*

X
Para los astrólogos tradicionales esta conjunción, que se empieza a sentir a finales de marzo, es infausta y funesta y terrible; requiere del más alto cuidado y trabajo

El 2 de abril se presentará la conjunción exacta de Marte y Saturno en el grado 8 de la constelación de Capricornio. La más reciente conjunción entre Marte y Saturno ocurrió el 25 de agosto del 2016 y la siguiente se presentará el 31 marzo del 2020. Según la astrología tradicional, este es un evento sumamente infausto y merecedor del más alto cuidado. Para los astrólogos tradicionales Marte (el planeta de la guerra y el conflicto) y Saturno (el planeta de la muerte y los castigos) son los dos "maléficos", los planetas más adversos y desafortunados. Una conjunción generalmente amplifica sus efectos.

Se debe mencionar que la conjunción está activa por varios días antes y después del 2 abril, ya que una conjunción para algunos astrólogos tiene influencia hasta a 10 grados de diferencia. Por si fuera poco, la conjunción de Marte-Saturno se presenta con una cuadratura con el Sol y Mercurio retrógrado en Aries, dos naturalezas contrastadas y opuestas en un ángulo duro. Aries, el signo en el que Saturno tiene su detrimento, es un signo impulsivo, fogoso, pasional, mientras que Capricornio es reflexivo, cauteloso, conservador. Esta misma oposición es intrínseca a Marte y Saturno, ya que Marte rige a Aries -la energía vehemente, un signo de fuego- y Saturno a Capricornio -una energía melancólica, un signo de tierra, frío y seco-. Por otra parte, esto no es del todo negativo, pues en Capricornio Saturno tiene su domicilio y Marte está exaltado, lo cual permite también la expresión de las mejores cualidades de estos planetas. De cualquier manera se esperan 2 semanas difíciles, desafiantes, en las cuales se recomienda la paciencia, el cuidado, la reflexión, no quemar las naves, no desesperarse y no frustrarse si las cosas no fluyen como se piensa.

El astrólogo helénico Vetio Valente describe a Saturno con palabras como maligno, mezquino, solitario, engañoso, estricto, miserable, falto de energía, lleno de obstáculos, triste... Para Marte usa palabras como violencia, guerra, exilio, mentiras, vanidad, robo, enojo, peleas, pleitos legales, aventuras amorosas, fuerza, liderazgo, acción, fuego, hierro. El astrólogo William Lilly dice de Saturno que, afligido, es  envidioso, ambicioso, celoso, desconfiado, timorato, sórdido, necio, misógino, mentiroso, maligno, nunca está contento y siempre está quejándose. Marte, cuando está afligido, es deshonesto, carece de modestia, ama el conflicto, el robo, el asesinato, la conmoción, la sedición, la traición, es un espíritu turbulento, obsceno, impulsivo, inhumano, inmoral, furibundo. Marte es el planeta de los tiranos, de las arterias, del color rojo, de las fiebres.

Como podemos ver, Saturno y Marte astrológicamente comparten algunos elementos de lo más ruin y bajo de la naturaleza, lo que Jung llamaba la sombra. Asimismo entran en conflicto puesto que uno necesita el reposo, la reflexión, la lentitud, el cuidado y el otro es la explosividad, la vitalidad, el impulso. Esto genera obviamente una dificultad, naturalezas que tiran para lados distintos. Dicho eso, sería absurdo pensar que todo es desgracia y que uno simplemente debe encerrarse y rezar por que las cosas no sean demasiado aciagas (aunque un poco de reserva contemplativa no está de más). Si se consideran estos planetas como arquetipos o patrones colectivos que son parte de la naturaleza y de la psique, entonces uno entiende que también presentan fases de trabajo, aprendizaje e incluso arrojan luz sobre procesos inconscientes que debemos resolver. Ambos planetas hacen énfasis sobre la importancia de la acción y el trabajo. Marte es la fuerza y energía que impele a actuar, y Saturno es la ley moral que obliga a actuar y que castiga o retribuye los actos. Saturno es el arquetipo del viejo, duro y juicioso padre (el Padre Cronos, el Señor del Karma), que exige a sus hijos y que si no obtiene respuesta puede ser sumamente cruel (hasta el punto de devorarlos). Si entendemos a estos planetas como dioses, como númenes que aparecen en la vida, debemos entonces rendirles culto, haciendo sacrificio, como si fuere, en el altar de estos dioses, dándoles la comida que les gusta. Y estos dioses piden disciplina, fuerza, valentía, acción, y a la vez paciencia, tesón y compromiso con una estructura moral. Así entonces, la mejor forma de sortear esta conjunción maléfica es manteniendo el orden y cumpliendo con el deber, con aquello que uno sabe hacer, más allá del placer o el dolor, siguiendo con ahínco y ecuanimidad un propósito trascendental. 

Te podría interesar:
Giordano Bruno explica por qué el mago o amante (quien busca atraer y vincular) no debe eyacular

El filósofo Giordano Bruno creía que el amor era el vínculo de vínculos -vinculum quippe vinculorum amore est- que mantenía unido todo el universo y que podía usarse para atraer cualquier cosa. Como algunos filósofos platónicos, consideraba que Eros era el "daemon magnus” el espíritu supremo que magnetizaba el cosmos -y el primero entre las divinidades. En su libro Sobre los vínculos en general, Bruno escribe: "En todas las cosas hay una fuerza divina, esto es, el amor, el padre en sí mismo, la fuente, el océano divino de todo los vínculos". Es por este vínculo, añade Bruno, que las cosas inferiores se elevan hacia las superiores.

Ya Marsilicio Ficino había equiparado la magia con el amor: "la tarea de la magia es comparar las cosas", esto es, juntar, unir, vincular. Ficino también había sugerido que en el amor, el amante se ve poseído por el fantasma o espíritu de su amado -una especie de luminosidad psíquicamente cargada que invade la imaginación. Bruno es el continuador de esta tradición. La definición de la magia de Bruno, en palabras del historiador rumano Ioan P. Couliano, es "el proceso fantasmático que hace uso de la continuidad del pneuma individual y el pneuma universal". En la medicina de la antigua Grecia y en la filosofía de Aristóteles, el pneuma es el espíritu o aliento que se convierte en información que hace inteligible el mundo a través de la fantasía o imaginación. En otras palabras el pneuma se transforma en fantasmas (phantasmatos) o imágenes que permiten al alma percibir y entender el mundo; es el vínculo entre el alma y el cuerpo. Tanto el amor como la magia ocurren en esta sustancia universal que es el pneuma. El mago y el amante, ambos, tejen una red de vínculos pneumáticos (que se experimentan como fantasmas o imágenes en la psique) utilizando la simpatía y la resonancia entre esos vínculos y las características de la persona u objeto que quieren afectar (las cuales debe estudiar). Ambos lanzan su red, disponen sus carnadas y seducen para ganar control del mecanismo pneumático de su objeto deseado.

En cierta forma el amor que se forma en la mente o en el alma y las invade, ejerciendo un poder sobre ellas, es un fantasma conjurado, un espíritu, un tercero (la fantasía) que une o que incluso -en el caso del más alto amor que es el divino- puede devorar al amante para trasformar su propia subjetividad -anulándola- en el amado, en el objeto de su deseo. Esta es la fabulosa explicación que hace Bruno del mito de Acteón. El cazador Acteón se encuentra un día con la diosa Diana (Artemisa) bañándose desnuda en una fuente en el bosque. Acteón permanece embelesado contemplando a la diosa virgen desnuda en el agua con sus ninfas, algo que nadie había podido gozar y que consistía en una especie de violación del orden, el menos en la interpretación exotérica. Ningún humano puede ver a la divinidad sin morir (al menos simbólicamente). Diana entonces lo transforma en un venado y hace que sus propios sabuesos lo cacen y lo devoren. Bruno tiene una lectura más sutil y esotérica, y ve en esto la transformación del amante en su amada, el cazador en lo que caza, algo que requiere de la destrucción de su individualidad. Diana es la naturaleza, el universo material que refleja la inteligencia universal; es una diosa lunar que refleja la luz intelectual del Sol (de Apolo). El filósofo, que caza el conocimiento más alto, se transforma en su objeto de carecía, en la sabiduría, y alcanza a fusionarse con la naturaleza misma, de tal manera que "la contempla como una única cosa".

En Sobre los vínculos en general Bruno explica para que el mago o manipulador pueda ejercer su poder en el mundo -y entonces, también, por añadidura, el amante sobre su amado - debe de retener el semen, coitus reservatus. Como ha notado Ioan P. Couiliano, hay en el entendimiento mágico del amor de Bruno -y en su teoría de la retención de semen- similitudes con el tantra hindú y con el taoísmo. (Curiosamente la palabra "tantra" significa red, continuidad, tejido y podríamos decir también vínculo). La magia, para Bruno, está basada en la manipulación del pneuma, un término que, me parece, su mejor traducción es prana, el aliento vital o energía, que es central a todo el yoga y el tantra. Tanto en el tantrismo como en el taoísmo se busca cultivar y reconducir el prana o el qi para aumentar la vida -en tiempo y calidad- e incluso alcanzar la inmortalidad o la divinización.

En el texto mencionado -que  Couliano compara con El Príncipe de Maquiavelo, en tanto a una herramienta para la manipulación, en este caso no política sino psicológica y emocional- Bruno sugiere que el mago o manipulador debe cultivar este eros -que es su materia prima vinculatoria- y no dilapidarlo, porque al hacerlo pierde fuerza o magnetismo. "La eyaculación del semen libera los vínculos, mientras que su retención los estrecha. Aquel que busca encadenar debe de desarrollar las mismas emociones que aquel que debe ser encadenado", escribe Bruno. Al eyacular, se debilitan los vínculos, de alguna manera, porque el fuego de la atracción erótica que cultiva el mago-amante pierde fuerza al emanar el semen, que es a fin de cuentas, pneuma (según Aristóteles, la misma sustancia que las estrellas). (El semen es la forma visible del espíritu). "Aquel que desea vincular [o atraer] debe de desarrollar las mismas emociones de aquel que quiere vincular", dice Bruno. Explica Couliano que el manipulador debe de ser "continente y a las vez desear ardientemente a su sujeto".  Aquí yace el punto fino de la magia de Bruno, que debe realizar dos acciones contrarias. Por una parte debe de desear ardientemente, conjurar, por así decirlo, la energía erótica vinculante, y cuidadosamente debe controlarse a sí mismo para no desbordarse. No sólo no emitir el semen, sino no dejarse seducir por su objeto. Algo sumamente difícil, ya que él mismo debe de producir mecanismos fantásmicos pasionales, la misma voluptuosidad del amor y el deseo, pero hacerlo de manera desapegada, para que no se vea sujeto a la pasión. 

Evidentemente Bruno escribe desde la perspectiva del mago/manipulador, no desde de la de una persona que busca solamente seducir a su amada o mejorar su salud física. Hay que mencionar, sin embargo, que los fines de Bruno son más nobles de lo que podría parecer, ya que el mago/manipulador debe antes que nada estar libre del egoísmo o amor propio -es sólo cuando está libre de esto que pueda operar y manipular las fuerzas cósmicas.

De cualquier manera es evidente que Bruno era consciente de esta noción, más o menos generalizada en la magia y en el ocultismo, de que el semen tiene propiedades espirituales o energéticas que no deben malgastarse. Algo que fue expresado por el famoso médico Jan Baptista van Helmont (alumno de Paracelso) a principios del siglo XVII: "Si el semen no es emitido, se transforma en una fuerza espiritual, que preserva su capacidad de producir esperma y vigorizar el aliento y la palabra."

Twitter del autor: @alepholo

* Citas tomadas de Eros and Magic in the Renaissance, de Ioan P. Couliano