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5 hábitos escabrosamente manipuladores usados por los narcisistas para beneficiarse de los demás

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/25/2018

"Las personas narcisistas que hacen uso de esta técnica suelen decir algún comentario incómodo y después sostener la mirada, sólo para saber cómo reacciona la otra persona"

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, manipular es: “Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares”. Partiendo de este concepto, utilizar la data recolectada por investigaciones sociológicas, psicológicas o antropológicas con el fin de aumentar las capacidades de seducción, atracción o afiliación de uno mismo puede rayar en una acción manipulativa. 

Te compartimos algunas de estas acciones:

 

– Actuar intencionalmente como un espejo, en relación con el lenguaje corporal del otro

Probablemente has escuchado del estudio sociológico en donde se demostró que las personas sienten más confianza si su interlocutor comparte su mismo lenguaje corporal –es decir, actúa de la misma manera que ellos–. Según Patti Wood, autora de Snap: Making the Most of First Impressions, Body Language and Charisma, “el espejeo y la coincidencia [del lenguaje corporal] son conductas normales en personas que se gustan y confían entre sí”.

No obstante, si bien es algo que debería suceder con naturalidad, los individuos manipuladores emplean estas técnicas con la intención de sacar provecho personal: primero sonreirán, actuarán con el mismo lenguaje que la otra persona y dirán explícitamente lo mucho que se parecen. Como menciona Wood, este rasgo es típico de los narcisistas, que requieren generar una conexión inicial y luego, después de un tiempo, dejan a la otra persona sintiéndose devaluada y cuestionándose qué pasó.

 

– Mirar fijamente a los ojos

Si bien es verdad que sostener la mirada durante más de un par de segundos puede asociarse a un interés sexual o a un deseo asesino, un intenso contacto visual puede producir efectos incómodos o de manipulación del otro. Inclusive, los narcisistas que hacen uso de esta técnica suelen decir algún comentario incómodo y después sostener la mirada, sólo para saber cómo reacciona la otra persona.

 

– Ignorar el espacio personal de una manera “juguetona”

Es verdad que la intimidad del espacio personal se desvanece con el paso del tiempo y con la confianza generada entre los individuos; sin embargo, la manipulación puede aparecer con esta técnica de manera sutil y hasta juguetona. Por ejemplo, los narcisistas pueden buscar el contacto físico de manera muy íntima durante la primera cita, sólo para saber si la otra persona lo permite. En palabras de Wood: “Los narcisistas son físicamente cercanos por norma. Usan la invasión del espacio personal para llamar la atención, intimar, mostrar poder, probar límites y seducir”.

 

– Ser abiertos con uno respecto de los secretos personales

Los narcisistas saben utilizar las palabras a su beneficio: saben cómo seducir y mantener la atención de su interlocutor. Son individuos que saben contar anécdotas y mantener la atención de su público. Hay ocasiones, incluso, en las que se vuelve imposible detenerlos: si uno intenta hacer un comentario o contar una anécdota similar, cortan la comunicación directamente.

 

– Validar y exagerar las emociones negativas de otros, sólo para hundirlos más

Como personas manipuladoras, los narcisistas suelen tomar las emociones negativas e incrementarlas para hacer sentir culpable o inútil a la otra persona. Si bien podría parecer que tienen buenas intenciones de apoyo, en realidad procuran hacer énfasis en los errores de uno y en la mejor manera, a su juicio, de actuar.

 

Fotografía principal: Dangerous Liaisons (1988)

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Sociedad

Por: pijamasurf - 04/25/2018

Los psicópatas pueden tomar la perspectiva de otras personas, pero ésta no invade ni choca con la suya

Arielle Baskin-Sommers, de la Universidad de Yale en EEUU, siguiendo los pasos de Clarice Starling en The Silence of the Lambs (1991) –El silencio de los inocentes–, convenció a los encargados de una prisión de alta seguridad en Connecticut para realizar un estudio sobre los rasgos de personalidad en la psicopatía.

Cuando se habla de este trastorno de la personalidad surgen en la mente un sinfín de personajes despiadados, reales y novelescos, que son incapaces de sentir empatía hacia otros pero son unos maestros de la manipulación, la violencia y el caos. Rasputín, Madame de Merteuil, Charles Manson, Annie Wilkes, entre otros. Cada uno de ellos poseía una gran habilidad oral en la que destellaban grandes habilidades cognitivas; sin embargo, la incógnita en torno a sus límites emocionales se mantiene como el foco de atención de muchos especialistas en psicopatología.

Para Baskin-Sommers, “su conducta parece sugerir que ellos no consideran los pensamientos de los otros”; sin embargo, cuando están atentos a una historia y se les pregunta explícitamente qué es lo que piensa el personaje principal, pueden responder adecuadamente. Por lo tanto, la incógnita se vuelve más compleja: los psicópatas son personas tienen la capacidad de entender a sus víctimas, pero simplemente no les importa en lo más mínimo hacerlo. ¿La razón? A lo largo de su estudio, la psicóloga y sus colegas, Lindsey Drayton y Laurie Santos, encontraron que este grupo poblacional “puede deliberadamente comprender la perspectiva de otra persona, pero en promedio, no pueden hacerlo de manera automática como la mayoría de las personas lo hacen”. De hecho, este estudio es la primera evidencia en toda la historia que permite ver que los psicópatas no poseen esta habilidad automática de empatía que la mayoría de los humanos tiene. Las investigadoras tardaron alrededor de 10 años para concluirlo.

Con una población de 106 hombres de la prisión de alta seguridad, las especialistas diagnosticaron a 22 de ellos como psicópatas, 28 como libres de esta patología, y al resto los ubicaron en una zona gris. Cada vez que realizaban una entrevista se daban cuenta, sin necesidad de abarrotes ni cadenas, que para muchos de ellos “era la primera vez que alguien les preguntaba sobre su vida.” Gracias a ello comprendieron que, si bien es verdad que los psicópatas son "lábiles, narcisistas y conniventes, no todos son agresivos. Lo que sí disfrutan es de comentar detalladamente cada uno de sus asesinatos, para asustar e impactar. Pero no es así todo el tiempo. Hacen una gestión muy elaborada para impresionar”. También notaron que los rasgos de psicopatía se asociaban con la presencia de la interferencia egocéntrica y la lentitud de la interferencia altercéntrica (lo primero sucede ante la dificultad de ver algo como lo vería la otra persona, y lo segundo, cuando existe una evidente influencia por parte de la perspectiva del otro), mientras que el fenómeno de la interferencia egocéntrica –cuando la perspectiva de uno influye sobre el otro– nunca se vio afectada realmente por la perspectiva de ese otro.

No obstante, es importante señalar, tal como lo hace Baskin-Sommers, que “no todos los psicópatas son iguales, y cada uno varía en su conducta”; aunque es verdad que mientras más predominan estos rasgos de personalidad, más notoria es la interferencia egocéntrica y más cargos criminales presentan. Y, sobre todo, no pueden realizar más de dos actividades a la vez que impliquen atención y perspectiva:

Son en realidad los peores multitaskers. Todos somos malos en realizar más de dos cosas a la vez pero ellos en verdad son muy, muy malos. Esto se debe a que la ausencia de la toma de perspectiva automática se vuelve otra manifestación de esta diferencia en la capacidad de la atención.

En otras palabras, “[los psicópatas] pueden tomar la perspectiva de otras personas, pero aquella perspectiva no invade ni choca con la suya”.

Ahora bien, ningún estudio puede definir del todo a la psicopatía, pues se trata de un cúmulo de factores epigenéticos que "materializados" de cierta manera resultan en un trastorno de personalidad cuyas víctimas identifican el bien y el mal, pero deciden ir más allá de toda realidad. Y en el fondo, esto no les importa.

 

Fotografía principal: Jack Nicholson en The Shining, Stanley Kubrick (1980)