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15 formas de autosabotaje que te impiden desarrollar tu potencial de vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/28/2018

No seas el artífice de tu propia frustración

De todo lo que experimentamos en la vida y sucede en el mundo, la mente y el cuerpo son los únicos territorios verdaderamente nuestros, aquellos sobre los cuales es posible ejercer nuestra intención, nuestra voluntad y nuestro deseo en plenitud, sin obstáculos de ningún tipo… A no ser, nosotros mismos.

Por las condiciones en que el ser humano se desarrolla, es relativamente común que no seamos del todo conscientes tanto de dicha autonomía como de esa fuerza vital que nos recorre. Crecemos y experimentamos la vida con limitaciones que otros nos impusieron en algún momento de nuestra vida y que nosotros mismos aprendimos no sólo a obedecer sino además a preservar, de modo tal que aun cuando objetivamente somos ya “mayores de edad”, en el pensamiento y en las acciones seguimos viviendo más bien como menores, obedientes y temerosos quizá, esperando la sanción o la recompensa por seguir adaptados a ese cerco en donde nos enseñaron a quedarnos.

Ese, sin embargo, no es el propósito de la vida. Si ésta tiene uno, no puede ser otro más que manifestarse con plenitud, hacerse presente en todas nuestras acciones y todas nuestras decisiones, salir de su propio cauce para inundar nuestra existencia con su ímpetu. Nada de lo cual se logra si nosotros mismos le cerramos el paso e impedimos que fluya.

Compartimos a continuación 15 formas en que dicho autosabotaje ocurre. Quizá, al darnos cuenta de estos trucos que aprendió a realizar nuestra mente, seamos capaces de dejar de ejecutarlos.

 

Filtrar únicamente cierto tipo de pensamientos

Frente a una situación determinada, ¿en qué te fijas primero? ¿En las dificultades o en las oportunidades? ¿En las críticas o en los elogios? ¿En aquello que has logrado o en todo lo demás que no has podido hacer aún? Esta inclinación de la mente dual es también una operación de “filtrado” por la cual ponemos atención únicamente en una cara de la moneda, por decirlo así, lo cual puede tener a su vez efectos en nuestro ánimo y después en nuestra existencia. No es lo mismo comenzar un proyecto con entusiasmo porque el desafío nos emociona que, por el contrario, con dudas porque este mismo nos atemoriza.

 

Pensar todo en absolutos

Bueno o malo, blanco o negro, todo o nada… la mente que piensa sólo en absolutos suele ser rígida y, por ello mismo, no fluye con facilidad por los cambios propios de la vida. Pensar de esa manera puede hacer que una persona pierda la riqueza que se encuentra en los matices, los aprendizajes que se obtienen de éstos, y quizá incluso provoque cierto aislamiento, pues es difícil tratar con una manera de pensar tan cerrada.

 

Generalizar

Generalizar nos hace perder de vista los detalles propios de una situación específica. Todas las mujeres son iguales, todos los hombres son iguales, todas las personas que provienen de tal o cual país son iguales, esto siempre me pasa a mí, etc. Como vemos, la generalización es un mal hábito de percepción por el cual dejamos de lidiar con la realidad misma y, más bien, lo hacemos con la imagen de ésta que nos hemos hecho en nuestra mente.

 

Querer “leer la mente” de otra persona

Nadie es capaz de leer la mente, claro, pero en ocasiones lo intentamos inconscientemente, casi siempre porque otorgamos una importancia excesiva a aquello que otras personas puedan pensar de nosotros. Sin embargo, vivir buscando la aprobación o el contento de otros casi siempre debilita los intereses y deseos personales.

 

La mente catastrófica

¿Algo sucede y de inmediato piensas lo peor? Una llamada trivial, un equívoco menor, un incidente sin importancia: tu mente lo magnifica pero, además, con el sentido bien definido de la catástrofe y el desastre inminente. Si bien este hábito puede no ser sencillo de “desactivar”, comienza a reflexionar: ¿Por qué piensas así? ¿Te das cuenta de que podrías no hacerlo? ¿Que puedes frenar el momento en que la máquina comienza a funcionar, para no terminar en el peor escenario posible?

 

Personalizar

Tomarse personal todo es otro de los hábitos más nocivos que podemos tener en nuestra vida emocional y mental. Por ejemplo: alguien hace un comentario negativo y de inmediato lo sentimos como un juicio personal, lo cual a su vez afecta nuestro ánimo y quién sabe, quizá hasta arruina nuestro día. ¿Por qué no pensar, en cambio, que dicho comentario es más bien un resultado de la persona que lo emite, de su manera de vivir y experimentar la realidad e incluso de su historia de vida? 

 

Sentirte “al cuidado” de alguien más

Esta sensación puede tener raíces profundas, pues de algún modo es efecto de la manera en que transcurre comúnmente la infancia humana. El cuidado, sin embargo, necesario como es, también genera otras sensaciones, como la idea de sentirse desprotegido, vulnerable y también dependiente de alguien más. En pocas palabras, te impide darte cuenta de que eres una persona autosuficiente, responsable y capaz de dar dirección a tu propia vida. 

 

La idea personal de que algo “no es justo”

Cuando nos quejamos de que algo “no es justo” pero desde un punto de vista un tanto infantil, caprichoso, en el fondo queremos decir que algo no es como quisiéramos o esperábamos que fuera, pero en vez de plantar cara a la nueva situación, el revés nos decepciona o nos frustra; es decir: en vez de adaptarnos y seguir adelante, nos frenamos y quizá incluso corremos el riesgo de quedarnos en ese mismo lugar hasta que las circunstancias sean como las esperamos.

 

“Culpar” a otros de algo que es tu responsabilidad

Aunque llega el momento de la vida en que es necesario hacerte responsable de tu vida, hay quienes mantienen cierta tendencia inconsciente a declinar dicha responsabilidad y más bien “culpan” a otros de su situación. Los maestros en la escuela, los compañeros en el trabajo, la gente en la calle… todos los demás son los artífices de su infortunio, pero nunca ellos mismos ni sus decisiones (u omisiones). Mientras no asumas tu propia responsabilidad sobre tu vida, ésta no marchará en el sentido de tu deseo y tu satisfacción.

 

Las obligaciones

Vivir la vida limitada por reglas estrictas suele marchitar su frescura y su ímpetu. Por un lado, impide que la vida fluya, y por el otro, mantiene a las personas en un estado de tensión constante en donde no pueden moverse más allá de ciertos límites y, si lo hacen, suelen experimentar esa “transgresión” con sufrimiento y culpa. ¿Pero quién dijo que tienes que obedecer todas esas reglas que alguien más impuso en tu vida? 

 

Razonar las emociones

La cultura en la que vivimos privilegia el pensamiento lógico, la planeación, el cálculo y demás expresiones del pensamiento racional, a tal grado que esta forma de pensar ha conseguido opacar otras no menos válidas y necesarias. Una de éstas se encuentra en las emociones, que en cierto modo constituyen otra forma de entender y experimentar la realidad, tanto interior como exteriormente. Aunque las emociones pasan por nuestra percepción, no son propiamente racionales, e intentar llevarlas a ese modelo de entendimiento puede llevarnos a equívocos sobre lo que somos y lo que sentimos. Más aún: en no pocas ocasiones, el razonamiento es una forma de “matar” la espontaneidad de una emoción, de ponerle un freno porque aprendimos no a entregarnos a lo que sentimos, sino a adaptarnos a ciertas formas de sentir.

 

Esperar que los otros cambien

En las relaciones personales es relativamente común encontrarse con la expectativa de que la persona con quien nos relacionamos sea distinta. Con gestos a veces inconscientes, intentamos “reconfigurarla” para que se adapte mejor a nuestras necesidades. Sobra decir que estos esfuerzos no sólo son vanos, sino que además casi siempre son también nocivos y, en no pocas ocasiones, desgastan una relación hasta terminar con ella.

 

“Etiquetar” a las personas

Como la generalización, el mal hábito de “etiquetar” a las personas nos impide tratar con ellas directamente, pues en realidad estamos partiendo de una premisa (casi siempre falsa): que por tratarse de cierto “tipo” de individuo tendrá ciertos rasgos que creemos bien determinados. Por otro lado, es muy posible que si así procedes con los demás, lo mismo hagas contigo; es decir, que tú mismo te pienses bajo ciertas etiquetas y no te permitas salir de esa definición que consideras propia. ¿Has pensando en todo lo que pierdes, de los demás y de ti mismo, por creer que el mundo está organizado en categorías inamovibles?

 

Creer que estás siempre en lo correcto

La verdad, lo correcto, lo cierto, son nociones que aunque se pretenden absolutas, en realidad son más cuestionables de lo que parece. En los tres casos se trata de conceptos cuya validez es en todo caso circunstancial, pero nunca absoluta; es decir, puede ser que algo sea cierto, correcto o verdadero en determinada situación, pero fuera de ello su validez puede cambiar radicalmente. Sentir que poseemos la verdad, que estamos incuestionablemente en lo correcto o que sólo nuestras palabras o nuestros actos son ciertos y válidos: esto puede darnos fuerza, sí, pero también puede impedirnos aprender de otros elementos que van cruzando por nuestra vida y que por esa rigidez con que experimentamos la realidad dejamos de apreciar.

 

La falsa expectativa de una recompensa

No hay otro mundo más que este. No hay otra vida más que esta que ya tienes. Si esperas que tu dolor o tu sufrimiento tengan una especie de “recompensa”, harías bien en comenzar a pensar y experimentar la vida de otra manera, pues de algún modo estás invirtiendo parte de tu energía vital en sostener ese patrón de pensamiento y de conducta. Hay una dimensión del malestar que nadie más que tú eres responsable de entender y, eventualmente, transformar. 

 

¿Qué te parece? No olvides compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota.

 

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Ilustración de portada: Ricard Lopez Iglesias

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La mañana puede ser uno de los momentos más plenos de tu día (si sabes cómo aprovecharlo)

La mañana puede ser uno de los momentos más plenos de tu día… si sabes cómo aprovecharlo. El mundo surge de nuevo, lleno de posibilidades, y tú también eres parte de ello. "No tiene sentido regresar al ayer, porque ayer era yo otra persona", escribió Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas, con notable sabiduría a propósito del tiempo y el instante en relación con la vida.

A continuación compartimos siete hábitos que, posiblemente, de inicio te parecerá difícil adoptar; sin embargo, en su caso se trata de semillas cuyo fruto recogerás con satisfacción a lo largo de tu existencia.

Después de todo, cobrar conciencia del tiempo y la manera en que navegamos su flujo imparable es una forma de hackearlo y, como señaló Baudelaire, librarnos de su cadena.

 

Hacer ejercicio

El ejercicio físico libera endorfinas y otras hormonas y neurotransmisores asociados con la sensación de placer y recompensa, lo cual a su vez nos hace sentirnos de mejor ánimo y con más energía.

No tienes (de inicio) que correr 10km diarios o pasar 2 horas en un gimnasio. Con una buena rutina de media hora y ejercicios sencillos puedes mantener el bienestar físico de tu cuerpo, siempre que seas constante con ella. Salta la cuerda, realiza algunas repeticiones de ejercicios abdominales, sentadillas, algunas flexiones para ejercitar los músculos de tus brazos y tu pecho. También puedes adaptar algunos asanas clásicos del yoga en una rutina igualmente integral que flexibilice la mayoría de tus músculos (el “saludo al Sol”, por ejemplo, es una buena manera de poner en movimiento tu cuerpo al despertar).

Recuerda que la salud de tu cuerpo es uno de los cimientos necesarios para hacer otras cosas en tu vida.

 

Desayunar adecuadamente

Por mucho tiempo se ha dicho que el desayuno es la comida más importante del día, y si bien esta afirmación también ha sido utilizada con fines publicitarios y comerciales, es cierta. El desayuno permite a nuestro cuerpo desempeñarse de la mejor forma posible durante nuestras horas más activas. 

Si buscas mejorar tu calidad de vida, de entrada intenta nunca “saltarte” el desayuno. En segundo lugar, procura que sea equilibrado de acuerdo con tu nivel de actividad cotidiana. A veces puede parecer más sencillo y práctico comer un desayuno rico en carbohidratos, pero a mediano y largo plazo este puede ser un hábito nocivo. Incluye frutas, cereales y alguna fuente de proteína.

 

Clarificar tus prioridades

La sensación de que no tienes tiempo suficiente para llevar a cabo tus actividades del día suele estar asociada con la desorganización. Para evitar esto procura tomar algunos minutos al inicio del día para planear tus ocupaciones pero, sobre todo, para fijar tus prioridades. Quizá hay algunas de esas tareas que son verdaderamente importantes, y otras a las que podrías enfocarte en otro momento. 

 

Desarrollar un proyecto personal

Las primeras horas del día son uno de los mejores momentos para trabajar en un proyecto basado en nada más que tus intereses. Quizá al principio pueda parecer difícil, pero intenta disciplinarte y tomar un par de horas antes del inicio “oficial” de tus actividades para desarrollarlo. Si puedes mantener el hábito, es muy probable que tu perseverancia sea recompensada.

 

Sostener tus relaciones 

La mañana puede ser también un buen momento para cuidar de tus relaciones personales. Si tienes una pareja, habla con ella o incluso tengan sexo (sin duda, una de las mejores maneras de comenzar el día). Si no es tu caso, envía un mensaje a algún amigo, habla con tu familia, e incluso con los vecinos o con las personas que conforman la comunidad de la zona donde vives. 

 

Cultivar la atención presente

El día puede compararse con un río cuyas aguas más caudalosas la mayoría conocemos bien, pero del cual olvidamos que tiene otras partes mucho más quietas y tranquilas. La mañana es un excelente momento para cultivar la contemplación y la reflexión, pero sobre todo, la atención plena en el instante presente. El sabor de una fruta, las sensaciones de tu cuerpo al despertar, los primeros sonidos del día, tu respiración… de algún modo todo es nuevo, todo es una primera experiencia. Date cuenta de ello y poco a poco extiende esa capacidad al resto de tu vida. Poner atención en lo que hacemos y lo que sucede es posiblemente el único hábito verdaderamente revolucionario de la existencia.

 

Despertar realmente temprano

Todo comienza con esto: despertar realmente temprano. Lo más común es despertar con el tiempo apenas suficiente para realizar las actividades mínimas necesarias para preparar nuestro día. ¿Pero te has preguntado qué pasaría si tuvieras un poco más de tiempo? No se trata de que duermas 4 horas diarias a partir de mañana, ¿pero qué tal despertar sólo 15 minutos antes de tu hora habitual para, digamos, desayunar adecuadamente, preparar las tareas de tu día o saltar la cuerda? ¿Qué tal si esos 15 minutos en 1 o 2 semanas se vuelven 30, y al final del mes quizá 45? ¿Qué tal si basta con tener 1 hora “extra” para desarrollar el proyecto con el que siempre has soñado? Parece que vale la pena, ¿no? 

 

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Imagen de portada: Pascal Campion Art