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Según el NY Times, Peterson cree en dragones, ve a las mujeres como brujas o meras esposas, y es el garrotero del patriarcado

En alguna de sus innumerables entrevistas, Jordan Peterson dijo que lo que más temía era equivocarse. Equivocarse en una entrevista, decir algo que le hiciera perder credibilidad tal vez. Con un dejo mesiánico, Peterson parecía decir que no podía equivocarse porque lo que estaba haciendo por la gente, particularmente por los hombres jóvenes, difundiendo su mensaje superacional, era demasiado importante. Quizás Peterson sabe que su meteórico ascenso -de ser un oscuro profesor de psicología de la Universidad de Toronto a ser una de las principales estrellas de filosofía y autoayuda de la Web- tiene como base hilos muy finos y que todo el beneficio personal que le ha generado su estilo provocativo puede tener un límite. Peterson ha saltado a la fama en gran medida por su postura confrontacional, por defender principios que se oponen a lo políticamente correcto, como negarse a utilizar pronombres neutros para dirigirse a los transexuales, argumentando que esto iba en contra de su derecho de libre expresión. Ya que es evidente que existe una enorme polaridad en la sociedad inflamada por la llamada política de identidades, esto le ha granjeado numerosos adversarios. Como pocas personas, Peterson genera la ira de liberales, feministas, activistas LGBT, profesores universitarios de izquierda, etc. -sin duda, se sienten agredidos e incluso amenazados por los mensajes de Peterson y por su galvanización de la Web-. En una entrevista con la BBC argumentó que existen otros factores para explicar la brecha de sueldos entre hombres y mujeres (payment gap) además del patriarcado. La entrevistadora se identificó, lo tomó personalmente, sintió que era una ofensa a todas las mujeres y, en su excitación, se nubló y fue arrasada en el debate por Peterson. En ese caso, Peterson logró no equivocarse. Poco después lo invitarían a todos los programas de TV, y me refiero al mainstream, algunos incluso cargados hacia la izquierda liberal y con cierta simpatía y respeto por sus ideas (véase, por ejemplo, su aparición con Bill Maher).

Peterson genera la ira de muchas personas, la idolatría y la admiración de otras tantas, y él mismo parece estar enormemente orgulloso de lo que ha logrado. Decenas de miles de personas aseguran haberse transformado positivamente gracias a los videos de Peterson, quien se ha convertido en la figura paternal de una "masculinidad en crisis". Lo que llama la atención es que el mismo Peterson no parece disfrutar mucho de lo que sucede, parece estar él mismo enojado, iracundo -aunque con una zona blanda sentimental por la "brutal condición" en la que viven los hombres jóvenes, los grandes olvidados de la sociedad moderna-. Recurriendo a la idea de la religión como una base arquetípica -que él mismo emplea-, Peterson encarna el aspecto iracundo, castigador y corrector del dios judeocristiano, y no el aspecto de amor y compasión. Sólo Logos y nada de Eros -¿acaso no es lógico que, siguiendo la idea de los arquetipos femeninos y masculinos de Jung, esto genere un desequilibrio y polarice las cosas hasta un desagradable y casi irreconciliable conflicto?-. Peterson critica al feminismo por crear un frente casi bélico en busca del poder, el cual ha debilitado a la nueva masculinidad -hombres débiles que sufren por no saber cómo relacionarse con las mujeres-, pero no se da cuenta de que contesta a esto con nueva vehemencia, polarizando aún más la situación y enardeciendo la guerra cultural de los sexos que tanto critica (a menos de que, por supuesto, sí se dé cuenta y lo esté utilizando de manera experta y taimada simplemente para crecer su figura en la Web, lo cual, por supuesto, anularía todo el valor de su discurso). Estoy de acuerdo con Peterson en que las guerras culturales propias de identificarse con ciertos grupos -que son como nuevas religiones seculares- han cobrado demasiada relevancia y en la búsqueda de obtener derechos se han olvidado las responsabilidades individuales, y estoy de acuerdo también en que hay rasgos típicamente masculinos que no deben mutilarse, como la competitividad, en favor de una sociedad más suave e inofensiva. Que el hombre deba desarrollar su lado femenino y reconocer el lado masculino de las mujeres -algo importante- no quita que deba también desarrollar su lado masculino -y la educación moderna sobreprotege a los niños, eliminando todo rasgo de agresividad pero también de aventura, de enfrentar dificultades-. Sin embargo, me parece que la lucha de Peterson se daría por mejor servida si no estuviera permanentemente en confrontación con el feminismo y otros grupos activos en la arena de la política de identidades. En parte, este enfrentamiento no es provocado por Peterson sino por los constantes artículos que suelen criticarlo visceralmente y a vuelapluma, sin realmente empaparse de sus ideas y dialogar con ellas. Pero Peterson tiene el hábito de responder a todas sus críticas -obsesionado por todo lo que se dice de él- y lo hace también de manera visceral y vehemente. Tal vez podría mostrar un poco de empatía también con las mujeres y con ciertas corrientes del feminismo no radicalizado. De la misma manera que el patriarcado no el único causante de la desigualdad (y mejor dicho, de la injusticia) entre los géneros, tampoco la ideología feminista es la única causante de la debilidad y la crisis existencial de los hombres jóvenes. Aunque quizás inconscientemente, Peterson está creando una especie de contrapeso, de movimiento opositorio al feminismo, y quizás algo de esto sea necesario, pero también es posible que cree un "masculinismo" (por diferenciarlo del mero machismo) radical -y así, infinitas nuevas facciones de política de identidad-.

En general, mi impresión es que al tomarse demasiado en serio su papel -el padre severo, sabio e infalible-, al estar permanentemente en una cruzada por defender lo que cree que es cierto -algo digno pero a veces fundamentalista, ya que las cosas que se discuten no son ni ciencia exacta ni valores o ideales eternos, sino justamente política mudable y volátil-, al no ser capaz de reír y relajarse, en su tensión profética y en su rigidez ideológica o moral, Peterson ha creado un espacio donde es muy fácil equivocarse, meterse en constantes enfrentamientos ideológicos -los cuales son buenos para su "marca", pero no para el pensamiento lúcido y libre- y donde acabará por hacer que buena parte de la sociedad más razonable se ponga en su contra y su sueño de esparcir el Logos se vea truncado o, necesariamente, sectarizado y radicalizado. Y recientemente parece haberse "equivocado", o al menos esto es lo que el New York Times, en un artículo periodísticamente muy engañoso, nos quiere hacer creer. Esto es lamentable, porque si es que hay algo peligroso en Peterson -y sobre todo, en su horda de excitables seguidores-, esto ciertamente se verá exponenciado por este tipo de críticas poco profesionales, que fomentan narrativas dicotómicas y que hacen que este grupo de fieles crea ver confirmado que existe una fuerza que se opone a la labor cuasimesiánica de Peterson. Hace unos meses, una mujer fue arrestada por intentar atacar a Peterson con un garrote en Toronto. Esperemos no ver que estas cosas se repitan, ya sea que Peterson sea atacado o que alguno de sus fans ataque a uno de sus críticos.

En los últimos meses ha habido numerosos artículos descalificadores de Peterson, en los que lo asocian con la irrupción de los nuevos nacionalismos, de la alt-right, lo que han llamado ahora la "Intellectual Dark Web", e incluso, con brotes fascistas. Peterson ha sido representado como "el hombre inteligente de las personas estúpidas" y como un individuo sumamente peligroso, quien, como Donald Trump, se alimenta de la cultura del miedo y el enojo, ofreciendo soluciones simplistas y universales a problemas complejos. Peterson había logrado generalmente refutar estos argumentos o al menos salir avante, sin verse demasiado afectado -su popularidad creciendo, un poco bajo la máxima de que "toda prensa es buena prensa"-, especialmente porque su mensaje es tan importante. Sus ideas de que el patriarcado no es el principal factor que contribuye a la desigualdad, que las jerarquías son naturales e incluso deseables en las sociedades humanas o que la igualdad de resultados no es algo que debamos buscar e incluso que esto último constituye un peligro que evoca a las grandes religiones políticas del siglo XX (como el marxismo) son ideas polémicas, pero ciertamente no fascistas. No las discutiremos aquí; baste decir que son temas sumamente complejos, donde existen puntos encontrados. El artículo del New York Times astuta y taimadamente, a mi juicio, muestra otra cosa, algo que muchas personas seguramente identificarán como incontrovertiblemente peligroso en las ideas de Peterson. El artículo, de manera infantil, menciona que Peterson cree que siguen existiendo las brujas y que está a favor de "la monogamia compulsoria" (enforced monogamy), lo cual ayudaría a reducir la violencia que padecen las mujeres, en parte por el resentimiento que tienen los hombres de bajo estatus al no poder conseguir pareja. El artículo, sin embargo, no explica qué significa la "monogamia compulsoria" y relaciona su respuesta con el caso de un asesino múltiple que declaró ser parte de un grupo misógino de hombres que se autodenominan "involuntariamente célibes". Uno se lleva la impresión, al leer el artículo, de que Peterson está diciendo que para que los hombres no violen y maten a las mujeres se deben emparejar obligatoriamente, y los gobiernos deben hacer efectivas estas uniones. Sin embargo, lo que significa la monogamia compulsoria u obligatoria es que socialmente se fomente (u obligue a, pero moralmente; el uso en la literatura es un tanto ambiguo) que las parejas sean monogámicas, lo cual impide que un puñado de hombres tengan múltiples relaciones, dejando a los demás sin pareja. La idea de todas maneras sigue siendo sumamente problemática para la libertad individual y uno entiende que genere cierta repulsión, pero no es algo tan violento y tabú como suena en el flujo del artículo. Históricamente, la Iglesia católica ha obligado a la monogamia y lo sigue haciendo, en cierta forma, con su "hasta que la muerte los separe". La forma en la que la pieza periodística está construida revela claramente que se trata de una "hit piece", un artículo con la intención de atacar a Peterson. Aunque eso no quita que algunas de las cosas que Peterson le dijo a esta periodista -si es que son ciertas- son realmente difíciles de defender en nuestra sociedad, particularmente desde la visión de la libertad individual que el mismo Peterson tanto elogia.

Antes de seguir revisando el artículo de Nellie Bowles, debo decir que mi intención antes de leer el artículo del Times era escribir una crítica de Peterson, quien me parece que está viviendo una peligrosa inflación y en cuyo pensamiento, paralelamente con su explosión mediática, he notado ciertas inconsistencias. Con lo cual no quiero decir que estoy de acuerdo con la forma en la que se le retrata en el artículo. Por el contrario, ante esta sesgada representación siento que es necesario defender algunos aspectos del pensamiento de Peterson, ya que han sido erróneamente reportados y, pese a mis diferencias en algunos aspectos, celebro que Peterson haya cobrado relevancia ya que es uno de los pocos "intelectuales" contemporáneos que se atreven a hablar de temas religiosos -y de defender la importancia y el valor intelectual de la religión- y generalmente lo hace de una manera inteligente y atractiva. He seguido a Peterson el último año, al principio interesado en el hecho de que ha conseguido gran popularidad en parte divulgando ideas de Nietzsche y de Jung -principalmente como estructura para la deconstrucción de los mitos modernos, como "Pinocho" y "La Bella y la Bestia" y para avanzar su interpretación del mito dominante del héroe masculino que hace orden en el caos. Coincido con una de las ideas centrales de Peterson, que viene de Jung: el ser humano necesita encontrar sentido para tener una vida plena y ese sentido se encuentra sobre todo en lo mítico y en lo espiritual, y son las grandes tradiciones religiosas las que pueden mejor proveer ese sentido -si bien el hombre moderno no se puede acercar a la religión de la misma manera dogmática que antes; necesita, como dijo Jung, un nuevo mito-. Peterson llega a mezclar lo científico -las verdades sobre cómo es el mundo- con lo mítico o religioso -las verdades sobre cómo actuar en el mundo- de una manera interesante aunque a veces poco rigurosa. El sentido, el Logos, la participación en el hacer orden en el caos, es algo que ha evolucionado con el ser humano, de tal manera que lo puede sentir en su cuerpo, en su sistema inmune, en sus entrañas. Cuando encontramos sentido y hacemos algo significativo, de manera muy simple, estamos bien, en un estado de gracia que no es determinado por la búsqueda del placer o la evasión del dolor, en orden y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza. El sentido, término que algunos traductores han usado para traducir el tao y el dharma, para Peterson es el mecanismo más alto de la evolución, una evolución moral y no sólo biológica. Buscar el sentido (meaning) es entonces más importante que buscar la felicidad, y Peterson defiende la importancia de decir la verdad para encontrar sentido y vivir conforme a un fondo ético y mítico a la vez -cuando decimos mentiras hay algo en nosotros que se disocia, se fragmenta y se pone en contradicción ontológica-. Creo que esta es una adaptación de la filosofía de Jung -que tiene como sentido esencial el encuentro de lo numinoso a través de la colaboración con el inconsciente y no el triunfo de la voluntad individual y la cosecha de los bienes mundanos- para un individuo socialmente funcional y exitoso, una versión pop que se centra en una versión del arquetipo del héroe en era de los cómics y los blockbusters de Marvel. Dicho eso, al menos tiene como base una psicología arraigada en ideas filosóficas más profundas que el mero materialismo científico y la política de identidad moderna de la sociedad secular, la religión de nuestros días, según ha observado el erudito italiano Roberto Calasso. Una religión moderna con el fanatismo, pero sin la numinosidad de la religión tradicional. Más adelante en este artículo volveré sobre el pensamiento de Peterson y su relación con la psicología de Jung. 

Regresando al artículo del NYT, llama la atención que un medio que se vende como el más prestigioso del mundo caiga en lo que es indudablemente una forma de amarillismo cargado de una agenda, algo que en el uso liberal del término se podría calificar de fake news. La periodista Nellie Bowles, nos cuenta, siguió a Peterson por un par de días, hablando en un evento masivo ante fans, en su casa, hablando por Skype con sus fondeadores de Patreon que le donan decenas de miles de dólares al mes... Hay una notable ambigüedad en la pieza; por una parte parece ser una entrevista de perfil, donde generalmente un periodista simplemente permite que el entrevistado dé sus opiniones y retrata objetivamente el lugar de la entrevista, los gestos del entrevistado, a veces dando referencias a su obra y a su vida y demás. Sin embargo, aquí obviamente se mezcla la opinión con maliciosa inteligencia o con apasionada ignorancia -a veces es difícil distinguir-. Nos dice Bowles, de entrada, que Peterson es el custodio o guardián del patriarcado y que "él dice que hay una crisis en la masculinidad. ¿Por que las mujeres -todas esas esposas y brujas- simplemente no se comportan?". Evidentemente, Bowles ha tomado personal el asunto y siente que es necesario defender a las mujeres del mundo que deben ser todas, por default, feministas. Un editor del New York Post, de manera un poco exagerada, describe el artículo como "un abierto intento de asesinato" periodístico.

Ahora bien, esta asociación que se hace entre las mujeres y las brujas, vinculando a Peterson con una nueva cacería de brujas, la ininterrumpida cacería de brujas que lleva a cabo el patriarcado, viene de una frase que es completamente sacada de contexto o simplemente malentendida. La periodista cuenta una conversación que tuvo con Peterson, donde ella le dijo que "las brujas no existen". Peterson contesta:

Sí existen. Sólo que no existen de la forma que que tú crees que existen... Puedes decir que los dragones no existen. Pero sí existen -la categoría depredador y la categoría dragón son la misma categoría-. Absolutamente sí existen. Es una categoría de carácter superordinal. Existe absolutamente más que otra cosa... Lo que existe no es obvio. Tú dices: "Pues obviamente no hay tal cosa como las brujas". Yo digo, sí, sé lo que quieres decir, pero eso no es lo que piensas cuando ves una película de ellas. No puedes más que regresar a estas categorías. No hay escapatoria.

Quien haya visto algunos de los videos de Peterson notará claramente que no se refiere literalmente a que existan las brujas y los dragones y en ninguna parte equipara a las mujeres con las brujas, como lo hace el artículo en su subtítulo. Peterson habla aquí de que existe el arquetipo de la bruja y del dragón. Esto es algo que toma de la psicología junguiana -donde los arquetipos son "representaciones colectivas", "categorías de la imaginación"-, la bruja es una de las manifestaciones del anima o arquetipo femenino dentro del hombre. No es el único, ciertamente -no significa que los hombres perciban a las mujeres como brujas solamente-; existe, por supuesto, el de la madre amorosa, la madre asfixiante, la mujer divina que guía (como la Beatriz de Dante, la Sophia gnóstica), la musa, la prostituta, etc. Los arquetipos, según Jung, tienen una existencia superior al ser humano en tanto que existen de manera universal e intemporal, es decir, existen siempre y en todos los seres humanos, si bien van modificándose o retroalimentándose con las experiencias individuales. Con "dragones" se refiere a los obstáculos que enfrenta arquetípicamente el héroe en su camino -un dragón puede ser simplemente algo a lo que le tenemos miedo, un monstruo interno o externo- y que al vencerlos hace que nos superemos y consigamos "un tesoro", que puede ser simplemente la sabiduría, pero que en los cuentos suele ser una princesa -algo que Peterson llega a tomar, en ocasiones, literalmente-. Esto no es muy difícil de entender, pero tal vez la entrevistadora sintió que Peterson estaba "mansplaining" y se lo tomó a pecho. De aquí produjo la idea de que Peterson simplemente cree en los dragones, ve a las mujeres como brujas y es el custodio de esta cacería de brujas -que es lo que en realidad es el patriarcado (los medios, literalmente, se hicieron eco de esto, y titulan sus notas diciendo que "Peterson cree en dragones y brujas")-. No obstante, en este caso, el que ha sido víctima de una cacería de brujas es Peterson -sin que esto signifique que él mismo sea un hombre santo, como he venido diciendo-.

Directamente de ese párrafo, la periodista del Times corta a introducir el caso de Alek Minassian, un hombre que mató a 10 personas en Toronto hace poco. Minassian declaró ser parte de un grupo llamado "incels", "célibes involuntarios". Bowles dice que algunos de estos hombres creen en la "redistribución sexual forzada", en la que el gobierno debe "intervenir en la vida de las mujeres para forzarlas a relaciones sexuales". Casualmente, luego Bowles dice que Peterson cree que los ataques violentos son lo que ocurre cuando los hombres no tienen pareja. Peterson es citado hablando sobre el asesino de Toronto: "Estaba enojado con Dios porque las mujeres lo estaban rechazando". "La cura es la monogamia compulsoria. De hecho, esa es la razón por la cual la monogamia emerge primero". Ahora bien, estas aseveraciones de Peterson son bastante polémicas -casi siempre es polémico humanizar e intentar entender a un asesino-. Aunque discutibles (y de nuevo, no estoy de acuerdo con ellas), no significan lo mismo que forzar a las mujeres a tener relaciones sexuales, como Bowles sugiere en su texto. La monogamia compulsoria puede ser simplemente fomentar la monogamia social y culturalmente, algo así como la política cristiana a favor de los matrimonios -y es una medida que responde al hecho de que la monogamia genética no existe en los seres humanos-. Es algo así como llegar a un consenso de que la monogamia es buena y crear mecanismos de coerción o recompensa sociales para que ésta sea efectuada. Pero la forma en  la que se construye el artículo hace parecer que Peterson piensa exactamente igual que el asesino serial. Y no es casualidad que, habiéndose convertido Peterson en trending topic en Twitter por este artículo, hayan proliferado los mensajes que hablan de Peterson como "rapey", que fomenta la cultura de la violación. Pero esto viene de un razonamiento equivocado, que el artículo no intenta para nada esclarecer; por el contrario, se huelga en la ignorancia de un término técnico, explotando la fácil evocación asociada entre "enforcing" y forzar a las mujeres a tener sexo. Peterson explica que la idea detrás de fomentar la monogamia es que evita que un pequeño porcentaje de los hombres -los de mayor estatus- tengan un hiperacceso a las mujeres y no formen relaciones profundas con ellas, lo cual "las mujeres odian". Aunque no estoy seguro de que este sea un buen camino, la idea de Peterson tendería a mitigar de esta forma lo que el feminismo ha llamado "el privilegio masculino", particularmente aquellos hombres en posiciones de poder que utilizan su jerarquía para obtener sexo. Esto, por otro lado, vagamente contradice algunos de los argumentos del pensamiento de Peterson, cuando defiende las jerarquías como algo natural e incluso deseable, ya que fomentan la excelencia -esos hombres que duermen con cientos de mujeres, según la explicación de Peterson, suelen ser excelentes, machos alfa, que se destacan de los demás y que además se lo han ganado por su inteligencia u obsesivo interés por escalar socioeconómicamente-. Son los hombres que matan dragones para tener muchas princesas. (En un post en su sitio, Peterson ha explicado lo que quiere decir con "monogamia compulsoria", negando que tenga que ver con la intervención del gobierno, sino solamente con fomentar la monogamia; de cualquier manera, el uso del término "enforced monogamy" es problemático).

El artículo es profuso en este tipo de representaciones taimadas que buscan, obviamente, pintar a Peterson como el caudillo de un movimiento antifeminista, y a sus seguidores básicamente como fanáticos inmaduros, ignaros y potencialmente violentos, si bien las más graves son las que ya mencionamos. Independientemente de que sean verdad o mentira, la forma en la que Bowles construye sus argumentos es poco rigurosa, delatando un claro involucramiento personal y una defensa agresiva de su propia ideología. Si hubiera sido una editorial tal vez habría sido justificable, pero al mezclar el género se vuelve peligroso, puesto que dota a lo que es una mera opinión de un coeficiente de realidad objetiva. Esto alimenta el fuego de la guerra ideológica. Otros medios se suben y generan otros artículos (algunos de ellos menos rigurosos aún, con títulos ridículos como "Jordan Peterson defiende la existencia de las brujas y los dragones"). Peterson y su horda de seguidores responden con comentarios ofensivos y tenemos un círculo vicioso que lleva ya meses existiendo con encono, y eso sí, que va in crescendo.  

El artículo culmina con una manifestación de orgullo feminista. Uno de los fans de Peterson le cuenta a Bowles que un profesor perdió su trabajo porque le dijo a unas alumnas "Ustedes, chicas, deberían casarse y empezar familias". El mensaje, según el seguidor de Peterson, era que su vida sería más feliz si se casaran, en vez de enfocarse sólo en su carrera. Aunque esto puede tomarse como parte de un pensamiento patriarcal que es indeseable por etiquetar y quizás limitar el desarrollo intelectual de las mujeres, es altamente subjetivo señalar que esto es una ofensa valida para perder el trabajo, pues quizás el profesor simplemente estaba ofreciendo su mejor consejo sin ninguna intención maligna, si bien para algunos el consejo era inapropiado, de otra época, quizás algo retrógrado. Pero perder el trabajo por un comentario así muestra hasta que punto vivimos en la tiranía de lo políticamente correcto. Bowles cierra su artículo contestando al "Ciertamente no es una ofensa merecedora de ser despedido" -la opinión del seguidor de Peterson- diciendo "Excepto que ahora sí lo es", algo así como una confirmación de poder feminista. Personalmente, creo que estas guerras de poder entre sexos y estas polarizaciones son lo que debemos de evitar y lo que distrae de los temas más importantes, que no son luchas ideológicas sino medidas puntuales para crear, más que igualdad de género, igualdad de oportunidades para todos, justicia y una mejor educación que se libre de ciertos pensamiento atávicos que no contribuyen al desarrollo humano. El problema se genera cuando las personas se toman las cosas literalmente y con demasiada seriedad, es decir, llevan en sí rasgos de fundamentalismo. Uno se siente agredido y entonces agrede, pero en realidad uno no fue agredido, sino que lo que se agredió, en todo caso, fue un constructo, una abstracción -cuando se critica al feminismo no se critica a todas las mujeres, uno no es la identidad grupal con la que se identifica-. Lo cual no significa que no sea válido luchar activamente por cambios políticos, significa no hacer de la política una nueva religión fundamentalista.

Para culminar, no quiero dejar de mencionar ciertos rasgos de Peterson que me parecen un tanto preocupantes. Mi intento con este artículo ha sido ser justo y defender a Peterson de lo que me parece es un ataque partisano digno de un medio tipo Fox News, aunque con un poco más de sofisticación, como era de esperarse por lo menos del New York Times. Pero mi intención anterior era hacer una crítica del pensamiento de Peterson y de lo que un autor ha denominado su orgullo, en el sentido del orgullo como uno los pecados capitales. Este artículo ha sido demasiado largo y espero continuar la crítica en otro próximamente. Sin embargo, a manera de esbozo quiero mencionar los puntos centrales de mi crítica.

Peterson defiende la existencia de las jerarquías -propias de la sociedad capitalista- argumentando que son naturales, es decir que existen en la naturaleza y han existido a lo largo de la historia en la humanidad. Esto es indisputable. La mayoría de las especies animales tiene algún tipo de sociedad jerárquica -no obstante, Peterson no hace hincapié en que la colaboración y el espíritu comunitario también existen en la naturaleza-. Ciertamente, la competencia puede generar excelencia, pero sin un espíritu de colaboración y compasión esto puede caer en peligrosos elitismos, nuevas versiones de las grandes religiones políticas genocidas del siglo XX. El ser humano es un fenómeno sumamente complejo y no existe una respuesta unitalla a su enigma: ¿cooperar o competir?. Obviamente, las dos, pero no siempre es posible las dos al mismo tiempo, por lo que existe naturalmente una tensión entre ellas, una tensión que puede ser fértil y creativa, o destructiva. Aunque Peterson hace énfasis en la idea del juego justo -que toma de Piaget- para seguir jugando, e incluso poetiza la existencia como un juego infinito, no hace suficiente énfasis en la colaboración y en la compasión. Su idea es que la vida es una lucha entre el bien y el mal absolutos y que esta lucha es fundamentalmente individual. Algo más o menos parecido a la psicología de Jung; sin embargo, no hay en su psicología lugar importante para el amor -el eros, que es lo femenino arquetípicamente en la psicología junguiana-. Y de manera más dudosa, a mi juicio, la lucha entre el bien y el mal no tiene una recompensa ultraterrena, trascendente o divina, sino que se resuelve en el éxito mundano. Peterson, aunque suele hablar de religión y fundamentar su pensamiento en la "estructura metafísica judeocristiana", porfía en exhortar a sus alumnos a obtener riqueza, éxito, admiración y demás. Peterson suele hablar del "reino del cielo" como algo que surge cuando una persona crea orden en el caos, o cuando una persona actúa de manera apropiada, es decir, lo reduce a una metáfora psicológica que no tiene realmente existencia intrínseca. Aunque Peterson acepta la posibilidad de que exista la vida después de la muerte -habla sobre el misterio insondable de la existencia- no parece considerar, como los filósofos griegos o los budistas, que la vida deba vivirse como una preparación para la muerte, en el sentido de que ésta permite la trascendencia y no es un mero aniquilamiento. Peterson es, obviamente, más un psicólogo existencialista conductual que un metafísico o incluso que un psicólogo profundo (depth psychology). Lo fundamental es siempre lo mundano y la forma más obvia de hacer patente la heroicidad humana, entonces, es consiguiendo el éxito -puesto que de lo divino no estamos seguros, seamos el sucedáneo de lo divino, que es encumbrarse en lo alto de la pirámide jerárquica-. Como escribe Jason Horsley en su deconstrucción de Peterson:

esto es especialmente curioso visto a la luz de su dependencia en la ética de la Biblia para estructurar nuestras percepciones y encontrar mejores formas de vivir: ni el Viejo Testamento ni el Nuevo le otorgan valor a la riqueza personal, a la comodidad mundana, a la reforma social, y tampoco, al final del día, al libre albedrío, a menos de que sea la voluntad de Dios, y, en cambio [el libre albedrío], es el prerrequisito del pecado original.

La excesiva importancia que tiene el éxito socioeconómico en la meritocracia de Peterson lo coloca más cerca de interpretaciones calvinistas, de una ética protestante que revela el bien del hombre y la gracia de Dios en la prosperidad mundana. Él mismo es la prueba de que su sistema -sus mapas de sentido- funciona, pues ha logrado el éxito aplicando su ética. Peterson no es claro en sus ideas de la trascendencia, es decir, si este éxito refleja la voluntad de dios o está conectado con una vida más allá de la muerte o es simplemente la imposición de la voluntad de poder individual, pero claramente parece anteponer el éxito material al crecimiento espiritual, algo que contradice radicalmente el pensamiento de Jung. Es obvio que tener una pareja, un trabajo, ser admirado y demás son cosas que nos ayudan a ser felices y a ser sanos, pero no lo es tanto que nos ayuden a crecer espiritualmente como individuos-. A diferencia de Peterson, quien toma antidepresivos para su depresión, Jung consideraba que la depresión podía ser un descenso hacia el inframundo y una fuente de espiritualidad, el nigredo de los alquimistas. Peterson parece crear recetas y mapas para escalar la pirámide social, para ganar en el juego de la vida, y esto requiere adaptarse a un mundo materialista. Jiddu Krishnamurti escribió: "Estar bien adaptado a una sociedad enferma no es un medida real de la salud". Y Nietzsche: "En los individuos la locura es rara; pero en los grupos, partidos, naciones y épocas, es la norma". Peterson habla del héroe, pero el héroe no es finalmente para él quien toma su propio camino y ni siquiera aquel que vive conforme a la tradición metafísica el Occidente, sino es quien a través de su voluntad, coraje y moral logra convertirse en el líder, en la estrella, en el jefe -siempre dentro de las reglas y parámetros de la sociedad moderna, que es a fin de cuentas buena- y por lo tanto disfruta del botín: puede comerse el pastel porque se lo merece. Peterson no parece ofrecer mucho más que un mapa para tener una vida exitosa -aunque hay que decir que esto, para muchos que no tienen otras pretensiones, es suficiente-, si bien apelando al sentido o al significado como medio de conseguir esto y adornando el sendero con motivos heroicos arquetípicos. De esta forma, su crítica de la secularidad moderna es incompleta y su pensamiento es inconsistente, puesto que bebe de la tradición metafísica sin aplicar sus principios a consecuencia. Él mismo defiende incansablemente la noción de que estamos como sociedad mucho mejor que antes, que son buenos tiempos -algo que es indudable en un sentido material, pero muy cuestionable en un sentido espiritual: la gente tiene más cosas pero está más deprimida y, en el proceso, estamos destruyendo la naturaleza-. Peterson no suele criticar el capitalismo neoliberal y la desigualdad que produce. Tampoco critica demasiado la alienación espiritual que producen, junto con el materialismo científico, al cimentar la ideología materialista de que no existe nada más que este mundo y esta vida y por lo tanto, el triunfo y la prueba del sentido es el éxito material. Peterson suele hablar de Dios y del alma, pero hay que recordar la frase de que no se puede servir a dos amos y que se debe dar al César lo del César y a Dios lo de Dios. Peterson parece estar mezclando la paja con el grano. 

Un sitio cristiano ha hecho una crítica que me parece relevante, citando las palabras del novelista cristiano C.S. Lewis en relación a Peterson:

apela al orgullo de un niño, o, como lo llaman, su amor propio, para hacer que se comporte decentemente: muchos hombres han superado su cobardía, o su lujuria, o su enojo, aprendiendo a pensar que [éstos] están por debajo de su dignidad -esto es, a través del orgullo-.

Con esto, Lewis quiere advertir sobre "vencer vicios más simples" con otro mayor, el orgullo, una cura que puede ser peor que la enfermedad. Al menos desde la perspectiva cristiana, esto lo acerca a la noción del máximo pecado y conlleva el peligro de un pensamiento como el que Milton describió en su poema Paradise Lost con la siguiente frase: "mejor reinar en el infierno [o en la tierra] que servir en el cielo". No quiero comparar a Peterson con el antihéroe satánico de Milton, sino solamente cuestionar esta idea del orgullo como método. Peterson, en su primera regla de vida, nos dice que "debemos pararnos con la espalda recta y los hombros echados atrás", como langostas alfa:

Si andas encorvado por allí, con el mismo talante que una langosta derrotada, las personas te asignarán un estatus más bajo, y el viejo contador que compartes con los crustáceos, que yace en la base de tu cerebro, te asignará un número de dominio bajo.

Así, envalentonados, nos convertimos "en una langosta exitosa, y las hembras más deseables se enfilan y compiten por tu atención". Esto es, obviamente, todo muy biológico: la confianza, el dominio, el mismo éxito, generan serotonina y nos hacen sentir mejor -entramos en un círculo virtuoso de poder-. Pero ese es el tema: lo fundamental es lo biológico y lo mundano. Peterson nos da muy buenos hacks para encumbrarnos en el mundo. Al final su ética -la preponderancia de decir la verdad y hacer el bien- se vuelve un utilitarismo, no un compromiso con ideas o principios trascendentes. Por lo tanto, no es una filosofía sino una técnica, si tomamos en cuenta la definición que hace Aristóteles, en su Metafísica, de la filosofía: "aquella a la que se busca por sí misma, sólo por el ansia de saber" y que no "se estudia por sus resultados".

Que yo sepa, en ninguna parte Peterson ha advertido el peligro que conlleva el capitalismo tecnócrata en el que vivimos y su apuesta por la máquina y la inteligencia artificial y no por la persona y la conciencia humana. Esto es, las élites tecnológicamente aumentadas que podrán volverse más inteligentes y genéticamente superiores a las masas. Sin ningún contrapeso ético esto puede generar algo más grave que los grandes genocidios del siglo XX, como ha advertido Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus. Una élite que sería una nueva raza, para la cual el grueso de la humanidad sería similar a lo que son para nosotros los animales. Esto es el culmen lógico del materialismo espiritual. No digo para nada que Peterson defienda o quiera esto -en este video dice que es algo indeseable-, pero cuando no se predican valores claramente trascendentes y no se hace una crítica seria a la tecnología -a reemplazar la máquina con lo humano, puesto que el humano no tiene valor trascendente espiritual- esto es algo que necesariamente entra en juego. Peterson ha estudiado profundamente las causas del los grandes genocidios de las religiones políticas del siglo XX (el estalinismo, el nazismo, el maoísmo) y fundamenta todo su discurso en buscar evitar que esto vuelva suceder. Su deconstrucción de esto es muy interesante y merece escucharse y meditarse. Peterson cree que el principal peligro de que algo similar ocurra está en la izquierda posmoderna neomarxista y su guerra de identidad política. En algunos aspectos me parece oportuna su advertencia y aunque su crítica del posmodernismo es demasiado general, no deja de tener aciertos y es digna de discutirse, ya que el pensamiento posmoderno -el estructuralismo, el relativismo, la teoría crítica- domina en las universidades, a mi juicio de manera exagerada y en detrimento de otras corrientes filosóficas que tienen mucho que decirnos (y de una manera más inteligible, donde el poder y su dinámica no es lo central). Pero creo que en su obsesión con este tema no atiende a la amenaza más seria que es el transhumanismo, el cual, como ha notado Douglas Rushkoff, en el fondo es un antihumanismo. Me llama la atención que un tipo obviamente inteligente, con una convicción ética, que habla sobre la importancia del sentido existencial y que está permanentemente preocupado por los acontecimientos actuales -por el ciclo de noticias-, casi no dedique nada de tiempo a los problemas de la alienación tecnológica, a lo que está ocurriendo con los algoritmos, el Big Data, la automatización y demás, y cómo esto afecta psicológica y espiritualmente a los individuos. Tal vez Peterson no hace esto porque supone necesariamente una crítica a las ideas de progreso de la humanidad, al sistema económico actual y al materialismo de la civilización occidental. Y él es un triunfador de este sistema. 

 

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Los sueños son símbolos que no pueden ser definidos unívocamente

En tiempos recientes, dentro de la cultura de la información rápida de Internet y la espiritualidad new age, han proliferado diccionarios de sueños que presentan definiciones específicas para tipos de sueños o para elementos que aparecen en los mismos. De esta forma, por ejemplo, soñar con una serpiente tiene tres o cuatro significados definidos o estáticos: deseo sexual (lo fálico), muerte/transformación, sabiduría esotérica, instintos arcaicos. Aunque estos pueden ser algunos de los principales significados de la serpiente como símbolo, sus irrupciones son mucho más ricas y diversas y deben contextualizarse. Además los diccionarios de símbolos suelen ser monolíticos, y hacen de la psique que es, según James Hillma, politeísta, un monoteísmo, basado en la literalidad y en el reduccionismo. Pero como los mismos padres de la Iglesia y los cabalistas judíos notaron, las escrituras tienen múltiples capas de significados, desde lo literal y lo alegórico hasta lo anagógico y lo místico.

La principal discípula de Carl Jung, Marie Von Franz, alerta en contra del uso de diccionarios de sueños, argumentando que otorgan interpretaciones estáticas a algo que es eminentemente dinámico y cuyo significado surge en la interacción entre el soñador, su contexto y en ocasiones el plano simbólico de los arquetipos del inconsciente. Von Franz menciona que se dice, por ejemplo, que soñar que se caen los dientes significa perder a los padres, pero esto es un significado fijo que limita la riqueza del sueño. Uno puede informarse de estos lugares comunes, pero siempre con una mente abierta. Quizás por ello, más que consultar un diccionario de sueños, la persona interesada en interpretar las manifestaciones de su inconsciente estaría mejor servida consultando un diccionario de símbolos, y más aún, haciéndose fluyente en mitología. Por ejemplo, podría notar que los dientes son tradicionalmente regidos por Saturno y connotan las estructuras, la rigidez, etc. Pero esto debe también cotejarse con el proceso que está viviendo el individuo. Los sueños son de alguna manera manifestaciones de nuestra propia mitología, alimentándose de la mitología colectiva del ser humano. 

Jung, a quien le debemos mayormente el moderno interés positivo en los sueños (si bien Freud es el progenitor del interés moderno negativo), en reiteradas ocasiones manifestó que la interpretación de los sueños no podía ser reducida a una técnica aplicable indistintamente: "No existe regla, y menos una ley, para interpretar los sueños, si bien parece que en términos generales el propósito de los sueños es la compensación". Compensación es el término para establecer la relación interdependiente entre el inconsciente y la conciencia. Jung sugiere que nos preguntemos sobre el sueño "¿qué actitud consciente compensa?". El inconsciente compensa en los sueños los aspectos unilaterales o desiguales de una persona. Por ejemplo, una persona que no es consciente en absoluto de su sombra, de sus aspectos negativos, tendrá sueños que le comunican esto, al menos si pusiera atención. Buena parte de las compensaciones se manifiestan a través de los opuestos. Las compensaciones se pueden entender, desde la perspectiva total de la psique en la psicología de Jung, como manifestaciones de un instinto por integrar el inconsciente al ego, y finalmente de encarnar el sí mismo (el Selbst o Atman), esto es, la totalidad que es el individuo, cuyas manifestaciones históricamente han sido vistas como irrupciones de lo divino o numinoso.

Jung sostiene que el inconsciente se comunica a través de símbolos; tal es su naturaleza, la cual está más asociada con lo oscuro y lo profundo que con lo luminoso y lo superficial. Los sueños son los símbolos del alma que quiere manifestarse, de un enigma que yace en el centro de nuestra existencia -como la esfinge de la antigüedad, cuyo enigma era el hombre mismo-. Un símbolo es  "un término, un nombre, o una imagen que puede ser familiar en la vida cotidiana, pero que posee connotaciones específicas adicionales a su significado obvio y convencional. Implica algo vago, desconocido u oculto", escribe Jung en el ensayo introductorio del libro Man and his Symbols. Podemos ver, entonces, que lo simbólico conlleva misterio. Y el misterio, a su vez, está asociado con el mito. De nuevo, este aspecto misterioso y mítico -que nos introduce a lo arquetípico- no puede ser reducido a una definición estática. Sabemos que los míticos no son lógicos. La realidad humana es que, por más que la ciencia quiera explicar todo racionalmente, siempre existen elementos desconocidos, siempre hay misterios en nuestras vidas. Y de aquí los símbolos, "que representan conceptos que no podemos definir o comprender completamente". El ser humano mismo produce espontáneamente símbolos, dice Jung. Y por lo tanto, debemos vernos como un misterio, como un mito viviente.

Los sueños pueden ser nuestras guías para descifrar el misterio, el mito que se quiere manifestar en nosotros. No podemos afirmar desde una perspectiva científica, racionalmente convincente, que esta sea la realidad del ser humano: el proceso a través del cual un mito, una misteriosa fuerza arquetípica -un dios- brota hacia la conciencia. Esta no puede ser una definición aceptada de la antropología. Pero moral y simbólicamente -y el hombre es, después de todo, también esencialmente un homo symbolicus- resulta significativo e incluso útil concebirse así. Los sueños y los mitos dan sentido al ser humano, le abren una dimensión de belleza y numinosidad que no es accesible a través de un paradigma meramente mecanicista. Es posible que la ciencia misma no sea más que un nuevo y poderoso mito: el mito materialista de un cosmos sin espíritu. Casi como una elección de estilo, como una inclinación de su amor al arte, el ser humano puede elegir poner atención a sus sueños y concebir su vida como la revelación de un misterio, en el cual todo habla, todo llama, todo es un símbolo viviente. La psicología profunda se encuentra con la poesía: una base poética de la mente, dice Hillman. Y las imágenes de los sueños y las fantasías son la materia prima de esta opus. Jung, aunque fue reacio a formular una teoría de la interpretación de los sueños, nos guía: "Si contemplas el sueño larga y acuciosamente, si lo llevas contigo a donde vas y le das vueltas una y otra vez, algo casi siempre viene de él". Borges nos cuenta de una enigmática interrogación que se hizo el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge: qué ocurriría si un hombre sueña que va al paraíso y recibe una flor blanca; cuando despierta, la flor está en sus manos. Yo interpretó esto simbólicamente y conjeturo que esta es de alguna manera la labor del soñador: extraer una flor onírica, una flor que evoca a un mandala -o la manifestación de la totalidad del ser-. Pero antes de ir al cielo debemos ir al infierno -a la tierra negra de los alquimistas- y utilizar el limo y la escoria de nuestro propio ser para producir la flor. Tal vez esa flor sea la sombra inconsciente que se vuelve consciente y se cristaliza en la luz. Una flor que luego nos recibe como confirmación en el paraíso. Este es el mito que Jung nos ha compartido y que tal vez podemos hacer nuestro.

 

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