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98% de los niños son genios creativos, pero sólo 2% llega así a la edad adulta (ESTUDIO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/30/2018

Aunque la educación sofoca nuestro potencial creativo, éste no desaparece: sigue estando contigo, esperando el momento en que pierdas el miedo a pensar de otra manera

En nuestra cultura y nuestras sociedades nos hemos habituado a ver el genio en otros, a admirarlo en aquellos y aquellas que por distintos motivos adquirieron notoriedad y reconocimiento en el campo al cual entregaron su labor: las artes, la ciencia, la política y la vida social, etcétera. 

En ese sentido, solemos creer que el genio es una cualidad extraordinaria que se encuentra en tan sólo unos pocos, que sea por la fortuna o por la casualidad son capaces de desarrollarlo y condensarlo en obras igualmente admirables. 

¿Pero qué pasaría si esto fuera falso y la genialidad no fuera una cualidad extraordinaria sino, más bien, natural en el ser humano?

A esa conclusión radical llegó un estudio realizado por los investigadores George Land y Beth Jarman, cuya historia comienza en 1986, cuando la NASA les pidió que desarrollaran un método que permitiera identificar a personas con una elevada capacidad para la innovación entre el personal científico de la institución. Land y Jarman diseñaron entonces una prueba orientada a detectar el nivel de creatividad de un individuo. En la NASA, el resultado fue bien recibido.

Sin embargo, aunque ese proyecto terminó ahí, los científicos continuaron la investigación por su cuenta, pues ahora tenían más preguntas que respuestas sobre la creatividad. Hicieron algo muy sencillo: aplicar ese mismo examen a un grupo de mil 600 niños de entre 3 y 5 años, que pertenecían a un programa piloto de iniciación escolar.

Al revisar los datos obtenidos, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que el 98% de dichos niños podían ser calificados como “genios” en vista de su capacidad creativa y de imaginar ideas nuevas, diferentes e innovadoras.

Los científicos tampoco se quedaron con esa conclusión y a partir de dicho resultado decidieron hacer de este un estudio longitudinal, es decir, sostenido en el tiempo. Aplicaron el mismo examen al mismo grupo de niños en tres momentos diferentes: 5 años después de la primera sesión, 10 años después y 25 años después; dicho de otro modo, cuando el promedio de edad de los niños era, respectivamente, de 10, 15 y 31 años.

En este caso los resultados también fueron sorpresivos, aunque lamentables, pues ese 98% de niños altamente creativos a los 5 años de edad descendió drásticamente a 30% a los 10 años, a 12% a los 15 y a tan sólo 2% a los 31. Si casi 10 de cada 10 personas poseen cierto tipo de genialidad en su infancia, tan sólo dos de cada 100 la mantienen hasta llegar a la edad adulta.

¿Por qué? Según Land, esto puede deberse a un problema fundamental del sistema educativo, que no favorece en modo alguno la habilidad creativa del ser humano. El investigador parte de la diferenciación de dos tipos de procedimiento del razonamiento humano, a saber:

1) El pensamiento convergente, por el cual evaluamos una idea, podemos criticarla y mejorarla, y también combinarla con otras. Se trata de una forma de pensamiento lógica y racional, y casi siempre consciente. 

2) El pensamiento divergente, del cual surgen las ideas nuevas, inesperadas y originales, no del todo como resultado de un proceso lógico ni consciente.

Land sostiene que en el sistema educativo tradicional se le enseña a los niños a pensar de las dos maneras, lo cual es una contradicción, pues ambas formas de pensamiento no pueden practicarse al mismo tiempo y al confrontarlas de esa manera lo único que se obtiene es que ni una ni otra se desarrollen con todo su potencial. 

No obstante, el pensamiento convergente es el que navega mejor dicha situación, pues al ser la manera de pensar más socialmente aceptada es la que al final terminamos por cultivar más, creando así un desequilibrio notable en nuestra mente, que un tanto incontrolablemente termina por inclinarse hacia el juicio, la censura, la crítica y eventualmente el miedo a pensar diferente.

“Cuando operamos bajo el miedo, usamos únicamente una parte pequeña de nuestro cerebro, pero cuando usamos el pensamiento creativo, el cerebro se ilumina”, ha dicho el científico, quien considera que ahí se encuentra una posibilidad para recuperar nuestra genialidad no perdida, sino sepultada bajo espesas capas de la “educación” que recibimos para normalizar y estandarizar nuestro pensamiento. 

Más allá de la idea de genialidad y sus frutos, la sola idea de vivir sin miedo de pensar parece un propósito deseable para intentar revivir esa imaginación que siempre ha estado en nuestra mente, esperando el momento en que nos decidamos a usarla de nuevo.

 

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Imagen de portada: Albert Einstein en su niñez (ca. 1894)

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Murió Stephen Hawking, el hombre que desafió a la adversidad para explicar el universo

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/30/2018

Con 76 años de edad murió en Inglaterra Stephen Hawking, quien alguna vez se propuso la "sencilla tarea" de explicar el universo

Esta mañana falleció Stephen Hawking, sin duda uno de los científicos más notables de la época contemporánea, reconocido tanto en el campo de su especialidad como por otros millones de personas, pues fue también un divulgador importante del conocimiento científico.

Hawking falleció en su casa de Cambridge, Inglaterra, en compañía de su familia. Sus hijos dieron a conocer este emotivo comunicado a propósito de la muerte de su padre:

Estamos profundamente entristecidos porque nuestro amado padre haya fallecido hoy. 

Era un gran científico y un hombre extraordinario cuyo legado vivirá por muchos años. Su coraje y persistencia, junto con su lucidez y su humor, inspiraron a millones en todo el mundo.

Una vez dijo: “Este no sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas”. Lo vamos a extrañar por siempre.

Como es sabido, Hawking padecía una enfermedad neuronal degenerativa que afectó sobre todo sus capacidades motrices desde una edad muy temprana, a los 21 años, cuando le fue diagnosticada. En aquel entonces los médicos le aseguraron que viviría solamente 2 años más, pero en su caso la enfermedad progresó con mucha mayor lentitud de lo previsto y tuvieron que pasar más de 50 años para que le provocara la muerte.

¿Los médicos se equivocaron? ¿En su caso la enfermedad se desarrolló de otro modo, y eso es todo? ¿O fue la voluntad de vivir de Hawking la que mantuvo a raya dicha sentencia última? 

No es posible saberlo, quizá, pero resulta innegable, como escribe Ian Sample en el obituario dedicado al científico en el diario The Guardian, que “aquellos que viven a la sombra de la muerte son con frecuencia quienes más viven”. No en términos de tiempo, sino de vida. Más allá de los muchos méritos del científico que podrían citarse ahora, quizá sea importante tener en cuenta que nada de ello hubiera ocurrido sin esa voluntad de vivir que puso por encima de todo, que hizo triunfar sobre la adversidad y sobre las dificultades, y que en su caso lo llevó hasta las fronteras últimas que la realidad física le presenta a la percepción humana.

“Mi objetivo es simple: entender completamente el universo, por qué es como es y por qué existe”, dijo Hawking alguna vez, refiriéndose al propósito de sus investigaciones y de su vida.

Sin embargo, la vida humana, preciosa como puede ser, ambiciosa y admirable, es, por encima de todo, finita, y hoy la de Hawking ha terminado. 


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