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Estudio muestra que las mujeres sobrestiman los intentos sexuales de su pareja; los hombre los subestiman

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/03/2018

En relaciones de pareja, las mujeres piensan que los hombres quieren tener más sexo; los hombres detectan menos los avances sexuales de sus parejas

Incluso en parejas que llevan mucho tiempo, la iniciación del acto sexual suele ser un proceso sutil. Aunque evidentemente existen excepciones, esto parece obedecer a que por una parte parece ser más sexy lo que no es planeado, lo que sucede como una señal espontánea y lúdica en el momento, y por otro lado, al hecho de que en el ser humano existe un temor al rechazo que es difícil de superar incluso en relaciones muy sólidas y, por ello, la sutileza y la ambigüedad pueden ser formas de paliar esto.

Un estudio reciente liderado por investigadores de la Universidad del Oeste de Ontario averiguó la capacidad que tienen las personas de detectar los avances sexuales de sus parejas. Parejas heterosexuales de más de 3 meses y entre 18 y 51 años participaron en el estudio. Los participantes tuvieron que responder a los investigadores el número de veces que habían intentado iniciar el acto sexual y las veces que habían percibido que su pareja lo hacía. Los investigadores notaron que en general los hombres y las mujeres logran evaluar de manera precisa los intentos de sus parejas, algo que resulta obvio con el tiempo. Sin embargo, en promedio las mujeres sobrestimaron el número de veces que los hombres intentaban tener sexo. Por otro lado, los hombres subestimaron el número de veces que sus parejas querían tener sexo.

Los psicólogos evolucionistas que llevaron a cabo la investigación dan una lectura bajo el filtro de su propia disciplina y creen ver en esto un comportamiento relacionado al instinto de reproducción. Estudios previos habían sugerido que cuando no se trata de parejas que llevan cierto tiempo juntas, los hombres suelen ser los que sobrestiman el deseo sexual de sus parejas, algo que encaja con la idea de que el hombre busca instintivamente reproducirse -y ha evolucionado para esto y no para percibir la realidad-. En el caso de la investigación más reciente, se cree que el costo de no percibir las señales de deseo sexual son menores, ya que el hecho de tener una relación estable ofrece múltiples ocasiones para tener sexo -en cierta forma, el hombre en estos casos podría relajarse más y no estar asediando la ocasión sexual-. En el caso de las mujeres, los investigadores señalan que sobrestimar los intentos sexuales de la pareja tiene el efecto secundario positivo de incrementar el nivel de satisfacción sexual (con el llamado deseo de ser deseado). Estas conclusiones son meramente especulativas, como debe resultar evidente. Es posible, también, que entren en juego factores culturales o incluso tendencias psicológicas propias de la psique masculina y femenina que no están constreñidas a la biología reproductiva.

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Los psicópatas pueden tomar la perspectiva de otras personas, pero ésta no invade ni choca con la suya

Arielle Baskin-Sommers, de la Universidad de Yale en EEUU, siguiendo los pasos de Clarice Starling en The Silence of the Lambs (1991) –El silencio de los inocentes–, convenció a los encargados de una prisión de alta seguridad en Connecticut para realizar un estudio sobre los rasgos de personalidad en la psicopatía.

Cuando se habla de este trastorno de la personalidad surgen en la mente un sinfín de personajes despiadados, reales y novelescos, que son incapaces de sentir empatía hacia otros pero son unos maestros de la manipulación, la violencia y el caos. Rasputín, Madame de Merteuil, Charles Manson, Annie Wilkes, entre otros. Cada uno de ellos poseía una gran habilidad oral en la que destellaban grandes habilidades cognitivas; sin embargo, la incógnita en torno a sus límites emocionales se mantiene como el foco de atención de muchos especialistas en psicopatología.

Para Baskin-Sommers, “su conducta parece sugerir que ellos no consideran los pensamientos de los otros”; sin embargo, cuando están atentos a una historia y se les pregunta explícitamente qué es lo que piensa el personaje principal, pueden responder adecuadamente. Por lo tanto, la incógnita se vuelve más compleja: los psicópatas son personas tienen la capacidad de entender a sus víctimas, pero simplemente no les importa en lo más mínimo hacerlo. ¿La razón? A lo largo de su estudio, la psicóloga y sus colegas, Lindsey Drayton y Laurie Santos, encontraron que este grupo poblacional “puede deliberadamente comprender la perspectiva de otra persona, pero en promedio, no pueden hacerlo de manera automática como la mayoría de las personas lo hacen”. De hecho, este estudio es la primera evidencia en toda la historia que permite ver que los psicópatas no poseen esta habilidad automática de empatía que la mayoría de los humanos tiene. Las investigadoras tardaron alrededor de 10 años para concluirlo.

Con una población de 106 hombres de la prisión de alta seguridad, las especialistas diagnosticaron a 22 de ellos como psicópatas, 28 como libres de esta patología, y al resto los ubicaron en una zona gris. Cada vez que realizaban una entrevista se daban cuenta, sin necesidad de abarrotes ni cadenas, que para muchos de ellos “era la primera vez que alguien les preguntaba sobre su vida.” Gracias a ello comprendieron que, si bien es verdad que los psicópatas son "lábiles, narcisistas y conniventes, no todos son agresivos. Lo que sí disfrutan es de comentar detalladamente cada uno de sus asesinatos, para asustar e impactar. Pero no es así todo el tiempo. Hacen una gestión muy elaborada para impresionar”. También notaron que los rasgos de psicopatía se asociaban con la presencia de la interferencia egocéntrica y la lentitud de la interferencia altercéntrica (lo primero sucede ante la dificultad de ver algo como lo vería la otra persona, y lo segundo, cuando existe una evidente influencia por parte de la perspectiva del otro), mientras que el fenómeno de la interferencia egocéntrica –cuando la perspectiva de uno influye sobre el otro– nunca se vio afectada realmente por la perspectiva de ese otro.

No obstante, es importante señalar, tal como lo hace Baskin-Sommers, que “no todos los psicópatas son iguales, y cada uno varía en su conducta”; aunque es verdad que mientras más predominan estos rasgos de personalidad, más notoria es la interferencia egocéntrica y más cargos criminales presentan. Y, sobre todo, no pueden realizar más de dos actividades a la vez que impliquen atención y perspectiva:

Son en realidad los peores multitaskers. Todos somos malos en realizar más de dos cosas a la vez pero ellos en verdad son muy, muy malos. Esto se debe a que la ausencia de la toma de perspectiva automática se vuelve otra manifestación de esta diferencia en la capacidad de la atención.

En otras palabras, “[los psicópatas] pueden tomar la perspectiva de otras personas, pero aquella perspectiva no invade ni choca con la suya”.

Ahora bien, ningún estudio puede definir del todo a la psicopatía, pues se trata de un cúmulo de factores epigenéticos que "materializados" de cierta manera resultan en un trastorno de personalidad cuyas víctimas identifican el bien y el mal, pero deciden ir más allá de toda realidad. Y en el fondo, esto no les importa.

 

Fotografía principal: Jack Nicholson en The Shining, Stanley Kubrick (1980)