teísta -o no creacionista-, las práctica devocionales se empiezan a incorporar en el budismo y surge un panteón de bodhisattvas. En el vajrayana -que se deriva en cierta medida del tantra hindú- esto llegará al punto en el que se tendrá una gran cantidad de deidades, las cuales serán incorporadas en el llamado "yoga de la deidad", en el que el practicante se visualiza como una deidad iluminada conformada por dicha y vacuidad. Thurman sugiere que el tantra surge dentro de un milieu en el que la India se encontraba en una época de riqueza y refinamiento, en la que las personas estaban listas para un método más inmediato de experiencia o realización. Los tantrikas fueron en muchos casos los consejeros de reyes géntiles y ellos mismos fueron los reyes de sus mandalas, que son algo así como palacios espirituales. Fue entonces cuando se empezaron a difundir "las tecnologías espirituales" para alcanzar el despertar en una sola vida, utilizando el tantra, término que significa "continuidad". La continuidad del fondo o base de iluminación que existe en todas las cosas. El vajrayana sería el vehículo del rehilar o reconocer el estado de iluminación no interrumpido que ha sido velado por la ignorancia. Este es el sentido del término vajra: el arma de Indra, el rayo, lo indestructible, que será para los budistas tántricos el cuerpo adamantino, el cuerpo de luz indestructible. Aquí tenemos una importante diferencia: a partir del mahayana se empieza a establecer una visión no-dual de la realidad y se habla de una esencia o naturaleza búdica (tathagatagarbha) que existe en todos los seres, mientras que en el theravada no resulta evidente que cualquier persona pueda convertirse en un Buda o que el estado de liberación pueda predicarse en términos positivos. Si la naturaleza búdica existe en nosotros, entonces no se trata ya de producirla sino simplemente de descubrirla, de eliminar aquello que impide que brille, como limpiar el polvo de un cristal. Igualmente importante es el concepto de shunyata o vacuidad, el cual es una evolución de la idea temprana de pratityasamputpada u originación dependiente. Vacuidad, en este sentido, no significa nada -el budismo no es un nihilismo, como creyeron algunos filósofos como Hegel- sino interdependencia, es decir, ausencia de existencia intrínseca independiente. Las enseñanzas del camino medio de Nagarjuna, a quien algunos consideran el fundador del mahayana, sugieren, más que una nada, "una ausencia de ser y de no ser", un golpe tanto a la lógica aristotélica como al eternalismo teísta, que es también una vía regia a la sabiduría. Todo depende de todo y todo lo que podamos decir sobre la verdad última es sólo un concepto, una designación verbal, y no esa verdad en sí misma.

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Esta es la razón por la que el sexo se ha vuelto excesivamente importante para las personas, según Krishnamurti

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/10/2018

El sexo es demasiado importante para los individuos, sugiere Krishnamurti; su casi monopolio de nuestra atención oculta algo más profundo que estamos buscando

Jiddu Krishnamurti fue, sin duda, uno de los más importantes maestros espirituales del siglo XX. Krishnamurti se rebeló ante la espiritualidad tradicional -que consideraba supersticiosa y dogmática- y enseñó, de alguna manera, un sendero sin sendero, o al menos sin maestro, donde lo fundamental era el individuo y su propia búsqueda interna, libre de los sistemas políticos, religiosos o sociales. Aunque Krishnamurti tuvo una serie de experiencias místicas -que llamó "el proceso"- su enseñanza fue en extremo racional, dueña de una lúcida deconstrucción del pensamiento para llegar a la esencia silenciosa de la conciencia. Osho, de broma, lo llamó la "reencarnación de Aristóteles", por ser tan racional. Lo consideraba brillante, una de las personas más brillantes del siglo XX, pero, decía, le faltaba sentido del humor.  

En una de sus famosas sesiones de pregunta/respuesta, Krishnamurti respondió a la pregunta de "¿Por qué es tan importante el sexo?" en su manera característica, llevando de la mano a la audiencia en un recorrido hacia los elementos constitutivos de la cuestión, lo cual requiere hacer nuevas interrogaciones. 

Krishnamurti empieza diciendo que "el sexo es probablemente lo más placentero que puede vivir el ser humano, pero al exigir ese placer hay innumerables complicaciones". Y aunque se han escrito cuantiosos volúmenes en torno al sexo, no se ha hecho realmente esta pregunta de por qué es tan importante el sexo (obviamente, además de por su función reproductiva). 

La explicación, según Krishnamurti, tiene que ver con que "toda la vida es una lucha, un tumulto, sin nada creativo". O nada realmente creativo, porque el filósofo indio mantiene que no puede haber realmente creatividad mientras haya egoísmo. Sin embargo, aceptamos que cosas como pintar un cuadro o cocinar un platillo son creativas porque producen riqueza, fama, placer, etcétera.

En el estado en que vivimos, pareciere que "tal vez sólo en el sexo hay libertad". En el estado común el individuo vive deseando (en el futuro) o lamentándose y recordando (en el pasado), perseguido por sus pensamientos. El sexo parece darnos, al menos, un descanso de este estado y situarnos en el presente -aunque claro que hay personas que ni siquiera en el sexo están presentes, la mayoría, por la pura fuerza de las sensaciones, olvida por unos minutos sus pensamientos y sus problemas-. No obstante, la libertad del sexo, nos dice Krishnamurti, está circunscrita. No es una libertad completa.

"Estamos privados de la libertad externa e internamente. Por generaciones nos han dicho qué hacer, qué pensar. Pero ahora reaccionamos diciendo 'Haré lo que quiera', pero eso también está limitado, por tu deseo, tu placer, tu capacidad", dice Krishnamurti. El hombre moderno ha descubierto que poder "hacer lo que quiera", tal como el mundo moderno lo permite, no es realmente la libertad, sino algo más parecido al libertinaje. Y es que la libertad es algo que proviene del interior, de uno mismo, y no puede ser otorgada por alguien más:

Donde no hay libertad afuera o adentro, entonces el sexo parece ser la única fuente de libertad. ¿Por qué le damos [tanta] importancia? ¿Le damos igual de importancia al sexo que a estar libres de miedo? No. ¿Le damos igual de energía y vitalidad a acabar con la miseria? ¿Por qué no? ¿Por qué sólo eso? Porque eso es más fácil. Lo otro exige toda tu energía. Energía que sólo puede surgir cuando estás libre. Así que es natural que tantas personas le den una importancia tremenda al sexo. Cuando le das demasiada importancia te estás destruyendo. La vida es todo, no sólo una parte. Si le das importancia a todo, el sexo se vuelve algo no tan importante. Los monjes han negado el sexo y creen que han dirigido su energía a Dios. Pero siguen hirviendo, no puedes suprimir a la naturaleza... Cuando le das a una sola cosa toda la importancia, entonces eso te corrompe.

Evidentemente el individuo está confundido, sugiere Krishnamurti, pues lo que realmente quiere es dejar de tener miedo, dejar de sufrir, pero no logra dirigir su energía a lo realmente importante y se obsesiona con el sexo, pues es el alivio más fácil. Incluso los monjes que buscan suprimir el deseo, no logran librarse de esta obsesión; por el contrario, suelen exacerbarla. Así que, obviamente, la solución no es reprimir la sexualidad. 

Krishnamurti sostiene que existe "un estado de creatividad sin sombra alguna de egoísmo", que "no es autoexpresión, no es autorrealización, es creación". Esto es lo que las personas realmente quieren cuando están buscando la satisfacción a través del sexo. El sexo es un sucedáneo del estado de creatividad libre, no egoísta. Pero el sexo en realidad no es creativo -en el sentido que le da Krishnamurti a la creatividad- en tanto exista egoísmo, mientras se busque el placer personal. Nuestra obsesión como sociedad por el sexo oculta lo que realmente estamos buscando, que es esa creatividad silenciosa, espontánea, natural que ocurre cuando la mente se aquieta completamente  -así, el sexo es sólo una versión limitada de la dicha ilimitada del ser, que incluye e integra todas las cosas-. Krishnamurti habla de una "conciencia sin elección" (choiceless awareness). "La habilidad de observar sin evaluar es la forma más alta de inteligencia", dice.

El video puede verse con subtítulos en español, haciendo clic en Settings/Auto-translate.