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Descubre aquí cómo evitar que los pensamientos negativos te hagan envejecer más rápido

Salud

Por: María José CA - 03/21/2018

A lo largo de las investigaciones epigenéticas se ha demostrado que existe una correlación entre el acortamiento de los telómeros y un estado de ánimo negativo, hostil, enfadado y pesimista

Desde una premisa psicogenética, somos como somos gracias al historial genético, la dinámica con el medio ambiente y la mezcla de ambos factores de nuestros antepasados –al menos, de seis o siete generaciones arriba–. En varios estudios, principalmente los realizados por Avshalom Caspi y Terrie E. Moffitt, se ha demostrado que la expresión genética de uno puede verse influenciada y alterada por el estilo de crianza, vida y cultura de donde se creció. A este fenómeno se le llamó epigenética, una ciencia relativamente reciente que se dedica a estudiar la interacción entre ambiente y genética.

Actualmente, uno de los temas principales en la epigenética es descubrir el impacto que posee el pensamiento sobre la expresión genética. De acuerdo con Elizabeth Blackburn, Premio Nobel de Medicina (2009), y Elissa Epel, psicóloga especialista en estrés, envejecimiento y obesidad, los patrones mentales pueden dañar los telómeros –partes indispensables en las células del ADN– afectando, a su vez, la vida y la salud de las personas.

Los telómeros, explican las especialistas, son la parte central de todas las células como segmentos repetidos de ADN no codificado que viven al final de los cromosomas. Su función es formar una especie de tapas en los cromosomas que previenen que el material genético se desenmarañe, y determinan la rapidez con que las células envejecen. De hecho, cuando los telómeros se acortan mucho, las células parar de dividirse, promoviéndose el envejecimiento celular –y por tanto, corporal–. Si bien aún falta mucha más información que permita confirmar la correlación entre el achicamiento de los telómeros y el envejecimiento celular, lo que se ha descubierto es que los telómeros pueden alargarse con el paso del tiempo. Esto significa que el envejecimiento es un proceso dinámico que puede acelerarse, ralentizarse o incluso revertirse, y que uno de los elementos que influyen directamente en este proceso son los telómeros, pues reciben y distribuyen la información recibida por la comida que comemos, el ejercicio que practicamos, la respuesta que tenemos a la hora de enfrentar las dificultades, entre otros factores biopsicosociales. En otras palabras, “una de las claves para disfrutar de una buena salud es simplemente hacer tu parte en fomentar la renovación de las células”.

A lo largo de las investigaciones epigenéticas se ha demostrado que existe una correlación entre el acortamiento de los telómeros y un estado de ánimo negativo, hostil, enfadado y pesimista. De hecho, en cuanto a definir la “hostilidad cínica”, los científicos encontraron que se trata de un patrón constante de enojo y pensamientos de desconfianza hacia los demás: “Alguien con hostilidad no sólo piensa ‘Odio estar aquí parado haciendo largas filas en la tienda’, también piensa ‘Otros clientes deliberadamente pasan sobre mí y me quitan de mi posición superior de la línea’ y entonces comienza a sentir rabia”. A partir de ello descubrieron la correlación entre este tipo de conducta, unos telómeros cortos y la incidencia de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y muerte prematura.

¿Cómo ocurre esto? Idealmente hablando, un cuerpo responde al estrés con la liberación de cortisol –neurotransmisor del estrés– y presión sanguínea, y con el regreso a la homeostasis natural del cuerpo. Sin embargo, cuando un cuerpo posee telómeros cortos, la exposición al estrés provoca que los niveles de cortisol y de la presión sanguínea diastólica se extiendan hasta normalizar este nuevo estado llamado alostasis. Una vez que se ha instaurado la alostasis como un estado omnipresente, sucede lo siguiente: el ritmo cardíaco suele estar alto, el sistema hormonal se altera, el estado de ánimo se vuelve negativo y de incomodidad, el optimismo baja y los vínculos sociales se vuelven pobres. En otras palabras,

en términos de la salud física y psicosocial, [estas personas cínicas hostiles] se encuentran en una posición altamente vulnerable ante las enfermedades tempranas, los años de su vida se ven marcados por enfermedades al envejecer, las cuales incluyen enfermedades cardiovasculares, artritis, un sistema inmunológico débil, depresión, etcétera.

Con esto se quiere decir, explican las expertas, que el pesimismo es un precursor de las enfermedades durante la vejez, ya que influye en la longitud de los telómeros a lo largo de la expresión genética. Hay una vasta evidencia científica en donde se confirma que los patrones de pensamiento pesimistas resultan en telómeros más cortos, promoviendo la muerte prematura de las células. Entre este tipo de patrones de pensamiento se encuentran la rumiación, la obsesión compulsiva, la paranoia, la desconfianza, la inseguridad, el trauma, entre otros; éstos, al mantenerse en la mente, fomentan la expansión del estrés –y sus consecuencias– en el cuerpo. De hecho, las personas que suelen rumiar –pensar en un evento una y otra vez sin llegar a ninguna conclusión– experimentan con mayor frecuencia e intensidad depresión y ansiedad –trastornos emocionales que, a su vez, se han asociado con telómeros más cortos–.

No obstante, es importante no caer en la represión/supresión: la acción de ignorar los pensamientos y sentimientos indeseables. Para Daniel Wegener, psicólogo social de la Universidad de Harvard, este es un fenómeno –llamado error irónico– como cuando uno se pone el objetivo de no pensar en un oso polar y “entonces esa endemoniada cosa aparece en la mente cada minuto”. Mientras más se intente alejar los pensamientos, más fuertes y persistentes se vuelven, por lo que, al final, representan la misma cantidad de estrés que afecta a los telómeros y por lo tanto, a la apoptosis de las células.

Como solución, los especialistas en este tema consideran que el primer paso es identificar y “etiquetar” a estos pensamientos pesimistas que desencadenan la muerte celular temprana de nuestro cuerpo. De esta manera, uno puede llegar a estar en dominio de ellos, aprendiendo a regularlos mediante herramientas terapéuticas, meditación y desapego.

Imagen: Hannah Adamaszek

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El tiempo es más importante para la felicidad que el dinero, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 03/21/2018

"Parece que las personas que tienen una preferencia estable de valorar el tiempo sobre el dinero, reportan una mayor cantidad de felicidad"

“La chica, el dinero, la fama, la venganza. Habían sido las enfermizas obsesiones de los Dinsmoor, y ahora eran mías”. Esta fue una de las emblemáticas frases que el personaje de Finn (Ethan Hawke) sentenció en la película Great Expectations (1998), declarando que todo aquello que representaba socialmente a la felicidad resultaba realmente en un circuito compulsivo depresivo. Pero si, según el director de la película (el mexicano Alfonso Cuarón), la felicidad no es el amor, la riqueza, la fama ni el rencor, ¿qué es exactamente la felicidad?

De acuerdo con investigadores de la Universidad de British Columbia en Canadá, los 4 mil 600 participantes en un estudio ayudaron a demostrar que la felicidad se relaciona principalmente con la priorización del tiempo personal sobre la ganancia monetaria o el éxito profesional. En palabras de la autora principal de la investigación, Ashley Whillans: “Parece que las personas que tienen una preferencia estable de valorar el tiempo sobre el dinero, reportan una mayor cantidad de felicidad. Tener más tiempo libre es igual de importante para la felicidad que tener más dinero”.

Si bien la investigación tiene sus limitaciones, pues no se incluyeron personas viviendo en pobreza ni bajo otras condiciones de marginación, discriminación o situaciones de riesgo, los expertos encontraron que ni el sexo ni el salario ni el estado civil parecían tener un efecto contundente a la hora de preferir la calidad de tiempo frente a la cantidad de dinero. Es decir que en la actualidad las personas prefieren un trabajo con bajas horas activas y un sueldo base, que uno con varias horas activas y un sueldo mejor remunerado, para poder disfrutar del tiempo libre.

Esto parece deberse a que las sociedades actuales, que gozan de una mayor estabilidad socioeconómica y laboral, prefieren prestar atención a una filosofía estoica y característica del carpe diem. De acuerdo con la data conseguida durante la investigación, los individuos prefieren pasar el tiempo disfrutando una comida con seres queridos, practicando cualquier pasatiempo favorito o saliendo de viaje para conocer distintos lugares y culturas de alrededor del mundo. Si bien esta perspectiva no alarga la expectativa de vida, como señala un estudio realizado por la Universidad de Oxford en un grupo control de 1 millón de mujeres, la gente goza de una mayor calidad de salud emocional en general –lo cual, a su vez, reduce la incidencia de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad–.

La eterna búsqueda de la vida moderna por ser feliz, productivo y exitoso implica el riesgo de desarrollar síntomas de anhedonia, depresión y ansiedad pues, según un dicho budista, buscar la felicidad es la causa de la infelicidad. De modo que para cambiar este paradigma, los budistas invitan a tomar conciencia de que:

andar por el mundo persiguiendo sensaciones de placer o aferrándonos a aquellas cosas que creemos que nos hacen felices –pareja, dinero, éxito– asegura que sufriremos, porque todas estas cosas son impermanentes y, al cambiar, harán que lo que hoy nos hace feliz y da placer, mañana nos produzca dolor.

Lo importante es encontrar un equilibrio entre la filantropía y el autocuidado, “hacer acciones buenas para otras personas sin olvidarnos de nuestras propias necesidades y cuidados”; y comprender que una mente entrenada para el desapego “alcanza una sabiduría contemplativa capaz de liberarse de todo lo condicionado”.

 

También en Pijama Surf: Buscar la felicidad te hace infeliz; busca esto en vez

 

Ilustración: Señor Salme