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11 libros indispensables sobre feminismo según la Biblioteca Pública de Nueva York

Libros

Por: pijamasurf - 03/03/2018

Una selección de libros fundamentales sobre el feminismo y las discusiones del lugar de las mujeres en la sociedad

En el último año, diversas circunstancias sociales de nuestra época se han conjugado para que el feminismo sea ya un elemento habitual de las discusiones públicas que sostenemos cotidianamente. 

Las prácticas asociadas al lugar que se le ha otorgado históricamente a la mujer se han puesto a debate, en especial bajo la premisa de que el mundo social y cultural ha sido construido por los hombres en beneficio de los hombres. En este esquema, no es sólo que las mujeres tengan un lugar secundario, sino más bien supeditado: también la mujer existe para beneficio del hombre. En parte, a eso se refería Simone de Beauvoir cuando escribió: "No se nace mujer: llega una a serlo”.

En los libros que ahora compartimos se expone este punto de partida de la teoría feminista, que aunque puede parecer muy elemental, para algunos no es sencillo de entender o al menos de escuchar. Si el ser humano necesita reflexionar sobre su lugar en el mundo, ¿por qué nos parece extraño que la mujer también lo requiera así desde su condición singular?

La lista es la recomendación que elaboró la Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL, por sus siglas en inglés) en ocasión del Mes de la Historia de las Mujeres, una iniciativa impulsada por diversas instituciones educativas, artísticas y de investigación histórica de Estados Unidos. Los comentarios sobre los libros son los que Lynn Lobash, de la NYPL, dio sobre ellos.

En nuestro caso, añadimos los enlaces en español digitalizados y, al final, algunas sugerencias propias que nutren la selección.

Como mencionamos en el título de esta nota, se trata de libros “básicos”, de carácter introductorio al feminismo (que, cabe mencionar, en los últimos años ha conocido un desarrollo teórico importante). Quien por curiosidad desee acercarse al feminismo y poco o nada sepa al respecto, probablemente encontrará útiles estas sugerencias. 

 

Un cuarto propio - Virginia Woolf  (1929)

Este ensayo examina la cuestión de si una mujer es capaz de crear una obra a la par de la de Shakespeare. Woolf concluye que “para escribir ficción, una mujer necesita dinero y un cuarto propio”.

 

El segundo sexo - Simone de Beauvoir (1949)

Una obra mayor de la filosofía feminista; el libro es una investigación sobre el trato que han recibido las mujeres a lo largo de la historia.

 

La mística de la feminidad - Betty Friedan (1963)

Friedan examina algo que llama “el problema que no tiene nombre”: el sentimiento general de malestar entre las mujeres de los años 1950 y 1960.

 

Las guerrilleras - Monique Wittig (1969)

La ficción de una guerra real entre los sexos, en la cual mujeres guerreras están armadas de cuchillos y pistolas.

 

La mujer eunuco -  Germaine Greer (1970)

Greer sostiene el argumento de que las mujeres han sido amputadas de su sexualidad a través de la noción de “mujer normal” producida por la sociedad del consumo (concebida por hombres).

 

Política sexual - Kate Millett (1970) 

A partir de su tesis doctoral, este libro de Millet discute el papel que el patriarcado (en un sentido político) cumple en las relaciones sexuales. Para plantear su argumento, explora (adversamente) los trabajos de D. H. Lawrence, Henry Miller y Sigmund Freud, entre otros.

 

La hermana, la extranjera - Audre Lorde (1984)

En esta colección de ensayos y discursos Lorde hablar sobre el sexismo, el racismo, las lesbianas negras y más.

 

El mito de la belleza - Naomi Wolf (1990)

Wolf explora los “estándares normativos de belleza” que minan política y psicológicamente a las mujeres y que son propagados por las industrias de la moda, la belleza y la publicidad.

 

El género en disputa - Judith Butler (1990)

Este libro, importante tanto en la teoría feminista como en la teoría queer, introdujo el concepto de “género performativo” que significa, esencialmente, que el comportamiento crea el género.

 

El feminismo es para todo el mundo - Bell Hooks (2000)

Hooks se enfoca en la intersección entre el género, la raza y lo sociopolítico.

 

Manifesta: young women, feminism, and the future - Jennifer Baumgardner y Amy Richards (2000)*

Estas autoras exploran el estado del feminismo en el año 2000, cuando el movimiento se encontró en una encrucijada entre las feministas del “girl power”, que buscaban el empoderamiento personal, e instituciones como Ms. y NOW, que peleaban por políticas de igualdad.

 

ADDENDA

 

Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva - Silvia Federici (2004)

Un libro emblemático de la relación entre la dominación femenina y el capitalismo. Usando la figura de "la bruja" y la persecución que, bajo este pretexto, sufrieron las mujeres en distintas sociedades y épocas, Federici explica la transformación que ocurrió con la mujer durante el paso del feudalismo al capitalismo.

 

Pan y rosas - Andrea D’Atri (2004)

Un libro que explora el papel decisivo –pero pocas veces reivindicado– de las mujeres en distintos movimientos sociales de la Historia moderna, de los días de la Revolución Francesa a nuestra época.

 

Teoría King Kong - Virginie Despentes (2006)

Virginie Despentes plantea una revisión del destino que tuvo, en el siglo XXI, la revolución sexual de los años 1960 en Occidente, teniendo a la vista la proliferación de la violencia sexual, la prostitución y la pornografía en que se vive actualmente. El libro, además, está escrito con un estilo furibundo y ecléctico que de inmediato llamó la atención.

 

Feminismos negros. Una antología - V.V. A.A. (2012)

Varias autoras hacen su aportación a la discusión feminista, con un añadido importante: su condición de mujeres negras.

 

N. B. La mayoría de estos libros se encuentran digitalizados en Internet. Basta con buscarlos con el tipo de archivo PDF.

 

También en Pijama Surf: Los consejos de Virginia Woolf sobre la vida, la literatura y la condición de mujer

 

Imagen de portada: Ilustración de Teoría King Kong

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Gracias al insomnio Kafka escribió en un estado de sueño lúcido y alucinación consciente

Libros

Por: pijamasurf - 03/03/2018

¿El insomnio como fuente de creatividad? Así ocurrió con Franz Kafka

Franz Kafka se cuenta siempre entre los grandes escritores del siglo XX, en especial porque, como otros en su tiempo (James Joyce, Marcel Proust, o Virginia Woolf), fraguó una obra que, al mismo tiempo que mostró una nueva forma de hacer literatura, sirvió como medio de expresión de la subjetividad de su época.

En otro aspecto, Kafka pasó a la historia también por la leyenda que se formó en torno a su persona. Quienes conozcan algunos detalles de su vida o se hayan acercado a su obra, posiblemente tengan la idea de un hombre de salud quebradiza, siempre sufriendo por alguna razón, capaz de imaginar escenas un tanto siniestras u opresivas pero de todos modos elocuentes. 

Parte de esa leyenda también es el insomnio habitual que Kafka padeció, especialmente en sus años de madurez y que, en su caso, es indisociable de la escritura. De hecho, en un episodio que cuenta en sus diarios y sus críticos y estudiosos citan de tanto en tanto, el primer cuento que Kafka escribió y que encontró verdaderamente literario fue resultado de una noche pasada en vela, escribiendo incesantemente, y de la cual emergió también entre lágrimas, temblores y quizá alguna hemorragia nasal menor. 

La escena puede parecer exagerada, pero además de que no es la única en las referencias sobre su vida, una investigación reciente ha puesto de nuevo a discusión la utilidad que la imposibilidad para dormir reportó a Kafka en términos literarios. 

En particular, los investigadores Antonio Perciaccante y Alessia Coralli publicaron hace poco en la revista The Lancet Neurology un artículo sobre el efecto del insomnio y la parasomnia en la obra creativa de Kafka. 

Entre sus observaciones, Perciaccante y Coralli se detienen con especial atención en el efecto un tanto hipnótico o alucinatorio que la privación de sueño pudo generar en Kafka, mismo que se transformó en algunas de las “visiones” que pueblan sus escritos. Por la manera en que Kafka habló de su dificultad para dormir (especialmente en sus cartas y sus diarios), los investigadores creen que el autor checo encontró una inesperada fuente de expresión y creatividad en ese instante específico en que el sueño parece sobrevenir sobre nosotros, esa frontera un tanto vaga entre la realidad de la vida diurna y la vida onírica, entre la conciencia y la pérdida de esta y en la cual pueden llegar a surgir algunos de los pensamientos más sorprendentes. Según Perciaccante y Coralli, Kafka encontró la forma de mantenerse ahí, de sostener ese estado ambiguo entre vigilia y sueño y usarlo para escribir. En una entrada en su diario del 2 de octubre de 1911, escribió:

Noche de insomnio. Es ya la tercera de la serie. Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese metido la cabeza en un agujero equivocado. Estoy totalmente desvelado, tengo la sensación de no haber dormido nada o de haberlo hecho sólo bajo una fina membrana; de nuevo veo ante mí el trabajo de volver a dormirme y me siento rechazado por el sueño. Y desde este instante hasta cerca de las cinco, transcurre toda la noche en un estado en el que realmente duermo, pero a la vez me mantienen despierto unos sueños de gran intensidad. Duermo literalmente junto a mí, mientras yo mismo tengo que andar a golpes con los sueños. Hacia las cinco, se ha consumido el último rastro de somnolencia, y ya sólo sueño, lo que resulta más fatigoso que estar en vela. En resumen, me paso toda la noche en el estado en que se encuentra una persona sana unos breves instantes, antes de dormirse realmente. Cuando me despierto, todos los sueños se han congregado en torno a mí, pero evito pasarles revista en mi memoria. […]

Creo que este insomnio se debe únicamente a que escribo. Ya que, por poco y por mal que escriba, estas pequeñas conmociones me sensibilizan; especialmente al caer la noche, y más aún por la mañana, el soplo, la inmediata posibilidad de estados más importantes, más desgarradores, que podrían capacitarme para cualquier cosa, y luego, en medio del fragor general que hay en mi interior y al que no tengo tiempo de dar órdenes, no encuentro reposo.

Y un par de días después:

Por otra parte, anoche me insensibilicé intencionadamente, salí de paseo, leí a Dickens, luego me sentí algo mejor y había perdido la energía para la tristeza, una tristeza que consideraba justificada, aunque también me parecía verla algo más apartada de mí; ello me daba la esperanza de dormir mejor. Efectivamente, el sueño fue un poco más profundo, pero no suficiente, y menudearon las interrupciones. Para consolarme, me dije que, de hecho, había vuelto a reprimir la gran agitación que hubo en mí; que sin embargo, no quería abandonarme, como me había ocurrido siempre después de semejantes períodos, sino que quería permanecer consciente de los últimos vestigios de aquella agitación, lo que anteriormente no había hecho nunca. Tal vez así pudiera hallar en mi interior una firmeza oculta.

¿Fue el insomnio una extraña manifestación de esa “firmeza oculta” que buscaba Kafka?

 

También en Pijama Surf: El misticismo del momento justo antes de quedarse dormido

Imagen: Robert Crumb