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Estas son las razones por las cuales Copenhague es la ciudad más feliz del mundo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/20/2018

Para Meik Wiking, jefe ejecutivo del Instituto de Investigación de la Felicidad, son pequeños pero significativos cambios que modifican toda la perspectiva de vida

Año con año, el Instituto de Investigación de la Felicidad explora cómo es que algunas sociedades son más felices que otras. Tomando en cuenta factores para el bienestar general como la calidad y el estilo de vida, las normas y servicios públicos, el concepto de felicidad, entre otros, este año se ha propuesto a Copenhague como la ciudad más feliz del mundo.

Con una ciudad adaptada para las bicicletas, chapuzones en albercas comunitarias al aire libre durante el invierno y clases gratuitas tanto de yoga como de mindfulness, los copenhaguenses han encontrado el secreto de la felicidad: hacer actividades sólo para disfrutarlas o para hacernos la vida mas fácil (mas no con el único objetivo de poseer una mejor salud o la vida más cómoda o envidiable).

Siguiendo esta premisa, la cual forma parte de una reforma para la salud que tendrá una duración de 10 años, Copenhague se ha convertido en un modelo de desarrollo de ciudades saludables, sociables y felices a lo largo del mundo. Todo se trata de un tiempo estratégico, explica Katrine Schjønning, la directora de salud pública de la ciudad, pues a la hora de realizar cambios en la salud pública tan sólo "se necesita de una perspectiva a largo plazo" y de volver atractivos los principios básicos de una salud plena.

Por ejemplo, las autoridades enfocadas en la salud pública de esta región danesa empezaron promoviendo la salud cotidiana como parte de la estructura urbana. Es decir, volvieron atractivo el andar en bicicleta, sirvieron almuerzos nutritivos en las instituciones y permitieron que las escuelas ofrecieran programas para dejar de fumar. La premisa era que las personas enfocadas en una salud plena tienden a terminar su educación y a encontrar un trabajo; en palabras de Schjønning, promover la salud nos "permite vivir la vida que deseamos".

Tras años de promover esta iniciativa en salud se ha transformado a la ciudad: en invierno las calles están llenas de niños, adultos jóvenes y personas mayores en sus bicicletas, padres con sus hijos en bicicletas de cargo. De acuerdo con los habitantes no se trata de volverse saludable, sino sólo de aprovechar la manera más fácil de movilizarse. Schjønning explica:

Andamos en bicicleta todo el tiempo. Vamos en bici a la Luna varias veces al año en Copenhague. Un extraordinario 62% de las personas que viven en la ciudad se transporta en bici al trabajo cada día y la mayoría de ellos lo hace pese al frío y a la lluvia. No se trata de que sea la opción más saludable. Sólo es la más sencilla. La ciudad está diseñada para bicis y no para coches.

[…] Aquí todo el mundo anda en bici o camina con un café. Ahora se ha diseñado un recipiente verde para que los ciclistas puedan tirar la basura una vez que se hayan acabado su bebida. Y ahí en donde los ciclistas se detienen en un semáforo en rojo, se eleva una plataforma en donde pueden descansar sus pies sin salirse de sus monturas. Cuando nieva, la ciudad limpia los carriles de los ciclistas antes de limpiar las rutas de los automóviles.

Para Meik Wiking, jefe ejecutivo del Instituto de Investigación de la Felicidad, son pequeños pero significativos cambios que modifican toda la perspectiva de vida: "Copenhague no es una gran ciudad en términos de monumentos o atracciones, pero en términos de comodidad y atención a las personas, sí que lo es". Incluso en términos de salud mental, Copenhague tiene clínicas para combatir los efectos del estrés tanto por exceso de trabajo como por desempleo, en donde se imparten clases de yoga y meditación de manera gratuita.

Sin embargo, no es tan sencillo como se pinta: el costo de esta comodidad se ve reflejado en el pago de los impuestos. De hecho, los copenhaguenses pagan hasta el 60% de sus ingresos en impuestos, como si decidieran renunciar a la riqueza para gozar de un mayor bienestar. Podría incluso decirse que ellos invierten en la calidad de vida en vez de en un coche más grande o caro, y ahí reside la clave de su felicidad.

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¿Quieres sacar un mejor provecho de las primeras horas del día? Mira este consejo

“No es que tengamos poco tiempo de vida, sino que malgastamos mucho de éste”, nos dice Séneca en De la brevedad de la vida. Y por un momento podríamos darle la razón, al menos como ejercicio hipotético. 

Si echamos un vistazo a nuestra vida diaria y comenzamos a hacer cuentas, probablemente nos demos cuenta de que la preocupación un tanto neurótica de que el día “no nos alcanza” para hacer todo lo que quisiéramos está acompañada de pequeñas o grandes fugas por donde ese tiempo se nos escapa. Los “5 minutos” más que le pedimos al despertador por la mañana para seguir durmiendo, las visitas frecuentes que hacemos a las redes sociales a lo largo de nuestro día, la procrastinación de ciertas tareas en las que nos enfrascamos sin antes reflexionar si son útiles o si son la mejor manera de conseguir lo que buscamos, etc. Si hacemos ese balance, es muy probable que terminemos de acuerdo con Séneca: no es que el día no nos alcance, sino que no ponemos atención en qué estamos haciendo con el tiempo de nuestra vida.

En este contexto, la mañana adquiere una relevancia especial. Las primeras horas que pasamos despiertos en el día tienen cierta significación propia, simbólica incluso, pues de algún modo son siempre un comienzo, un punto de arranque, como si la creación del mundo ocurriera de nuevo cada día, según dice Marcel Proust. 

Las mañanas están llenas de planes, intenciones, deseos de hacer y completar, pero… ¿cuántos de esos proyectos se malogran? ¿Cuántas veces te ha ocurrido que tenías tanto por hacer, que consideraste factible realizar todo ello y al final la mañana se fue así, de súbito, y quizá incluso el día entero, y de todo lo que tenías planeado apenas pudiste hacer una pequeña parte? 

Si es tu caso, sin duda es momento de que tomes conciencia de tu propio tiempo de vida. ¿Qué estás haciendo con él? ¿En qué lo estás ocupando? Dicho de otro modo, y particularmente para el caso de las mañanas, ¿qué te está impidiendo aprovechar esas primeras horas del día?

A este respecto, Nick Wignall tiene una propuesta interesante. Wignall es psicólogo clínico y además es un autor entusiasta de artículos y obras en donde sostiene que la psicología conductal puede utilizarse para que las personas alcancen sus objetivos profesionales y laborales. 

En su caso, asegura que para cuando el reloj marca las 9:00 de la mañana, usualmente ha cumplido ya con su rutina de higiene personal, ha escrito el borrador para un artículo o para el capítulo de uno de sus libros, ha meditado por algunos minutos, ha reunido información para su trabajo futuro y ha dedicado una 1/2 hora a promocionarlo en redes sociales. Y así todos los días: lunes, viernes, con frío, con calor. Nada mal, ¿no?

Según Wignall, el secreto para tener una mañana realmente provechosa es aburrirse por las noches. Así de sencillo. Su consejo es que hagas algo “aburrido” antes de dormir. Lava tus trastes, limpia tu casa, cocina, prepara tus cosas para el día siguiente (la comida que llevarás al trabajo, los libros que necesitarás en la escuela, etc.), teje, lee una revista o un libro, medita, realiza una rutina de estiramiento muscular… La elección es tuya, pero lo que sea que hagas, es fundamental que esté en el punto diametralmente opuesto al exceso de estimulación en que vivimos ahora

Wignall nos da estas razones para entender el sentido de su recomendación.

 

Razón 1: la conexión entre relajación, sueño y descanso

No puedes hacer que un auto que va a 120km/h salga de la autopista sin reducir antes la velocidad, dice Wignall, para quien ese “aburrimiento” es una especie de requisito o prólogo para una noche de descanso efectivo –que, a su vez, es imprescindible para despertar con ánimo y energía al día siguiente–. 

Todas estas luces que nos rodean, esta sobreexcitación del mundo moderno, la actividad que no cesa, son nuevas para nuestro cuerpo y nuestro cerebro, que por siglos han estado habituados a la separación clara entre el día y la noche, el tiempo del trabajo y el del reposo.

Duerme para descansar, y poco a poco comenzarás a conquistar tus mañanas.

 

Razón 2: evitar la resistencia matutina

¿Cuántas mañanas te has quedado “5 minutos más” en cama sólo porque nada en la perspectiva de tus actividades del día te estimula para levantarte y comenzar? Si fuera diferente, ¿qué pasaría? Si las cosas que tienes que hacer son también las que quieres hacer, ¿no saldrías de la cama inmediatamente después de abrir los ojos? 

Para Wignall, esa es otra razón para hacer actividades “aburridas” en la noche como preparar la comida que comeremos al día siguiente, la ropa que vestiremos o los distintos instrumentos que utilizamos en nuestra rutina cotidiana. 

La idea de este psicólogo clínico es ocupar la mañana en lo que realmente nos emociona hacer.

 

Razón 3: la claridad del día

Una de las grandes ventajas de despachar temprano las actividades de tu rutina es que tu tiempo adquiere una claridad acaso inesperada y desconocida. De pronto, puedes distinguir con nitidez cómo está dividido tu día, a qué dedicas más o menos tiempo, cuánto te toma realizar algo y si acaso podrías cambiar eso…

 

En pocas palabras: tomas conciencia de tu propio tiempo, lo cual, en esencia, es la clave para aprovechar no sólo tus mañanas, sino tu vida en sí.

 

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