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Por qué dijo Jung que las mujeres eran "seres mágicos" y por eso les tenía miedo

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/03/2018

Enigmáticas y fascinantes palabras que nos llevan al corazón radiante del anima, el arquetipo femenino en el hombre

El eterno femenino nos atrae hacia lo alto.

Goethe

Jung creía que en el hombre existía una imagen arquetípica femenina, que lo guiaba hacia la completud o la realización de su propio ser (Selbt). Esta imagen o fuerza es conocida como el "anima", la cual se podía representar como la madre, la hija, la hermana, la amante, una diosa celestial o una fuerza telúrica monstruosa, etc. Aunque en la experiencia el anima y las mujeres con las que se encuentra el hombre se mezclan y superponen en una retroalimentación de las fantasías y las fuerzas psíquicas transconcientes, el anima y la mujer en sí misma no son lo mismo. En el caso de la mujer ocurre algo similar, aunque no idéntico, con el animus, el arquetipo masculino en el alma femenina, el cual es aún más complejo, según Jung. 

El concepto de anima, de acuerdo con Jung, iba mejor de la mano con un lenguaje imaginativo, dramático, mitológico, sensorial, y no con un lenguaje científico descriptivo; había que dejar espacio, vacío, para que el arquetipo actuara, ya que era un proceso viviente del alma. A diferencia de lo que se creía con el horror vacui que se proyectó a la naturaleza, los arquetipos aman el vacío.

El anima encarna en cada hombre en el trasfondo psíquico como un patrón que universaliza la experiencia y la refiere a una base profunda de sentido o significado que se encuentra enraizada en el inconsciente colectivo. El anima es toda la experiencia de la feminidad en el sexo masculino, más allá de la especie, que aparece con fuerza imaginativa y que viene desde el principio del cosmos, el cual está permeado por energías polares u opuestos que deben conjugarse para dar vida y espiritualmente para lograr la integración de la psique con su esencia divina.

Esta anima es arquetípicamente la figura femenina por la cual el hombre se interna en lo desconocido y mata dragones y demonios. Pero aunque es la gran motivación de la psique masculina, también puede llevarlo a la perdición; participa también en la imagen del trickster, la encantatriz, la seductora, la femme fatal, la diosa Maya, Circe, las sirenas y ninfas, Salomé, etc. Dice Jung: "Ya que es su gran desafío, exige del hombre lo máximo, y si lo obtiene, ella lo recibirá". Una afirmación un poco críptica, que parece sugerir que las joyas de la corona serán solamente de los verdaderamente valerosos. El soma, el elixir de la inmortalidad siempre está custodiado por una serpiente y/o una ninfa. Si entrega todo, ella lo recibirá en su seno: no el seno opresor de la madre celosa sino el seno liberador de la vida, la energía y el significado que es predicado en la belleza y la armonía.

En el Libro rojo Jung dice: "Eres esclavo de lo que tu alma necesita. El hombre más masculino necesita a la mujer, y por lo tanto es su esclavo. Conviértete en mujer tu mismo, y serás salvado de la esclavitud a la mujer... La aceptación de la feminidad lleva a la completud. Lo mismo es válido para la mujer que acepta su masculinidad". Aquí Jung obviamente habla de la noción alquímica del hermafrodita, en la que se realiza la unión sexual interna entre los principios masculinos y femeninos, lo cual no significa suprimir uno en favor del otro. El hombre debe desarrollar toda su masculinidad y fuerza, pero también ser sensible a la feminidad. 

Jung habló de cuatro etapas en la relación del anima en el hombre. La primera es Eva, la tierra como madre biológica o como materia por fertilizar. La segunda etapa cobra una dimensión erótica, romántica, estética, y se valúa a la mujer como individuo (la mayoría de los hombres no pasa de esta etapa). La tercera etapa es en la que Eros se alza a lo religioso y espiritual. Esto es descrito por Platón en El banquete: el amor físico es trascendido y usado para elevar el alma. La cuarta etapa es ya una etapa de gloria arquetípica en la que la mujer se convierte en una encarnación de la divina Sophia, la sabiduría, y con ella el hombre alcanza la piedra filosofal.   

En una entrevista Jung expresó esto: "Las mujeres son una fuerza mágica. Se rodean de una tensión emocional más fuerte que la racionalidad del hombre... La mujer es un ser muy fuerte, mágico. Es por ello que le temo a la mujer". Este temor, creemos, debe ser interpretado como el terror de lo sagrado, el mysterum tremendum, la sensación que según Rudolf Otto acompaña al verdadero encuentro místico o numinoso... y, por lo tanto, una forma de veneración. David Tresan, sin embargo, ve una ambivalencia en Jung, quien atribuyó a los reflejos fantasiosos y engañosos del anima algunos de los peligros a los que sucumbieron Nietzsche y los nazis. Pero señala que después de una experiencia al límite, un casi ataque al corazón que lo llevó a una seguidilla de visiones nocturnas, siendo su ego vencido in extremis, Jung llegó en 1944 a una experiencia "directa de la belleza no mediada por su intelecto" en la que el anima se reveló como "puramente irracional, el arquetipo de la vida, directo, asombroso, eterno". Jung debía también enfrentar la muerte para penetrar en los misterios del anima, desde cuyos abismos radiantes se erigen "el amor, la belleza, la sabiduría", esa trinidad que representa la mujer en el alma masculina.  

 

* Citas tomadas del ensayo "Anima" de Paul Watsky

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Este grupo étnico tiene el coeficiente intelectual más alto, según estudios

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/03/2018

La inteligencia promedio se calcula en 100 puntos. Estudios científicos sostienen que los judíos asquenazí alcanzan un promedio de entre 112-115 puntos. ¿A qué se debe esto?

Psicólogos y sociólogos que aplican pruebas psicométricas desde hace años han notado que los judíos asquenazí tienen resultados por encima de la media.  Mientras que la media de IQ es de 100 puntos, en promedio los judíos asquenazí tienen un coeficiente intelectual (IQ) de entre 110-115 puntos. Su alta proficiencia está basada sobre todo en inteligencia verbal y matemática, ya que su inteligencia espacial suele estar por debajo de la media. Los siguen en inteligencia loa asiáticos del noroeste. 

Además de estos puntajes psicométricos, se ha notado que más del 50% de los campeones de ajedrez tienen ascendencia asquenazí y que el número de premios en la ciencia y la literatura que este grupo étnico ha obtenido supera por mucho la proporción de su población, la cual se calcula entre 10 y 11 millones en el mundo.

Los judíos asquenazí son la etnia más abundante dentro de la religión judía, con cerca del 80% de la población; son descendientes de las comunidades judías medievales establecidas a lo largo del Rín, desde Alascia hasta Renania y han desarrollado su propia lengua, el yidis, y costumbres diferentes a los sefardíes o mizrajíes.

El profesor de psicología de Harvard Steven Pinker, aunque no cuestiona los resultados de las pruebas de IQ, sí cuestiona la hipótesis de que se deba una cuestión genética. Pinker explora numerosas posibles hipótesis. Entre ellas la posibilidad de que por sus trabajos mercantiles, los judíos asquenazí se vieron obligados a interactuar con comunidades de distintas culturas,  aprendiendo así otros idiomas y desarrollando habilidades del tipo que hoy se conocen como "networking". Existe una hipótesis similar de que en Grecia nació el pensamiento racional filosófico por la exposición a una interacción con diversas culturas. Pinker concluye, por otro lado, que este tipo de investigación que resalta perfiles étnicos no es positiva para la ciencia, si bien estudiar las mutaciones genéticas de los diferentes grupos étnicos obviamente sí tiene una importante función científica. 

El paleontólogo Stephen Jay Gould teorizó por su parte que la inteligencia general como tal no existe y que, en todo caso, no hay evidencia de que se heredeEn su libro The Mismeasure of Man, Gould hizo un argumento en contra del determinismo biológico, argumentando que los genes no son definitivos para marcar un destino social. Gould dice que la correlación entre la inteligencia del padre y la madre y sus hijos no significa causalidad, y que además la evidencia presumida entre la correlación puede atribuirse tanto a herencia genética como a factores ambientales. Gould enfatizó que la tenencia a convertir el cociente intelectual en una entidad abstracta era un caso de reificación.

Paper científico de Gregory Cochran de la Universidad de Utah

Foto: La actriz rusa judía Ania Bukstein