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Estas son las claves del hatha yoga, según el texto clásico de esta escuela

Yoga es un término amplio que agrupa diversas escuelas y prácticas espirituales. Sería imposible dar una imagen completa de qué es el yoga aquí. Lo que hay que mencionar es que gran parte del yoga que se practica en Occidente proviene de la tradición del hatha yoga y de los nath-siddhis, yoguis itinerantes devotos generalmente de Shiva. El hatha yoga tiene profundas influencias del tantra shivaíta y específicamente del tantra budista, como ha demostrado el académico James Mallinson. Curiosamente, el yoga que practicamos en Occidente se basa en prácticas de budismo tántrico (¡aunque mezcladas con gimnasia sueca!). Sin embargo, el budismo tántrico se fundamenta en aspectos del tantra hindú y algunos han teorizado que éste, a su vez, toma de la alquimia interna china.

Dicho eso, presentamos aquí una lista de los principios básicos del yoga siguiendo el texto central del hatha yoga, el Hatha Yoga Pradipika (Luz sobre el yoga), escrito en sánscrito por Svātmārāma en el siglo XV.

Atyāhārah prayāsaścha prajalpo niyamāghrahah janasangaścha laulyam cha shadbhiryogo vinaśyati 

El yoga [el poder o el estado de absorción unitaria con lo absoluto] es destruido por seis causas: comer en exceso, extenuación, hablar mucho, adherirse a las reglas (por ejemplo, bañarse en la mañana con agua fría, comer en la noche, comer sólo frutas), socializar e inestabilidad.

Utsāhātsāhasāddhairyāttattvajñānāścha niśchayāt janasangghaparityāghātshadbhiryogah prasiddhyati 

Las siguientes seis cosas aseguran el éxito en el yoga: la valentía, la perseverancia, el discernimiento, la fe y el desapego (a las personas).

Como podemos ver, como ocurre en todas las verdaderas prácticas espirituales, el yoga requiere de integridad moral y de purificación preliminar (ciertamente, no es sólo gimnasia). Las diez reglas de conducta o virtudes necesarias son:

La no violencia (ahimsa), la honestidad, no robar, la continencia, perdonar, durabilidad, compasión, humildad, moderación en la dieta y limpieza.

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Hay un sentimiento que llena y parece corresponder únicamente a la sensación de lo trascendental

Uno abre Confesiones de San Agustín y se halla con un pensador, uno inquietísimo, pero sobre todo, un inspirado envidiable. Hay algo en sus palabras que nos transmite un espíritu lleno, que desborda una alegría trascendental, le llamo yo. Tan está ahí que San Agustín consigue hacérnosla sentir, y en este libro se guarda una verdad que todos buscamos: ese sentimiento, que llena.

Hallamos en Confesiones una Roma (354-430 d. C.) que aún no está dibujada del todo por el cristianismo, que venera a sus dioses antiguos y está inmersa en sus costumbres arraigadas, como la lucha entre gladiadores. Hallamos también a un San Agustín ávido de sentido: "Confesiones no es más que un relato autobiográfico de la búsqueda de éste".

El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

Sobre la eternidad

Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD