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La verdadera cara del clítoris que podría desmitificar las creencias de la sexualidad femenina

Salud

Por: María José CA - 03/25/2018

Revisando la historia del clítoris uno se da cuenta de que el culpable, incluso de la miseria en un hogar, era esa pequeña joya plantada en la entrepierna de una mujer

Se le consideró un “pene pequeño”, uno con capacidades y habilidades inferiores a su homólogo masculino. Se le acusó de ser la razón por la cual las mujeres perdían la cordura e incitaban a la vida del pecado. Se le castró como medida de control y dominio sobre el sexo femenino. Se le llamó “clítoris”; y pese a los milenios de estar al tanto de su existencia, aún no existe suficiente información al respecto ni la suficiente rebeldía para promoverla en medios educativos. Sin embargo, eso parece estar a punto de cambiar: como parte de la revolución sexual, una mayor cantidad de investigadoras y especialistas han decidido dar a conocer sus investigaciones sobre el clítoris y así asegurar el cumplimiento de cada uno de los derechos sexuales y reproductivos.

Para empezar, no hace más que un par de años se dio a conocer la verdadera estructura del clítoris. Desde hace varios siglos –o milenios– se creía que esta parte erógena de la mujer era sólo un bulto que se alargaba durante la excitación; sin embargo y en realidad, un modelo de impresión en 3D ha demostrado su verdadera cara: cubriendo toda la vulva –alrededor de 10cm– hay dos esbeltas patitas que se unen en un botón, el cual se expande hasta convertirse en una parte hipersensible más de la piel. Para su creadora, Odile Fillod, ingeniera, socióloga e investigadora freelance, el modelo tenía la intención de menguar mitos y falsas creencias al respecto que ponen en riesgo la salud de cientos o miles de mujeres cada día. Entre ellos, desmentir no sólo a los libros de medicina que definen al clítoris como “miembro femenino para orinar” sino también a la Historia, que ha estado en contra de la sexualidad femenina.

De hecho, revisando la historia del clítoris uno se da cuenta de que el culpable, incluso de la miseria en un hogar, era esa pequeña joya plantada en la entrepierna de una mujer. Por ejemplo, en el siglo XVI, Vesalius, autor de los libros más influyentes sobre anatomía humana de la época, calificó al clítoris como una enfermedad –sencillamente no era parte de “una mujer saludable”–; y en 1486, el Malleus Maleficarum o la guía para cazar brujas, sugería que el clítoris era “la tetilla del Diablo”, y en caso de que una mujer lo tuviera era el signo irrevocable de que se trataba de una bruja; o durante el siglo XIX, cuando una mujer sufría severos casos de “histeria”, se le sometía a una clitoridectomía –mutilación genital–. No fue sino hasta 1981 –hace escasos 30 años– que la Federación de las Mujeres Feministas para la Salud Clínica –Federation of Feminist Women’s Health Clinics– creó y reveló imágenes correctas de la anatomía del clítoris en el libro A New View of a Woman’s Body.

De modo que pese a los esfuerzos por revelar la verdadera identidad del clítoris, los daños de siglos de repudio hacia el sexo femenino y su fisionomía continúan a través de la persistencia de la ignorancia. En palabras de la investigadora clínica y fisioterapeuta de la Universidad de Western Sydney, Jane Chalmers:

el tema del clítoris continúa siendo evitado o ignorado. Bastantes libros de texto de medicina omiten el clítoris, o lo etiquetan en sus diagramas pero sin ninguna descripción como un órgano del cuerpo. Esto es un gran contraste con el pene, el cual siempre forma parte de manera amplia y profunda en estos textos.

Inclusive, como investigadora especialista en la vulva y la pelvis, ella se ha dado cuenta de que tanto la ignorancia como el rechazo hacia este órgano sexual femenino alcanzan a un público en general –fuera de los límites científicos y médicos–: “Suelen acosarme seguido en Internet. Me enfrento frecuentemente a preguntas ‘¿Por qué querrías estudiar eso?’ y a comentarios sarcásticos como ‘Debe de ser lesbiana’”.

Esta reacción social ante el clítoris y el sexo femenino se ha asociado con una suma de factores: desde una transmisión epigenética o la condición sociocultural, hasta la educación a nivel académico. En varios sitios, el acercamiento que existe hacia la educación sexual se basa en dar una imagen paranoica –como un esfuerzo por el control de embarazos no planificados y de la infección de ITS–, sexista, heteronormativa e incluso homofóbica. En palabras de Fillod:

En Francia, las normas sociales se asocian torpemente con la información biológica. Por lo que a los niños se les enseña que los niños hacen hincapié en la sexualidad genital y las niñas en el amor y la calidad de las relaciones de pareja, y eso se debe en parte a sus características específicas a nivel anatómico-fisiológico.

[…] En los libros franceses de texto de biología el clítoris nunca se presenta de la manera correcta a la hora de mostrar el aparato genital femenino, e incluso en ocasiones ni siquiera sale dibujado en la imagen.

¿Qué queda por hacer? Dar a conocer el clítoris tal y como es: de diferentes colores, tamaños y texturas. Reforzar el derecho al placer sexual y al acceso total a la información y los avances tanto tecnológicos como médicos; a la prevención y reducción de actos de abuso sexual. Dar a conocer a la sexualidad como una fuerza de empoderamiento y vitalidad. Posicionar al clítoris como la base de una sociedad más equilibrada, fuerte y diversa.

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Salud

Por: pijamasurf - 03/25/2018

Un estudio de la Universidad de Yale sugiere que cuando las personas superan una crisis y pasan por un cambio positivo, tienden a ver una parte reveladora de su verdadero self (el sí mismo completo)

Donald Winnicott, pediatra, psicoanalista inglés y uno de los principales pilares de la psicología, brindó información valiosa sobre la relación entre la madre y el lactante durante la primera mitad del siglo XX. Winnicott, trabajando con Melanie Klein en Inglaterra, decidió centrar su observación hacia el vínculo y su influencia sobre la evolución del bebé. Como resultado, retomó el término del “Self” para definir al “Yo” y al “Self como objeto”, distinguiéndolo en dos: el verdadero self y el falso self.

Durante el primer año de vida, el vínculo madre-niño constituye una unidad que resulta eventualmente en la base para su desarrollo. Una madre “suficientemente buena” es aquella que permite no sólo el desarrollo del verdadero self (la que acoge el gesto espontáneo del niño a la hora de expresarse, interpreta su necesidad y se la devuelve en calidad de gratificación) sino también el desarrollo de un falso self, el cual funge como un proceso adaptativo al principio de realidad y de las normas sociales.

Según Winnicott, la madre debe “ilusionar” al bebé para después “desilusionarlo”, desgratificarlo gradualmente con el fin de que entre en contacto tanto con la realidad como con su subjetividad. La idea es que el bebé alcance un equilibrio que le permita depender y al mismo tiempo adquirir la capacidad de hacer notar sus necesidades al entorno, satisfaciéndolas mediante espacios, fenómenos y objetos transicionales: factores que sustituyen o metaforizan a la madre y permiten paulatinamente la autonomía y autosuficiencia del bebé.

Conforme crecemos, el verdadero y el falso self se confunden, se mezclan, se pierden. Las causas pueden variar: creencias irracionales, educación moral rígida, comentarios distorsionados sobre uno, entre otros. Lo importante es descubrir el verdadero self, el cual siempre será bueno, genuino, espontáneo, auténtico, íntegro, lleno de vida, detrás de todas las mentiras del falso self. Es decir, se trata de identificar las mentiras que uno se dice, o lo que se creyó que los demás dicen de uno –el falso self– para descubrir cómo es realmente uno –verdadero self–. Sólo de esta manera uno superará los obstáculos internos para trascender y continuar disfrutando de la esencia propia. Retomando el ejemplo del personaje de Shrek (2001), “Las cebollas tienen capas. Los ogros tienen capas”, y las capas interiores son más sensibles y genuinas que las externas.

 

Un estudio de la Universidad de Yale sugiere que cuando las personas superan una crisis y pasan por un cambio positivo, tienden a ver una parte reveladora de su verdadero self. En otras palabras, cuando hay una automejora debido a un proceso de introspección, crecimiento y trascendencia, se descarapela una capa negativa del falso self y se devela el verdadero self. En palabras de la escritora Anaïs Nin, "En el caos hay fertilidad", de modo que es a través del cambio que la oruga puede convertirse en mariposa, y no en el sentido contrario. 

Si bien la idea de un verdadero self y de un falso self puede parecer confusa, la realidad es que posee importantes implicaciones en el autoconcepto y en la fe sobre la vida. Es decir, se trata de una especie de brújula positiva que continuamente indica que uno está en el buen camino hacia la trascendencia personal; de un ápice de esperanza que nos hace confiar en nuestra toma de decisiones, aprendizajes y errores; de un sentido de supervivencia instintivo, que busca siempre el bienestar de uno mismo.